sábado, 4 de julio de 2015

El laberinto, Cuentos de la reina arpia.

Cuentos para las calurosas noches de verano que se han contando desde el principio de los tiempos. Confío que podáis dormir después de leerlo.

El laberinto

Hay que formar a la juventud en valores superiores; esto ya lo sabían los sabios de todos los tiempos.


Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo que existía un pueblo famoso en todas partes por la sabiduría de sus mayores así pues cada plenilunio veraniego jóvenes de otros pueblos acudían a su territorio para lanzar sus desafíos de fuerza y conocimiento; y así pasar el caluroso verano. Y un año fueron sobrepasados.

Reunidos los sabios del pueblo en círculo y concejo idearon un juego que supusiera un desafío supremo, no solo para los jóvenes del pueblo, ya superados, sino para los jóvenes del mundo entero.
Construyeron un laberinto de nueve círculos concéntricos y dejaron una prenda en el centro. Llegado el plenilunio y con los jóvenes expectantes los sabios lanzaron el desafío: Os lo ponemos fácil; en plena noche, encontrar la entrada del laberinto, llegar hasta el centro y venir con la prenda que dejamos dentro.
Pasaron años hasta que un plenilunio un joven superó el desafío y regresó al pueblo con la prenda en sus manos. Y le coronaron rey.

Muy bien. Dijeron los sabios. Vemos que os estáis aburriendo así que os lo vamos a poner más fácil. En el próximo plenilunio veraniego decretamos que solo se podrá acudir al laberinto de noche, sin antorcha o luz alguna, para devolvernos la prenda.
Pasaron años, muchos años, hasta que un joven consiguió volver con la prenda de los sabios entre sus manos. Y le coronaron rey.
Vaya, vaya, os estáis aburriendo. Dijeron los sabios a los jóvenes ante ellos concentrados un nuevo plenilunio veraniego. Os lo pondremos más fácil. Entraron en el laberinto para dejar la prenda y después tapiaron algunos pasadizos para que nada material pudiera llegar hasta el centro. Noche de luna llena, desafío de los sabios: ¡Traernos la prenda del interior del laberinto!
Y pasaron años y años hasta que un joven regresó del interior del laberinto con la prenda en sus manos. Y le hicieron rey.

Bueno, bueno, bueno; da pena ver esas caras de aburrimiento. Dijeron entre sí los sabios. ¿Aceptaréis un nuevo desafío?
Los jóvenes brincaron y gritaron lanzando un estruendoso:
¡¡¡Sí!!!
Los sabios dejaron la prenda en el centro y después cubrieron el laberinto con una montaña de tierra y piedras y hasta plantaron árboles y una viña para que pasara totalmente desapercibido.


Plenilunio veraniego, gentes llegadas de toda tribu y lugar; el desafío perfecto: ¡Jóvenes! ¿Alguno de entre vosotros será capaz de devolvernos la prenda escondida en el círculo supremo?
¡¡¡Sí!!!
Gritaron todos a una la muchachada impresionante concentrada ante ellos.
Y pasados muchos, muchos, pero muchos años tras la fiesta del plenilunio veraniego apareció la prenda de los sabios en manos de un joven del pueblo. Y le hicieron rey.

¡Ag! Exclamó el más sabio entre los sabios. Ahora sí que os estáis aburriendo, ¿seréis alguno capaz, gañanes, de traernos la prenda que dejamos allí dentro?
¿Dentro de dónde?
¿Alguien sabe de qué va esa historia?
Dijeron entre sí los jóvenes insolentes e indolentes.
Y pasó una eternidad de tiempo.

Hasta que un día se presentó ante el círculo de piedras abandonadas un joven y se encontró con un abuelito dormitando sobre una de ellas y le despertó:
¿Qué haces, gañan? ¿Cómo te atreves a sacarme de mi ensueño? ¿Y eso que traes ahí?
¿No eres tú uno de los sabios que lanzó el desafío supremo? Pues mira, en mis manos porto la prenda de los reyes eternos.



¿Continuamos este cuento?