miércoles, 13 de noviembre de 2013

Alobados en el collado. Nueva carta a Flishss. Esta vez cabreado.

Alobados en el collado
Matanza en la noche de San Martín

Crónica fiel de estos sufridos tiempos y siglo inhóspito en el que la estupidez cual riada inmunda está alcanzando cotas ignoradas escribo una última carta guineana que confío podáis hacer llegar, amables internautas, a su destino espacial.


Es costumbre secular desde los tiempos de los romanos, o antes, en éstas nuestras tierras amadas de Guinea Nueva Papúa el día de San Martín hacer gran matanza. Nos ganaran a otras cosas los extranjeros pero no será a gocheros; por Dios que no.
Como este año el día de San Martín caía en lunes se pasó la fiesta al domingo anterior y, aprovechando que es el día del Señor y, además, la mayor parte de la peña no tiene trabajo, nos fuimos todos a pasar el domingo al pueblo. ¡Hay que hacer la matanza!
Inveterada tradición de que con las primeras nieves en los altos y heladas matinales los gochos bien cebados sean ejecutados con gran pompa y circunstancia; que no se diga que no se les tiene cariño e incluso amor. Así pues la mañana dominical y soleada, apenas salir de misa, se va todo el mundo a prepararse para la matanza. Os ahorraré detalles sangrientos sabiendo de vuestra exquisitez alimentaria y los chupacabras que tenéis de mascotas. (Pero, ¡cómo chillan los condenados gorrinos cuando ven el cuchillo cercano!)
Y se comienza de inmediato el despiece y se preparan las primeras muestras de la matanza del cerdo para gran jolgorio de los asistentes. Cada uno tiene sus preferencias a la hora de degustar las primicias de tan esperado sacrificio, que si las criadillas, que si los higadillos, etc. A mí me pirra la sangre. Es una dibilidad lo que tienes con eso, me decía siempre mi abuela, con la sangre porcina; pero tan solo tal cual la preparamos en nuestra tierra guineana. Por ahí lejos, en otras tierras más áridas y pobladas, no saben lo que es esto de la sangre porcina y que exquisitez tan extraordinaria; me gusta siempre algo picante, poco chile porfa, entra mejor y me resulta muy digestiva.
Gran comilona preparamos los de la peña de la quinta del 81 a cuenta del gocho, ¡venga jarras de vino! Hay que acabar con la cosecha del año pasado o se pudren los toneles. Risas, chistes, bromas, café y chupitos variados, ¡deja ahí la botella de orujo! ¿Nos la querías abducir?
Con la cata de orujos variados que hicimos acompañando unas cuantas docenas de pasteles (este año ganó la cata un orujo de mostajo que tenía una graduación muy baja pero un sabor extraordinario) quedamos todos groguis y, ala, a dormir todos la siesta que esto no ha hecho más que empezar. ¡Que nos avisen cuando empiece el futbol!


Ya veis que somos gente civilizada y formal a más no poder, amantes de las viejas tradiciones, pero con un toque de modernidad. Ya nadie echa la siesta sin su teléfono a mano, por si le llega un mensaje o llamada del más allá. O del más acá. Y además sirve de despertador, una chulada el que me regaló Aurora.
Al ponerse el sol y comenzar el frescor; en los pueblos de nuestra montaña solo dicen que hace frío cuando la nieve les tapa las ventanas y los chupiteles de hielo alcanzan el metro y medio, hasta entonces te dicen que solo hace fresco. ¡Se ha puesto fresquina la tarde! Y yo con el anorak más gordo que tengo encima.
Ahora viene lo bueno, ¡cenorra! ¿Te puedes imaginar por un momento lo que sale de un cerdo de más de doscientos kilos? No, ni de coña. Y se preparan unos platos extraordinarios regados con abundante vino clarete del país. ¡Y más chupitos!
Y como si todos os hubierais puesto de acuerdo se puso toda la peña a darme la brasa con lo de la carta que mandé a la nube informática y telemática que constantemente nos envuelve.
− ¿Así que eres otro chiflado de los ovnis?
− ¡Este! Desde niño. Ya le acunaban y le guiaban el tacatá.
− ¡No jodas que eres de esos! No bebas más, no bebas más.


Una docena de compadres cavernícolas rayándome el cerebro durante más de media hora es más de lo que el orujo de hiervas pueda curar y cuando ya estaba por mandarles a todos a tomar por el…
¡Vais y aparecéis!
Grandes voces y alaridos irreproducibles, (Aquí todo lo hacemos a voces, no sé para qué nos compramos los teléfonos último modelo) Una especie de nube con forma de puro fue apareciendo sobre el valle bajo el estrellado cielo boreal acercándose al collado como movida por algún mecanismo inteligente y, cuando ya todos estábamos gritando y saltando como rebecos y chotos, el vaporoso camuflaje desapareció para mostrar una enorme nave espacial que lucía docenas de luces de colores cambiando de forma arrítmica.


Todos a los coches y pitando para el collado, los teléfonos están que arden, (con alguno se podría freír chuletas) y las cabezas echan humo por las orejas. Acelerones y virajes bruscos, cambios constantes de luces e intermitentes, rallye alocado y nocturno y en minutos los coches se van estacionando en el collado, se invaden prados y se pisan boñigas, pero nada importa ahora la propiedad privada o intelectual.
No importa.
Han llegado.
¡Están aquí!
Una inmensa nave que corta la respiración con su simple presencia.
− ¿Qué tamaño tendrá? Me pregunta Aurora.
−Yo le calculo unos dos kilómetros o más de punta a punta. Si hacéis un sencillo cálculo trigonométrico, altura, distancia, y…
− ¡Déjate de chorradas! ¿Que qué hacemos?
−Pues no sé, ¿rezar? (Para qué abriría la boca, casi me la parten)
En minutos aquello es un puro aullido humano, siguen llegando coches y más coches, la gente ulula y aúlla casi al mismo tiempo, van armados de teléfonos, cámaras fotográficas y de vídeo, linternas de todos los tamaños, incluso con escopetas, (es que íbamos a salir esta noche de paseo al monte) Unos optan por hacer señales con las linternas laser enfocando hacia las luces, otros graban los pausados movimientos de la inmensa nave, algún escopetero se lía a pegar tiros al aire y todos los chalecos naranjas le imitan al momento. Los demás aúllan y se desgañitan como si les fueran a escuchar allá arriba, el cura se persigna y musita algo por lo bajini, y mi esposa me agarra por el cuello, estoy sentado en una piedra contemplando tan singular locura. Inmensamente fatigado de tanta tontería.


− ¿Qué nos van a hacer? ¿Qué nos van a hacer? Me repite una y otra vez.
− ¿Fotos? Yo lo grabaría todo. (¡Qué espectáculo!)
Llega una patrulla de la Guardia Civil e intenta, altavoz en mano, poner algo de orden y tranquilidad en el follón humano. La nave casi se ha detenido sobre la vertical del collado y como conozco la distancia exacta entre peñas y observo el tamaño relativo que ocupa sobre nuestras cabezas, (trucos de fotógrafo) cálculo de modo aproximado su tamaño.
−Dos kilómetros y medio de punta a punta, un kilómetro en el diámetro inferior. Verdaderamente un trasatlántico interespacial; de lujo, supongo.
− ¿Qué dices? No te entiendo.
−Es que estoy diatónico.
−Lo que estás es sorderas, otra vez con tapones en los oídos. Te pediré hora al otorrino mañana mismo.
−Que sea también laringólogo, estoy que no pronuncio las eges.
− ¿Por qué no llamas a tus hermanos y les mandas unas fotos? Verás cómo enseguida se pasa la impresión. Está todo el mundo acojonado.
−Mi teléfono está sin batería y, con las prisas, me dejé la cámara de fotos en el pueblo. ¡Otra vez será!
Una pena no poder poneros alguna foto. ¡Qué espectáculo! Los hay que cantan el "Amigos para siempre, lolay, lolaylo", los escopeteros disparan toda la munición que tenían en el coche para matar jabalíes y corzos, el cura con las abuelas está en un rincón del prado intentando rezar el Rosario, el presidente del pueblo improvisando un discurso de bienvenida espacial e inmortal, los chicos y chicas no paran de teclear en los teléfonos como presa de algún tipo de encantamiento vampírico, y los de la peña han sacado de los coches mesas y sillas plegables, las garrafas de orujo y vasos de plástico.
¡Menos mal que aún queda gente con cabeza en este despropósito!
−Me vendría bien un trago, me duelen los oídos.
−Porque todos nos estábamos acordando de ti, cabrón.
− ¿Quién iba a pensar que fueran de verdad?  A ver si paran esos con los tiros.
− ¿Van a bajar? ¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos Dani?
−Ponte otro vaso y aprovecha que hay una silla libre. ¡Deja el teléfono!


Y más coches van llegando. La fila a ambos lados del collado tiene ya kilómetros, los civiles están llamando a los de la U.M.E. (Como si estuviéramos en medio de un gran incendio o inundación) Todos los gocheros de varios valles a la redonda reunidos en lo alto del collado y haciendo esparavanes.
− ¿Venís a salvarnos? Grita alguno
− ¿Tenéis bombas atómicas? Los peques.
− ¿Nos llevaréis con vosotros? Una joven que está para llevarse a la quinta curva.
− ¿Acabaréis con el paro?
−Entonces que se lleven a los políticos.
−El primero al presidente.
Es que no conocéis a los de la peña y cómo cavilan de fino. Y de repente, como si los de arriba nos hubieseis oído, la nave comenzó a desplazarse hacia el pico del mediodía, después tomó un ángulo de unos cuarenta y cinco grados, casi rozando la cima, y en instantes, ¡Fumm! Va y desaparece en el espacio sideral. A las estrellas.
− ¿Cómo han hecho eso? ¿Tú has visto?
−Y mirado. Lo hacen porque pueden. Menos mal que se han pirado, porque si llegan a bajar después de la pirueta cojo a su capitán (¡Tú!) por el cuello ¡y lo estrangulo!
− ¡Pero qué dices! ¡Ya estás borracho! ¡Deja el orujo! (Mi esposa)
A Dios gracias hace años que no he vuelto a pillar una cogorza y mido bien los tragos pero, de verdad, Flishss, si te pillo no lo cuentas. ¡Sois unos irresponsables! Insensatos, irreverentes ya lo di hace años por supuesto.
¡Con menos cerebro que un sapo!
¿Cómo se os ocurre hacer esas maniobras a baja altura con una nave tan grande? ¿Y si llegáis a chocar con un pico? ¿No te imaginas lo que hubiera pasado? Pues que el jodido motor superatómico, o positrónico, o lo que sea que lleváis a bordo podría haber explotado y no solo hubierais volado la nave es que habríais causado una extinción en masa en más de medio planeta. ¡Para cagarme en la madre que te arrulló!
Te libras de más bronca porque ya estoy templado y la morcilla repitiéndome, ¡que si no! Te llamé de todo menos guapo. A ti y a todos los tuyos y si paré fue porque mi señora esposa se lio conmigo a gorrazos. ¡Que si yo estaba dando espectáculo!
¡Yo!
Que me había pasado todo el rato sentado mientras toda la peña bailaba el kasachok en el collado.


Tú me entiendes, Flishss, ¿Cuántos años llevas casado? Es nuestra cruz. Tú, al menos, tienes críos y echas unas risas con ellos cuando vuelves a casa, pero yo… compréndelo.
En fin, hasta el año próximo, supongo. Volver, si podéis, por San Isidro Labrador, ¡hacemos un fiestón tremendo! Pero no me deis más sustos de esos (No te digo la cara que tenía la gente cuando vieron que os habíais largado y teníamos que volver de nuevo al pueblo y a casa y al curro, o a buscarlo o…)
La próxima vez buscáis una zona donde posaros en las brañas altas y bajáis a echar unos bailes con nosotros. Pero eso de vosotros arriba, en el inmenso crucero espacial, grabando nuestras alocuciones y movimientos, enlobecidos por completo, mientras hacéis esas maniobras que ponen en peligro cierto a toda la especie humana, no te lo voy a consentir.
Me voy a comprar mañana mismo una impresora 3D, y copiar una pistola der rayos de antimateria y cuando os vuelva a ver aparecer y observe otra conducta irresoluta: ¡os apiolo al instante! Advertidos quedáis.
Somos gente de orden y perdonamos siete veces setenta ofensas y chorradas ajenas, pero si nos matáis los gochos con la radiactividad, ¡si nos matáis los gochos! somos capaces de ir a vuestro planeta y cagarnos sobre vuestros puñeteros cráneos pelados.
Que no nos conocéis, que no sabéis cómo somos los lugareños y naturales asimilados, (¡País Llambrión! Tierra libre de jalufos) que cuando nos cabreamos los de nuestra gloriosa Guinea Nueva Papúa (¡Sí! Hemos cambiado el nombre del territorio. Nosotros sí que tenemos derecho a decidir lo que nos salga de los cojones; no como otros) ¡Los toros tienen que correr delante de nosotros!
Agur y hasta la próxima.

Por cierto, ya vuelvo a pronunciar las erres y cantar nuestra canción preferida. ¿Recuerdas?