sábado, 6 de septiembre de 2014

Foz, Marina Lucense.

Foz, la villa marinera de la Marina Lucense, ese rincón tan apartado ¿porqué la incluyes en el Camino de Santiago? Buena pregunta.
Las rutas marcadas en la guías del Camino de Santiago, el trabajo de las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, los investigadores, los pioneros de las flechas amarillas, han hecho un trabajo extraordinario para dar a conocer esa riqueza extraordinaria que estaba bajo nuestros pies y a la que nadie miraba. Tan solo intento aportar mi granito de arena con este blog y dar a conocer lo que buenamente pueda.
El término Foz parece ser que viene del latín Fauce, para indicar la ensenada del Río Masma. Durante siglos Foz fue una aldea de pescadores llamada Santiago da Foz, muy cercana se encuentra la aldea de Santiago de Fazouro, en la desembocadura del Río Ouro.
Hablar de Santiago en la España, y sobre todo la Galicia medieval son palabras mayores, ¿hasta dónde llegaría su influencia?
¡Santiago y Cierra España!


Ambas aldeas al borde del mar tienen sobre sí uno de los santuarios más importantes de la historia gallega: San Martiño de Mondoñedo. La catedral más antigua de España, ojo a lo que escribo: la catedral más antigua de España. La actual Basílica está levantada sobre un templo edificado en tiempos del Reino de los Suevos, dedicado a San Martín de Dumio, también llamado San Martín de Braga, el santo por excelencia de los Suevos, su Apóstol, pues al contrario que los Visigodos que eran arrianos, los Suevos eran católicos y veneraban a los santos.
El Santuario de San Martiño de Mondoñedo fue muy importante en la época de Britonia pues los britanos que huyeron de las invasiones de Anglos, Sajones, Normandos, y otros pueblos bárbaros que invadieron la isla británica fueron acogidos en esta zona del norte de España. Venían con sus propios obispos, aunque solo se recuerda un nombre: el obispo Mailoc de los Britones. Con la Conversión de Recaredo, y tras él todos los Visigodos al catolicismo se respetaron los usos y costumbres de los Britanos y continuaron su expansión por toda la costa cantábrica, desde por lo menos la Ría de El Ferrol hasta Avilés.


Este era su santuario: San Martiño de Mondoñedo.
La invasión mahometana de la península desbarató y echó abajo siglos de cultura hispano goda y casi también el cristianismo hispano. Se perdió el legado britano; en tiempos del rey Ramiro I, que vivió largos años en Galicia, ya se les nombraba como Pelagios. De donde viene el nombre patronímico de Pelayo.
Una invasión vikinga destruyó la primitiva catedral sueva y el obispado tuvo que trasladarse en tiempos del Rey Alfonso III el Magno al lugar de San Martín de Mondoñedo, donde permanece hasta nuestros días; pero volvieron a reconstruir el santuario, durante los siglos X, XI, y XII siguieron reedificando San Martiño y hasta nuestros días.
Y ahora yo pregunto, un peregrino medieval que recorriese el norte de España ¿pasaría de largo sin ver la catedral de San Martiño? Ustedes tienen la respuesta.
Ahora vayamos con Foz.

El puerto de Foz fue importante en épocas pasadas, de la aldea de pescadores de Santiago da Foz se pasó a un importante puerto pesquero, principalmente de ballenas, y también donde había importantes astilleros, de los más famosos de Galicia. La villa pasó a llamarse simplemente Foz.

Foz tiene unas playas extraordinarias entre las que destaca la Playa Rapadoira en el centro mismo de la villa.

Por un paseo marítimo podemos subir hasta el Camping y tendremos a la vista la costa de La Marina Lucense. Burela a lo lejos destaca especialmente; sigue siendo el más importante puerto pesquero de todo el norte de España.

Y si regresamos hacia la playa tendremos al otro lado del río Masma la villa de Barreiros.

Y un poco más a la izquierda la Playa de Arealonga, la Playa de las Catedrales y Rinlo; la parte final del recorrido que hicimos ayer.

Como me conocéis imaginareis que no podía dejar de caminar por la Riveira de mesón a mesón, tomando sidra dulce y probando algo de la estupenda restauración gallega.

Porque hay que tener cuidado con los caldos blancos gallegos, te los sirven en taciñas de porcelana, muy fríos, riquísimos, ¡pon otra! Y cuando quieres darte cuenta te quieres subir al drakkar y marchar a cazar la ballena.
Afortunadamente no podía yo ir muy lejos.

Mi pie derecho estaba muy machacado de los días anteriores, directo a buscar un buen fisoterapeuta, y así ando desde que volví del Camino de Santiago.
Hasta la próxima ocasión. Ahora tengo unos días de vacaciones pero más que andar espero aprovechar para escribir más cuentos. Con la información e ideas que recogí caminando por tierra pelagia espero sacar un nuevo libro de cuentos antes de final de año.
Pasarlo bien, mis queridas luciérnagas.