sábado, 30 de junio de 2012

Camino del Norte. De Güemes a Santander.

Último día de camino y al despertar ya se habían ido casi todos.
Pude desayunar tranquilamente en compañía de Ernesto y un peregrino valenciano.
Tan solo quedaban Jan, el checo, y un chico alemán cuando salí del albergue. Estube un buen rato charlando e interesandome por la fundación Brezo con este gran hombre.
Su perro mastín leonés quería venirse conmigo a caminar pero al fin Ernesto consiguió sujetarlo al verme partir.
¡Hasta la próxima!

De Güemes sales por la carretera y bajas hasta Galizano. En este pueblo se puede optar por ir directos a Santander siguiendo la carretera o ir por la senda costera hacia sus fantásticos acantilados.

Era mi último día y no tenía prisa alguna; así que ¡a caminar por la costa!.
Mas playas y preciosos acantilados me esperaban.

La playa de Galizano estaba brillante y hermosa aquella mañana; unas ténues olas invitaban a bajar al mar.

De los acantilados sobre la playa bajé hasta Langre y paré a descansar un rato.
Una monedita en el humilladero y un deseo.
Y continué por unas carreterillas hasta ir a parar a la playa de Loredo.

Al llegar a la playa de Loredo un turista fue tan amable de hacerme una foto. ¡Vaya pintas!
Pero yo iba cómodo.
Este año todo mi bagaje, sombrero incluído,  no llegaba a pesar ocho kilos y medio; y siempre llevo cosas que nunca llego a usar. Y una novela bien gorda para los ratos muertos en cualquier lugar.
El Camino parece que te da alas magníficas pues a pesar de la tendinitis mas o menos crónica que me fastidia sigues y sigues caminando etapa tras etapa y no quisieras que se llegara a terminar.


Muy gratificante para los sentidos caminar por la playa de Loredo.
Aquí me reencontré con la parejita de peregrinos catalanes pero se me olvidó fotografiarles (mas tarde nos volveríamos a ver por las calles de Santander)
Se celebraba el día internacional del surfing y la playa estaba muy concurrida de surferos de todas las edades.
Quedaba marchar hasta Somo para acercarme al embarcadero y pasar a Santander.

Al ir a embarcar me reencontré con Francesca y el matrimonio de italianos. Volvimos a formar grupeto para subir a bordo entre tanto turista y disfrutamos de la travesía en barca hasta la capital. Una mañana de domingo realmente explendorosa.

Nada mas bajar de la barca acompañé a los peregrinos italianos a conocer la catedral y sellar la credencial.
Apenas unos minutos después me despedía de ellos pues mi Camino del Norte a pie se terminaba en este lugar.
Otro año, o tal vez éste si consigo reunir unos cuantos días de descanso, volveré a este mismo punto para continuar hacia Compostela.

Ya reconvertido en turista accidental y mientras las flores de mi sombrero se marchitaban bajo un solazo tremendo decidí ir a tomar algún chato y comer en un buen mesón del centro de Santander.
Aún me quedaba un día de vacaciones, ¿qué podría hacer ya que estaba en Santander?
¿Qué puede hacer un peregrino que no le alcanza para ir hasta Compostela?

viernes, 29 de junio de 2012

El holandés errado. Un cuento de las luciérnagas.

Otro fin de semana que me atrevo a compartir uno de mis cuentos del Camino de las luciérnagas. Su temática es muy simple: el amor y el olor.
(O eso es lo puede parecer)

              El holandés errado
   

      De Hamerdam al fin del mundo dando pedaladas; el viento y la lluvia iluminan su rostro salpicado de barro, y el frío mengua las fuerzas, ya escasas, de sus delgadas piernas. Buscando con la mirada un pueblo cercano para descansar un rato no puede evitar un surco en el camino e irse al suelo dándose una costalada. Magullado, embarrado, los dedos doloridos y raspados contra las piedras, y hay que meter la cadena de la bici, así que más grasa y más tierra; pobres manos, menos mal que en una de las alforjas tuvo la precaución de guardar un rollo de papel higiénico para salvar situaciones inesperadas.
      La pena es el golpe en la rodilla derecha pues al intentar dar de nuevo pedaladas le produce unos pinchazos tremendos. Consultando de un vistazo el plano-guía del trayecto se da cuenta de que le quedan apenas un par de kilómetros para llegar al siguiente pueblo. Terreno llano y al final una bajada pronunciada para llegar a un lugar donde habrá albergue o posada. Tendrá que parar pronto pues en estas condiciones no se puede continuar y la lluvia, esta mañana bastante fina, parece ir a más. Los pequeños altibajos del camino se le hacen puertos de montaña, y el dolor de la rodilla le produce una agonía cada vez más intensa; al fin divisa la cuesta que le lleva al centro del pueblo, pero bajando le fallan los frenos y se da un nuevo trompazo.
      A un albergue de peregrinos de un pueblecito del Camino llegó una tarde un peregrino sangrando, con una bicicleta en las manos, casi al anochecer. Entró cojeando y sangrando por la rodilla derecha y la frente; pidió ser acogido como fuera pues no podía continuar de ninguna manera
      Una vez instalado y haber hecho la limpieza de su persona y pertenencias, revisó una y otra vez la bici hasta decidir que había quedado inservible tras el accidente, ¿dónde podría repararla? curó su rodilla y otros golpes lo mejor que pudo, y en rincón encontró un montón de ropa abandonada donde se surtió de ropa limpia y seca. Después, se dirigió a un restaurante cercano para comer algo con que reponer su maltrecho organismo. Con tan desgraciada suerte que al irse a sentar se le escapó un pedo que salió directo al señor de la mesa de atrás.
    ¡Maldición!.
    ¡Perdón!
    ¡Podría tener más cuidado! ¡vaya olor!
    Lo siento mucho; no ha sido mi intención. ¿Me disculpa usted? Mire, me sentaré en dirección contraria por si vuelve a ocurrir. ¿Es usted español o hispanoamericano? ¿Está haciendo el Camino?  Yo soy holandés.
    Bueno, no importa. Observo que cojea, ¿Tiene ampollas en los pies? ¿Y la herida de la frente?
    No, ha sido una caída con la bicicleta, ya cerca del pueblo. Caí sobre la rodilla y casi no puedo caminar.
    ¿Y cómo se llama usted?
    Mi nombre es Dirk, ¿y el suyo?
    El mío es Marcial; y que le aproveche la cena.

      La llegada del camarero para tomarles nota dio la conversación por concluida y que cada uno se encerrase en sus propios pensamientos. Pero la entrada en el local de una pareja joven, con sus ropas deportivas y ajustadas, especialmente en el caso femenino, y una fragancia a flores y frutos mediterráneos que descendió sobre las mesas, procedente de la estupenda melena de la hermosa joven hizo que una mirada pícara y cómplice uniera de nuevo, en animosa charla, a los dos comensales.
    ¿De qué país le parece que son estos dos?
    Supongo que nórdicos por su aspecto y el habla que no entiendo. Ambos son jóvenes y parecen enamorados. Abstraídos por completo de su entorno y de la impresión que causan.
    Yo no creo que haya amor sino que la chica le ha absorbido por completo. Y enseñándole el ombligo, con esa camiseta que lleva, se asegura que él no mire ni por donde pisa ni tenga ojos para otra hembra.
    Hoy día la juventud está acostumbrada a eso y más; es la mirada de la muchacha lo que encandila a cualquiera, no sus ojos. Desprenden arrobamiento; o tal vez es muy miope y se ha olvidado de ponerse las lentillas.
    Mire, yo ya he cumplido los cuarenta y le digo que es con el tono seductor que ella utiliza, con lo que le ha dado caza. Llevo más de veinte años viajando por todo el mundo y en todas partes es igual.
    Pues yo tengo más de sesenta y me parece hay que mucho más que deseo entre ambos. Es más, yo diría que ha surgido entre ambos el amor verdadero. Están unidos de una manera muy especial, difícil de percibir, y él solo tiene ojos para ella.
    ¿Le importa que tomemos el café en su mesa y seguimos charlando? Antes de esperar respuesta el holandés ya se está acomodando en la silla contigua y pidiendo además un chupito de aguardiente. Yo insisto en que no es más que un ligue veraniego y durará lo que ella quiera que dure.
    El Camino es muy largo y pueden pasar muchas cosas y casi todas predecibles.
    Me parece que es usted una persona del tipo piensa mal y acertarás.
    Me gusta pensar mal de las personas y las situaciones; y casi siempre acierto.
    Pues debería tratar de evitarlo. Piense en un sencillo árbol; las malas ideas se asemejan a las arañas que tejen sus redes entre las ramas y si no se limpian crecen sin cesar. El viento las lleva de un lugar a otro. Las buenas podrían ser como los pajarillos que vienen a posarse e incluso anidar. Despeje su mente de malas idea y ya verá como alguna buena le viene de repente y lo agradecerá.
    Pero usted mire al chico: ¿le parece que Orfeo bajaría a los infiernos por esa rubia?
    Ese chico no sé pero yo, con cuarenta años menos, bajaría recitando todas las arias. Desprende un olor prodigioso. Tiene algo especial.
    ¿Le gusta la Ópera?
    Me lanzo a cantar siempre que puedo y tengo afición desde chaval. Lo malo sería bajar por las cuevas hasta la Laguna Estigia; tengo serios problemas de espalda y la mochila aunque mínima me está matando. ¿Otro chupito?
    Veo que usted toma cerveza; ustedes son más de tomar vino con las comidas.
    ¿Y que se toman los holandeses?
    Mucha más cerveza todavía. ¿Cómo se le ocurrió ponerse a hacer el Camino a sus años?
    Veo a los peregrinos pasar todos los días por delante de mi casa desde hace muchos años, y al fin un día me animé a imitarlos. Sobre todo por los monumentos, conocer gente joven, y ver cerner la mies.
    ¿Y eso que significa?
    Que necesitaba salir de casa y caminar por los campos, entre viñedos y trigales, viendo cuervos y urracas, refrescando mi visión del mundo antes de que los ojos me fallen. Y el olor de los campos de mi niñez que vuelve mí en oleadas. Estos jóvenes de al lado, con su belleza y juventud son para mí un regalo auténtico.
    Pues yo ya he visto tantos chicos como esos que preferiría mirar cualquier otra cosa. Encuentro a la gente más interesante cuando están en mi edad: cambiando de joven a maduro y con tantas experiencias ambiguas entremezclándose.
    ¿Como por ejemplo?
    Me dieron los papeles del divorcio antes de comenzar el Camino. Hace dos meses que camino sin parar y aún prefiero no hablar de ello.
    No se preocupe, ya hablará de ello cuando esté dispuesto.
    ¿Cómo sabes eso de que están unidos espiritualmente? Solo son dos jóvenes de aventuras por España.
    Mira más allá de las apariencias. Están juntos pero no se acuestan en la misma cama; aun así él la sigue a todas partes como si fuera un perrillo faldero. Ella va a ser de las que se toman muy en serio el tema.
    Eso es algo raro, los nórdicos no se andan con tapujos y el muchacho puede tener todas las chicas que desee. Será verdad que está enamorado.
    La chica desprende un aura especial y apenas verla te das cuenta que tiene una energía muy poderosa, mucho genio, duende, como decimos por estas tierras.
    Lo que tiene es un tipazo tremendo. Debe hacer mucho deporte, natación o montañismo. Resulta muy atractiva, con su largo pelo rubio, pero que sea célibe no me lo creo ni borracho. ¿Otro chupito?



      Poco después seguían charlando junto al fuego del refugio y aparecieron los dos jóvenes; pero de los arrumacos del restaurante habían pasado a discutir a viva voz y Dirk intentó intervenir para calmar los ánimos, pero ambos estaban tan alterados que solo conseguía que alzasen aún más la voz y otros peregrinos presentes en la sala se unieran a la disputa. Marcial, que no entendía el idioma prefirió cruzarse de brazos sentado junto al fuego en espera de aquel follón terminase; en esto que surgió, bajando del dormitorio, un anciano pero fornido peregrino con una sandalia en cada mano y comenzó a gritar con un fuerte acento aragonés: ¿Queréis tortas? Pues empiezo a repartir ahora mismo; golpeando una sandalia contra la otra. ¡A ver, majos!, ¿os decidís? ¿No? ¡Pues a dormir! Rápidamente el grupo se disolvió y se fueron a dormir uno tras otro.
      Quedaron Marcial y el holandés sentados en un banco mirando al fuego, cabizbajos, en silencio, sin atreverse a decir palabra, frente a los troncos ardiendo. Cada uno de ellos creía ver extrañas figuras formándose entre las llamas al compás de sus pensamientos. De repente, una rosa roja se formó en el centro del fuego y se alzó sobre las llamas, sobresaltados, se levantaron de golpe y se quedaron mirándose el uno al otro: ¡Ambos pensaban en lo mismo! Los dos querían ver el Amor. Asustados y tomándose del brazo uno al otro se fueron al dormitorio para intentar dormir y, sobre todo, recapacitar.

Espero que disfruteis con su lectura.
A ver si algún día de estos termino de escribir el cuento que tengo ya concebido pero no redactado. Pasarlo a papel o medio eléctronico me lleva mucho mas tiempo del que quisiera. Seguiré con las fotos y otras noticias del Camino de Santiago.

jueves, 28 de junio de 2012

Camino de Santiago por el norte. Laredo-Güemes

No eran las 6.30 de la mañana y ya tenía a mi encantadora peregrina italiana en pie y dispuesta a caminar. Como una vez que te han despertado es bobada que sigas en la cama me vestí y la acompañé a caminar por el largo paseo de la playa de Laredo. Era tan temprano que estaba todo cerrado y ni un triste café podíamos tomar. Pero la mañana tenía un hechizo especial y su dorada luz lo llenaba todo.

Dejábamos, pasito a pasito, Laredo y su estupenda playa llena de embarcaciones deportivas.

Al llegar al embarcadero nos enteramos que la primera barca no llegaría hasta las 9 de la mañana, ¡y todavía no eran las 8!
Pasé tanto tiempo viendo a los pescadores que casi termino pescatero.

 Un matrimonio italiano con el íbamos coincidiendo día a día se ofreció para curar los pies de su compatriota mientras esperábamos. Entraba un viento del norte, se cubrió el cielo, y comenzaba a caer una lluvia fina que nos obligó a echar mano de los chuvasqueros para cubrirnos un poco.

Al fin llegaron las 9 y pudimos embarcarnos para Santoña. El abuelo peregrino, de Palma de Mallorca, nos encadilaba con sus historias y relatos de sus 23 anteriores recorridos por el Camino de Santiago. La cantidad de anéctodas se volvía exponencial. Que si en la Vía de la Plata, que si por el Portugés, que si...
La barca lleva a los peregrinos.
El chavalín de la gorra, un peregrino inglés, que estaba perfeccionando su nivel de español se quedaba a ratos entre asombrado y alucinado.

Y al fin desembarcamos en Santoña, enfrente mismo del monumento dedicado a Juan de la Cosa, el extraordinario navegante.
Nos fuimos hasta la plaza Manuel Andújar para buscar un sitio donde desayunar convenientemente. Juntamos varias mesas y venga cafés y croissants. Cuando comenzamos a caminar eran casi las 10 de la mañana y nos quedaba toda la etapa por delante.
¡Para qué madrugaran tanto los peregrinos! Si los kilómetros son los mismos los hagas a la hora que los hagas.

Salimos de Santoña camino de sus preciosas marismas. Pasas por delante del penal del Dueso, y sigues hasta la playa de Berria. Por la acera caminas hasta el final y buscas las flechas que te indican el senderín de subida al Brusco.

El Brusco es un montecito que separa las playas de Berria y de Noja. No es gran cosa pero es algo dificultoso atravesarlo y el peregrino mallorquín marchó por la ruta de los ciclistas. Que ya no tiene las piernas para andar por estas trochas.


A Francesca le costó un poco subir el Brusco. La suerte es que el día fue cambiando y pudimos quitarnos los chubasqueros para no sudar tanto por sus cuestas. Al fondo dejábamos Santoña y sus marismas. A nuestros pies la playa de Berria y sus largas olas que tanto aman los surfistas.

Bueno, ya estábamos en lo alto del Brusco. Delante teníamos la larguísima playa de Noja que invitaba a darse un chapuzón tras la sudada.

Pero nos quedaba la bajada. A la muchacha le costó un montón y pasó algún rato malo en el descenso pues el caminito se las trae, arena y rocas, y ella tenía los pies fastidiados y doloridos. Así que con calma; que nadie corre tras de tí.

Al llegar a la playa decidimos caminar por la arena en vez de tomar un camino asfaltado que la recorre en paralelo. Nuestros pies lo agradecerían.
Muy buena la idea de poner en esa roca una flecha, porque si no somos capaces de seguir todo recto y acabamos en Irlanda en vez de seguir para Compostela.

Una delicia caminar por la playa. Pero echas casi una hora en atravesarla.


Íbamos caminando con tranquilidad y el día se volvía progresivamente más luminoso y caluroso.

A si que al llegar al final de la playa paramos en una cafetería de Noja para tomar unas cañas mientras contemplabamos el recorrido que habíamos hecho esa mañana.
Al mediodía nos pusimos de nuevo a caminar pues nos quedaban muchos kilómetros por delante hasta llegar al albergue.
Es muy diferente este Camino de Santiago de los que se recorren por el interior de la península y la verdad es que me ha encantado.
Algunos albergues privados tienen precios elevados pero también se encuentran albergues de hospitaleros voluntarios.

De la playa subimos a la iglesia de San Pedro donde me encontré con una preciosa talla barroca dedicada a San Roque.
Francesca, que vive cerca del Santuario de Asís, me charló largo y tendido sobre este santo italiano y tan querido de los españoles.
La salida de Noja es por calle que hay justo enfrente de la iglesia hasta tomar la carretera que te lleva al barrio de San Pantaleón. Aquí las flechas te indican que continues para pasar por Castillo.
Hay que ir con cuidado porque te puedes recorrer media Cantabria Infinita como te despistes.

Hay que atravesar el Valle de Meruelo pasando por este pueblo y San Miguel. Donde paramos a comer. Coincidimos de nuevo con la pareja de peregrinos catalanes y decidimos entre todos que no era cuestión de caminar sin alimentarse; con lo que nos quedaba para llegar al albergue.  Después de tomar café salimos de San Miguel de Meruelo por la carretera que sale del centro del pueblo; no por la que veníamos.  Seguimos caminando por asfalto pero a la sombra de los árboles casi todo el rato. Pasaremos cerca de Bareyo para dirigirnos a Güemes.



Cuando vimos el cartel de Güemes pensábamos que habíamos llegado. ¡Pero que va! Nos quedaba una buena tirada atravesando barrios y más barrios hasta llegar a la Cabaña del abuelo Peuto; que está en lo alto de un monte.

Dentro de sus fabulosas instalaciones se encuentra el albergue de peregrinos El Cagigal patroneado por el incombustible padre Ernesto. Una fundación llamada Brezo es la que provee de personal para que lleven adelante esta gran obra. Pues también es albergue juvenil para que los pequeñajos hagan acampadas.

Después de una charla explicativa sobre Ernesto, el cura minero, su vida y su obra, nos llamaron para cenar todos juntos; al viejo estilo peregrino que yo echo tanto de menos.

Después de cenar nos fuimos para la biblioteca a ver el futbol. Jugaban las selecciones de España y Francia. Las señoras de pelo blanco, muy francesas ellas, tuvieron que aguantar alguna chanza de los españoles allí presentes. Se tomaron la derrota de su equipo con gran elegancia. Pero entre pitos y flautas alguno no nos acostamos hasta por lo menos las 12 de la noche.
Un gran albergue, si señor.
¡Ah! y de los que solo te piden la voluntad. Donde más deja uno de sí mismo.

miércoles, 27 de junio de 2012

Camino del Norte. Castro Urdiales-Laredo

Un día más amanece en el Camino de Santiago y soy el último en salir del albergue de Castro Urdiales.
Me han dejado dormir plácidamente y se han ido todos sin hacer ruido alguno.
Eso sí, sin desayunar la mayoría de nosotros; pues el albergue no tiene más que un microondas y para de contar.

Subimos hasta Allendelagua y pasamos sobrecogidos ante su preciosa ermita. Hay que aprovechar estas horas tempranas que no calienta el sol.
Siguiente punto de paso es Cérdigo; con grandes urbanizaciones de preciosos chalets.

 Pasada la autovía A-8 nos vamos por un caminito hacia la costa. Espléndidos acantilados nos esperan.

Las vistas desde algún mirador son impresionantes. Escarpados acantilados bajo nuestros pies; y la mar nos llama.


Pero tenemos que caminar. Islares ya está cerca y estoy sin desayunar.
El peregrino zampón no se para hasta encontrar un café y unos sobaos.

Al llegar a Islares alcanzo a Francesca y por equivocación nos vamos hasta el albergue y ya pasábamos de largo cuando un señor nos avisa que hemos de volver para el pueblo.
Aprovechamos para desayunar en un bar de la carretera y discurrir el recorrido que podríamos hacer a paso de patito (la chavala tenía tendinitis en ambos pies y unas ampollas horrorosas)
Hay que buscarle solución a esos pies doloridos.

Pasado el camping de Islares doy con la solución. ¡Alquilamos unas tablas de surf y nos vamos con ellas hasta Laredo! ¿Que no sabes surfear? Aquí mismo nos dan unas clases básicas y luego todo es deslizarse.

 No se animó Francesca con las clases de surf y abandonamos abatidos el lugar. Nos quedaban muchos kilómetros por delante y un calor espeso y húmedo.

Nos vamos hacia El Pontarrón de Guriezo pero vamos viendo constantemente la playa de Las Arenillas de Oriñón. ¡Qué olas! ¡qué olas! y nosotros por la carretera.



En una revuelta del camino Francesca discurre que necesitamos acortar camino hacia Laredo. ¿Y si cruzaramos a nado hasta la otra orilla y nos ahorramos andar hasta Pontarrón?
A punto estuvimos pero el agua estaba fresquita y no llevábamos traje de neopreno en la mochila. Se los teníamos que haber pedido prestados a los surferos.
Así que nos fuimos hasta Pontarrón; paramos un buen rato en el único bar que encontramos para la cosa de la hidratación, y seguimos caminando por la carretera arriba en dirección a Liendo.


Un largo tramo de carretera nacional N-634 nos acerca hasta un alto mirador y a nuestros pies tenemos ya el primoroso valle de Liendo.

Bajamos del mirador hasta la ermita de San Roque y seguimos caminando por el fantástico arboreto de Liendo. Arboles de los 5 continentes contemplan los pasos cansinos de los pobres peregrinos.
Paramos en el barrio de La Mollaneda, de Liendo, para tomar una cerveza y comprar botellas de agua pues andábamos flojillos. Casas de indianos, con su palmerita, llamaban la atención de mi compañera italiana.
Quedan otras buenas cuestas y unos 6 kilómetros hasta que ves a lo lejos Laredo buscado y sufrido.

Bajamos a Laredo por la calle de Las Escalerillas; vamos buscando los albergues y sitio donde comer. Eran ya mas de las 3 de la tarde. Encontramos un estupendo mesón en la calle de San Francisco donde reponer fuerzas y después nos vamos al albergue.

Llamamos donde las Trinitarias y nos dieron habitación. Yo debía estar tan cansado que apenas me di una ducha quedé frito como una marmota hasta las 7 de la tarde.

Callejeando por la Puebla Vieja me encontré a las dos encantadoras peregrinas con las iba coincidiendo día tras día de Camino. La italiana y una catalana con la que habíamos paseado por la playa el día anterior.


Y subimos los tres hasta la iglesia de Santa María de la Asunción, patrona de Laredo. Muy bonito el templo y muy bien cuidado.

Después de hacer un poco de turismo por Laredo las chicas se fueron a cenar al albergue y yo me quedé por las callejas de la Puebla Vieja a disfrutar del estupendo ambiente que tiene la villa.
Había fútbol, ¡cómo no!, y me quedé hasta que terminó el partido por los bares y mesones de la zona.

Al volver al albergue ¡sorpresa! Las monjas habían cerrado la verja de entrada a la iglesia y el monasterio. Un buen rato me llevó trastear con las llaves que me habían dejado hasta que conseguí abrir el candado para correr el pestillo.
En fin; cosas del Camino de Santiago.
Un poco más y tengo que irme a dormir a la playa.
Lo que no me pase a mi no le pasa a nadie. (Es lo que decimos todos)