miércoles, 4 de septiembre de 2013

Recuerdos desde Papúa-Nueva Guinea, amigo Flishss.

Es una carta privada que comparto con vosotros debido a que he tenido problemas de conexión ultimamente; no sé si es la wifi, las tormentas solares, o el polvo galáctico. A ver si por este medio de transmisión de la información consigo hacerle llegar esta carta a un amigo antes de que sea demasiado tarde; para mí.


Recuerdos desde Papúa-Nueva Guinea, amigo Flishss.

Saludos, amigo galáctico, amor. Os vi pasar hace cuatro días sobre nuestras cabezas pero no parasteis ni para que pudiera haceros una foto. Estaba con mi esposa, tan felices, tomando una cervecita en un tranquilo rincón marinero de nuestra malhadada Papúa-Nueva Guinea. Uno de los pocos que aún quedan.
Partisteis en instantes, como soléis hacer siempre, a otro lugar de este mundo verde y acuático. Seguramente detectasteis el lanzamiento de algún misil balístico, una prueba atómica subterránea, o la explosión de unas cuantas bombas de gas venenoso; esas cosas que tanto os atraen de nuestra casuística tribal.


Lo comprendo; no viajáis tan lejos para vernos tomar el sol a los cuatro indígenas que aún podemos ir a la playa, a darnos un chapuzón, no a ver llegar una flota de guerra, y dejar a los niños hacer castillos de arena en vez de tener que andar escondiendoles en refugios bajo tierra.
Ya hemos hablado muchas veces del tema y siempre me dices lo mismo, por más rabia que me dé: que aquí no paramos nunca de guerrear tribus enteras y en cualquier momento nos podemos cargar el planeta entero; y todo por matar un puñetero cochino. Que otra cosa no tenemos ni concebimos.
Un amigo próximo, de otra tribu, (a ver si le convenzo que se saque el hueso de la nariz y también otra cosa que se puso en la punta del pene, ¡metálica! Porque el chico promete) lo llama matar por un puñado de dólares. Pero es porque aún no ha visto el gocho ni en pintura y no sabe de qué va esta vaina ni en sueños; pero casi acierta.


En fin, espero que cuando te llegue este nuevo mensaje estés ya de vuelta a casa, gran capitán galáctico, (dale unos besos a tus niños de mi parte) y cuando vuelvas con tu crucero (¡tu nave es un portento! Te lo dice uno que alguna vez estuvo a punto de caer en otro Culto-Cargo) me avises por un privado y así charlamos un rato distendidamente. (¡Si aún estoy vivo para entonces!)
Supongo que llenarás el crucero en un plis-plás con las nuevas imágenes que de aquí os lleváis, y más aún con las altísimas probabilidades de que tus turistas espaciales puedan disfrutar de otra súper-fantástica-crudelísima guerra de tribus papúes en nuestro desdichado planeta azul.


Ya sabes, misiles de novísima tecnología, bombazos de alta energía, invasiones, niños gaseados y descuartizados, mujeres violadas, hombres también; muerte y destrucción en sensurround (O como se llame el sistema que tenéis montado en la nave, y que permite vivir en directo nuestras masacres, ¡pero sin mancharte de sangre!)


 Avisas, pues, cuando regreses y yo te volveré a llevar a ver como matan el gocho en esta selva de mundo y apéndice de la galaxia. Habrá buen vino esta vez.
Abrazos.

Amor.