sábado, 31 de enero de 2015

El niño que tenia una serpiente en su cabeza. Cuento fantastico


El niño que tenía una serpiente en su cabeza
Cuento fantástico


En ocasiones tenemos visitas que por más agradables que sean las personas terminan resultando devastadoras, en muchos sentidos.

−Interesante sistema planetario.
−Sus cuatro planetas gigantes guardan una correlación impresionante.
−Su estrella blanca es prototípica; muy similar a nuestro sol. Debemos acercarnos más; quizás existan planetas rocosos.
−Cierto, Inteligencia detecta niveles anormales de magnetismo singular en un punto al otro lado de la estrella. Deberíamos investigar. Acerquémonos.
Surgiendo aceleradamente de las oscuridades del gran río galáctico una extraña nave estelar se aproxima sigilosa a un planeta ignorado, no registrado en ninguna carta cósmica de nuestro inmenso imperio térmico; tal vez otra raza rival haya tenido ya contacto o noción de un lugar habitable en esta zona alejada e inhóspita. Su huella magnetotérmica es muy débil, imposible de detectar debido al barrido sistemático que los cuatro planetas gaseosos hacen del sistema planetario. Pero tal vez se encuentren signos de vida vegetal en algún protoplaneta rocoso.
−Detectado enjambre.
−Planeta rocoso, su albedo indica posibilidad de agua, el enjambre se dirige allí.
−Signos débiles de vida térmica bajo las capas de nubes que cubren el planeta.
−Magnetismo fluctuante en varias capas protegiendo la superficie. ¡Grandes territorios de agua! Buenas probabilidades de haber encontrado un planeta vivo. Necesitamos acercarnos a su superficie. Ya tengo la traza exacta del campo exterior; veamos su superficie.
−Enjambres asombrosos en varios puntos de ruptura de las espirales magnéticas. Este planeta es un semillero, pero, ¿de qué tipo de formas de vida?
−Seguimos acercándonos a la superficie planetaria. ¡Agua! Inmensas cantidades de agua cubren su mayor parte y hay fluctuaciones magnéticas impresionantes entre polo y polo.
− ¿Y eso? ¿Esas luces en las zonas terrestres?
− ¿A que luces te refieres? ¿Enjambres a baja altura?
−No, mirar por la ventana; ahora que estamos pasando por la zona de sombra se distinguen perfectamente, repartidas por todas las zonas de tierra firme. Especialmente acusadas en las zonas costeras.
−Bien, tenemos actividad térmica innegable en este rincón perdido de la galaxia. Voy a reportar inmediatamente a La Base: ¡Heil!
Mientras la comandante Sigrida comunica a sus superiores el hallazgo por el circuito de comunicaciones exteriores Inteligencia dirige la nave hacia una península al extremo del mayor de los continentes, en la zona soleada; mejor ver dónde te posas por primera vez en un planeta desconocido.
−Indudables construcciones térmicas, algunas tienen un tamaño considerable.
−Bien, sea cual sea la forma de vida constructora es evidente que tiene actividad térmica.
−Busquemos un lugar apropiado para descender; no podemos posarnos en medio de un termitero de una raza desconocida. ¿Inteligencia?
−Sí, nos posaremos en el borde de ese pequeño centro térmico.
− ¡Atención! La Base ordena asegurarnos de que tipo de forma de vida ha colonizado por completo este planeta. Cautela máxima. Trajes y armas de combate desde este mismo momento. ¿Cómo es su atmósfera?
−Tendré los datos completos en cuanto nos hayamos posado, pero es indudable que hay bastante oxígeno y anhídrido carbónico, muchísimo vapor de agua a simple vista condensándose en nubes inmensas.
La nave estelar se posa cerca de un grupo de edificaciones observando los campos roturados, las plantaciones de árboles de varios tipos diferenciados, canalizaciones de agua, ¿Y eso? ¡Actividad magnética de tipo industrial!
−Es una raza con algún tipo de inteligencia.
−Es indudable, conocen el magnetismo, aunque solo sea de un modo muy básico. Las lecturas son claras al respecto.
−Debemos interactuar con alguno de estos terrícolas.
−En ese camino entre los árboles se observa un par de especímenes. Uno es bípedo y el otro cuadrúpedo.
−Acerquémonos con cautela y esperémosles en esa zona de pradera tras ese recodo despejado del camino.
Un niño va caminando por el soto acompañado de su perro y botando un balón de piel curtida, es una soleada tarde de verano, y no es consciente de lo que se le avecina hasta que comienza a sentir un sonido similar a un enjambre de avispas; el chucho también lo percibe y ambos se ponen alerta intentando averiguar de dónde procede. Al llegar a la altura del prado del tío Toribio, como hace unos años taló los chopos del lindero se puede ver con nitidez a varios kilómetros de distancia, y lo que está produciendo ese sonido alarmante es una máquina. Una máquina de un tamaño superior a tres camiones aparcados uno tras otro, de una forma que recuerda la tapa de una olla exprés, con grandes ventanas circulares como las de los barcos, posada sobre cuatro grandes pies metálicos en medio del prado del tío Toribio. Una escalera en rampa ven aparecer saliendo de una puerta que parece haber surgido de improviso en la superficie de la nave y un ser sale de la oquedad y comienza a bajar por los escalones. El perro sale corriendo y el niño pierde el balón que se le cae de las manos debido al susto, algo extraño le impide salir también corriendo: ¡es el deseo de saber!



Se queda mirando, mirando, intentando comprender. ¡Debe de ser un militar por su traje marrón oscuro y la pistola que lleva al cinto! Y tiene casco de aviador como los que salen en las películas de cine; pero no le ve la cara por el reflejo del sol, tan solo un par de pequeñas antenas a ambos lados, a la altura de los oídos. ¿Será americano? Yo me sé casi todas las banderas del mundo, pero su traje no tiene bandera, tan solo un escudo sobre la zona del corazón con la forma de un casco con antenas y una cara.
−Seyfret, ¿lo tienes?
−Afirmativo, Sigrida, el cuadrúpedo escapó. Es un espécimen muy joven, barbilampiño, parece asustado, y es muy, muy, pero que muy similar a nosotros.
− ¿Qué quieres decir? ¿Similar en qué sentido? ¿Por qué es bípedo?
−Porque casi podría ser hijo tuyo. Tenéis el mismo tono de cabello y piel clara. No llores, pequeño, ven conmigo, no te haremos daño.
El niño no entiende el extraño idioma en que le habla el astronauta y no puede evitar que se le salten las lágrimas (¿Miedo? Mucho) pero ya puede ver el rostro del señor que se agacha hasta su altura y con sus guantes, finos, como de tela de chubasquero, le quita los lagrimones de la cara. Colocándole una mano sobre el hombro le indica con firmeza pero sin forzar que le acompañe a la nave y el niño obedece con cierta inquietud, (me tiemblan mucho las rodillas, ¡bah! También me pasa cuando me tiran un penalti, y después los paro casi todos)
− ¡Inteligencia! Ya estamos dentro, procedo a cerrar puerta exterior.
−Debe esperar, Seyfret, a que concluya el proceso de irradiación. ¿Reacciones en el sujeto?
−Ha dejado de llorar, sonríe, ¡ja!
−Irradiación completada, puede entrarlo en Control.
El muchacho entra dócilmente en la gran sala circular y se deja conducir hasta la presencia de la comandante Sigrida que al verlo llegar abandona temporalmente los mandos de la nave; al parecer le llaman poderosamente la atención los paneles informativos de mando con sus cambiantes señales luminosas.
− ¿Qué tenemos aquí, Seyfret? ¿Piensas que será capaz de asimilar algo? ¿Tal vez será capaz de comunicarse de algún modo? ¿Porta algún ingenio industrial?
−Nada, Sigrida, apenas una camiseta y pantalones cortos, calzado simple; está casi desnudo.
−Pero, ¡es tan similar a nosotros!
−Pues sí, Grimalda, así es. Puedes quitarte el casco y los demás también, este espécimen térmico no presenta signo amenazante alguno, ¡ja!
− ¿Será conveniente que vea nuestros rostros?
−Ya ha visto el mío, Esnort, eso fue lo que le calmó, estaba aterrorizado.
− ¿Qué vio tu rostro? ¿Cómo pudo ocurrir? Eso no es posible.
− ¡Ja! Al agacharme a su lado dejó de darme la luz solar y el visor se volvió casi completamente transparente, y me vio la cara perfectamente. No es necesario ocultarse.
−En el bolsillo trasero del pantalón se observa un bulto extraño, ¿qué guarda ahí el espécimen?
−Esperar a que termine de quitarme el casco y lo averiguo.
Uno tras otro los cuatro exploradores térmicos se desprenden de sus escafandras presurizadas y circulan libremente por la sala, al apuntarle con el dedo al bulto del pantalón el niño saca de él una caja de tizas de colores y se las muestra cauteloso.
− ¡Son mis tizas! Dibujo con ellas.
− ¡Inteligencia!
−Negativo, comandante Sigrida; utiliza un lenguaje articulado que no está recogido en ninguna de mis bases de datos. Al menos el sujeto da una muestra de inteligencia básica comunicativa. ¿Qué función le da a esos minerales?
La comandante saca una tiza roja de la caja que el niño sostiene en sus manos y le hace signos básicos de comunicación que en ningún lugar de la galaxia necesitan de mucha explicación.
−¡¡No!! No se comen. Bueno, mi primo Agustín sí lo hace, por eso tengo que tener mis tizas siempre escondidas. ¡Son para dibujar!
Mira nuevamente el tablero de control y comienza a dibujarlo en el suelo de la nave copiando con gran exactitud cada uno de los visores y su color específico, pues coinciden con los de sus tizas. Inteligencia muestra agrado por este comportamiento imitativo en una especie tan atrasada como la que han encontrado de un modo tan inesperado.
− ¡Comandante! ¿Qué piensa hacer ahora con el espécimen capturado?
−Consultaré con La Base, pero ahora nos vamos a otro lugar del planeta; procederemos con el protocolo usual de recogida de muestras fúngicas. ¡Esnort! Coloca al espécimen en la silla auxiliar, nos vamos.
El muchacho es sentado y amarrado en una silla plegable que hay en la pared de Control y Esnort le hace el símbolo básico de ¡Arriba!
− ¿Okey? El niño hace el mismo gesto con la mano derecha. ¡Ah, bueno, sois americanos! Y se queda tan tranquilo observando el monitor que muestra imágenes del entorno exterior.
La nave despega y va de continente en continente tomando muestras fúngicas en diferentes lugares, Esnort y Grimalda son especialmente raudos en localizar y recoger esporas de los tipos más variados; están muy bien considerados por el Mando Superior. En cada parada dejan al crío corretear por Control siempre bajo la atención de la comandante que parece desarrollar algún tipo de empatía mínima hacia este espécimen recogido de modo impulsivo; lo realmente interesante eran los fungis que crecían en la pradera. El suelo libre de Control se va progresivamente llenando de dibujos y formas que le resultan bajamente reconocibles. ¡Son tan primitivos los térmicos en este mundo! En algún momento libre Sigrida realiza un protocolo básico de inspección médica; sí, es muy joven, pero aparenta una salud espléndida. Sus ojos claros son de un tamaño impresionante, nariz, orejas, boca, muy similares a los nuestros. ¿? Su complexión es propia de una raza muy fuerte y rápida. Habrá que ponderar las posibilidades que nos ofrecería una raza así.
Las recogidas de muestras en un lugar tras otro elegido aleatoriamente por Inteligencia despierta el apetito de los exploradores. Los térmicos antenados encontrados tienen un tamaño ínfimo, el mayor no supera el tamaño de una uña. Esto es en verdad un planeta muy atrasado en todos los órdenes de la vida; encontrar este lugar es lo más parecido a un viaje imaginario a un tiempo pasado, ¿un protoplaneta? Negativo, tiene casi tanta antigüedad como el nuestro, por alguna causa inextricable la evolución cósmica parece haberse detenido en este planeta azul y maravilloso, como si los enjambres hubieran querido conservarlo intacto durante eones por razones que se nos escapan.



Los térmicos de este mundo son básicos y prácticamente todos son irracionales, su crecimiento completamente impredecible, todas sus capacidades están aún por desarrollar, especialmente las de los bípedos, apenas han superado en algunos lugares el nivel biológico elemental: comer y reproducirse.
−Esnort, ¿preparas tú la comida?
− Jawohl! ¿Puedo enseñarle el invernadero?
−De acuerdo, a ver si acepta nuestra alimentación.
El muchacho deja las tizas en el suelo y acompaña al teniente explorador hasta el invernadero que le muestra gozoso su mayor logro y gloria, ¡pronto le llegara un nuevo ascenso en cuanto vuelvan a La Base y vean esto! Docenas de fungis en diferentes niveles de estanterías se crían extraordinariamente bajo una atmósfera controlada, algunos tienen ya un tamaño extraordinario y se reproducen de manera fabulosa, se los muestra al espécimen y le hace el signo de: ¡alimentarse!
− ¿Con eso? ¿Eso se come? ¿Setas? ¡No! Mi madre dice que son venenosas. ¡¡Puag!!
Signo universal de eso que se lo coma tu padre.
−Pues no sé cómo le vamos a alimentar de vuelta a La Base. ¿Inteligencia?
−Negativo, déjele volver a Control.
Mientras la tripulación disfruta de una estupenda pitanza fúngica el muchacho, a sus pies, sigue pintando, pinta setas, setas de muchos tamaños y colores, pero también edificios y animales, automóviles, artefactos.
−Este es el camión de mi tío Manolo, ¡burrumm!
− ¿Inteligencia?
−Negativo, sus modos silábicos son incomprensibles, estoy probando con las interjecciones. No sé cómo entenderá las nuestras, haga una prueba comandante si ya terminó de alimentarse.
Mediante órdenes básicas la comandante Sigrida intenta conducir al espécimen por toda la sala, se detiene especialmente ante el monitor, le llaman la atención las imágenes de los planetas gaseosos y comienza a decir palabras ante cada uno de ellos.
−Saturno, ese es Saturno, ¿quieres que te lo pinte? Y echa a correr para recoger las tizas tiradas en un rincón.
−Inteligencia, parece reconocer los planetas, ¿cómo es posible?
−Lo ignoro, siga intentando comunicación verbal. Haga su presentación como si estuviera ante una raza inteligente.
−Komm her! Aquí. Y le quita momentáneamente las tizas de la mano. Yo, Sigrida. Mano en el pecho. (¿Entenderá esto al menos?)
− ¿Tú, Sigrida? ¡Ah, ya! Yo, Javier. (Haré como me ha enseñado mi madre que tengo que actuar con los extranjeros, deben de ser astronautas americanos) Y le hace a la comandante el signo de: ¡arriba!
−Jarvierrr, ¡ja!
− ¡No! Jarvierrr, no, Javi. Usted diga ¡Javi! ¿Sí? (Enséñale el dedo pulgar. En las pelis eso quiere decir que estamos de acuerdo)
− ¡Ja! Javi, ¿arriba? De acuerdo, ya hemos tomado bastantes muestras para una exploración inicial. Vuelvan a sus puestos, nos vamos a poner en órbita y comunicaré con La Base para pedir permiso de regreso.
La nave despega en instantes y se queda en una órbita baja y segura a la espera de instrucciones que les reporten desde La Base.
−Tan solo comunicación gutural y mímica básica con el espécimen, pero es increíblemente similar a nosotros.
− ¿Sus órganos sexuales?
−Pues…, disculpe no había caído en eso, mi general.
−Esperen en órbita y sigan transmitiendo datos. Ya le daremos órdenes pertinentes, y queremos saber cómo son sus órganos a la mayor brevedad.
−Atentos todos, podéis soltaros de los asientos, nos quedaremos dando vueltas un tiempo indeterminado. ¡Grimalda!
−Jawoll
−Llévate al espécimen al retrete y observa bien cómo son sus órganos. Ya me entiendes.
− ¿Qué lo lleve a cagar? ¡Llévalo tú si tanto cariño le has cogido! Yo todavía estoy intentando asimilar lo que hemos visto ahí abajo.
−Vale, ven pequeño, ven.


A la vuelta a Control deja al crío que se asome a las ventanas de la nave junto a Seyfret que está tomando imágenes del planeta.
− ¿Qué?
− ¿El qué qué? (¿Y que les digo yo a los generales?) Sí, Grimalda, ya, ¡así! Y es un imberbe.
− ¿No le estarás cogiendo un cariño muy, muy, ya sabes, muy especial al espécimen?
−No sé, pero este cuando crezca y le siga creciendo, bueno… ¡puff! ¡Seyfret! ¿Qué está haciendo?
−Mirando su planeta, pero no entiendo sus palabras. A ver, ¿qué es lo que más te llama la atención? Signo de ¿Qué estás mirando?
−Grandes nubes circulares, rayos, muchos relámpagos, muchos en la oscuridad, y, mira: ¡luciérnagas! Muchas luciérnagas sobre las nubes y ¡mira! Algunas se marchan hacia las estrellas. ¡Mira!
− ¿Qué exclama, Esnort?
−Los enjambres, Sigrida, es lo que le llama la atención. ¿Cómo los llamas?
−Lu-ci-ér-na-gas
− ¿Cómo es posible que estén tan atrasados en todos los órdenes de la vida y conozcan los enjambres de magnetoradiantes? ¡Inteligencia!
−Tal vez por intuición correlativa, su pensamiento no ha pasado del nivel mágico simbólico pre-racional, sus dibujos en el suelo así lo indican. Posiblemente sigan siendo animistas, tal vez en alguna zona hayan alcanzado el nivel deísta, sus termiteros son...
−Ya, ya lo hemos visto. Komm her, Javi, aquí.
El crío se sienta a los pies de la comandante y se queda observando cómo opera las palancas de tracción y frenado mientras cambia de una órbita a otra tomando datos exteriores del planeta ignorado. En un momento dado el chavalín no tiene mejor idea que descalzarse para estar más cómodo mientras pinta el rostro de la comandante. (Jo, es guapísima, ¡cómo me gusta! Es más guapa que la profe de cuarto)
−Sigrida.
−Sí, Esnort, ¿qué ocurre?
− ¿Me permites inspeccionar a tu nueva mascota?
− ¿Por qué? ¿Qué has visto?
−Observa, quieto, tranquilo, tranquilo, mire comandante.
Unas rojeces en los dedos de los pies han llamado la atención del teniente que rápidamente saca una lupa para observarlas con mayor detenimiento.
−Hongos, son hongos. Los cogí jugando en el río. Mi madre me los está curando con un producto muy bueno, pero me pica, no debo arrascarme, y me pica. Mi madre se enfada si me arrasco los pies.
− ¿Esnort?
−Indudablemente son fungis, ¿alguna relación simbiótica con los bípedos? Espera
Poco a poco va repasando el cuerpo del niño desde el cuero cabelludo hasta de nuevo la planta de los pies, su detector portátil va dando señales aquí y allá, en la nariz, en la boca, sobacos, ano; los de los pies son los más activos.
−Informe, Esnort.
−Tan solo relación parasitaria es observada. Superficial. Fungis elementales. No parece haber simbiosis alguna en el espécimen.
−Bien, déjale seguir jugando. La irradiación debió haber matado todos sus fungis parasitarios, pero tal vez esos de sus pies necesiten una sesión doble.
−No será necesario, este fungicida universal le limpiará los posibles restos, tal vez el calzado impidió el exterminio total de estos fungis agresivos.
En el suelo sentados teniente y muchacho, mientras el uno aplica el apósito que siempre lleva consigo dedo por dedo el otro va dibujando un extraño gráfico en el suelo. Es de un modo circular y de complejidad creciente, el teniente no puede dejar de observar con qué maña el espécimen va completando el dibujo hasta que al ver la culminación algo le hace levantarse de un brinco.
− ¡Sigrida! ¡Mira! ¡Mira lo que ha pintado!
A los pies de la comandante el niño ha completado una espiral de siete niveles de un modo perfecto y en el centro del laberinto la inconfundible cabeza de una serpiente. Sigrida da también un brinco al reconocer el símbolo y se pone a gritar órdenes a su tripulación que rápidamente se vuelven a colocar en sus asientos dispuestos para el viaje, tras unos instantes de descontrol su reconocida, en toda la galaxia, capacidad de autocontrol toma de nuevo el mando y se arrodilla junto al niño indicándole con el dedo al símbolo que ha dibujado en el suelo.
−Una serpiente. Mi madre dice que cuando duermo una serpiente se enrosca en mi cabeza y me hace soñar. Yo la imagino así.
− ¿Entiendes algo de lo que dice Sigrida?
−Negativo, Seyfret. Pero volvemos al punto de llegada, el espécimen será soltado en el mismo punto donde lo recogimos. No podemos llevárnoslo con nosotros; este crio tiene más peligro átmico que una raza antenal al completo. Y en cuanto le dejemos abandonamos este sistema solar, que digan en La Base lo que quieran, yo me hago responsable.
Inteligencia localiza con presteza el lugar donde capturaron al espécimen y Seyfret baja con el crío hasta el camino donde le indica que vuelva a su termitero, el foco de luz de la nave, pues ya es de noche, permite al niño caminar con soltura, encuentra su balón en el borde del camino y se vuelve con una amplia sonrisa en la boca haciendo al capitán explorador la señal de: ¡arriba!
− ¿Qué ocurre Seyfret? ¿Anomalías? Se nota en usted una cierta congoja.
−No importa, Inteligencia, no es nada. ¡Ja! Arriba. Arriba. (Sí, nos volvemos a La Base, esto es desesperante; ¿Cuándo terminará este espanto continuo? Vayamos donde vayamos encontramos siempre lo mismo: una esperanza y su destrucción asegurada)
La nave no tarda mucho en alejarse del planeta semillero (Sigrida 3, han aceptado llamarlo) y volver a las rutas conocidas de regreso a La Base.


Corolario

La nave fue sometida a un chequeo exhaustivo, Inteligencia traspasó hasta el dato más nimio, y la tripulación a un consejo de guerra inmediato. Se valoró los descubrimientos que habían realizado en descargo de los subalternos pero el abandonar al espécimen capturado podía costarle la vida a la comandante Sigrida.
En la vista oral, ante el Alto Tribunal Marcial, la comandante expuso claramente el porqué de su decisión nada irreflexiva.
−Ustedes conocen bien ese símbolo. Y el peligro que trae consigo. A nuestra humanidad le llevó eones liberarse de las supersticiones pero las pasadas guerras térmicas a punto estuvieron de retrotraernos al nivel deísta; sencillamente, no me atreví a traer a La Base a un espécimen impúber de una raza desconocida y que trajera consigo esa enfermedad anímica. Y mucho menos en plena guerra con los antenales de Oden 4. No había manera humana de prever los desórdenes que podrían producirse si aparecemos aquí con aquel niño, niño humano, pues hemos descubierto otra humanidad, una humanidad con toda la fuerza anímica de los pueblos primitivos. Según mis estimaciones ese espécimen cuando alcance la madurez sexual nos sacará la cabeza a casi todos los presentes y con la estructura ósea que tiene su fuerza y velocidad serían imparables en nuestro planeta, incluso su menor gravedad jugaría a su favor. Solo ustedes pueden tomar la decisión de qué se puede hacer con esa raza.
−Está bien, retírese comandante.
Sigrida conservó vida y cargo y un tiempo después fue enviada en otra misión exploratoria a otro brazo galáctico de la cual aún no ha regresado. Todo lo relacionado con Sigrida 3 fue declarado secreto del más alto nivel, incluyendo los estupendos ejemplares de fungis que de allí se trajeron, e Inteligencia fue reprogramada para que nunca nave alguna supiera de la existencia de semejante lugar. Tal vez algún día, cuando termine la guerra, esta guerra, y antes de que comience otra se pueda mandar una nueva misión de exploración con una nave más grande y mayor tripulación, tan solo entonces se levantará el secreto sobre ese planeta y sus habitantes.


¿Y el niño?
Por lo que sabemos lo primero que se ganó fue una buena azotaina por aparecer solo y de noche, todo el barrio estaba preocupado y buscándole por los prados, y cuando algo de calma se restauró en su hogar su relato les pareció a todos cosa de locos.
− ¿Astronautas que comían setas? ¿Qué eran, vascos?
−No sé, no entendía nada de lo que decían. Pero mira, abuelo, atiende, tenían una televisión tan grande como la ventana y se veían las cosas en colores, como en el cine.
− ¡Mentiroso! No existen las teles de colores; ¡estás mintiendo! Andarías a ranas y se te hizo de noche.
−Vale de interrogatorio y que se vaya a dormir, ¡largo a tu cama! Vamos todos a acostarnos, el caso es que ya está en casa.
−Sabes bien que este niño es muy fantasioso, no le puedes creer lo que está diciendo.
−Pues claro que no le creo, ni le creerá nadie. Pero sabes una cosa: en América si existen las televisiones de color, lo he visto en una revista de electrónica pero, ¡tan grandes como una ventana! El tubo catódico tendría un tamaño descomunal. Son fantasías de crío, le pondré un buen castigo que le dure todo el verano y olvidémonos del tema. A dormir.
El niño fue llevado días después a un jesuita profesor de canto gregoriano y otras salmodias similares y se pasaría el resto del verano y cuatro años más cantando en un coro de un conocido templo de la ciudad. Si los jesuitas no le hacen sentar la cabeza no podrá nadie en este mundo.


Fin

Bueno, los cuentos cuentos son y ¿quien va a creer algo a un cuentista? Pero al menos confío que hayan disfrutado con la lectura de este que he terminado de escribir hoy mismo.
Por cierto, Sigrida era aún más guapa.


Esto que han leído es el borrador del cuento, la edición corregida salió en el libro Historia de un talento, Cuentos de la reina arpía.
Historia de un talento, cuentos de la reina arpia

lunes, 26 de enero de 2015

Hospitaleros Voluntarios, boletin Nº 72, enero 2.015


BOLETÍN INFORMATIVO Nº 71
Enero de 2015

Encuentro anual de Hospitaleros voluntarios. Llíria.

Bajo el lema Mare nostrum, Iter nostrum, casi 200 hospitaleros voluntarios se reunieron en las
instalaciones de La Salle en Llíria durante el puente de la Constitución y la Inmaculada. Cada
vez se hace más complicado encontrar un lugar donde tener cabida todos los voluntarios que
quieren participar en estas jornadas y que cuente con todo lo que necesitamos para tal fin pero
vamos consiguiendo nuestros objetivos.
Por la organización de la casa de La Salle, no pudimos entrar en las instalaciones hasta después
de comer y eso nos dio la oportunidad de degustar unas estupendas paellas hechas por los
amigos de la Asociación de Valencia mientras escuchábamos música de gaita del grupo
Celturia. Para los ajenos al mundo “paelleril” fue un verdadero espectáculo ver cómo trabajaban
hasta lograr aquellas joyas.
Ya instalados, llegó el momento de las presentaciones y las bienvenidas; este año teníamos una
novedad en el planteamiento de este tiempo: una conferencia interesantísima de Juan Caamaño
Aramburu, peregrino, marino y escritor, titulada Mare nostrum: el Camino del Apóstol hacia
Hispania.
Como otros años: tiempo de trabajo por grupos, tiempo para mostrar las habilidades personales
en el exitoso Filandón, tiempo de estar con los amigos y encontrar otros nuevos. Una visita por
Valencia, una nit del foc particular con ninot-hospitalero y fuegos artificiales. Horchatas y
fartons, una queimada que no olvidó a nadie en su conxuro y la cena internacional.
Un éxito. Se nos da bien organizar estos Encuentros y mucho mejor confraternizar entre
nosotros.
El lunes 8 tras la misa de la Inmaculada un plenario que dio tiempo para que hablaran los
hospitaleros de allende nuestras fronteras y también nuestros hospitaleros “más especiales”: los
chicos de Apdema que, una vez más se llevaron el aplauso más emocionado.
Y emocionado fue también el sincero homenaje que Hospitaleros rindió a Alfredo Núñez y a
Pilar Jiménez: nuestros hospitaleros de Arrés. Desde aquí volvemos a enviarles todo el cariño y
admiración. No pudimos rendir homenaje a Tina Calzadilla y a Antonino Nicolás, los
verdaderos “alma mater” de Bercianos. El día 10 de enero, cerramos el círculo y ya que ellos no
pudieron acudir a Llíria, fuimos nosotros a Bercianos a terminar lo iniciado.
Como otros años –y van…- quiero trasladar al Boletín (esta vez con la ayuda de Pablo Cepero)
las impresiones de Marinella Locatelli, presente en Llíria y “observadora” de Hospitaleros, de
los hospitaleros y de los hospitaleros que trabajamos para los demás compañeros:
Estoy aquí, al final de mi camino, en la orilla del mar. He peregrinado siguiendo una flecha,
en busca de un sentido. Y ahora que miro el horizonte casi me asusto, se ha acabado la
senda, por aquí hay solo mar, sin la seguridad de que al otro lado de esta inmensidad exista
algo.
Federación de Asociaciones
de Amigos del Camino de
Santiago en España
Aptd 315.
26080-Logroño (La Rioja)
Tf. 941.24 56 74.
Fax 941.24 75 71
E-mail:
hosvol@caminosantiago.org


Pero veo un velero que se acerca, tiene un lindo Mascarón de Proa, guapo, imponente. ¿Qué
será? ¿Qué traerá? ¿Serán amigos o enemigos? Por allí veo el capitán.
- Hola capitán, ¿Qué traes en tu barco?
-Aquí en mi velero tengo grandes tesoros que me han impulsado hasta llegar a ti. Me han
dado tiempo, sus brazos, sus habilidades, y me han empujado en los mares hasta llegar aquí.
- Pues entonces, tienes mucha energía
- La verdad es que si. Una energía que me viene de adentro, porque a toda esta gente le da
la gana de remar y, de esta forma, me han traído hasta aquí. Pero también me han ayudado
los vientos, que recogen el empuje que los peregrinos traen todos los días y gracias a la
Flexibilidad de las velas para ajustarlas he podido aprovecharlo.
- ¡Este si que es un gran tesoro! Se ven muy bonitas tus velas, ¿Como has conseguido
aprovechar todo este impulso?
- Gracias a que he tenido una serie de puntos que marcaban mi dirección. Las herramientas
que he tenido han sido la Disponibilidad, Generosidad, Fraternidad, Alegría, Escucha,
Oración, Austeridad...
- Todos estos ideales son como los brazos de un timón ¡Que suerte tienes de tener una
constelación de principios que te guían! ¿Pero cómo has organizado el trabajo en tu velero
con tantos pasajeros? Debe ser muy difícil.
- ¡Ha sido muy fácil! Solo he tenido que buscar las cualidades que comparten unos con otros
y que iban uniéndolos con los demás.
- ¡Pero esto es una red! Y tejida con mucha Paciencia. ¡En estos tiempos modernos tú
también usas internet! ¿Tienes wifi? Con todos estos tesoros tendrás también muchos
sueños, horizontes que alcanzar. ¿No tienes miedo de acabar entre dos aguas entre tantas
aventuras?
- No, tengo una fuerza que me hace permanecer siempre a vista de la costa, sin perder
contacto con la realidad, con lo cotidiano y con las necesidades básicas de los seres
humanos.
- Bueno, este Sentido común es tu ancla de seguridad, esto me inspira confianza, ¿sabes?
Me gusta mucho lo que veo, pero no se todavía tu nombre.
- Es muy sencillo, yo soy un velero llamado Voluntariedad.
- Yo he visto otras embarcaciones de voluntarios, ¿Que es lo que te distingue de los demás?
- Lo que me distingue de los demás es la Hospitalidad Tradicional en el Camino de Santiago.
- ¿Sabes una cosa, Mascarón de proa? Lo que veo me atrae, me seduce, me hace pensar que
mi camino no termina aquí. ¡Llévame contigo!
******
Conclusiones de Hospitaleros. Llíria 2014
La voluntariedad encierra un compromiso de disponibilidad y lleva consigo la aceptación de las pautas que
libremente acordamos:
Reafirmamos el carácter gratuito del trabajo de los hospitaleros hecho en lugares donde no se
cobre por la acogida.
Nos vinculamos a las condiciones reflejadas en la “carta cuestionario” independientemente del
albergue donde realicemos nuestra función.
Ayudaremos a promover en el peregrino la reflexión sobre el sentido jacobeo del Camino.
Los hospitaleros procuraremos integrarnos en el lugar donde ejerzamos la hospitalidad.
La acogida será realizada sin ningún tipo de discriminación.
Continuaremos con los cursos de formación: preparación, reciclaje para veteranos, encuentros…
Daremos a conocer nuestra forma de actuar en los albergues.
Por lo tanto, el trabajo de los hospitaleros buscará ante todo el servicio a las necesidades de los
peregrinos.
Conclusiones aceptadas por los asistentes a la reunión de Llíria 2014 como nuestra guía de trabajo para el 2015.


Amigos, (seguimos) necesitando vuestra colaboración…
Porque estamos preparando la celebración del XXV aniversario de Hospitaleros Voluntarios y
queremos recordarlo por mucho tiempo; tenemos varios proyectos para 2015, año en que
celebraremos nuestro cuarto de siglo.
Pedimos tu testimonio, una anécdota o vivencia que hayas tenido en tu tiempo como
hospitalero voluntario para publicarlo en un libro de relatos que, pedimos, sean retratos
positivos aunque todo será bien recibido.
Queremos que participéis todos, que cada uno de nosotros cuente algún momento de su ser
hospitalero, poder hacer una gran selección y rematar un libro donde todos nos sintamos
protagonistas de esta celebración (que nadie se sienta cohibido si no tiene demasiada pericia
al redactar)
Desde hoy pedimos vuestra colaboración, que ha de estar escrita en formato Word, con fuente
Arial en tamaño 11, justificación a ambos lados e interlineado 1.0; y en una sola página.
La idea es seguir recibiendo escritos hasta mayo de 2015.
Queremos de los hospitaleros no españoles también su participación porque sois parte
fundamental de este grupo; hacedlo, si así lo queréis, en vuestro propio idioma.
Podéis enviarlo a sacalejo@hotmail.com (Manuel Oliva) que será el hospitalero voluntario
encargado de recibir, archivar y ordenar vuestros escritos junto con vuestro nombre y apellidos,
nacionalidad, albergue donde se sitúa el relato y año.
Ánimo y a trabajar.

Nous souhaiterions que les hospitaliers non-espagnols participent aussi à la rédaction
d'un recueil de souvenirs.
Parceque vous faites partie intégrante et fondamentale du groupe.
Faites le dans votre propre langue si vous le voulez bien.
Vous pouvez envoyer vos textes à sacalejo@hotmail.com (Manuel Oliva) qui est l'hospitalero
voluntario en charge de recevoir, ordonner et archiver vos contributions. N'oubliez pas
d'indiquer vos nom, prénom, nationalité, l'albergue où votre histoire s'est passée et l'année des
faits.
Courage et…au travail.
We want from the Non-Spanish "hospitaleros" also their collaboration because you are and
were an essential part of this family; do itif you feel like it, in your mother tongue.
You can send it to sacalejo@hotmail.com (Manuel Oliva) that will be "hospitalero" in charge of
receiving,organising and filing all your stories. Please add your name and last name, nationality
and the albergue where your experienced is located and the year that it happened.
Invitiamo a partecipare anche gli hospitaleros di altre nazionalità in quanto parte fondamentale
di questo gruppo; se lo desiderate, potete scrivere un aneddoto o un pensiero direttamente
nella vostra lingua e inviarlo a sacalejo@hotmail.com (Manuel Oliva), l'hospitalero volontario
incaricato di raccogliere, organizzare e archiviare i vostri scritti completi di nome, cognome,
nazionalità, albergue in cui si svolge il racconto e l'anno.
Forza, al lavoro!
Wir möchten, daß auch die Hospitaleros anderer Nationalität daran teilnehmen, da sie einen
grundlegenden Bestandteil dieser Gruppe darstellen. Wenn ihr Lust habt, bitte eine Anekdote
oder Erinnerung direkt in ihrer Sprache schreiben und sie an sacalejo@hotmail.com (Manuel
Oliva) senden. Er ist der Hospitalero Voluntario, der ihre Texte zusammen mit Ihren Vor- und
Nachnamen, Nationalität, Albergue in dem sich ihre Kurzgeschichte stattfindet und das Datum
(Jahr genügt) bekommen, sortieren und speichern wird.
Nur Mut und sich an die Arbeit machen!
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Otro de los actos que están ya programados para la celebración del XXV aniversario de
Hospitaleros Voluntarios es una Jornada de Trabajo donde tendrán cabida las voces de los
hospitaleros que en estos últimos tiempos quieren aportar a la Organización su opinión o
quieren informar sobre cuestiones que sirven para el día a día del grupo. También podremos
debatir qué somos, qué queremos ser, a dónde queremos ir y cuál será nuestro futuro en el
Camino de Santiago. Por eso convocamos esta Jornada de Trabajo.
El lugar será León, en la Casa de Espiritualidad de los PP Dominicos de la Virgen del Camino
22, 23 y 24 de mayo. Las inscripciones a la Jornada se harán al correo de la Federación
hosvol@caminosantiago.org o al teléfono 941245674indicando que es para la Jornada de
León. Las plazas son limitadas.
Los participantes enviarán sus comunicaciones o aportaciones al menos con dos semanas de
antelación, a la dirección de correos que se les comunique.


Las comunicaciones podrán ser de tipo informativo o de actuación ética y/o funcional. Se
dispondrá de tiempo para que sean expuestas por sus autores para luego, abrir un debate
sobre el tema tratado.
Todas las comunicaciones y anotaciones de los debates, serán analizadas por un reducido
grupo de hospitaleros con experiencia y capacidad de análisis que elaborarán, durante las
semanas siguientes a la Jornada, las conclusiones de la misma, se harán públicas y se
repartirán a todos los participantes. .
Esperamos que el acto sea de vuestro agrado y queráis participar en la Jornada de Trabajo.
Más información en www.caminosantiago.org
De los diversos actos que se van a celebrar este 2015 os iremos informando en el Boletín
y en la página web de la Federación así como en la revista Peregrino
Convocatorias
 Cursillos de nuevos hospitaleros
o Grañón 20-22 de febrero.
o Logroño 6-8 de marzo.
o Alicante 27-29 de marzo.
o Alcuéscar 1-3 de mayo.
o Vizcaya 8-10 de mayo.
o Cercedilla 29-31 de mayo.
o Sydney (Australia) 17-18 de enero.
o Durban (Sudáfrica) 21-22 de febrero.
o Menlo Park (California, EEUU) 11-12 de marzo.
o Calgary (Alberta, Canadá) 20-22 de marzo.
o Toronto (Ontario, Canadá) 27-29 de marzo.
o Halifax (CB, Canadá) 1-3 de mayo.
o Johannesburgo (Sudáfrica) 2-3 de mayo.
o Limburg (Alemania) 6-8 de marzo.
o Le Puy en Velay (Francia) 16-19 de marzo y 23-26 de marzo
o Montréal du Gers (Francia) 20-22 de marzo.
o Valpromaro (Italia) 10-12 de abril.
o Filattiera (Italia) 8-10 de mayo.


 Cursillos para veteranos
CURSO DE ITALIANO PARA HOSPITALEROS (con Laura Monastier) Carrasquedo (La
Rioja) 24-26 de abril. Inscripciones a partir del 10 de marzo en marinasaiz@hotmail.com
CURSO DE INGLÉS PARA HOSPITALEROS. Carrasquedo (La Rioja) 12-14 de junio.
Inscripciones a partir del10 de mayo en marinasaiz@hotmail.com
CRUZAR LA ORILLA. PUENTES EN EL CAMINO DE SANTIAGO. Un recorrido físico,
histórico, técnico, simbológico y religioso por los puentes. Albergue de Zabaldika. 16-18 de
octubre. Inscripciones a partir del 10 de septiembre en malele11@yahoo.es
CURSO DE CANTO PARA HOSPITALEROS (Con María Corno) Valpromaro, Italia. 28, 29
de febrero y 1 de marzo. Inscripciones en carla.bechelli@alice.it
Necesitamos pintores (de brocha gorda)


El albergue de Grañón necesita una manita de pintura. Necesitamos un par de hospitaleros que
se ofrezcan a hacer este trabajo. Si, además, saben colocar baldosas del suelo, mucho mejor.
La fecha: dos o tres días desde el 2 al 7 de marzo.
Quien se anime que escriba a Marina Saiz marinasaiz@hotmail.com

miércoles, 21 de enero de 2015

La gran maquina de piedra. Cuento fantastico




La gran máquina de piedra

¿Conocéis la auténtica, auténtica, historia de la pirámide de Keops?, ¿la que mandó elevar el mayor faraón que jamás existió, el divino creador Kufu?
Habréis leído y oído algo, carne de cañón, pero ignoráis su fábrica y función. Os adelantaré algo.
En primer lugar tenéis que saber que la gran pirámide fue levantada muy cerca del río Nilo a propósito; no solo se construyó un gran puerto para la carga y descarga de materiales también algo más: mediante un canal podían retirar cuánta agua del Nilo quisieran y conducirla justo debajo de la inmensa edificación. Es ingeniería de la edad de Bronce y no os quiero aburrir con los detalles.
Durante años, décadas, miles de obreros trabajaron en la enorme fábrica para levantar la más increíble máquina que jamás vieron los siglos.
¿El objetivo? Sanar la tierra y a toda la humanidad.


¿Cómo? Creando un increíble volcán que extraería la energía de la tierra enferma, pues por entonces volcanes, terremotos e inundaciones asolaban la tierra, y la mandaría al universo para poder llenar después el planeta de luz y de amor.
¿Quién? el faraón, el primer servidor de los dioses aquí en la tierra, haría el sacrificio.
Y ahora viene lo bueno mis investigadores paranormales, atentos. Hemiunu, el ingeniero principal, estuvo planeando el asunto durante más de 20 años. El impacto iba a ser inenarrable. Para conmemorar los 50 años de paz y amor cósmico el más humilde servidor de los dioses, Keops, Kufu, o como lo pronunciaran entonces, invita a su pueblo a la fiesta del solsticio ante la gran pirámide.
Miles, incontables gentes de todo el orbe, acuden a la llamada del faraón. Corre la mejor de las cervezas de mano en mano y la gente canta y baila alrededor de la pirámide durante toda la noche.
El faraón y su real familia llegan en su barca celeste bajando por el Nilo. Descienden de la barca y se dirigen a un lugar de privilegio para contemplar el espectáculo.
A una orden de Hemiunu el agua comienza a pasar del Padre Nilo hacia el bajo vientre de la Madre Pirámide. Fuera presas.
Una vez el agua a presión entra en los conductos de la máquina comienza a ejercer una inmensa presión hacia arriba haciendo que la pirámide y los alrededores comiencen a vibrar.
Atención: ¡Hemos despertado a la Tierra!
¡¡Sana!! ¡¡Sana!!
Gritan un millón de voces mientras notan bajo sus culos y pies un pequeño y continuo terremoto.
Atentos, mis picapiedras, que habéis estado 20 años acarreando pedruscos inmensos: ¡la tierra despierta!
El alba se acerca y la tierra tiembla.
A una orden del faraón unos operarios comienzan a descargar zinc líquido y ácido clorhídrico diluido por unos disimulados conductos que llegan hasta la Cámara de la Reina. De inmediato se produce la reacción química: se produce hidrogeno. El gas sale a escape de la cámara de la Reina hacia la Gran Galería, que ya se está llenando de agua a presión que sube desde la cámara subterránea.
Solo queda prender la mecha y el hidrógeno entrará en combustión, produciendo una gran cantidad de calor. Calor que calentará el agua que subirá rápidamente hacia la Cámara del Rey.
Falta poco para el alba y Dios Creador y Padre de todas las cosas se va a mostrar con todo su esplendor a las buenas gentes de Egipto, aquí a los pies del faraón, nuestro Señor.
El sol está a punto de surgir en el despejado horizonte y la pirámide vibra, vibra como un volcán inmenso a punto de despertar.
¡Una flecha ardiente!

El agua, caliente y al punto del vapor, llega a la Cámara del Rey donde se le añade, por medio de sarcófagos de piedra rellenos de tintes, color y olor. Es semejante a un serpentín esta cámara real. Cuando el vapor de agua, que está golpeando el techo de la Cámara del Rey encuentra los conductos de ventilación por ellos se escapa hasta las troneras; Hemiunu controla el minuto y segundo exactos en que se está produciendo el alba y a una orden suya se abren las espitas.
Aparece el sol y de la pirámide salen chorros de vapor de agua produciendo un sonido que ni cien, ni mil, sirenas de barco trasatlántico podrían igualar jamás. Es una olla a presión.
Chorros luminosos expanden el aroma inconfundible del faraón a cien kilómetros en la redonda. La pirámide vibra, vibra; y cuando los primeros rayos del sol alcanzan el Pyramidión dorado rebotan y se expanden en todas las direcciones.
¡¡Sana!! ¡¡Sana!!
Grita la multitud enferma de pura ilusión y amor a las divinidades.
Lo que hace la cerveza.

La pirámide cumple a la perfección su función de máquina creada para sanar la tierra y mostrar a Dios Creador a los hombres. Vibra, expele chorros de gas coloreado y perfumado y el Pyramidión está enviando la energía enferma del planeta como rayos invisibles hacia el vacío oscuro del Universo.
¡Éxito total e irrepetible!
La multitud se arroja al suelo y golpea sus frentes en el duro suelo. Perdona nuestros pecados y maldiciones Gran Padre de todos nosotros y asciende al faraón a tu cielo perlado de estrellas.


Como sería la impresión lograda en las gentes y en el inconsciente colectivo que, milenios después de la gran fiesta del faraón, sus 50 años de paz y amor cósmico, aún perdura.

Lo que hacemos los ingenieros.

Fin

sábado, 17 de enero de 2015

Metaformos insolitos visitan nuestros hangares. ¡Nunca os lo creereis!

Sí, lo sé, nunca os lo creeréis, y además es increíble, o algo así. Yo escribo cuentos fantásticos pero de vez en cuando me llegan noticias que superan, y mucho, mi capacidad de fabulación; ya, bueno, me diréis que es indemostrable pero esto sucedió más o menos tal cual os lo relato. De verdad:
¡Estuvieron aquí!


Metaformos insólitos visitan nuestros hangares

Mundo insólito y canalla. Pudimos cargarnos a toda una raza humanoidea con gran facilidad, pero ¡nos pudo la risa! Nunca nos creerán.

Ustedes, amables lectores, ¿saben o se imaginan cuántas veces nuestra amada humanidad ha estado a punto de alcanzar la extinción total y absoluta en las últimas décadas? ¿No? ¿No? ¿de veras? Pues no dejen de leer esta pequeña historia y así se quitaran una buena venda de los ojos.



Noche de sábado en la Unión de Repúblicas Extraordinarias, noche estrellada, sideral, noche prodigiosa en las estepas ukranionas y en los bosques cercanos. En las ciudades de la zona las gentes se concentran ante los televisores para ver un partido de soccer, es la semifinal de la Copa de Europiya, y la gran Unión de Repúblicas Populares puede llevársela; pero tiene que ganar antes este partido. Corre el vodka y la cerveza desaparece rápidamente en turbios gaznates, hay ambiente de jolgorio general; su equipo puede ganar el partido.
Nadie aprecia ni se apercibe de una estrella roja y pulsante de un modo rítmico, preciso, constante, con destellos verdeazulados e incluso adamascados que baja del cielo hasta posarse en un soto cercano a La Base. ¿Quién iba a mirar en esa dirección? ¿Qué hay allí? ¿Un bosque y una charca donde se crían las ranas? ¿Quién podría preocuparse en una noche así? Para eso están los militares que tienen buenos radares.
Pero en La Base de misiles intercontinentales Smolenskaya Arbat nadie observa algo extraño y cuando se acercan las 22.00 horas proceden al cambio de guardia.
− ¿Novedades?
− ¡Sin novedad, mi sargento!
Y así un puesto tras otro, garita tras garita, por todo el cercado exterior de La Base y los puestos interiores. ¿Y los radares? Bah, algún ping de vez en cuando, vuelos de aves, lo de siempre.
− ¿Novedades?
− ¡Sin novedad, mi teniente!
Así uno tras otro en los puestos cruciales de los silos y controles de misiles nucleares. ¿Los ordenadores? ¿Las transmisiones? Lo mismo de siempre, algún paquete de bits rebotado o extraviado en las madejas de equipos y cables.
− ¿Novedades?
− ¡Sin novedad, mi capitán!
El capitán de servicio de cuartel en esta noche infausta da el parte novedades a las 22.20 horas, hora de Sebastopol, al Coronel Jefe de La Base y este lo pasa al Control Central de Misiles Nucleares.
−Que pasen buena noche, camaradas.
Es el mensaje que recibe a cambio en el papel perforado que su teletipo escupe.


Noche de rutina, pena de no estar viendo el partido en la televisión. ¿Cómo habrá terminado? Bueno, nos enteraremos en el cambio de turno, a seguir con el papeleo, otra noche en calma tensa, pues las aguas de la política siguen turbias y revueltas. Mejor estar aquí con mi perrito Pushkin a los pies, siempre puedo abrir la ventana y sentir los olores del bosque que no estar metido en un submarino posado en los fondos oscuros del Mar Báltico. Este destino es mucho mejor, ¡dónde vas a parar! puedes mirar las estrellas cuando te venga en gana; aquí se puede fumar y respirar a tus anchas.
Que pasen las horas, que en cuanto me venga el relevo me largo de pesca con mi cuñado Vladimir.

Ni las truchas ni las ranas se alteran en la noche esteparia. Reina la calma y tan solo algunos venados han abandonado a la carrera el bosque, asustados por una claridad muy extraña en su zona más densa y cerrada. ¿Un fuego?
− ¿Los tienes en tu rastreador?
−Toda la instalación está completamente escaneada y bajo control. Ciento veinte humanoides, la mitad de ellos inconscientes, y doce animales de compañía, de los que llaman perros, de los cuales tan solo uno está despierto. ¿Qué tienes tú? ¿Qué guardan en esos hoyos profundos?
−Estoy escaneando sus cerebros primitivos, tendré un concepto aproximado en unos instantes. Muestran temor y recelo a dar voluntariamente cualquier tipo de información. ¿Sus instrumentos están operativos?
−Chequeados completamente, son pedestres, de una simplicidad asombrosa, pero eficaces; sistemas de control redundantes y de inseguridad alarmante, ineficaces. Mis nietos juegan con equipos muchísimo más avanzados. Sigue con tu exploración intensiva; tenemos informes incompletos y poco fiables sobre el comportamiento de las gentes de este planeta prodigioso y atrasado.

Los primeros en notar una suerte de “vibraciones extrasensoriales” fueron los soldados del Cuerpo de Guardia Exterior; algunos jugaban al ajedrez y otros leían revistas patrióticas. Comenzaron a sentir como que se les removían sus enormes gorras de plato sobre sus rubias cabezas. El cabo de guardia dio la alerta:
−¡¡Pelotón!! A las armas. Permanezcan en sus puestos, avisaré al sargento de guardia.
El sargento estaba repantigado con los pies sobre la mesa de su cuarto revisando un revista también, de algún modo, patriótica, muy patriótica.
− ¡Vaya, chavalas! De alguna me llegaran sus caderas por las orejas. Mi próximo destino voy a pedirlo a Tayikistán, que son todas pelirrojas. ¡Uff! ¡Eh! ¡¡Cabo!! ¿Cómo entra sin llamar a la puerta? ¿Novedades?
− ¡A la orden de mi sargento! Estamos notando, señor, “vibraciones extrasensoriales”, señor. El pelotón está formado y armado en la puerta del Cuerpo de Guardia dispuesto para recibir órdenes.
− ¡¿Vibraciones?! ¿Extra qué? ¿El pelotón armado y formado? Mira, cabo chungo, como pille una botella de vodka en el Cuerpo de Guardia te vas a pasar cuarenta años haciendo garitas en una base secreta en la costa del Mar de Chukchi; te aviso. Pasemos revista a la tropa; verás tú cómo vibran esos gandules.
Pero mientras el sargento revisaba bocachas impolutas y cargadores cartucho por cartucho del pelotón de guardia los ordenadores comenzaban a operar como siguiendo secuencias extrañas, inapropiadas, sorprendentes, y el teniente Armankoff, que también estaba mirando una revista patriótica, la deja caer de improviso al suelo y se sube rápidamente la bragueta. Algo ha visto por el amplio ventanal que da al cuarto de ordenadores que le ha sorprendido y sale a la carrera hacia los aparatos.
El pájaro en su nido nunca dejará de piar, viejo dicho caucasiano.

Comenzó a azuzar y espabilar a su equipo de controladores para enterarse de lo que estaba pasando. Silla por silla, pupitre por pupitre, fue revisando uno a uno a todos los controladores de los silos de misiles.
− ¿Qué ocurre? ¿Alguien me lo puede explicar?
−Mi teniente Armankoff, Anatoli Vladimirovich, ¿usted sabe si nuestros potentes ordenadores son también adictos al vodka?
− ¿Los ordenadores? ¿Al vodka? ¡¡Sergei Miátlev!! Explíquese, raudamente.
−Se comportan como si estuviesen borrachos, mi teniente. Otra explicación no tenemos. Comienzan secuencias, aparecen desarrollos de instrucciones desconocidas; incluso surgen de improviso subrutinas que no sabemos para qué sirven.
− ¿En conclusión?
−Estamos siendo controlados desde fuera de La Base, mi teniente.
−De acuerdo, pasamos inmediatamente a situación de alerta redundante. ¡Que nadie abandone su puesto! Si alguno tiene que orinar que se lo haga en los pantalones. Voy a avisar al capitán de cuartel ahora. ¡Y se prohíbe fumar desde ya mismo!


El capitán de cuartel de servicio esta noche es un tipo bregado en cien batallas misilísticas, ya ha pasado por un docena de alertas máximas con una mano en el teléfono del Alto Mando de Misiles y la otra en el botón que pondría los enormes misiles balísticos intercontinentales a punto de salir eyectados hacia su destino programado: otras bases similares a la suya extendidas por las fértiles y maravillosas praderas de Arkansas, Tejas, y Nuevo Méjico. Bueno, así se ven en las películas de vaqueros.
Allí es donde pastan los hermosos caballos y beben whisky sus héroes prometeicos: John Wayne y Charlton Heston; aunque últimamente le tira más Richard Widmark en el papel del capitán Archer de El ocaso de los Cheyennes; sí, ese es el papel de su vida. Eso es un auténtico caucasiano, como yo, como mi padre.
Allí, a la tierra de los Cheyennes y los Navajos irán a parar nuestros pajaritos de la muerte. No quedará ni un ser vivo desde Montana hasta el sur del Río Grande, ni uno en cuanto despeguen. Y en las tierras vecinas durarán poco tiempo.
− ¿Se puede saber qué ocurre, mi sargento de guardia? Nikolai Pávlovich, le recuerdo que está de guardia, no cazando patos.
−El cuerpo de guardia está asegurado, mi capitán; reportan desde las garitas del bosque luces insospechadas entre los árboles, el pelotón de la guardia exterior acusa “actividad extrasensorial” y…
− ¿Extra qué...? ¡Uhm!
−Armas de control mental, me temo mi capitán, se están utilizando sobre esta Base.
−¡¡Firmes!! ¿Control mental? ¿Pero usted se cree todas esas tonterías que vienen en las revistas patrióticas? ¡¡Teniente Bolokin!! Me acompaña usted al sargento y se van ahora mismo hasta las garitas que han reportado señales luminosas exteriores. ¿Qué ocurre, asistente Mirikoff?
−Señor, avisan del Control Principal de los Silos.
− ¿Y?
−Los ordenadores no responden a nuestras acciones, están siendo atacados desde el exterior de algún modo. Tememos perder el control.
− ¿Tememos? ¿Quién es el mamoncete que está esta noche en el agujero?
−Armankoff, mi señor capitán.
− ¡El lírico! ¿Gogui Armankoff? ¿El que le escribe poemas a su novia turkmenistana? Voy a bajar hasta allí y ¡como vea una lucecita en rojo donde no debe ese teniente va a pasar el resto de su vida mandando poemas desde la cima del Monte Elbrus!
−Es que su novia, mi capitán, fue declarada miss Ashgabat esta primavera y…
− ¡Es un teniente de la Fuerza de Misiles Estratégicos de la Unión de Repúblicas Socialistas…!
− ¡Que es un pibón, mi capitán!
−En su pueblo con que no tengan barba ya les parecen guapas, pero, ¿qué suena?


La alarma se va extendiendo por toda La Base y los controladores de misiles escuchan órdenes en sonido cuadrafónico:
−¡¡No-podemos-perder-el -control!!
Pero es inútil; ya pueden teclear instrucciones, desmontar tarjetas, desarrollar nuevos algoritmos, recalibrar aparatos, algo, desde fuera de La Base, ha tomado el control de los misiles nucleares y los está armando y activando para ser lanzados hacia sus objetivos programados.
10, 20, 30, ¡no! 40 misiles están ya fuera de control humano y se preparan para despegar. Se inicia la secuencia de salida. Treinta minutos para ignición. El capitán pide instrucciones al comandante de servicio, este a su coronel y el susodicho habla por “un canal seguro” con su general:
−Camarada general, ¿no estarán usando una máquina de control mental con mis hombres, verdad? Pregunto humildemente.
− ¿Quiénes? ¿Los capitalistas? Ellos no tienen esa tecnología; sabemos que su horrible presidente, el infame Clitorix, cortó la financiación a sus “Servicios Especiales” después del ridículo espantoso que hicieron en Cuba. Estamos bien informados y completamente seguros.
−Entonces, ¿son de los nuestros? ¿Contraespionaje? ¿Contrarrevolucionarios? ¡¿Quién está jodiendo a mis soldados?! Humilladamente le pregunto, mi general.
−Tranquilo, mi coronel Serguei Kikvadze; Serge, amigo, tranquilo. No pierda la calma. Consultaré con un par de contactos en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Les sacaré de sus dachas a patadas si es necesario en plena noche.
−Esperaré sus órdenes, mi general; pero no tarde mucho en averiguarlo pues tengo ya cuarenta misiles armados, ¡todos los que están auténticamente operativos! Y se ha iniciado la cuenta atrás. Nos quedan… ¡25 minutos escasos!
Mientras el coronel espera instrucciones con una mano en el teléfono y la otra en la cafetera en una garita exterior un atónito centinela da el alto a una pareja de caminantes nocturnos que llegan hasta su puesto procedentes de la luminosidad inquietante del bosque. Al Alto quien va y el santo y seña responden con la contraseña acordada esta noche. ¿?
Llevan uniformes militares idénticos al suyo, no portan armas de fuego a la vista, pero tampoco llevan insignias ni galones ni la bandera de La Unión en sus chaquetones. ¿? ¿Sombreros de campaña? ¿Oficiales? Por el gran Tolstoi, ¡qué tamaño tienen!
− ¿Cómo venís andando desde el bosque y sin linterna? ¿A qué servicio pertenecéis? –Y les ofrece un cigarrillo.
−Contrainteligencia de La Base; no se preocupe y siga en su puesto, soldado. No, no fumamos.
− ¿Espías? Joder, ya era lo que me faltaba por ver. Esperen aquí que ya llega el sargento de guardia.
Un vehículo militar llega en segundos y tras una breve conversación da la vuelta y se dirige hacia los edificios de Servicio de Control de Misiles, se estaciona ante la puerta de emergencia y los dos misteriosos soldados ¿oficiales de contrainsurgencias? Se bajan, llaman, y les abren la puerta para que entren.


El teniente de servicio en esa entrada intenta retenerlos mientras espera instrucciones superiores. Las luces de emergencia lucen locas, se oyen carreras desbocadas de botas militares y órdenes ladradas de pasillo a pasillo. A pesar de que las identificaciones están en regla un ligero acento extraño hace desconfiar al apurado teniente:
− ¡Un momento, camaradas! ¿Vosotros de dónde sois?
− ¡Eh! ¡Ah, sí! Venimos de Ji Brasil, camarada.
− ¡De Brasil! ¡Mulatas! ¡¡Sócrates!!
− ¿Pregunta por el sabio griego, camarada?
− ¡No! ¡El futbolista! El que marca los penaltis de tacón. ¿No ibais al fútbol? ¿En Brasil?
−Oh, no, no; nosotros solo hacemos labores inteligentes.
−Claro, claro, ¡la inteligencia! (Guiño y gesto de: ¡con las mulatas de la playa!) Paso franco a estos dos grandes rivales del inmoral James Bond.


Ambos le sacan más de la cabeza al ignorante oficial. ¿Siberianos? No con esa cara. ¿Lituanos? Primos hermanos del gran Tkachenko, Vladimir Tkachenko, nuestro gran pívot. Sí, va a ser eso; estos dos podrían jugar en nuestra imparable Selección Nacional de Baloncesto. Qué pena que sean espías.
Los contraespías van de pasillo en pasillo y de nivel en nivel hasta llegar al centro computerizado de control de misiles intercontinentales. Un oficial sale de la sala despavorido desabrochándose los pantalones a la carrera hacia los servicios dejando la puerta abierta: la escena es dantesca. Un teniente va dando la cuenta atrás en voz alta:
− ¡Diez minutos!
El capitán da patadas a los pupitres y a algún programador que le pone el culo a tiro. Dos ingenieros electrónicos están tirados en el suelo con la cabeza metida entre cables y tarjetas de circuitos bajo un pupitre, otro ingeniero está desmontando válvulas de vacío y revisando una por una en un comprobador portátil.
−¡¡Yugoslava!! Y lanza la válvula contra el techo. ¡¡Nuestra Gloriosa Unión de Repúblicas camina hacia el abismo!! Y la sustituye por otra que lleva en una caja.
Nada; la cuenta atrás no se interrumpe.
−Nueve minutos, dice el cantante de la cuenta atrás con su voz de bajo siberiano.
Un programador lleva tiras de papel perforado por los hombros como si fuera un nuevo Laocoonte y con sus gafas de culo de botella de Kvas va revisando agujero tras agujero, perforación por perforación, de una tira tras otra, varios rollos se enredan en sus pies y amenazan con subirse por sus piernas y arrastrarle al Mar de Aral. Hace una seña a los contraespías como diciendo: ¡Estos son unos inútiles! Algún algoritmo mal implementado en el árbol de instrucciones y nos han incrustado una alarma general. Esto nos pasa por utilizar lenguajes de programación pirateados a los hijos de Clítorix, ese infame profanador de estrellas maravillosas y cinematográficas, en vez de utilizar los conocimientos de nuestros extraordinarios matemáticos.
− ¿Juega usted al ajedrez, camarada programador?
− ¿Que si juego? ¡Tengo un Elo superior a 2.000!
−Se le nota, camarada, se le nota; prosiga, prosiga con su investigación.


En otro rincón un ingeniero electromecánico tiene desmontado un panel y medio y prueba los contactos de los pulsadores y lucecitas llevándose los cables a la lengua.
−¡¡Vodka!! ¿No queda vodka en esta pocilga? Esto lo arreglo yo como que me llamo Modest. Modest Víctorovich Zhiltsovich, grabaros mi nombre en los bíceps, ¡inútiles! Que sois unos inútiles, y los electrónicos: ¡unos incapaces! Este va a ser el que fallaba, seguro que era este contacto.
Nada, continúa la cuenta atrás.
−Ocho minutos para el despegue, camaradas.
El capitán grita, grita, brama y suda, suda más que si estuviera en una banya, pero en vez una rama de abedul utiliza tochos de expedientes para sacudirse, a él y a todo se le pone al alcance.
Los equipos sufren ahora un nuevo ataque y comienzan a fallar, incluso el contador que lleva la cuenta atrás se apaga, pero el capitán permanece inmutable en medio del marasmo general; la sauna patriótica le está sentando bien; exultante. Otra medalla que le van a colgar de la pechera. Saca del bolso interior de su chaquetón un viejo reloj cronómetro que recibió por su mayoría de edad de manos de su padre ferroviario cuando aún vivían en Irkutsk y le llevaba los fines de semana a pescar al Lago Baikal. Hay que darle cuerda cada día, pero le ha sacado de más de un apuro, y de dos; sobretodo estando de maniobras encubiertas en la frontera sur de Turkmenistán, y más al sur aún.
−Toma, cantante, sigue la cuenta atrás exacta con esto, pero no lo toques o te descerrajo el cargador completo de mi pistola reglamentaria en el cerebro.
− ¡Eh! ¡Ya! A la orden de mi capitán. ¡Seis minutos!
No hay conexión telemática con el exterior; un silencio escabroso, pegajoso, se apodera de la gran sala de control, la esperanza se difumina, el temor anida en los bajos fondos humanos como una niebla difusa y casi sólida; alguno se descalza.


¿El teléfono interior? Aún da señal.
Llamada in extremis al Puesto de Mando de La Base.
Señal de comunicando.
¿Cuánto tiempo nos queda?
−Cinco minutos. “Son cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos…” El teniente cantante, jefe de programadores, se pone a cantar en español imitando a Víctor Jara falseando su vozarrón siberiano. “Te recuerdo Amanda…”
−¡¡¡Silencio!!! Prosit, nos quedan cinco putos minutos ¡y no quiero melancolías! Debería estar de vacaciones en Dresde tomando buenas jarras de cerveza, bueno, deberíamos estar todos allí. Sí, en Dresde o más lejos aún.
El capitán está sentado en una mesa con el teléfono en una mano y la gorra en la otra. Los gestos de su rostro pasan constantemente de la desesperación al pánico y los hombres a su mando cambian su temperamento al mismo ritmo que sus muecas. La pareja de Tkachenkos comprende en instantes que allí no hay nada que puedan hacer y abandonan la estancia silenciosamente; caminan por los pasillos con su tranquilo paso de mastodontes imperturbables y salen del edificio hacia unos hangares cercanos para contemplar el despegue de los misiles intercontinentales. 


En la puerta ven a un oficial jugando con un animal, uno de esos que llaman “perro”; aunque hay tropas corriendo de aquí para allá y vehículos militares zumbando de un sitio para otro este hombre parece ajeno por completo al maremágnum general.
− (¿Quién puede ser?)
− (Hombre de mando; un momento: Coronel Jefe de La Base esta noche)
− (¡El hombre al mando!)
− (Sí, interesante; toda su atención está volcada con su perro: acerquémonos)
− ¡Coronel! A sus órdenes.
El coronel, que ha soltado la correa para que Pushkin pueda corretear libremente se gira al instante para devolver el saludo y se queda observando con extrañeza a la asombrosa pareja de gigantes cabezudos.
− ¿Ustedes sirven a mis órdenes? No recuerdo haberlos visto jamás. ¿A qué servicio pertenecen? ¿Por qué no llevan insignias ni indicativos en…?
−Contrainteligencia, mi coronel.
− (¿Estos dos que son, letones? No reconozco ese acento) ¿Quién es usted?
− ¿Yo? Yo es un otro.
−¿? ¡Ah! Y su compañero es un otro-otro yo. Claro, claro, les enseñan a cambiar de conciencia para poder llevar a cabo sus labores de…inteligencia.
−Eso es, coronel, somos metamorfos.
− ¿Meta…? Claro, claro, espías o contraespías o lo que ordene el mando superior. Que interesante.
−Usted ve las cosas con total claridad.
−Aquí y ahora el único que ve bien es Pushkin.
− ¿Pushkin? ¿Nos habla en este momento de poesía, coronel? Que interesante.
−No, hombre, el poeta no, ¡mi perro! Le puse ese nombre cuando me encargaron de su custodia.
El perro, aún más ajeno si cabe que el dueño de las humanas tonterías, corre de aquí para allá, saltando, brincando, jugueteando con una pelotita y haciendo las típicas gracias perrunas.
− (Dos minutos, según hacen ellos la cuenta, para el despegue)
− (Desde este lugar veremos perfectamente el espectáculo)
Uno de los Tkachenkos le da una patada a la pelotita e inmediatamente el perro corre a traérsela para que se la lance de nuevo, al tercer lanzamiento al perro no se le ocurre otra cosa que lamerle la mano al gigantón en señal de agradecimiento.
− (¿Qué ocurre? ¿Qué te está ocurriendo? Te percibo extraño, ente compañero)
−(Es, es, es una reacción, una reacción a algo, algo que…) Y el ente se pone a reír descontroladamente y coge la pelota del suelo y se la vuelve a lanzar a Pushkin. (Deberías probar esta reacción, ¡tienes que probarla!)
Segundos después las carcajadas eufóricas y sincopadas resuenan por todo el hangar. Pushkin redobla sus esfuerzos para acabar con el enemigo mordiéndoles en los bajos de los pantalones, tirándoles de los cordones de las botas, lamiéndoles las manos, etc., etc., etc.
El que no tiene perro no sabe de lo que son capaces esos monstruos de cuatro patas.

Con las manos en el vientre uno de los cabezones se aleja un poco y le grita al coronel:
− ¿De dónde es usted?
−Nací en Kazán, de La Estepa soy.
− ¡Muy ricos los polvorones! Grita el segundo contraespía y se aleja tras el primero intentando contener risas y carcajadas a partes iguales.
Paran imperiosamente un vehículo militar (resulta ser el mismo sargento de guardia que está dando vueltas por el perímetro exterior) y ordenan que les lleven al punto exacto donde fueron recogidos. El centinela tan solo asoma la jeta por la puerta de la garita y observa sobrecogido como la extraña pareja desciende del Lada militar y se encamina hacia el bosque por el mismo sendero por el que aparecieron tan solo hace unos minutos, le hace una seña a su sargento a lo que este responde quitándose la gorra y rascándose la coronilla. ¡Con la que está cayendo y estos tíos no paran de descojonarse!
Les ven perfectamente, al par de paquidermos insondables, caminando a grandes y lentas zancadas iluminados por los focos del coche. Se encaminan directamente hacia la extraña claridad rosada y palpitante en lo profundo del bosque y…


Y de repente los Tkachenkos parecen disolverse y se derrumban hacia atrás todo lo largos que son. El sargento inicia una carrera para ver qué puede haberles ocurrido pero antes de que haya dado ni seis zancadas se frena en seco al ver como un par de seres ¿calvos? ¿esas cabezas? Cubiertos de una larga túnica de un blanco inmaculado, ¿pero si se cayeron al barro? se yerguen ante sus ojos y continúan caminando impasible el ademan.
Antes de que transcurran cinco minutos, el sargento está reportando a voces por la radio y el soldado que ha bajado de la garita para echar un cigarro con el conductor del Lada, ven que una esfera luminosa se eleva sobre las copas de los árboles, se desplaza sobre ellas con la suavidad de una pompa de jabón y lentamente comienza a elevarse como un farolillo chino volador. Una serie de luces parpadeantes en su parte inferior es lo último que alcanzan a ver pues en segundos: ¡zum! La esfera desaparece en el cielo estrellado como si nunca hubiera existido.
¿Lo soñamos?


Tal vez, pero el sargento hizo el parte correspondiente y la cuenta atrás fatídica paró cuando solo faltaban veintidós segundos para el despegue de los misiles y pasaron dos meses hasta que La Base recuperó su anterior normalidad.
Aún un mes más tarde el gran Mariscal de la Fuerza de Misiles Estratégicos de la Unión de Repúblicas Socialistas Anticapitalistas Populares ( S.M.F.U.S.S.R.P.A. en lenguaje nato) Anatoli Mijaíl Ribakof, Micha para los amigos, repasa verbalmente con el coronel el informe “secreto” del incidente que le han remitido recientemente. Punto por punto, paso por paso, rincón por rincón, oficial o soldado raso pasan por su escrutinio; por cierto, vibran, ¡vaya que si ahora vibran! Nadie quiere pasar el resto de su vida militar haciendo guardias en el Círculo Polar Ártico. O más allá.
− ¿Me quiere hacer creer, Serge, que esto es lo que sucedió? Señalando el grueso informe que lleva en las manos.
−No tengo la menor intención de ocultarte nada Micha, me conoces bien.
−Que, que unos metaformos insólitos pasearon por nuestros hangares…
−Metamorfos, mariscal, metamorfos.
− ¡Metaformos! Aquí solo vale lo yo diga. ¿Aquí mismo?
−Y jugaron con el perro.
− ¿Con…Pushkin? Mira, mi querido Serge, esto nunca sucedió, este informe me lo llevo conmigo ¡y nunca nadie dirá o escribirá palabra alguna sobre este tema! ¿Entendido?
(¡Metaformos jugando con Pushkin! Esto nunca sucedió, jamás, y además es imposible. Nadie se creería esta historia ni borracho. Enterraré este informe en la Siberia profunda.¡ NO-PUEDE-SER!)


Pero fue así como sucedió realmente. Tal y cómo os lo contamos. Los metamorfos, con toda su extraordinaria tecnología y su avanzada psicología, no fueron capaces de detectar un pequeño detalle.
¡Es nuestro secreto, vale!
Pushkin no es un perro normal, normal, vamos normal y corriente, y los Tkachenkos no se dieron cuenta. No sabían nada de perros.
Es el segundo perro, sí, ¿verdad?, el segundo, al que le ha sido trasplantada la cabeza de Laika, nuestra maravillosa perrita exploradora espacial. Discípulos del gran Vladimir Demikhov han trasplantado ya en dos ocasiones la cabeza de Laika a otros perros para que su conciencia y conocimientos no se pierdan.
Y lo seguirán haciendo en cuanto Pushkin y sucesores den muestras de agotamiento. Porque, en realidad, esta no fue la primera vez que Laika salvó a la especie humana.
Pero, bueno, otro día os lo contaremos. (Es que ahora nos da la risa)


Este sencillo cuento está dedicado a la memoria del gran escritor ruso de ciencia ficción Viktor Saparin.

 Confío que os guste y espero vuestros comentarios.