viernes, 17 de julio de 2015

Ramiro y el hazo, ya a la venta


Las esperadas aventuras del rey Ramiro y sus legendarios caballeros ya están a la venta.
Podéis descargarlas aquí:Ramiro y el hazo
Para mis lectores de España el enlace directo es este: Ramiro y el hazo, ebook.

¿Y de qué va Ramiro y el hazo? ¿Qué son los Cuentos de la reina arpía?

En este libro van los siguientes cuentos y poemas:
Vosotras las protonas
Un intento fallido
Ramiro y el hazo
La catedral de León
Ellas son las protagonistas
Decreta la reina Amatisha
El laberinto

Ya veis que son unas buenas historias y su precio de lo más barato. Pronto saldrá a la venta la versión en papel que podréis encargar en CreateSpace.

¿Queréis leer un adelanto?
Pues aquí os va un adelanto: la entrevista entre el rey Ramiro de Asturias e Iñigo Arista, rey de Pamplona.

La vieja calzada romana cruza por medio de la aldea y mis hombres se quedaron a las puertas. Recafredo y Alfonso me precedieron hasta un gran caserío donde descabalgamos para esperar al Arista, que no se hizo de esperar; ya habíamos descorchado un barril de sidra cuando se presentó.
− ¿Cómo es don Iñigo, padre?
−Raro. El tío más raro que he conocido en mi vida; afable, algo tendrá de vasco tal vez, pero que no quería probar la sidra con el calor que hacía; en fin, intenté sacar algo en claro con él.
Que debíamos apoyarnos y tal y tal, que el enemigo común era el Emir de Córdoba, que no trataría de mover la frontera con los alabanenses; yo ahí le tiré el anzuelo de que podríamos mejorar y reparar la calzada para que mis tropas pudieran ir rápido en su ayuda desde Vitoria, ¡sus ojos hacían chiribitas! Y estuvo de acuerdo, se pondría él mismo manos a la obra. Y que yo iba a bajar la frontera de la Sierra de Cantabria al río Ebro en cuanto pudiera, y ahí me torció el ceño. Que él no podía ayudarme en eso, que se debía sus hermanos de fe.
− ¿Qué fe? ¡Por Cristo! ¿A quién se debe un rey?
No soltaba más que vaguedades; que no podía enfrentarse a sus parientes y hermanos de fe de Zaragoza, y no sé cuántas cosas más de los tiempos de Carlomagno.
−Vale que no te enfrentes a tus parientes pero ¿no te creerás que les vaya a dejar volver para ponerme parias? Iré poniendo la frontera Ebro abajo, a mí no me pone parias ni el de Córdoba; así reviente.
−Hazme caso al menos en esto, Ramiro, no te enfrentes ni a los árabes de Córdoba ni a mis hermanos de Zaragoza.
− ¿Pero es que sois todos familia de Vitoria para allá?
−Somos hermanos en la fe de Mohamed.
− ¿Mohamed? ¿El hijo de Abderramán? ¿El general de sus ejércitos ha creado una nueva secta?
−No; no, no, no. Mohamed, el Profeta de Arabia, ¡Dios sea con él!
− ¿Me estás diciendo que los árabes, allá en su puñetero desierto de los escorpiones, tienen ahora un profeta?
−Lo tuvieron, lo tuvieron ya hace siglos, y escribió El Libro.
− ¿Que escribió un libro? Manda cojones, ¿con profecías y todo? Igual se creía el Quinto Evangelista. ¿No quieres sidra?
−Con profecías Ramiro, y la Ley Divina. Escribió El Libro. Este Libro.
−Mira, Iñigo, no entiendo ni papa de árabe y del vasco poco, lo poco que recuerdo de mi madre doña Uzenda, y si es por libros, si es por libros, ya te doy la primicia: estoy levantando un nuevo palacio y un monasterio en Oviedo y voy a poner a veinte monjes a escribir libros en cuanto vuelva a Asturias. ¿Que por un libro no me vas a ayudar a echar a esas jarcas africanas de vuelta a su tierra?
−Es el Libro del Profeta; El Mensajero fue a caballo atravesando por los cielos hasta llegar al Rostro del Señor.
− ¡A caballo!

Pues no hubo manera; tentado estuve de decirle que cogiera el mío y fuera subiendo. El tío erre que erre con que tenía un libro; que encima no era capaz de leerlo pues estaba escrito en árabe. Ya te digo, Aldonza, el hombre más raro que me he cruzado en la vida.

Las prodigiosas aventuras del Rey Ramiro y sus legendarios caballeros fueron contadas durante siglos y se esculpieron en las catedrales del norte de España, ahora las tenéis para vuestra lectura en un medio electrónico y pronto también en papel.
Siempre recordaréis la lectura de Ramiro y el hazo.
No habría otra pareja igual en la historia de la humanidad.

Y recordar ésto, malvados: Los hazos os vigilan.
Y vendrán por vosotros.