miércoles, 15 de enero de 2014

Si nuestro mundo es un mercado, ¿qué nos queda por vender?

Si hemos convertido nuestro mundo en un gran mercado global ¿qué nos queda por vender?

A veces me viene a la memoria, cuando medito sobre nuestra vida mercantil, la estupenda novela del gran escritor italiano Curzio Malaparte: La piel.
En esta extraordinaria novela el horror camina ante nuestros ojos de página en página de la mano de soldados americanos desembarcados en Nápoles durante la Segunda Guerra Mundial. Mujeres que venden a sus niños, napolitanos que roban un carro de combate en el centro mismo de la ciudad, fascistas, anarquistas, y putas. Por todas partes aparecen putas, y el autor, con una mirada casi angélica, sale en su defensa constantemente  pues como él dice: tan solo venden su piel, su alma está a resguardo en medio de ese infierno que es el sur de Italia en plena guerra mundial. Tienen que comer algo cada día.
La piel, ¿solo vendemos la piel día a día para sobrevivir? ¿O es algo más? ¿A dónde conduce este camino de la mercantilidad de la vida?



En 1.960 el maravilloso escritor norteamericano Cordwainer Smith escribió una estupenda novela titulada Norstrilia. Comienza así: La historia es simple. Erase un chico que compró el planeta Tierra.El chico fue a la Tierra, consiguió lo que se proponía y escapó con vida.
En un mundo futuro, ya no tan futuro para nosotros, la economía del planeta se ha convertido en un gran casino donde cada día todo se compra, todo se vende. Llega un muchacho de pueblo, un paleto, se sienta a jugar, va ganando partida tras partida, ¡y termina comprando el planeta entero! Con todos sus habitantes incluidos.
¿Una charada? Tal vez les pareciera así a los lectores en los años 60, ¿cómo se iba a llegar a una economía de casino en un futuro lejano y prometedor?  Nuestro tiempo.

Índice Down Jones, Prima de riesgo, Deuda pública, Consolidación fiscal, Desigualdad social, palabras y términos con los que nos bombardean a diario para ocultar lo evidente: un pequeño grupo de personas, aproximadamente el uno por mil de la población mundial, menos de 7 millones de personas, manejan o poseen más de la mitad de la riqueza del planeta tierra, ¡Y se lo juegan a la bolsa!
Cuando hayamos salido, si es que salimos, de esta crisis o depresión actual, ir ya pensando en la próxima e inevitable catástrofe económica y así una vez tras otra hasta que tal vez llegue un día que un muchacho, un paleto de aldea, llegue al casino, juegue, gane, y se compre el planeta entero con todos nosotros dentro.
¿Qué os parece el tema? ¿Estáis en desacuerdo con lo que he escrito?