domingo, 27 de octubre de 2013

La crux de los ángeles. Mi nueva novela épica fantástica.

Ya ha salido a la venta mi nueva novela: La crux de los ángeles.
Una fantasía épica que propone una serie de enigmas a vuestra consideración, el principal de ellos es: ¿fueron los españoles los primeros europeos en ir a América para conquistar tan inmensos territorios?
Yo creo que sí, pero la aventura original fracasó y hasta se borró de las crónicas de la Alta Edad Media toda posible referencia a semejante fiasco.
Investigando la historia de España di con algo que me parece que no tiene parangón en la historia de la humanidad: El rey Alfonso II El Casto lanza un sorprendente ataque sobre la ciudad de Lisboa en el año 798 y la arrasa volviendo a sus territorios del norte cristiano con un fabuloso botín.
Hasta aquí lo que cuentan los libros de historia. Pero también nos cuentan es que al año siguiente los nobles deponen a Alfonso y le encierran en un monasterio y allí le tendrán encerrado durante más de 8 años.
¿Mantener durante años preso a un rey? ¿Al glorioso y poderoso rey Alfonso II? ¿con todas las riquezas que les había conseguido? ¿Qué había hecho Alfonso?
Leer esta novela y saldréis de dudas. Yo fui de asombro en asombro al escribirla y es lo que os prometo con su lectura: ¡os quedaréis asombrados!
Os subo al blog el primer capítulo para que vayáis entrando en esta prodigiosa aventura.


Tres bajeles y un botín inesperado

En la paz del monasterio, recogiendo manzanas, una clara mañana de lluvia fina y fresca el rey pasea y rememora.
Recuerdo; recuerdas, sí, las jornadas felices cuando saliste victorioso del asalto a Lisboa. Un botín inmenso, artesanos judíos y esclavos africanos engrosando las filas de tus tropas con los condes al frente, de regreso a las montañas del norte; apenas sufrimos bajas. Pero encontramos algo más, algo grandioso que conseguimos tras cruel batalla en el puerto magnífico de la ciudad amurallada. No se esperaban nuestro veloz ataque con las primeras luces del alba: tres estupendos bajeles arrebatados a la morería. En ellos te embarcas con tu tesoro y esclavos y das la orden de partir hacia las costas asturianas.
Sobrevivieron al asalto algunos marinos moros que contigo llevas forzados y vigilados. Navegación de cabotaje; siempre a la vista de la costa por si hay que realizar un rápido desembarco. Son hábiles estos navegantes. Al paso por la costa galaica un fuerte temporal nos sorprende y deciden refugiarse en el puerto seguro de una pequeña ría. Apenas poner pie en tierra tu atenta mirada de guerrero observa una extraña y pequeña nave amarrada y desierta. Preguntas por sus dueños.
Son un pequeño grupo de monjes irlandeses que llegaron un par de horas antes y el señor del lugar les ofreció refugio y cama. Ya le ves llegar deprisa y corriendo con dos guardias detrás. Y a tus pies se postra raudo al reconocerte.
− ¡Qué gran alegría! ¡Qué gran honor para nuestra casa! ¡El rey ha llegado! ¡El rey! −Grita dando grandes voces.
−Vale, vale, no grite más mi noble Arnaldo; ya le habrán oído hasta en Mondoñedo.
−Señor, disculpas pido y mi casa ofrezco. Todos le hacíamos atacando Lisboa.
−Atacada y arrasada la hemos dejado. Estos barcos son parte del botín que me traigo de recuerdo. ¿Qué historia es esa que me han contado los pescadores de unos frailes foráneos?
−En mi torreón les tengo refugiados. Vayamos presto mi rey a su resguardo del temporal y podrá conocerlos.
Una noche grata fue aquella, recuerda el rey, mientras lava un par de manzanas en una fuente y se las desayuna. Inmediatamente le cayeron bien aquellos monjes, le recordaban los años que pasó en su juventud en Samos con otros similares. En cuanto supieron que era el rey de España le pusieron al corriente de sus planes: Iban a Roma para dar cuenta a su obispo y a la cristiandad entera de un importante hallazgo de su obispo marinero. Brandan, o algo así dijeron que se llamaba, había navegado hacia el oeste y había encontrado varias grandes islas prácticamente deshabitadas. ¿Al oeste? ¿Más allá de la mar océana?
Aquella noticia le pareció fiable por venir de quienes venía y hacia quienes se dirigía. Esa noche y sucesivas una clara idea, pero arriesgada, se fue formando en su dura mollera de rey monje; con los bajeles al resguardo del puerto de Gijón apenas llegar a su enclave palaciego convocó a curia palatina a todos sus nobles en una fecha cercana. Algunos aún estaban de regreso de sus últimas correrías por la costa occidental de España.
Hay días que huelen a triunfo desde el primer momento que te sientes respirar, al salir del mundo de los sueños, antes aún de abrir los ojos. Reunidos los nobles en su palatino retiro les expuso su proyecto en distendida charla.
− ¿Y dices Alfonso que ese Barandán obispo encontró una isla al occidente?
−Encontró varias y algunas muy grandes. En cuanto los monjes lleguen a Roma, si no lo han hecho ya, la noticia correrá como los galgos en todas direcciones. Incluso los morucos saldrán a toda vela para buscarlas y reclamarlas para sí, el Emperador Carlos estará ya desplegando velas; menudo águila está hecho.
−Y tú tienes tres de los mejores bajeles que existen; entiendo.
−Y los suficientes navegantes bien avezados en surcar los mares.
−Pero los pescadores siempre han dicho que no se puede ir muy lejos hacia occidente; que vientos y corrientes te mandan de vuelta a la costa a poco que te alejes.
−No se preocupe por ello mi conde Teudane que ya se encontrará el modo y manera de superar con esos buques lo que consiguieron unos monjes con sus lanchas.
− ¡Pero provisionar tres bajeles para la conquista saldrá por un pico!
−Y de los grandes, mi conde Fruela. ¿Quién de vosotros quiere liderar la empresa? −Todos callados; lo suyo son los caballos y las yeguas, no son marineros. Tras unos minutos de callada ausencia y mirada extraviada a los vencejos que les pasan cerca uno de los nobles se atreve a abrir la boca.
− ¿Y este convite cómo se paga? ¿Vas a ir tú?
−Yo no iré pero ya tengo el hombre que dirigirá la travesía náutica. Será mi amigo Teodoro el conde bizantino, bien ducho en manejar esas naves, quien embarcará con todos sus hombres. Pero solo son quince soldados a repartir en tres grandes barcos; lo justo para vigilar a los marineros moros. Y el convite se paga a escote, como siempre, y a la vuelta se reparte; no vamos a cambiar ahora nuestras costumbres por unas cuantas islas. No me digáis que no tenéis posibles con todo lo que nos hemos traído de Lisboa; a alguno le tentará ser conde de una isla propia. Necesito soldados, cien por nave, es lo mínimo, son trescientos; también irán unos cuantos pescadores; así mismo embarcaré seis de mis judíos que son hábiles artesanos de los metales y entendidos en minerales. Pensarlo un momento: ¿y si encuentran plata y oro en esas islas vernales? Lo diré por última vez, ¿Quién se apunta a este festín? Porque en cuatro días levantaran velas y se irán.
No hizo falta decir más, recuerdo bien; casi hay combates a espada allí mismo (y no sé si no habría alguno a mis espaldas, que bien conozco a los nobles) En cinco días estábamos en el puerto despidiendo los bajeles. ¿Un pico? Una montaña costó aquello. Solo con lo que tuve que pagar por unas velas nuevas luciendo la hermosa Cruz Patada hubiera levantado una iglesia.
La impedimenta, los alimentos, las cubas de agua, todo estaba maravillosamente ordenado nave tras nave. No me había equivocado con Teodoro; un regalo del cielo aquel hombre que había conocido en Victoria y se vino conmigo a las Asturias. Gente rara los romanos, pero fiables soldados y muy devotos; y nadie discutió su jerarquía al mando. Años se había pasado en los bajeles del Emperador de Bizancio antes de venir a España y aquello se notaba a simple vista. Los morucos se los habían arrebatado al Emperador Romano y ahora me harían a mí Emperador Hispano.
Les saludé con la mano al verles partir y mi pecho henchido de emoción y orgullo me obligó a hacer grandes esfuerzos para no gritarles al soltar amarras. (Como encuentren algo de plata se van a enterar los morucos el verano próximo. ¡Les echo a todos de España!)

Fue la última vez que les vi; nunca más se supo de ellos. El mar se los tragó. También se debió tragar a los monjes el gran océano pues han pasado los años y nunca llegó noticia de ellos a obispo alguno. Y yo sigo preso; ocho años ya; me siguen teniendo prisionero los que a mi convite acudieron; ocho años llevo ya en este pequeño monasterio. ¡Qué cruel es la vida! Tenía tantos grandes sueños, una ciudad nueva, un gran templo, un imperio…


¿Qué os parece el inicio?
Pues la aventura no ha hecho más que comenzar.
Para los lectores españoles tenéis este enlace donde podéis descargarla:
La crux de los ángeles

Y para los lectores de U.S.A. os indico este otro:
La crux de los angeles

martes, 22 de octubre de 2013

Atención frotadores: dos nuevos capítulos.

¿Sueñan los ciegos?
Pues claro que sí, sueñan tan abundantemente como cualquier persona sin problemas de visión; incluso los ciegos de nacimiento sueñan todas las noches, sueños en blanco y negro, en color, de todo tipo de formas y colores, aventuras, tragedias, muertes, de todo.
¿No lo sabía usted? Pues este sencillo hecho tiene consecuencias inesperadas para nuestra aventura espacial y para el futuro de la humanidad.
Leer estos dos nuevos capítulos de Atención frotadores: ¡ondas de choque! ¡ondas de choque! y saldréis de dudas.
Y si os queda alguna me lo comentáis.


Días de caos

Diez o doce turnos más tarde (¿alguno lleva la cuenta?) la marea parece remitir y algunos equipos comienzan a funcionar; tan solo el invernadero ha conservado parte de su iluminación funcionando todo este tiempo. Control es la primera sala en volver a la normalidad y Ruth, que está haciendo la ronda nocturna (es así como lo llaman; todos están exhaustos y cada dos horas uno de ellos ha de abandonar su cuarto y caminar por la nave buscando algo caído al suelo, otro aparato a punto de explotar, alguna planta a punto de echarse a perder, cosas de esas) será la primera en enterarse; está revisando el almacén y poniendo en orden las cosas bajo la roja luz de los pilotos de emergencia.
Tras el susto inicial y en plena marejada todos han tenido que espabilar si no quieren morir. Ratos de una increíble calma, incluso con esa fluctuación de la gravedad que les hace sentirse más ligeros y, de improviso, volver al bamboleo sobre las olas. No saben si es que están atravesando una zona más tranquila o el ordenador ha aprendido de algún modo a sortearlas mejor. (¿Tendrá algún tipo de inteligencia artificial?)
Marta, (que ahora está, bueno suele estar, frotándose con Tadeo) no para de avanzar en su comprensión del sistema operativo de los computadores personales; la mayor parte de este tiempo de angustia han estado apagados, pero en los ratos de calma alguno se ponía en marcha y enseguida la avisaban. No solo ha conseguido un estupendo sistema de comunicación entre todos los pc´s; además, ha conseguido comunicarse en algún momento tecleando con el asistente personal –el interface de comunicación hombre-máquina−, y se han ido enterando de algo de lo que ocurría, del porqué estar casi a oscuras y con energía apenas para hacer algo de té o café y poco más; en los baños tan solo funcionan los wáteres, un hilo de agua en los lavabos, ya ni recuerdan cuando fue la última vez que se ducharon y alguna viajera ha estado a punto de bañarse en uno de los acuarios; pero Iñaki se ha mostrado inflexible al respecto (Yo te froto, corazón, yo te froto; no hagas eso) Suerte tendrán si no se pierden esas dos maravillas tecnológicas que funcionan bajo mínimos.
Horas tremendas intentando salvar el invernadero, asegurando equipos en el laboratorio, recuperando el almacén o el taller; eso el que no estaba en los baños vomitando (Todos los buenos propósitos por los que brindaban en la fiesta de Carnaval se esfumaron en instantes; solo importa sobrevivir) Las parejas ya formadas se fueron en horas por el retrete, el terror tiene efectos perversos en las relaciones personales; tan solo Juana y Saúl permanecen juntos ¿Será por las plantas? Bueno, ya sabemos cómo es Mamita Juanita. (Alias: La Generala)

El problema de insomnio ya es general y el grado de irritación alcanzado hace que todos traten de evitarse la mayor parte del tiempo; ¡los ruidos! En ocasiones, demasiadas, la nave cruje como si fuera un viejo bajel de madera y en los ratos de calma, como tienen los sentidos tan agudizados y estresados, se escucha todo (¡Como ronca esa mula vieja de Juana!)
Parece que ahora las paredes fuesen de papel; ¡dios!, esa gocha de Montse (si estará de tres meses) cómo gime y grita cuando se frota con alguno, y con Luis ha encontrado una mina; ya no se despega de él. (A esa ya la voy conociendo; siempre con los que mandan, primero pescó al tonto de Tadeo y ahora con Luisito) Bueno, qué digo, se nos oye a todos, y encima todas las puertas quedaron abiertas (por nuestra seguridad, dice el asistente) ¡El olor que sale de los baños! Y sin poder darme una buena ducha. Deslizarse en silencio; es eso. El deslizamiento.
¿Qué era aquello? Ah, sí, lo de las bacterias; hay que limpiar y limpiar, en algunos rincones las pelusas forman pelotas con las que podríamos jugar al golf. Habrá que barrer ¿dónde habrán guardado las aspiradoras? ¡Ah! Bueno, no hay corriente en los enchufes de pared. (Qué sueño tengo) Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que me arreglé las uñas ¡y el pelo! Parezco una bruja. Menos mal que con esta iluminación apenas nos vemos lo justo; la bruma de esporas permanece casi igual aunque la temperatura ambiental ha subido dos o tres grados, pero el grado de humedad se ha disparado; estamos todavía peor que antes. Esto no es una nave espacial, es un drakar vikingo, ¡Y todos lucimos unos cuernos! Ja, Ja, Ja, imposible tener una relación estable si es lo que alguna intenta tener. Me duermo, me duermo. (¡Mantente en pie!)
Ahora gimen arriba, voy a ver quiénes son y si me dejan participar un rato que me estoy quedando helada; aún me queda una hora o más de guardia. Espera, primero una barrita de proteínas, ¡me estoy quedando en los huesos! Iñaki, ese memo cagón, me hacía cositas ricas, (también en la cocina) ju, ju, ju, es sabrosa esta barrita; pero Cosme “el robotitos” es más considerado (¿me estaré enamorando? ¿Estaré ya embarazada? ¿De quién? ¡Bah!, y eso que importa; María ya lo consiguió. En cuanto Luis la dio de lado se fue por Tadeo y le ha hecho correr no sé cuántos maratones) No son gemidos frotadores ¿qué es ese rumor? Arriba.

Apenas ha subido media escalera le sorprende que los sonidos provengan de la Sala de Control; la puerta está abierta y el espectro del Asistente gira en el centro y le hace gestos para que se dirija a su propia consola. ¿Ahora se quiere comunicar este trasto infame?
−Línea de texto: Avisa a todos los viajeros, reunión urgente, tranquilidad, niveles de polvo cósmico indican notable reducción de ondas de choque; en minutos procederé a paulatina reiniciación de sistemas, necesito vuestra colaboración.
−Línea de texto: ¿tengo que avisar a todos o solo a algunos?
−Línea de texto: Una reunión con todos los viajeros. Son las 11.52. Avise a todos para una reunión a las 13.00; para entonces la mayor parte de la nave habrá vuelto a la normalidad.
−Línea de texto: Procedo a avisar a todo el mundo.
−Línea de texto: Gracias.
−Línea de texto: ¿Cómo? ¿Has escrito gracias?
−Línea de texto: Correcto. Gracias.
−Línea de texto: ¿Eres inteligente o algo así?
−Línea de texto: Mi programación indica que evite ese tipo de preguntas. Aprendo constantemente, pero tal y como habían previsto estoy llegando al límite de mis capacidades usando la totalidad de los datos que cargaron en las unidades de memoria. A partir de este punto tendrán que estar más presentes y activos en cada momento. Gracias.
−Línea de texto: De nada espanto. Arréglate tú solo que nosotros estamos hechos unos zorros.
Buff, ¡y ahora pide ayuda! No es más que un puto robot como los que monta Cosme en el taller. Solo que del tamaño de una nave interestelar. En buena trampa estamos metidos. No es más que una ratonera y somos como hámsteres haciendo girar la rueda para la diversión de un computador que a su vez es un juguete fabricado para jugar a los exploradores por sus creadores. Unos sicópatas perversos. Iré llamando a los compañeros.



La mar en calma

Son ya las 13.07 cuando todos los viajeros llevan rato sentados ante sus consolas e intercambiando impresiones; los continuos pantallazos de datos les van resultando cada vez más comprensibles e intentan, cada uno a su manera, conectar con el ordenador principal ante su tardanza en aparecer el asistente personal. Las pantallas contienen una serie de iconos inactivos.
−Marta, ¿no se habrá estropeado para siempre el interface que hace aparecer el fantasma sobre nuestras cabezas?
−No lo sé, Tony: tan solo intento reponerme de mi última vomitona. Podemos esperar un poco más; por lo menos ha vuelto la luz en toda la nave, las puertas ya se cierran, y parece que volvemos a la normalidad.
−Esperar un segundo, es el rey de Roma que por la puerta asoma.
En el centro de la sala de control vuelve a aparecer la imagen del asistente personal (es ahora un hombre joven y de mirada inteligente ¿dónde le habré visto yo?) y comienza a girar suavemente.
−Gracias, viajeros, por asistir en pleno a la reunión. Para continuar la misión necesitaré la ayuda constante de todos ustedes; los buenos viejos tiempos han quedado atrás.
− ¿Atrás? ¿Dónde, en Júpiter?
−Es una manera muy humana la que programaron para poder comunicarme con ustedes. Curiosa. ¿Le resulta molesta Isabel?
− ¿Cómo sabes que soy Isabel y no otro cualquiera?
−Está sentada en su consola y la imagen que obtengo a través de la cámara del monitor coincide plenamente con su perfil personal.
− ¿El monitor? ¡Mierda! Nos ha estado viendo constantemente.
−Desde el primer momento que subieron a la nave; en todos los cuartos de la nave hay retinas de silicio para que pueda observarles y he estado recogiendo datos de cada uno de ustedes para añadir al perfil, tan básico, que me cargaron.
− ¿Entonces (¡Eso! Yo creía que eran altavoces del hilo musical) has visto nuestras… bueno, cosas personales?
−Si se refiere usted, Montserrat, a sus frotamientos personales, en parejas y grupos variados no tiene porqué asombrarse. En mis unidades de memoria hay cargadas 69 películas muy ilustrativas sobre los frotamientos, en ocasiones muy complejos, de la especie humana.
− ¿Pero clase de bicho es este? ¡Un hijo puta alien! ¿No lo habrás grabado?
−Todas sus humanas actividades, desde que entraron en la nave, están grabadas en las unidades de memoria. Si pulsan dos veces seguidas sobre el icono con cara de gato tendrán acceso desde ahora mismo a ellas.
− ¿Esta con un gatito? ¿Por qué un gatito?
−El ingeniero jefe que diseñó el dispositivo que tienen ante ustedes, se define a sí mismo como alguien dotado de un humor muy escatológico; y ya puede usted comprobar, María, que en su consola tan solo aparecen, en una larga lista, las grabaciones en las que usted interviene. Así es en cada consola; esto es un lugar de trabajo, tan solo tienen acceso a los datos que a ustedes les incumben.
− (Incluso en los cuartos de baño, ¡dios!)
− ¿Y si pulso en la consola que tengo al lado que pasa?
−Pruebe, Luis, y observará que la consola automáticamente se apaga.
−Disculpa, Tadeo, tenía que probar a ver qué pasaba.
−No pasa nada Luis; ahora entiendo por qué nos tomaron las huellas dactilares, era para este viaje estelar. Bueno, trasto del averno ¿y ahora qué?
−Tras comprobar personalmente que su intimidad está a buen recaudo vayamos con los incidentes pasados y que a punto estuvieron de malograr la misión.


− ¿Se confirma que fue la explosión de una nova?
−No tengo datos, Tony, para confirmarlo plenamente, pero con los obtenidos en las horas transcurridas desde la primera onda de choque puedo conjeturar que el suceso ocurrió en el Espolón de Orión.
− ¿Pero cómo vamos nosotros a percibir la explosión de una estrella lejana? Y viajando a esta velocidad; que, por cierto, nos gustaría conocer.
−Por supuesto, Ruth, en estos instantes sobre pasamos 18 veces la velocidad de la luz.
− ¿Diez y ocho veces la velocidad de la luz?
−El dato exacto es 18.00085963 lux, Saúl; y la razón de que no sepan lo que es una onda de choque gravitacional es que en su planeta se hayan cómodamente protegidos por la Heliopausa, y en último extremo por el campo magnético del planeta. Pero ahora estamos en el espacio interestelar; aquí no nos protege nada. Debemos hacer bien nuestro trabajo; monitoricé su última comida en conjunto; se lo paso por si no recuerdan los acuerdos a los que habían llegado.
− No lo hagas. ¿Y qué ha ocurrido entonces? Hemos estado horas y siglos enteros dando botes ¿Qué ha pasado en el universo?
−No tengo equipos para observar el universo en estos instantes; es una suposición plausible. La nave va equipada con diez y seis cámaras de tv, de muy alta resolución, ocho en la parte superior de la esfera y ocho en la inferior, ocho cámaras de infrarrojos, y otras ocho más de ultravioleta; pero su alcance es escaso para hacer otras conjeturas. Y los telescopios.
−Que son de aficionado.
−No exactamente, María, son lo mejor que se pudo encontrar para la misión; no necesitamos el Hubble. Toda la energía fue requerida para soportar el embate de las ondas y no perder el rumbo que llevamos; aunque reconozco que las ondas más potentes estuvieron a punto de sacarnos de catenaria…
− ¿Sacarnos de dónde? ¿Qué es esto? ¿Un tren?
−En cierto modo, Iñaki. Seguimos una curva geodésica, no una línea recta, en nuestro camino por el espacio interestelar; las ondas nos golpeaban y, al igual que un tren que se sale de su vía, nos podían mandar al desastre total, pero el diseño esférico nos ayudó a sortear mejor los impactos; y hemos aprovechado esos vectores de fuerza para aumentar nuestra velocidad. Recordaran mis palabras al abandonar el sistema solar…
−Lo recordamos todo. ¿Y ahora qué? ¿Qué es lo siguiente? ¿Nos estrellaremos con un meteorito?
−Las probabilidades en el espacio interestelar son de…
−Déjalo ¿Qué a dónde vamos? Carallo.
−Nuestro primer chekpoint, Saúl, será el grupo estelar conocido como Sirio. Si pulsan ahora sobre los iconos de sus pantallas irán entrando en las nuevas listas de actividades que he preparado de acuerdo con sus propias capacidades y las necesidades del conjunto.
− ¿Qué era eso que decías antes? ¿Que nos necesitabas? ¿Para pasar la mopa y llevar la ropa a la tintorería?
−Eso es incorrecto, Tadeo. No tenemos tintorería a bordo y su ropa no admite planchado. Desde este momento las consolas estarán activas constantemente; los nuevos programas y actividades de cada uno ya han sido transferidos a su personal supervisión. Si alguno de ustedes no lleva a cabo una tarea me limitaré a dar la alarma. Solo tienen que pulsar en los iconos para ir aprendiendo.
− ¿Y por qué no se ha hecho esto antes?
−Los diseñadores del programa Aurora deseaban para ustedes una primera parte del viaje tranquila y relajada. Unas cuantas actividades para que fueran conociendo las instalaciones a medida que sus fichas personales demostraran haber comprendido el funcionamiento de los sistemas. Pulsando en el icono que tiene un símbolo matemático accederán a una muy completa colección de vídeos y cursos educativos que les serán muy necesarios de aquí en adelante. Es muy enojoso que dejasen de rellenar sus fichas de trabajo; su formación personal va muy retrasada.
− ¿Te enojas? Robot.
−He tenido que retraer recursos, Cosme, de la navegación para solucionar los problemas que ustedes creaban; mis capacidades son limitadas. Si quieren mejorar su calidad de vida tendrán que ser ustedes quienes lo consigan. Pueden seguir consultando las fichas de trabajo en sus consolas o en sus ordenadores personales; que tengan un buen viaje de aquí en adelante.
− ¿Ves? ¡Ya desapareció! Le has cabreado.
−Tranquila, Isabel; si pulsas en el icono con imagen de lapicero verás que puedes comunicarte con el asistente y con todos nosotros tecleando. En una esquina verás mi rostro, ¡sonríe! Me ha llevado docenas de horas conseguir un sistema para comunicar nuestros pc´s y este computador ya tenía uno mucho mejor; preparado pero inactivo.
−Gracias por el esfuerzo, Marta; será mejor que nos pongamos manos a la obra ya mismo y comencemos a organizarnos para intentar sobrevivir un poco más. Se levanta la sesión.

Tras Luis van saliendo todos hacia sus cuartos, cabizbajos y pensativos. Minutos después se reunirán en los cuartos de baño ¡Al fin una ducha decente! ¡Funcionan las lavadoras! Incluso podremos comer sentados a la mesa y no debajo de ella. (Ya vuelven a sonreír)

Fin de capítulo.


En estos dos capítulos hay alguna cosa que por lo novedoso puede resultarles extraño, una de ellas son las retinas de silicio. Hay ya en el mercado diferentes modelos, con forma de ojo de pez, de nido de avispa, etc. Al parecer mejoran muchísimo la resolución de las cámaras anteriores y se pueden colocar en cualquier lugar de una manera muy disimulada. De aquí que los viajeros pensaran que eran los altavoces del hilo musical.

En cuanto a las ondas de choque que produce una estrella al explotar, al pasar a nova, pueden ustedes remitirse a cualquier artículo científico o de la wikipedia.
En este enlace incluso pueden ver un vídeo tomado por la NASA de una nova lejana, afortunadamente:
grabada-por-casualidad-explosion-de-una nova
Se van, irremediablemente, camino de Sirio, un fabuloso sistema estelar bastante cercano, y no les queda más remedio que volver a estudiar y trabajar duro para seguir vivos.
Pero, soñar, lo que se dice soñar, ¿soñaran? Pues siguen estando bastante ciegos.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Picnic en el deposito. Cuento fantástico.

En ocasiones escribo cuentos del tipo como se decía hace años: de anticipación; en este caso Picnic en el depósito es un cuento que escribí a modo de pequeño homenaje a los grandes maestros rusos de la ciencia ficción Boris y Arcadi Strugatski y me inspiré libremente en un par de novelas suyas: Picnic junto al camino y Ciudad maldita.
No es un cuento alegre ni divertido, aviso. Trata del amor y la desesperación. La completa pérdida de cualquier tipo de esperanza.
Espero vuestros comentarios.


Picnic en el depósito

¿Iremos esta noche subray?
−Esta tarde, antes de que se ponga el sol y venga la niebla, NC. Será hoy o nunca
−Pero, ¡podrían vernos! CM.
−¿Quiénes? ¿Los otros? ¿Los Petsis? Eres un miedica ¿Cuánto hace que estamos solos? Que no les oímos hablar. No hay nadie en ningún sitio y necesitamos comer; cualquier cosa o moriremos. Abrígate bien; saldremos pronto.
Caen los últimos rayos de sol mientras la niebla avanza imparable sobre la urbe incógnita cuando los dos subrays se acercan temerosos a una vieja alambrada. Hay un gran orificio y por él se cuelan hasta alcanzar un haz de vías ferroviarias. Aprovechan la escasa luz para correr hacia su objetivo.
Es la tercera vez que se atreven a entrar en la zona desconocida y peligrosa; un paraje, un lugar sin nombre en medio de la ciudad abandonada. Corretean como ratas encogidas paralelos a la tapia hasta llegar a unas casetas semiderruidas. Es el punto hasta el cual se atrevieron a llegar las otras dos veces anteriores; pero hoy irán más allá.


El hambre y la necesidad de encontrar algo valioso impulsa sus piernas con más fuerza que los horrores que han vivido. Siguen caminando abandonando la seguridad de la tapia de ladrillos hasta acercarse a unas máquinas que les resultan por completo desconocidas. Arrimándose cautelosos van de una a otra intentando encontrar algo reconocible, inteligible, valioso, o mejor aún: comestible.
De las máquinas solo entienden que unas son grandes y pesadas, otras largas y fusiformes; se dirigen al primero de los edificios pero las puertas están cerradas, y también las del segundo; no hay por donde entrar. Pero la del tercero consiguen abrir sin esfuerzo; entran cautelosos.
A ambos lados hay escaleras pero de frente hay unas puertas abiertas, y entran a mirar. Encuentran una espaciosa sala con montones de ropa por todas partes y al fondo ¡una cocina!


Eso sí que les resulta familiar. Hay unas pequeñas máquinas a un lado cuyo funcionamiento ignoran pero en el fregadero encuentran útiles de cocina similares a los que ellos utilizan ¡cuando encuentran algo que poder cocinar! Toman un cuchillo y un sartén cada uno y abandonan la estancia, suben por las escaleras y encuentran otra gran sala llena de grandes cajas metálicas, abiertas, enmohecidas y forroñosas; ropas, ropas por todas partes. Son prendas muy grandes para ellos ¡qué tamaño tendrían!
Aquí tampoco hay agua potable, tan solo algunos charcos en el suelo producto de las goteras. Bajan por las escaleras contrarias y salen del edificio. La niebla, la niebla está cada vez más cercana. El miedo les impulsa a saltar una verja metálica y escapar raudos a su escondite pero lo alta que es y los crujidos de sus vientres pueden más y siguen caminando pegados a las paredes del edificio siguiente.
Ya están a las puertas del gran edificio; temerosos entran por una puerta estrecha que, casi milagrosamente, está abierta. La maravilla y el espanto les están esperando. No hay más que piezas metálicas y máquinas extrañas cubiertas por una gran capa de polvo; charcos de agua y aceite oscuro en el suelo y escombros caídos del techo por todas partes.


Un silencio sepulcral, un frío de muerte, puertas que se golpean debido a las rachas de viento gélido que azotan el edificio. Tal vez algún sonido de ratas corriendo huidizas corriendo por los fosos.
− ¡Si pudiéramos cazar alguna!
− ¡Tengo un hambre!
Salen correteando a un patio posterior donde observan otros edificios más pequeños, a punto de derrumbarse; van de aquí para allá como ratoncitos buscando migajas.
Nada, máquinas y más máquinas, escombros, chatarra, restos de unos seres ignotos y desconocidos. (Esto era de los Petsis, ¡Que ya no queda ninguno! Miedica)
− ¡Vamos dentro! ¡Vamos dentro!
− ¿Has visto algo? ¿Has visto algo? ¿Una rata?
−No, mira, mira la niebla, ¡está muy cerca! La niebla que mata.


Entran de nuevo en la nave grande y cuarteada y corren, tropiezan, saltan, yendo de un lugar para otro buscando algo que pueda serles de utilidad para protegerlos del frío o, mejor aún, para calmar los ruidos de tripas; dar de comer a los gusanos que tienen en los intestinos. Pero es en vano; tan solo encuentran chatarra y trapos engrasados.
La desesperación. ¿Qué nombre le da a eso el alma? No lo nombra; es algo que al bicho le pasa. Un día el bicho muere, y se olvidó la causa.
Ya van los subrays raudos de retirada alejándose del gran edificio, se trastabillan, tropiezan el uno con el otro; están agotados. Hay otra nave más pequeña y aislada en su ruta de escape pero también las puertas están cerradas. El mundo se ha cerrado; esto se acaba.


A un costado hay un gran montón de grandes traviesas de madera oscura. Intentan arrancar algunos trozos; podrán hacer fuego (¡necesitamos calor! ¡Calor!) Pero el esfuerzo les derrota y uno de ellos cae de rodillas.
− ¡Levanta, NC, levanta! Viene la niebla, ¡viene la niebla!
−No puedo CM. No puedo más. Déjame morir, déjame morir ya.
− ¡Que la niebla ya está aquí! ¡Ya está encima!
−Quédate conmigo. Deja ya de correr, quédate conmigo.
−No puedo, no puedo, tenemos que seguir. –Intenta arrastrar y levantar como sea a su pequeño compañero pero no puede, también se desploma.
−Mira CM, ahí vienen los Petsis, con la niebla; los Petsis.
Entre la niebla vislumbran un grupo de espectros que caminan hacia ellos y se acercan lentamente. Llevan puesta la misma ropa vieja que vieron tirada en el primero de los edificios, las mismas grandes botas negras, y les están mirando. Van despacio pero directos hacia ellos. Uno de los subrays, CM, el más alto, se incorpora, suelta el brazo de su compañero, y sale corriendo espantado; el otro, el otro, cierra los ojos inhalando los primeros vapores de la niebla espesa.
− ¡Rata! ¿No es este uno de tus nietos? Exclama uno de los espectros, un tiarrón alto y fornido, mientras levanta en sus brazos el cadáver del chiquillo.
−No, me parece que es uno de los sobrinos del Alemán. Por ahí andará. Responde el aludido. –Despierta, niño, despierta. Le dice pasando su ajada mano de obrero viejo sobre el rostro del crío famélico consiguiendo que este abra los ojos.
−Tranquilo, nenín, tranquilo, ya pasó, ya pasó el dolor y el miedo. Le dice con voz calmada y suave una mujer de pelo rubio y desmañado. –No te preocupes, estás con nosotros, y nunca más estarás solo.
−Solo, solo veo niebla, veo niebla, pero escucho voces. Escucho gente hablar, ¡pero no veo a nadie!
−Tranquilo, nenín, ya nos verás. Tranquilo, ya estás en Casa.


Fin


Habéis leído el borrador de Picnic en el depósito, que es el cuento que cierra mi antología Noche en la estación del Norte y otros cuentos fantásticos. Si el primero de los cuentos Noche en la estación del Norte está lleno de alegría, buen humor, y sobretodo de esperanza, en Picnic en el depósito todo ello se ha evaporado y los protagonistas de los cuentos, hace poco tan llenos de vida, tan solo son ahora espectros.
¿Qué ocurrió? ¿Qué hicimos mal? ¿Por qué un fracaso tan estrepitoso y completo?
Noche en la estación del Norte y otros cuentos fantáticos
En Navidad, si llegamos, sacaré otra colección de cuentos fantásticos que estoy escribiendo. Seguro que os gustarán.

domingo, 13 de octubre de 2013

Atención frotadores: un nuevo capitulo en linea.

Un nuevo capítulo de mi novela Atención frotadores: ¡ondas de choque! ¡ondas de choque! para vuestro deleite personal.
Esto no tiene remedio, se van a las estrellas y tendrán que hacerse a la idea y adaptarse. Sorpresas les esperan.
¡Superar la velocidad de la luz! Que ironía, nadie en este mundo pensaba que fuese posible pero nuestros viajeros lo van a conseguir.


La estrella más brillante del firmamento

Han pasado ya semanas de tiempo sideral, universal, solar e indeterminado (los computadores siguen con la cuenta de 00.00 a 24.00) Ya nadie usa sus relojes personales; tampoco la mayor parte de las cosas que trajeron consigo al embarcar. Sobre todo la ropa interior.
Han pasado por crisis y abatimientos, enamoramientos súbitos y amenazas de suicidio, y al trabajo constante del invernadero y los experimentos en el laboratorio o en el taller de instrumentación se han unido las demandas constantes del ordenador principal que les llena de tareas constantes y averías continuas. ¡Averías!
Se han formado dos grupos de trabajo, después de muchos cambios según sus afecciones y amoríos, que se relevan cada doce horas. Chifladuras; no se les ocurre otra cosa que hacer el Jaimito. Las relaciones personales han ido pasando por las más diversas vicisitudes y aunque ha habido fuertes discusiones no se ha llegado a las manos más que dos o tres veces. Cada grupo duerme en un piso para evitar roces innecesarios.
Alguno de los viajeros ha cambiado de dormitorio más de tres veces, de piso otras tantas, y los gruesos colchones de 120X200 han tenido que soportar duras jornadas con dos y más cuerpos sudorosos frotándose constantemente.
Cosme se ha encerrado en el cuarto del Agua un par de veces amenazando con sabotear la instalación; algunas chicas se han tirado de los pelos mutuamente y dado puñadas en los pechos y cosas de esas, tan femeninas, que ellas hacen sin pensar; pero, en general, el sentido común prevalece ya; y el frotamiento. Tras el ardor y la locura el cansancio y la rutina; agotamiento síquico. ¡Todos los días hay que comer algo!
Luis y Tony se encuentran en la sala de control tecleando datos y haciendo conjeturas. El aire acondicionado comenzó a fallar hace tiempo y se suceden fluctuaciones de temperatura inexplicables, pasando horas a más de 30ºC seguidos por otras a apenas 10ºC. Los primeros días disfrutaban de una temperatura de unos agradables 22ºC; ahora llevan dos docenas de turnos pasando frío.
Intentan averiguar a qué puede ser debido pues ya han pasado muchos turnos agrupándose de tres en tres y de cuatro en cuatro en los dormitorios, y lo de frotar y frotar y volverse a frotar otra vez (¡Uff! Qué frío hace) llega a ser cansino (los dormitorios tienen por toda dotación algunas sábanas y unas pocas finas mantas de fibra polar) Aún quedan paneles cerrados y equipos ocultos por toda la nave sobre los cuales tan solo pueden hacer cábalas inciertas.
−Si al menos tuviéramos la menor idea de dónde nos encontramos o cómo salir de esta situación…
− Eso mismo estaba pensando yo ¿Qué es lo que tienes medianamente claro Tony? Cada uno tiene su propia teoría; se han formado dos grupos de personas y también de ideas, y Tadeo apenas puede sujetar a los suyos. Se cierran a cualquier discusión relacionada con las estrellas y el viaje espacial (¿Qué hacen en grupo? ¿Yoga?) Les está dando por el misticismo y apenas llevan a cabo sus tareas comunales. Siguen pensando que nos están engañando de alguna manera muy sutil.
− ¿Medianamente claro? Cuando llegamos a Júpiter pude tener acceso a los telescopios; con las cientos de fotos que pudimos tomar y lo que nos mostraban las cámaras tengo una teoría sobre lo que pudo ocurrir.
−Ya, que dimos seis vueltas rodeando el planeta acelerando constantemente y salimos disparados hacia las estrellas; eso fue lo que nos relató el holograma ¿Alguna idea?
−Alguna tengo. La nave ganó un impulso gigantesco gracias a la gravedad joviana y salió lanzada hacia más allá de los límites del Sistema Solar.
−Pero ¿hacia dónde?
−Seguramente estaré equivocado, pero con los datos e imágenes que salían en las pantallas yo diría que hemos salido disparados hacia Sirio. Utilizaron Júpiter como una honda y nosotros somos el pedrusco.
−Sirio ¿De qué distancia estamos hablando?
−Más de ocho años y medio viajando a la velocidad de la luz
− ¿Ocho años y pico? Buff, no aguantaremos ni tres meses al paso que vamos. Se agotaran las provisiones, el agua, y nosotros mismos. Tenemos que encontrar alguna manera de salir de aquí, o volver a casa, o algo. Me estoy volviendo insomne y me derrumbaré en cualquier momento. ¿Cómo pudieron hacernos esto si no tenemos la menor idea de la mayor parte de las cosas?
−Aguanta Luis, porque veo difícil que podamos cambiar algo. Seguimos sin tener acceso al núcleo de la programación de este cacharro y el computador se reserva, me parece a mí, la mayor parte de la potencia de cálculo para la navegación estelar; es por ello que cada poco aparece algún nuevo invento en funcionamiento y nosotros tenemos que hacernos cargo. Es mejor que sea así.
− ¿Por qué? Algún equipo o comando, subprograma, algo, llevará el timón y dirección de este invento. ¿No podríamos volver a casa? ¿Sabotearlo? ¿Apagarlo?
−El computador solo se ha comunicado con nosotros, a través del asistente, en momentos muy especiales; si te has dado cuenta. El último cuando abandonábamos el Sistema Solar y alcanzamos la velocidad de la luz.
− ¿Tú crees que verdaderamente alcanzamos la velocidad de la luz? ¿Y por qué no hemos explotado o algo así? Todas las teorías que conozco…
−Pienso, y lo me puedes rebatir de mil maneras diferentes, que incluso hemos rebasado esa mítica velocidad y vamos aún más rápidos.
− ¿En qué basas esa suposición?

−Cuando alcanzamos la velocidad de la luz, ya cercanos a la Heliopausa, las estrellas se volvieron líneas luminosas, solo veíamos sus trazas, y ahora tan solo vemos esa esfera de luz blanca en las pantallas. No puedo decirte a qué velocidad puede ir este cacharro; ignoramos dónde pueden estar los motores, cuál puede ser su combustible y dónde se almacena. Tal vez bajo nuestros pies; espero que algún día podamos acceder a lo que suponemos que hay. El ordenador sigue callado y a lo suyo y las cámaras tan solo muestran una estrella blanca al final del túnel. Me parece que es Sirio; su luminosidad es…

−Vale, si lo dices tú será esa estrella; pero no sé qué podemos hacer. ¡No es posible alcanzar la velocidad de la luz! Tendríamos un tamaño infinito. Explotaríamos o algo similar.
−Imagina un pelota de básquet girando en tus manos; hablamos de las tres dimensiones conocidas, el eje no cambia aunque lances la pelota de aquí para allá. Ahora imagina una esfera de infinitas dimensiones girando sobre su eje; nada cambia y todo sigue igual aunque vayamos a la otra punta de la galaxia. 
−Pero, ¿y el momento y la masa? ¿No tendríamos que habernos desmaterializado o algo así?
−Solo si nos dirigiéramos fuera del universo, más allá de sus límites espacio-temporales. Nosotros tan solo estamos viajando entre estrellas; no hay peligro de desmaterialización. No estamos saliendo de los límites de la galaxia y mucho menos del universo. Momento y masa, ¿no sabes otra cosa? conservamos nuestra masa peculiar aunque la velocidad sea inimaginable y no giramos como una peonza pero, ¿algo tendrá que girar? ¿no?
−No te entiendo. ¿Me sugieres la teoría del universo burbuja?
−Seguimos dentro del campo universal, tan solo nos desplazamos de un punto a otro, ¡olvídate de la velocidad! da igual si tiene forma de burbuja o de patata no estamos saliendo de sus límites. Tenemos masa y nos afecta la gravedad. El misterio para mí son las fluctuaciones.
−El mío preferido es que no hayamos reventado; las presiones que tiene que soportar la nave han de ser monstruosas.
−De eso sabrás tú un montón, ¿no trabajaste diseñando submarinos?
−No, trenes de alta velocidad. Estaba en ello cuando me captaron para este proyecto.
−Pues ahí tienes algo para entretenerte: la presurización de la nave.
− ¿La puerta? Ni idea, se cierra por fuera; no es más que una pared al final del pasillo. ¿Por qué lo dices?
−Vaya ferroviario estás tú hecho. Los primeros viajeros, recién inventado el ferrocarril, se negaban a montar y viajar aterrorizados con la idea de que a cuarenta kilómetros por hora no podrían respirar y se asfixiarían.
−Ya te entiendo; yo he viajado a más de cuatrocientos kilómetros por hora.
− ¿Y dónde está el secreto para que no te ahogaras? En la presurización del tren; esto es lo mismo. No sé qué harás tú pero yo ya termino mi turno. No conseguimos regular eficazmente la temperatura y si estoy mucho tiempo sentado me quedo helado. Te dejo, que Marta me espera para comer. Mira a ver si consigues que el asistente deje de ponernos a Dean Martin ¡Como vuelva a escuchar el “C´est si bon” me volveré majara! (Al menos ya solo pone música en Control)




−Buen provecho para ambos, (Ya lo está poniendo este brujo maléfico y siliconado; de alguna manera nos observa) dale las gracias por el gran trabajo que ha hecho con los ordenadores personales; me estaba volviendo majara el que me despertaran cada día a las 06.00 con su chicharra infernal. Ahora podemos trabajar a gusto.
−Es un sistema operativo novedoso y aún está aprendiendo cual puede ser su funcionamiento y posibilidades; hace lo que puede. Hasta mañana.
− ¡Ah! Espera, recuérdale a Marta que mañana le toca limpiar los baños. Cosme ha vuelto a dejarlo todo como estaba o peor; debe estar en una etapa de regresión anal o algo así. No entiendo ya casi nada de lo que dice ese grupo de lunáticos. Que si están experimentando cambios en su conciencia y no sé cuántas chorradas más.
− ¿Anal? Pues será del trasero de Isabel; al que regresa por lo menos cinco veces diarias. Y cada vez que lo echa del dormitorio monta el teatrillo del suicidio o cualquier otra chorrada. Tranquilo, que ahora mismo lo comento con Marta; ¿llamas tú a los flipantes? A ver si sus señorías quieren dejar de levitar o rascarse en grupo y se ponen a trabajar de una santa vez.
−Sí, ya me encargo yo. Tranquilo, Tony.
−Y, por cierto, trata de convencer a María que las radios son completamente inútiles a la velocidad que vamos. Está obsesionada con captar alguna señal. Es inútil; que emplee su tiempo libre en otra cosa. Es una chica muy habilidosa.
−Sí, sí que lo es. Tú lo sabrás bien.
−No me lo recuerdes que ahora estoy con Marta; ¿sabes dónde estará Iñaki? Ya apenas pisa por la cocina.
−Me dijo que bajaba con Ruth al gimnasio; para entrar en calor.
− ¡Ah, ya! debí imaginármelo. Son dos fanáticos de las pesas y el músculo.
−Y más desde que descubrieron en el almacén una tonelada de barritas energéticas y cosas de esas.
−Pues yo, mientras pueda, prefiero comida cocinada y Marta es de la misma opinión. Hasta luego.

La vida no suele ser fácil en ninguna situación y el ser humano no está acostumbrado a los entornos cerrados; por muy bien equipada que se halle la nave el sentimiento de presidio es inevitable (¡deja ya de dar puñetazos en la pared! Y ven a frotarme un poquito) y del viejo planeta azul apenas conservan fotos en sus ordenadores. La desesperación es muy mala consejera.
Vayamos a buscar el relevo; cuatro de los viajeros se hallan en el dormitorio de Juana (¿Habrán parado ya de frotarse?)
−Mirar, me tenéis loca, ¡eh! Pero loca, loca. Me estáis moliendo el colchón; ya lo he cambiado una docena de veces de posición. Lo de arriba para abajo y la cabeza a los pies y ya no encuentro postura cómoda; voy a tener que volver a cambiar de dormitorio por vuestra causa.
− ¡Es que hace mucho frío! Te quedas helada si estás sola. Yo lo que más echo de menos es la almohada.
− ¡Montse! ¿Quién fue la de la genial idea de la batalla de almohadas? Todo el turno de aquí para allá golpeándose. No sé si quedará alguna útil.
− ¿Y a quien se le ocurrió la guerra de los extintores? Estuvimos cuatro turnos limpiando espuma de todas partes.
− ¿Y el burro de Cosme soltando latigazos con una toalla mojada? Iñaki casi lo mata. Estamos como chotas.
 −Ya; cuando cayeron peleándose por el hueco de la escalera pensé que se habían matado con el trompazo que se dieron. Pero no puedes venir a mi cama cada vez que empiezas con los vómitos; no sé qué quieres que haga. El médico es Isabel.
−No te enfades con Montse, hay algo que no sabes: está ya de más de tres semanas y las reacciones son normales. Busca a su mamita en tu regazo.
−Pues buena soy yo como para hacer de madre; bueno, mientras solo sea mi querida Montsita…
−El problema es que… me parece que ya hay otras dos encintas.
− ¡Otras dos! ¿Quiénes? ¿Lo sabes?
−Una supongo que es Marta, pero tendría que dejarme hacerle la prueba del embarazo. Y la otra, y de eso estoy segura, soy yo.
− ¡Tú! Pero si tú eres el médico; ¿si caes enferma qué hacemos? ¿No puedes inventar algún anticonceptivo en el laboratorio? Te pasas las horas metida en él.
−No es tan fácil como piensas y ya sabes que con Ruth no me hablo. Esa guarra no me restriega las tetas por la cara otra vez porque cojo un bisturí y la opero en dos segundos.
−Vale, vale, no volvamos a las discusiones; son las hormonas y tú lo deberías saber mejor que nadie. Bueno, venga, levantaros que nos estarán buscando para el relevo. A ver si hoy Saúl está más inspirado y consigue sacar algo más que lentejas del invernadero.
−Ya me has inspirado un par de veces este turno y me parece que voy por la tercera; si no tienes prisa…
− ¡Fuera de mi cama inmediatamente! ¡Todos! Saúl, te quiero inmediatamente en el invernadero ¡Qué tío más sobón! Os aseguro que un día de éstos encontraré el modo de bloquear la puerta de mi dormitorio. Venga, ¡largo!
−Yo voy directamente a la cocina; os voy a preparar un menú de…
−Por favor, Montse, deja ya la macrobiótica o como lo llames. No me paso casi ocho horas en el invernadero para comer purés de algas y tacos de tofu. ¡Quiero unas alubias o lentejas con lo que sea! Necesito llenar el estómago con cosas sólidas.
−Y yo necesito que plantéis calabazas, fresones, cualquier cosa… ¡Quiero algo dulce!
− ¿Ya estás con los antojos? Bueno, pronto empezaré yo también. Saúl, ¡suelta a Juana! Y corriendo para el invernadero; vas a tener que hacer muchos cambios rápidamente. Ahora iremos nosotras. ¡Sin chistar!
−Ya voy, ya voy; volando. Las plantas están tristes, será por el frío; plantaré calabazas para que hagáis dulces de cabello de ángel y compotas. Soy puro dulzor y regaliz; amor vegetal. Tomarme.
Patada en el culo y corriendo a trabajar. Así son las mujeres.
− ¡Hombres! Vamos al baño y os cuento por encima lo que he pensado para los próximos días.
Se cruzan por el pasillo con Luis pero no se dirigen palabra.
− ¿Sigues con la idea Juana de que este es un viaje sin final? ¿Que nunca saldremos de este encierro?
−Trato de no engañarme, ¡Cosme es un guarro! ¡Mira como deja los baños! Esta semana le tocaba a él limpiar; seguro que lo hace adrede. Como se vuelva a encerrar en los depósitos de agua pongo una losa encima de la trampilla para que no vuelva a salir.
−Discúlpale; no para de pensar mil cosas a la vez y apenas consigue dormir algo.
−Bueno, lo que te decía, este es un viaje sin final. No importa a qué velocidad vayamos y todo eso, no sueltan más que chaladuras los supra-racionales; nunca llegaremos a ninguna parte. Tenéis que mirar más allá. Nos lanzaron al espacio con una nave experimental y pueden pasar siglos antes de que nuestros descendientes, y vamos a tenerlos, lleguen a alguna parte. Lo demás es irrelevante. ¿Terminasteis? Venir conmigo las dos al invernadero.
−Imposible. Mientras no se valla esa peste que tenéis dentro yo no puedo pasar esas puertas. Y toda la nave sigue oliendo fatal; me cuesta respirar.
−Ya, ya lo sé, Montse, es por el abono y las plantas. Cuando germinó el mijo y la soja al mismo tiempo se preparó una buena. Menos mal que ninguno de nosotros es alérgico; y ahora la avena. Pero quiero que oigáis esto: ¡Estoy harta de peloteras! Tanto entre nosotros como con los cartesianos.
− ¡Pero si casi todas han sido por causa del invernadero!
−Sí, pero o esto funciona adecuadamente o terminaremos por comernos los unos a los otros ¡con cuchillo y tenedor!
−Vale ¿qué propones?
−Isabel, basta de discusiones con Ruth; como tú tengas que guardar reposo, y eso puede empezar dentro de cuatro días, solo la tenemos a ella para cuidarnos. ¿Okey?
−Lo intentaré.
−Lo conseguirás y algún día nos dirás el porqué de tu rechazo; vale, casi te saca la cabeza y se habrá tirado a todos los tíos varias veces, pero la necesitamos y punto. Montse, esto va para ti; se terminó el pique con Iñaki ya mismo.
−De acuerdo; además, ahora está con la tetonas y anda muy suave.
−Te aviso; ya tenemos bastante avena y vamos a sustituirla por centeno.
− ¿Otra vez con las cervezas? ¿Nos quieres alcohólicos a todos para controlarnos mejor?
−Sí, volvemos a la cerveza. Y alguien tiene que poner orden aquí.
−Claro ¡como tú no la pruebas!
−Ahora sí lo haré. Isabel no te vayas, esto te incumbe. O Iñaki comienza a fabricar de nuevo cerveza, le pediremos que la haga muy suave, o tendremos que racionar pronto el agua y además fabricar deprisa y corriendo los mejores filtros que seamos capaces.
− ¿Qué dices? Primero el aire (respiramos esporas) y ¿ahora el agua? Vamos a caer todos como chinches.
−No empieces con las depres de embarazada novicia. El agua ha perdido mucho de su limpieza original, por decirlo finamente; Tadeo y Cosme bajan todos los días para intentar comprender y mejorar el sistema de filtrado de aguas pero las noticias son inquietantes. La fabricación de cerveza es una antiquísima manera de tomar agua potable; el cereal se queda con todo lo microscópico al maltear los granos y lo podemos reutilizar como abono menos pestífero. Además, siempre sobrará algún kilo para hacer harina ¡podríamos hacer tortitas y galletas!
−Como médico titular del equipo apruebo la idea, ¡estoy del mijo! además tenéis plantado Baldo; una planta estupenda para cuidar de nuestros hígados. Así que, Montse, no te queda más remedio que aprobar la moción.
−Vale, yo misma iré a decírselo. ¡Se va a llevar un alegrón!
−Pero que no se alegre demasiado contigo, que ya estás embarazada; y después vuelves aquí, rápidamente, que me tienes que ayudar a bajar cosas al almacén.
− ¿Y si tardo un poco?
−NO-TARDES-NADA. Los achuchones te los daré yo cuando hayamos bajado los sacos de soja y lo demás. Entra conmigo Isabel, y ponte una mascarilla; esa tardará media hora, como poco, en volver. Quiero que me digas que te pasó con Ruth; tranquila, Saúl se pone los cascos con música a tope y no se entera de nada. ¿Qué os pasó? Os llevabais de maravilla y el día de, bueno, de aquello, apareciste con un bisturí corriendo tras ella; las dos desnudas.


−Aquel horroroso día. Es un tormento. No dejo de recordar el holograma sobre mi cabeza diciendo aquello de: Iniciando sistemas (imita la voz maquinal) chequeos finalizados, índices de gravedad apropiados, y no sé qué más; cierro los ojos y veo Júpiter como un globo inmenso al que caemos. La gran mancha como una inmensa boca de un rojo intenso que nos va a tragar; el pavor. Me entró el pánico y me refugié en mi dormitorio. Tapada con la manta como una niña que ve venir un ogro.
−Lo siento, ni me enteré. Estaba absorta con lo que salía en mi consola. ¿Y qué pasó?
−Pasó que una hora después, o algo así, no tengo ni idea del tiempo, apareció ella en mi cuarto, se desnudó y se metió bajo la manta conmigo. Mucho consuelo, niña bonita por aquí, que guapa eres por allá, cariñitos, y cuando me doy cuenta la tengo encima. Y me puso ¡Uff! Tú no entiendes, yo, bueno, nunca, pero nunca, ¿con una mujer? ¡Frotándome! Me lie a tortas con ella y la perseguí por toda la nave. Si no me paráis hubiera cometido un crimen. El horror del universo estaba en mis ojos y me convertí en una bestia asesina; cada vez que lo recuerdo me entra aquí un dolor…
−Te comprendo, para todos fue un choque monstruoso. No creas que alguno ha conseguido asimilarlo plenamente; y después vino el desenfreno.
−Ya, total, si íbamos a morir que importaba lo que hiciéramos. Fue un despelote. ¡Cuánto nos reímos! Y cuanto lloramos, Dios mío, cuanto habré llorado. Podía fregar el cuarto con mis lágrimas.
−Nos desequilibramos profundamente, ¡qué locuras! Yo, si no hubiera sido por las plantas, no sé, me pasaron tantas ideas por la cabeza; pero las quiero tanto. Alegra ese ánimo.
−Creo que los únicos cuerdos aquellos días, bueno, medianamente cuerdos, fueron Tony y María; se pasaban las horas con los telescopios. Cada poco aparecían gritando: Pasamos la órbita de Saturno, o de Urano, lo que fuera, ¡¡Fiesta!!
− ¡Uff! Alguna fue bastante bárbara. Y cuando nos convocó de nuevo el holograma diciendo que entraríamos en la velocidad de la luz, y ver por las cámaras como las estrellas se volvían líneas… casi hay muertos aquel día.
−Fue cuando se te ocurrió la idea de plantar flores ornamentales e irnos regalando tiestos para decorar la nave.
−Las planté nada más llegar. Es inhumano estar encerrados entre cuatro paredes metálicas; no sabes el bien que nos hacen las flores. Ahora mis cariñitos están tristes o adormiladas. A ver si consiguen arreglar pronto el aire acondicionado.
− ¿Hay algo de cierto en que las plantas perciben nuestros sentimientos?
−Perciben muchas cosas, no te lo puedes imaginar. Tendrías que pasarte las horas como Saúl y yo con ellas. Aquellos días de locura nuestra les hicieron mucho daño; especialmente a las floridas. Mira, fíjate cómo reaccionan a nuestros arrumacos.
− ¡Para!, burra. Y búscate un buen nabo que rascar. Me voy, que tengo cosas que hacer en el laboratorio.
−Anticonceptivos; consigue algo pronto.
−Soy cirujano, si alguno quiere solucionar su problema, en media hora le arreglo; díselo a tu hortelano.
−Hasta luego, que tengo trabajo.

Camino del laboratorio se cruza con Tadeo (un besito) y Cosme que salen de la sala de control.
− ¿Subís de nuevo a la sala del Aire? ¿Lo conseguiréis arreglar pronto?
−No subiremos este turno; te acompañamos al laboratorio.
− ¿Queréis decir que nos vamos a quedar con esta temperatura para siempre? No soy esquimal; tenéis que solucionarlo. Lo vuestro son las maquinitas.
−Por eso mismo tardaremos en volver a subir. Explícaselo, Cosme.
−Llevamos turnos y turnos subiendo a ver la maquinaria y los filtros; todo funciona a la perfección, tal y como lo diseñaron.
−Pues tendré que acostumbrarme a usar constantemente camisetas de lana porque este frío no lo soporto. ¿Por qué no metería un buen anorak en la maleta? ¡Ah, ya! Íbamos a trabajar en las Islas Afortunadas. Eso fue.
−No es para tanto ¡de acuerdo! Como te quedes parado mucho rato la sensación es poco agradable; pero ya no durará mucho tiempo. No te quites la chaqueta aunque estés tan atractiva con el chaleco. ¡Eres muy coqueta!
− ¿Y eso por qué? ¿Qué ocurrirá?
−El problema nació en el invernadero y de ahí vendrá la solución. Había plantada mucha soja y otras plantas de ese tipo, y germinaron casi todas a la vez.
−Ya, ¿y qué?
−Pues que los equipos detectaron altos niveles de esporas y todo eso en el aire; y para rematarlo nos hemos dado unos buenos empachos de algas con las ideas de Montse. ¿Resultado? Los equipos purificadores tienen que trabajar al 200% para limpiar la atmósfera de este lugar cerrado y la energía que utilizan se resta de la calefacción.
−Pero, ¿no haría falta una energía infinita para alcanzar la velocidad de la luz? ¿Por qué pasamos frío Tadeo? O sigues sin tener ni idea
−Por alguna razón de economía energética si un equipo consume mucho se lo resta a los otros con los que esté relacionado. Cuando el aire vuelva a unos niveles normales de pureza volveremos a tener más calor. Así que vale ya de comer algas. ¡Necesitamos más espirulina! Pero cubriendo los acuarios, ¿entendido?
−Perfectamente. Ir a hablar con Juana, algo ya había intuido, y está planeando nuevos cambios; Montse también cede en lo de la dieta; estará ahora mismo hablando con Iñaki. Hoy deberíamos comer todos juntos y hablar.
−Estupendo; yo vendré a buscarte ¡deja ya el ADN de las amebas o lo que sea que investigues!
−Dame un beso y vienes en cuanto tengas puesta la mesa; porque hoy la pondrás tú. Vale de escaquearse y hacer las cosas deprisa y corriendo para esconderte en el taller con tus juguetes. Te necesitamos, Cosme. Todos.
−De acuerdo. Pasaré menos tiempo en el taller. Hasta luego. Nos vamos a charlar con Juana.
Al dirigirse al invernadero ven subir por la escalera a Montse y la acompañan hasta la puerta que ella se niega a traspasar.
−Ya he vomitado hoy bastante como para entrar en ese cubículo lleno de plantas asesinas. Decirles a Saúl y Juana que salgan, os espero en la Sala de Control, voy a buscar a Isabel; tenemos reunión inmediata.
−Bueno, tranquila, ahora vamos.
En cinco minutos los seis se hayan sentados ante las consolas mirando de soslayo los datos que aparecen en los monitores; la mayor parte incomprensibles.
−A ver, os digo; he estado charlando con Iñaki y hay una serie de propuestas sobre la mesa.
−Dispara; pero solo al corazón.
−Gracias Tadeo, eres un amor.
−Primero, Iñaki pide que quitemos toda la soja y similares que aún queda en el invernadero y se plante cereal europeo. Necesita trigo, centeno, y cebada; todo el que podamos conseguir. Y que muchas gracias por la cerveza; en cuanto germinen los cereales hará cervezas variadas y algunos licores espirituosos; también conviene en usar una parte para hacer harina; la que queda en el almacén se agotará pronto. Dice que es un gran pastelero.
−Me gustaría comprobarlo. Juana, Saúl, ¿qué tal os parece la idea? Si necesitáis ayuda decirlo.
−Ya me había comentado algo Juana, y me parece bien; ya estamos en ello. Lo de plantar trigo y demás le vendrá bien incluso a la tierra; somos europeos, jopela, ya vale de soja; hacer lecitina o algo así con ella ¿Qué más?
−Verduras, hortalizas y legumbres, todas las que queráis; pero pide que plantéis chiles, ¡ah! y espárragos y puerros. Es una petición especial de Ruth; dice que es por el bien de nuestros intestinos.
−Si hay que ceder se cede; que al plato vendrás y me lo agradecerás ¿alguno sabéis hacer salsa mayonesa?
−La haré yo misma; otra cosa, necesita algo de tierra y unos canjilones para una idea suya: utilizar el espacio vacío en el cuarto del Agua para plantar hongos y champiñones. Quiere aprovechar los restos de cereal y algo de abono para plantar setas.
− ¿Pero setas de comer o de las de alucinar?
−Si estás tan interesado en el tema, Cosme, guapito, vas con él al almacén y buscáis en el semillero lo que os apetezca plantar. Me parece que todos sabéis bastante bien como son nuestros compañeros cartesianos.
−No te enfades; lo decía en broma. ¿Qué más quiere?
−Que no volvamos a sacar nada de los acuarios. Según él, pasarán semanas antes de que vuelvan a su situación original o algo similar. Yo discrepo pero María me lo pidió casi de rodillas.
−Pues si tú cedes lo demás lo aprobamos. A mí me encantan las setas.
−Ignoraba eso de ti, mi Tadeo goloso. Otra cosa; Marta también está embarazada. Me parece que de cuando la fiesta de Neptuno; también pide cosas dulces ¡otra con antojos!
− ¿En la de Neptuno? Entonces…
−Calla Tadeo; son cosas de mujeres. Hay un par de cosas más.
− ¡Cómo estás, cariño! Relájate un poco.
−Después te froto un rato. Seguimos. Alerta virus.
− ¿Cómo?
−Tranquila, Isabel. Es para que no os durmáis. Estamos todos continuamente somnolientos. Ruth y María, y Marta ya ni os cuento, están alarmadas por los análisis del agua que bebemos; exigen medidas drásticas que yo apoyo.
− ¿El agua? Pero si la instalación es de ciencia ficción…
−Pero no contaban con gente tan guarra como nosotros; y no miro a nadie, Cosme. Luis dice que nos hemos vuelto hiperactivos, sobretodo él, que ya no recuerda cuando durmió dos horas seguidas y se duerme de pie, con todo lo largo que es; en fin, la higiene, a partir de este mismo momento, ha de ser extrema. Hay ya tres viajeras embarazadas y las otras tres estarán al caer; higiene en los dormitorios, cualquier cosa imaginable, ropa de cama, los teclados de los ordenadores, lo que se os ocurra. Lugares de trabajo limpios como la patena; los baños: a partir de ya mismo serán dos personas las encargadas por turno de dejarlos listos para ¿Cómo dijo? Ah, ya, revista de policía; es que el padre de Luis es coronel del ejército o algo así. Buscaremos con lupa cualquier lugar donde puedan criar las bacterias. Al parecer tenemos la inmensa suerte de no haber traído con nosotros ningún virus activo ¡que sepamos por el momento!
− ¿Se han pasado al lado de la luz los descartianos?
−Discurren, punto. Más pedidos para evitar ir a la guerra total y definitiva. ¡Como pille a otro asaltando el almacén…!
−No dispares, cuenta.
−Gracias, cariño, tú eres mi calabacín dorado. No pases tanto tiempo en la bici estática que ya no volverás a correr maratones; Marta y María quieren fabricar aguas de colonia y jabones perfumados en el laboratorio, no hay humano que aguante este espantoso olor; fin de los sabotajes desde ya mismo ¡os lo advierto! He estado a punto de meterme en una de las lavadoras (porque no cabía que si no…) En fin, la ropa no tiene la culpa, es especial anti olores; ya sabéis, de alpinista o algo similar, pero las bacterias están proliferando en este trasto navegante como si fuera el Jardín del Edén y Ruth no quiere empezar a tirar de farmacopea. Dice que nos cargaron tan solo cuatro cosas básicas. ¿Isabel?
−Correcto, genéricos y cosas de lo más raro. No se han tocado apenas las existencias pero no hay reposición posible; y si hace falta fregar los suelos de rodillas se hará. Y esto va por todos o alguno va a dormir de aquí en adelante con los champiñones. ¿Propuestas?
−Propongo que la primera hora de nuestro turno la dediquemos a la limpieza. De todas las instalaciones. No sé de dónde puede salir tanto polvo; todas las puertas cierran herméticamente y en cuanto me descuido hay un dedo de polvo en mi mesa. ¿Tadeo?
−De acuerdo Juana, en cada turno lo primero será hacer limpieza general. El polvo sale de las esporas y de nosotros mismos; el cabello, la piel, la ropa, lo que sea; producimos partículas continuamente y ahora los filtros del aire acondicionado están casi completamente atorados con la germinación y todo eso. No hemos hecho otra cosa que limpiarlos todas las veces que hemos subido y el otro grupo hace lo mismo; no sé si os daréis cuenta pero vivimos en una espesa niebla de polvo y esporas y no sé cuántas cosas más. He visto las muestras del agua al microscopio; no podemos seguir así. Y es verdad que los acuarios han estado a punto de irse al carajo. ¿Alguna duda?
−Ninguna Tadeo. ¿Qué más Montse?
−Gracias Cosme, ¡necesito colonias! ¡Jabones con olor a flores! ¡Lo que sea! Pero que huela bien. Todos vosotros sois un encanto pero tenéis un olor a tigre que tumba a cualquiera; hay días que me ducho cuatro, cinco veces, ¡y es un olor a sobaco y pinreles el que tenemos! Necesito salir de aquí, me muero…
− ¡Quieta! Quieta, Montse, amorcito, tranquila. Haremos lo indecible por higienizar la instalación a toda prisa. Yo también lo sufro ¿Cuánto tiempo llevamos aquí dentro? ¿Mes y medio? ¿Dos? Bueno, lo que sea, yo era fumador empedernido, ¡incluso de habanos! Y este tiempo sin fumar me ha agudizado tanto el olfato que alucino constantemente. Sueño con burbujas de colores que me envuelven y me quieren ¡Y huelen bien! (A mandarinas. Necesito dormir)
−Gracias, Cosme, yo sueño algo similar pero no hay nada en la farmacia para el sueño; tendremos que seguir buscando con las plantas algo mejor que esas tisanas de valeriana y menta que prepara Isabel.
−Si no hay nada más por el momento; se levanta la sesión y nos vamos todos a laborar un poco.
−Espera un segundo Tadeo; de parte de Iñaki y los otros, que si os parece bien, en el próximo turno harán una fiesta y estamos invitados; al parecer queda un saco de centeno en algún rincón del almacén y ya estarán ahora mismo haciendo cerveza.
− ¿Y qué van a celebrar esos cabestros?
−Carnaval. Quieren hacer un baile de disfraces. Y al turno siguiente: Miércoles de Ceniza; o sea que tocaran diana, es lo que me dijo Luis, y gran limpieza general desde el cuarto del Aire hasta el cuarto del Agua. Lo harán con o sin nosotros. Hemos acordado el menú ¡espectacular! Yo no voy a faltar; bueno, ya estoy pensando en el disfraz. Cargué con unas cuantas cosas en la maleta…
− ¿Te pondrás faldas? mi amor.
−Sí, pero no trempes tan rápido que ahora mismo nos vamos todos para comenzar a limpiar en serio; yo voy a poner mi cuarto patas arriba. Ya sabéis: el que quiera asistir probará la poca carne que nos queda. Un rosbif con patatas que quitará el sentido. Sí, eso haré.
−Vale, terminemos con esto y cada mochuelo a su olivo. Yo también iré a la fiesta; en pie la compañía. (Así que su padre es militar, ya decía yo que es un pequeño Napoleón; bueno, con más de 1.90 m. de estatura)
La fiesta está resultando mucho más divertida de lo que nadie podía suponer y las dos mitades de la mesa están de nuevo comunicándose cordialmente; sonrisas y guiños cruzan sobre los platos y por un día han sacado de los armarios la ropa que traían de casa improvisando algo divertido con flores y circuitos electrónicos o con cualquier cosa del laboratorio para crear la ilusión de un disfraz. Tony lleva puesto un sombrero de papel, a lo Napoleón, con su mejor foto de Júpiter; es el único que no se ha maquillado (¡pero se ha afeitado! Algo es algo)


Veamos; tenemos a Pierrot Iñaki, Arlequín Cosme, Marta está preciosa de Colombina, Pantalone Luis, etc. Hay brindis constantes, sonrisas picaronas, roces de piernas bajo la mesa y una maravillosa música de los años 70 suena por los altavoces (¡Barry White! Míster Amor…) Cuando, ¡Dios bendito!, ¿Qué ocurre?
Como si una ola gigantesca se hubiera cruzado en el camino de la nave todo es presa de unos bamboleos impresionantes y cualquier cosa que no esté sujeta a la estructura misma de la nave sale por los aires. La música se ve interrumpida; la iluminación se apaga, tan solo los leds de emergencia arrojan su escasa luz rojiza.
Cuando intentan reponerse del susto otro nuevo bamboleo termina por arrojar al suelo todo lo que queda en pie. Por los altavoces se escucha la voz del asistente:
−Atención, ondas de choque por babor, ondas de choque por babor. Alerta viajeros, alerta, ondas de choque.

¿De qué? ¿Ondas de choque?
¿No vamos a la velocidad de la luz? Y nos quedamos a oscuras.
¡Otra! Esto es un puñetero corcho flotando en el océano. Y nos vamos a pique.
¿Nos atacan? Arcadas y terror.


Fin del capítulo

Al redactar y repasar este capitulo, antes de publicarlo, siempre andaba con la duda típica de: ¿pero se podrá alcanzar y superar la velocidad de la luz? Las teorías conocidas hasta ayer mismo indicaban que era imposible. 
Pero estaba seguro que la propia ciencia me daría la razón, es posible. Leer este artículo del verano pasado y de como consiguieron resolver el teorema matemático de Neumann:


Se puede viajar a velocidades superiores a la de la luz, yendo de una estrella a otra, ¡y no nos pasaría nada!. Nada de alcanzar un tamaño infinito o explotar o algo peor. Queda el problema del calientamiento pues al aumentar la velocidad aumenta el calor, así pues en los próximos capítulos las cosas se pondrán muy, muy, pero que muy calientes.


Los problemas de los viajeros son de pura supervivencia, alimentarse, calentarse, y la convivencia en un lugar tan pequeño de doce personas. Pero son jóvenes, van bien equipados, y están sobradamente preparados para superar lo que les espera: ¡ondas de choque! ¡ondas de choque!¿Pensabais que el espacio interestelar es un vacío donde nunca ocurre nada? No podéis estar más equivocados