viernes, 27 de septiembre de 2013

For pilgrims U.S.A. " pass through the city of León: Leon Center

For pilgrims U.S.A. " pass through the city of Leon, I recommend that in your visit to the city don't fail to visit the Leon Center.

Housed in the 16th century tower of the Palacio del Conde Luna, the University of Washington León Center aims to foster disciplinary and interdisciplinary programs that will benefit from its unique location in the historic medieval center of León, Spain. By providing a space that can be used for study abroad programs, academic research, conferences, exhibits and cultural events, our goal is to create a resource that fosters understanding and compassion between cultures, and that will cultivate global citizens who are tolerant, respectful of cultural diversity, and who have sense of themselves as responsible members of a global community.

Leon Center belongs to the University of Washington and is located in the Plaza del Conde Luna, very close to the Barrio Humedo.

The students organize many activities of all kinds and will surely welcome the visit of the Americans who are passing through the city.
http://depts.washington.edu/leonctr/index.html

martes, 24 de septiembre de 2013

Canciones para el Camino XVII. Thas´t the Way it is. Celine Dion.



Una de las canciones que suelo escuchar con el inano cuando marcho unos días a caminar por el Camino de Santiago, una de mis preferidas, es Thas´t the Way it is, de la maravillosa cantante canadiense Celine Dion.
Mi esposa Aurora tiene casi todos los cd´s y dvd´s de Celine Dion en su colección de discos y me carga su música cuando marcho unos días a caminar por el campo.
Si no la conocéis escucharla, seguro que os encantará esta canción.

Celine Dion tiene una voz maravillosa y acompaña mis recorridos por campos y playas.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Atención frotadores. Capitulo primero, para su libre lectura.

En vista del éxito incomparable de ventas de mi primera novela, y que la gente anda mal de dinero, pongo a vuestra disposición y en lectura libre el primer capítulo de Atención frotadores: ¡ondas de choque! ¡ondas de choque!
Es una novela de ciencia ficción, un poco al viejo estilo pulp pero llevado a nuestros días.
Un grupo de profesionales, jóvenes, con experiencia laboral en sus respectivos campos, serán captados por cazadores de cabezas para participar en un experimento secreto y de la más alta prioridad y exigencia.
Los primeros días creerán ser los concursantes de un programa tipo Gran Hermano o algo similar, ¡pero nada más lejos de la verdad! (o, ahora que lo pienso, tal vez hayan acertado)
Si comenzamos por el principio para contar una historia lo primero es presentar a los personajes y el lugar donde transcurre la acción: ¡una nave interestelar!
Disfrutarlo, es gratis.


Proyecto Aurora


21 de diciembre de 2015.
11.30, hora de las Islas Canarias.
Aeropuerto de Los Rodeos, Tenerife Norte, España.
El vuelo 253 ha llegado a la hora prevista.
Los pasajeros están saliendo hacia el hall tras recoger sus pertenencias de la cinta transportadora y los guías turísticos van agrupándoles alrededor de unos cartelones que indican el nombre de la empresa de servicios turísticos. En un rincón, cerca de la puerta de salida, una chica menuda y rubia espera hasta agrupar su pequeño grupo.
Bajo un cartel con un escueto lema Proyecto Aurora se reúnen doce viajeros arrastrando sus maletas.
−Por favor, síganme; su transporte les está esperando. Exclama la guía.
Suben a un moderno microbús y salen raudos del aeropuerto.
− ¿Dónde vamos? ¿Alguno de vosotros tiene la menor idea? Comenta uno de los viajeros de las últimas filas.
− ¿Podríamos parar en algún sitio? Grita una de las viajeras entre volantazo a derecha e izquierda. El desayuno, por decir algo, que nos han servido en el avión se mantiene pegado en la boca del estómago. Necesito parar enseguida y tomar un café decente.
−No se preocupen ustedes. Contesta la guía por el micrófono. Tardaremos apenas unos minutos. No vamos lejos. −En la radio del bus suena una vieja versión de “Volare”, interpretada por Dean Martin.


− ¿Es a la playa? ¿Nos lleváis a alguna playa de la isla? Pregunta una viajera aún más nórdica y rubia que la guía.
− ¡Oh, no! ¿No sois los doce del Proyecto Aurora? Vamos a un valle cercano; pero no puedo daros indicación alguna. ¿Qué sois? ¿Participantes de un nuevo programa de televisión? Porque vuestra empresa lo lleva todo con un secretismo total.
−Tal vez sea algo similar. Tampoco nos han contado mucho. Tan solo que estaremos un tiempo aislados del mundo; el que aguantemos. –Y mira de reojo a sus acompañantes; de los cuales ignora hasta el nombre.
El microbús avanza a buen ritmo por estrechas carreteras subiendo hacia las cercanas montañas mientras los pasajeros se sumergen en sus pensamientos particulares y teclean en sus teléfonos móviles.
A finales del verano pasado fueron contactados por una empresa de selección de personal, auténticos cazadores de cabezas; tuvieron que pasar por una serie de cursillos de cultura general y temas relacionados con temas tan dispares como la astronomía y la agricultura ecológica. En un par de grandes aulas se reunían cada mañana 100 candidatos. Un curso muy caro, de alto nivel de exigencia, material didáctico de última generación; ya no se hacen masters así. Cada día había más sillas vacías.
Después de tres meses de dura competencia y discreta selección fueron llamados, uno por uno, para firmar el contrato laboral en la sede de una corporación alemana (de larguísimo nombre y tipografía Gutenberg) radicada en un gran rascacielos de Chamartín. Duración: un año, condiciones: generosísimas (y más en los tiempos actuales) Se exige discreción máxima por parte de la empresa contratante. Pasados unos días, una mañana, por mensajero, reciben el billete de embarque para la isla de Tenerife.
Ninguno de ellos tiene una idea precisa de la labor que habrá de desempeñar pero han sido seleccionados entre cientos de candidatos por sus cualidades humanas y profesionales; eso les han dicho. Y la empresa da la impresión de ser muy seria y altamente exigente ¿Farmacéutica? ¿Biotecnología? (¿Los servicios secretos?)
El microbús llega a las puertas de una finca vallada y tras unos escasos segundos (los que tarda en abrir la puerta automática) se detiene ante un edificio de tipo industrial; apenas los viajeros han desembarcado sus pertenencias sale rápidamente hacia la carretera con la rubia a bordo. Cuatro personas con batas blancas les esperan a la puerta y les invitan a entrar. Parece una fábrica; tal vez de conservas. Son conducidos y amablemente invitados a entrar en unos vestuarios. A un lado hombres y en el contrario las mujeres.
Tendrán que ducharse (lo cual el que más y el que menos lo agradece infinitamente) y vestirse con una ropa y calzado que les está esperando en montoncitos. Ropa de fibra como la que utilizan los deportistas de élite, y sobre ella tendrán que ponerse una funda plástica blanca, tipo anticontaminación. Zapatillas deportivas; sin calcetines.
Apenas están comenzando a vestirse ya comienzan a bromear si no habrán venido a las Canarias para trabajar en una fábrica de conservas de productos marinos, o algo similar. Y además una redecilla para el cabello (¿envasan embutidos en las Canarias?) Todas sus pertenencias personales han de ser trasvasadas a unas mochilas de alpinista. Su ropa y calzado, maletas, todo lo que han llevado consigo para el viaje, quedarán en taquillas candadas. Hay jarras de café y té con hielo para refrescarse y pastas tradicionales de la isla para un tentempié.
Cuando están ya dispuestos aparecen otros dos individuos silenciosos; por toda identificación llevan una tarjeta en la bata: Proyecto Aurora; y les reclaman para que recojan sus cosas y les sigan. El edificio industrial apenas muestra un largo pasillo, muchas puertas cerradas y una gran puerta al fondo.
Al abrirla, ante sus ojos aparece un largo túnel de plexiglás que apenas deja pasar algo de luz diurna.
−Deberán caminar por el túnel hasta la nave y una vez en ella recibirán más instrucciones. Les dice uno de las batas blancas.
−Les deseamos el mayor de los éxitos para la gran aventura que van a realizar. Les despide el de mayor edad; tal vez el director de la fábrica.
− ¿Qué encontraremos al final del túnel? ¿A qué viene tanto mutismo?
−La nave; estarán muy cómodos. Todo ha sido preparado con mimo para que puedan desarrollar perfectamente su trabajo. −Responde el que debe ser el director con la mano en el pomo de la puerta. En minutos sus dudas se disiparan; estaremos en comunicación constante con ustedes.
−Que pasen buen día, viajeros, y que llegue a buen fin la labor encomendada. Concluye el segundo bata blanca casi empujándoles para salir del edificio.
Un largo túnel de plexiglás oscuro que no permite ver el exterior y una pequeña rampa bien iluminada les conduce a una sala. Un salón comedor, circular y bien equipado, unos cinco metros de diámetro, les espera; llama la atención los muebles de cocina y un estupendo equipo audiovisual; una gran pantalla de televisión. Una larga mesa en el centro y doce sillas; ante cada una hay una tarjeta con sus respectivos nombres. Una gran carpeta con tapas duras y un buen fajo de fichas de trabajo en su interior.
Una voz surge de los altavoces:
−Por favor, tomen asiento. Verán una carpeta con las instrucciones necesarias para comenzar a realizar su labor.
Por el rabillo del ojo uno de los viajeros observa que la puerta de entrada se ha cerrado silenciosamente, la rampa ha desaparecido y el lugar ha quedado perfectamente sellado; pero se sumerge en la lectura de las docenas de fichas que tiene entre sus manos. Tras unos minutos de callada lectura uno de los viajeros se levanta de la mesa.
−Permitir que me presente; me llamo Luis, soy ingeniero electrónico y, al parecer, soy desde este momento el… ¡Uhm! Codirector del Proyecto Aurora (Es un bigardo de casi dos metros de altura, de frente más que amplia, y un aspecto que impone respeto) −Según parece, mi primera misión consiste en hacer con ustedes una visita guiada a las instalaciones siguiendo el plano que tengo en la mano. Dejen sus cosas y síganme; tenemos que salir al pasillo y girar a la izquierda. ¡Vaya!, ya nos han encerrado.



Por los altavoces se escusa música antiquísima: algo así como “Everybody loves Somebody” del inigualable D. Martin.
−Los tres primeros departamentos son dormitorios personales. Si pulsamos este botón se abre automáticamente la puerta.
Tres dormitorios idénticos ante sus ojos. De unos cinco metros de profundidad por dos y medio de anchura a la entrada, tres y medio de fondo con la pared combada; los techos a cinco metros de altura. Una amplia cama a un lado y una mesita compañera; en la pared contraria un alto mueble modular con armarios equipados con ropa y calzado femeninos tras las puertas. Una larga mesa y un ordenador personal es lo más llamativo de un lugar tan impersonal. Parece la habitación de un internado pero tiene buen aspecto. En cada mesita hay un tarjetón con el nombre de la afortunada. No hay ventanas. Paneles modulares de fibra de carbono forman las paredes, excepto las del fondo, que están recubiertas de paneles poligonales de kevlar o fibra similar.
−Según el plano y mis instrucciones, −girándose hacia sus compañeras; hay otros tres cuartos idénticos al otro lado de la entrada (Aparenta como si supieras de qué va esto) Después dejarán aquí sus cosas personales. Prosigamos la visita turística. A continuación viene (¿Uhnn? ¿Almacén de suministros?) Veamos que hay tras esta puerta.
Caminan por un pasillo circular de unos dos metros de anchura y han de hacer cola para entrar y salir de las estancias. Ante sus ojos aparece un almacén de unos 9 metros de pasillo, repleto de armarios y estanterías donde hay todo tipo de alimentos perfectamente organizados por clase y tipo, y al fondo, una gran cámara frigorífica repleta de carnes y embutidos.
−Pero bueno ¿esto qué es? Aquí hay comida para años. Disculpadme; no entiendo nada. ¿De verdad vamos a estar encerrados en estas instalaciones durante un año? Si es así yo no lo hubiera hecho mejor.
− ¿Por qué dices eso, chatina? −Es un tipo cargante, el típico ligón de pueblo, que no le ha quitado el ojo de encima desde que subieron al microbús. (Tiene una caída de ojos que derrite las bragas)
−Me llamo Montse, no chatina. Soy especialista en nutrición, entre otras muchas cosas, y este almacén lo han preparado auténticos profesionales de la alimentación. Esto no es un supermercado ¡es una pasada! Estanterías hasta el techo. La cámara frigorífica podría ser un poco más grande. ¿Y todo esto? Un semillero increíble (¿Qué es esto? ¿Un proyecto secreto de la E.S.O.? ¿La N.A.S.A.?)
−Disculpa, chatina; confío que tendremos oportunidad de conocer tus muchas cualidades. Y me ofrezco voluntario para la explorarlas.
−Ya, tú y los otros cinco que están a la cola. Aparta, que Luis nos llama.
−Por favor, síganme o no terminaremos nunca. Ya se me ha abierto el apetito. A continuación viene, veamos: ¡Ajá! La cocina; por supuesto.
Un cuarto de cuatro metros de entrada por más de cinco de fondo aparece ante sus ojos mostrando una cocina industrial que ya quisieran los más afamados restaurantes; la pared curvada del fondo y el alto techo da sensación de mayor amplitud; todo tipo de utillaje cuelga bajo armarios empotrados, hornos de varios tipos, cafeteras, teteras, un par de robots de cocina, etc.
− ¡Estos serán mis dominios! ¡Vade retro individuos! Pero, disculpen, permitir que presente. −Es un hombre de poco más de treinta años el que ha entrado como un huracán. Moreno, alto, y aspecto de guardaespaldas. Me llamo Iñaki y seré vuestro chef. Para eso me han contratado.
−Pues tendrás que arreglártelas conmigo, Iñaki. Hola a todos, me llamo Montse y soy, además de cocinera, especialista en nutrición; según mis instrucciones seré la encargada de que todo el grupo esté perfectamente alimentado. Tendremos mucho de qué hablar Iñaki, tú y yo.
−Será un placer; pero te advierto que mi último trabajo fue en un restaurante con dos estrellas…
−Vale, vale, ya vemos que no pasaremos hambre. Seguirme que nos queda mucho por ver; da la impresión de que estemos en el interior de un gran queso y se han molestado en cavilar el tema de la alimentación. Aquí tenemos una escalera en rampa para acceder al piso superior, pero siguiendo por el pasillo nos encontramos con… ¡dos impresionantes cuartos de baño!
− ¡Guau! Qué pasada.
Entran en tromba a un baño u otro y comienzan a probar los lavabos (¡el agua esta helada! Me estaba asando con este traje de plástico) ¡Las duchas! Termonucleares. Dos en cada cuarto de baño. Uno de los viajeros las pone inmediatamente a funcionar y se abrasa la mano con el agua caliente que sale por el chorro.
− ¡Guau! ¡La madre que me…!
−Encantado de conocerte Tadeo, ya he notado que eres el otro ingeniero del proyecto. Y veo que le das el aprobado. Sigamos.
− ¿Qué tenemos tras esta puerta? (¡Genial!)
Es un cuarto de tres metros de entrada que contiene un taller con todo tipo de instrumental; material eléctrico, electrónico, cajas de herramientas, armarios con más y más instrumental. Las estanterías llegan casi hasta el techo.
−Bueno, bueno, bueno; aquí hay uno (o sea mi menda Lerenda) que no se va a aburrir; hay material como para montar una central nuclear. A continuación viene: ¡aja! Un gimnasio. −Es un cuarto de más de cuatro metros de entrada y cinco de fondo equipado con dos máquinas multipower pegadas a la pared, un par de bicicletas estáticas y otro par de máquinas elípticas, dos bancas, y barras y mancuernas de todo tipo y tamaño. Una gran pantalla de televisión de formato panorámico se encuentra al fondo; pero está apagada. Iñaki ya está probando las máquinas de fuerza y Tadeo pedaleando antes de que los demás tengan tiempo de entrar para echar un vistazo al cuarto. Hay opiniones de todo tipo.
−Podremos hacer un poco de ejercicio para no volvernos fofos. Algo es algo. ¿Seguimos explorando Luisito?
−Por supuesto; Tadeo musculoso. −Tadeo es delgado (30 abriles como treinta soles; piensa alguna) como un corredor de maratón que apenas le llega a Luis por el hombro. Continuemos; los otros tres cuartos para las compañeras de proyecto vienen a continuación. Ya dejaréis vuestras cosas en los dormitorios al final de la visita, aún tenemos que subir al piso superior; cruzamos por el salón comedor y nos vamos por la escalera en espiral al piso de arriba.
Atraviesan ligeros como faisanes el salón y suben al piso superior siguiendo los pasos del ingeniero Luis (esta funda, ¡qué calor da!; yo me quito la redecilla y abro la cremallera hasta el ombligo ¡Y estas lechuzas! Les comen vivos con la mirada) Luis espera en el pasillo a que todos estén arriba contemplando un par de grandes puertas.
Al desplegarse las puertas dobles entran en un cuarto con un gran acuario adosado a la pared izquierda. Iñaki entra en tromba y empieza a dar saltos de alegría.
− ¿Vosotros veis lo mismo que yo? ¡Bueno! Tendrá por lo menos cuatro metros de largo, 1.5 m. de altura, y casi un metro de ancho. Es el Mediterráneo en miniatura. Tenemos, veamos, bígaros, chirlas, cangrejos, gambas, bogavantes, ¡Uff! Peces, ¡mirar!, hay jurel, palometa, lubina, dorada; bueno, bueno, y ¡algas! Esto es un tesoro.
−El auténtico tesoro son estas estanterías. Dejar que me adelante; Juana, ingeniero agrónomo, y mi pasión son los invernaderos.
−Tendrás que contar con alguien más. Permite que me presente; soy Saúl y además de ingeniero agrónomo soy biólogo. (Toma ya, el aldeano) Necesitarás mucha ayuda para mantener esta instalación. Hay cuatro niveles por cada estantería de un metro de profundidad ¿Cuántos metros tendrá este local? Cuatro y medio de profundidad y, −dando grandes zancadas−, ¡más de diez metros de largo! Iñaki, ¡Iñaki! Ven a ver esto, hay más pececitos.
− ¡Otro súper acuario superacojonante! Pero aquí tenemos, veamos, ¡Ay Dios! Santa Claus existe. Hay sardinas, salmonetes, doradas, de todo. Y marisco; señores tenemos marisco en abundancia. Almejas, vieiras, navajas, buey, centollo, cigala, ¡pulpo! ¿Me dejo algo? Una estupenda y profunda capa de algas cubriéndolo todo. Señores: Las Rías Bajas. No sé por dónde empezar.
−Sí, ya, ya lo vemos. Una estantería larga plantada con soja, avena, ¿mijo? en sus diferentes niveles; cereales. Otra central con bandejas llenas de cultivos de verduras y hortalizas, y además una estantería pegada a la pared contigua al pasillo plantada con legumbres variadas y plantas medicinales.
 −Bueno, lo dejamos como está o no terminaremos nunca. Por lo que vamos viendo habrá trabajo para todos. Voy a tener que organizar rápidamente turnos según las labores específicas y las generales. Solamente mantener ordenada esta instalación nos va a dar bastante trabajo así que solicito su colaboración desde el primer momento, ¡dejar de mirar los pececitos! Ya ven como esta todo de pulcro y estudiado y así ha de estar el día que salgamos de aquí. Si me acompañan fuera seguiremos con el tour turístico.
De nuevo en el pasillo avanzan hasta alcanzar los seis dormitorios masculinos, uno al lado del otro, tan impersonales o más aún que los femeninos; a continuación un pequeño cuarto de apenas dos metros y medio de anchura de entrada.
−Veamos, la guía indica que esto es el cuarto de radio telescopios. ¿Algún aficionado entre ustedes?
−Disculpar, dejarme pasar; soy astrónomo (¡el rarito simpaticón!) llamarme Tony. Esto es muy pequeño ¿y todo ese equipo de radios? ¿Lavadoras? ¡No hay nada! ¿Y esta máquina del fondo?
−Pues tendrás que compartir el local conmigo. Hola a todos, me llamo María y soy exobióloga. (Qué ojazos tiene y que melenaza) Hay ordenadores, impresoras, y no sé cuántas cosas que apenas reconozco. Supongo que no me contrataron para mirar las estrellas por la ventana y tendremos buena conexión con el exterior. No te preocupes, Tony; he traído todos mis últimos trabajos y proyectos en la mochila.
−Y yo los míos. Encantado, María, compartiré con usted cuanto me sea posible. Bueno, ya nos pasaran las tareas a realizar.
−Tienes razón. Ya sabremos como emplear el tiempo libre.
−Tony, María, ya tendréis tiempo para vuestras charlas; lo que hay al fondo es un triturador industrial de basuras. Quedáis nombrados encargados de su limpieza y buen funcionamiento.
−Si me permitís; me parece que solo quedo yo por hacer la presentación de marras. Soy Cosme, ingeniero cibernético, y lo que han montado en esta pared por lo menos me resulta familiar; soy radioaficionado. Sí, es cierto, como todo lo demás, esto lo han montado auténticos profesionales, seguramente militares. Equipos de todo tipo, etapas de potencia, amplificadores, ¡Buff! Podremos hablar con Marte.
−No eres el único con la pasión del radioaficionado y podrás compartir este equipo sensacional, ¿verdad?
−Por supuesto María, por supuesto; hay dos sillas en esta mesa y tenemos delante el centro de mando de una división acorazada. Me gustaría ver las antenas.
−Estarán en el exterior, y como tanto os gusta este rincón os nombro supervisores de lavadoras. Son ultramodernas y funcionan sin detergente alguno. ¡Que no se estropeen o tendremos que lavar a mano! Prosigamos pasillo adelante que aún nos esperan sorpresas. Ahora, si pulso este botón, se abrirán estas grandes puertas y veremos: ¡carajo! ¿Hay algún médico en la sala?
−Sí, yo soy médico; si me permites (Tan solo pasar a su lado y a Luis se le quitado el ligero tartamudeo y casi le da un soponcio. Es una chica morena, bastante alta y sus medidas de concurso de miss universo no quedan ocultas ni por la funda anticontaminación)
−Yo también; si me perdonáis. Hola, soy Isabel, (¡Mira la rubia!; seguro que sabe operar) ¿Cuál es tu especialidad o eres de medicina general?
− ¡Ah!, ya decía yo que me sonaba tu cara, soy Ruth. Trabajaba como médico de familia pero hice la especialidad en gastrointestinal.
− Que bien. Yo soy cirujano general; aunque me especialicé en el sistema endocrino. Bueno, ¿Qué tenemos aquí?
−Si me permiten, doctoras; les puedo ayudar.
− ¿En qué sentido? Gigantón.
−Errr, gracias; estamos en la sala médica, que tendrá unos siete metros de pared a pared y está dotada de equipos…
−Anda déjalo; y cuando necesites una aspirina nos lo dices. Ya quisieran muchas clínicas privadas tener la mitad de lo que hay aquí. Incluso un quirófano completamente equipado por si alguno necesita que le pongamos unas tiritas.
−Si es para jugar a los médicos con ustedes, me ofrezco voluntario.
−Déjalo, Tony; que te vemos venir. (¡Qué pesado! ¿Cómo puede ser tan guapo? Ya quisiera yo tener esas pestañas)
−Por favor, si hacemos caso a Luis terminaremos por hacer el recorrido cuanto antes. Y además aquí hay personas que aún no se han presentado.
−Hola, Tadeo, encantada; me llamo Marta, soy ingeniero informático y no sé qué pinto aquí con vosotros. (¿Me van a pagar por hacer compañía a esta panda de tarados?)
−Pues entonces, acompáñanos Marta, y los demás que nos sigan; veamos que hay tras esta puerta. Viajeros: el laboratorio.
Una sala de tamaño algo menor que la anterior y con aspecto de contener un pequeño laboratorio de alguna universidad privada aparece ante sus atónitos ojos.
− ¡Guau! Iñaki, aquí podrás clonar bogavantes y cigalas.
−Podré hacer algo mejor nada más que enciendan los equipos. ¡Fabricar mi propia cerveza! Con lo que he visto en el almacén y estos equipos empezaré por una cerveza negra, muy ligera, y después…
− ¿Dejaras sitio para que otros experimentemos por nuestra cuenta?
−Por supuesto María, (¡Vaya ojazos tiene la niña!) aquí podremos trabajar los doce al mismo tiempo y aún sobra sitio. Si hubieras trabajado en la cocina de un restaurante ni te rozabas con los demás.
Tras un buen rato de andar cacharreando por el laboratorio reconociendo instrumental y maquinaria de lo más diverso Luis consigue que abandonen el local y continúen pasillo adelante.
Hay otros dos baños formados por habitáculos de dos metros de ancho por casi cinco de profundidad, y más de tres metros y medio de fondo estupendamente decorados con algunas variantes sobre los baños del piso inferior. Grandes espejos sobre los lavabos y en las paredes, materiales de última generación, sanitarios y bidets brillantes y pulcros; dos duchas galácticas al fondo completan la instalación.
−Viajeros, por favor, ya conocen el lugar donde podrán realizar sus abundantes abluciones; si me acompañan (¡Uff! Tendrían que haber contratado a la rubia del microbús; esto se me da fatal) Por favor, viajeros, tan solo nos queda abrir esta puerta para entrar a la zona central del complejo denominada, ¡Ah!, si, Sala de Control. Penetremos.
Entran en tromba a una sala circular de unos siete metros de diámetro y se encuentran una zona central con una mesa circular rebosante de pantallas de ordenador y otros equipos. Doce sillas, cuatro grandes pantallas de televisor en las paredes, y en el hueco de la gran mesa una pila de equipos informáticos sobrepasa los dos metros de altura.
−Bueno Marta, tú eres la experta y Cosme, supongo, nos podréis ayudar en algo porque estos equipos son la cosa más rara que he visto en mi vida. ¿Qué son? ¿Rusos?, ¿Chinos? No tienen identificación alguna de marca o algo similar.
−Debe de ser algún tipo de tecnología militar o simulada. Reconozco unidades de memoria, procesadores, interfaces,…
−Ya, ya, estás igual que yo. Mejor no toquemos nada hasta que nos lo indiquen. Y con esto, señoras y señores, da por finalizada la visita turística a las modernas instalaciones del Proyecto Aurora. Volvamos abajo para recoger nuestras cosas y dirigirnos a nuestros respectivos cuartos. En cuanto Iñaki nos avise nos reuniremos nuevamente en el comedor. ¿Os parece bien?
− ¿Y por qué a las chicas les han asignado los cuartos más grandes?
−Porque necesitamos más sitio para nuestras cosas, Saúl.
−Pero si solo os han dejado cargar con una mochila como a nosotros…
−No discutáis por eso; los de las chicas son apenas medio metro más largos pero dan la sensación de mayor amplitud. Tengo las medidas exactas en la mano.
−Lo que tú digas, Luis.
Bajan por la rampa para recoger sus pertenencias con un semblante similar al de los niños la mañana de Los Reyes Magos; comentando unos con otros lo que han encontrado y aventurando lo que les pueden exigir realizar en semejante instalación. Recogen sus cosas y cada uno a su cuarto a deshacer el equipaje y quitarse la funda blanca. (No transpiran en absoluto)
Apenas ha transcurrido media hora cuando perciben un ronroneo que les produce una sensación extraña y de nuevo una voz impersonal se escucha en la nave.
−Por favor, viajeros, reúnanse en la sala de Control. Por favor, viajeros.



Al regresar a la sala de Control los monitores están encendidos y las pantallas muestran imágenes de la Tierra vista desde el espacio; una imagen holográfica se forma en el centro de la sala, sobre el equipo informático, y hace gestos para comunicarse con ellos. Es el torso de un hombre que les mira desde lo alto; su rostro les resulta vagamente familiar.
−Por favor; tomen asiento. –Escuchan una voz maquinal; algo desagradable. Han tenido tiempo suficiente para colocar sus pertenencias en sus dormitorios; confío que sean de su agrado.
− ¿Quién eres tú? ¿Con quién hablamos? Le grita Cosme, el cibernético.
−Soy su asistente personal y represento al programa principal del sistema operativo de la nave. Si me permiten…
− ¿De la nave? ¿Qué nave? ¿Estamos en un barco? ¿Una nave espacial? ¿Estas cuatro chapas pueden volar? Nos creen imbéciles. –Es Marta (alta y morena, un tipazo tiene esta flacucha) la que está perdiendo la paciencia rápidamente.
−Por supuesto que puede. No se preocupen; ustedes ya tienen sus tareas asignadas y la dotación adecuada. Al ser su primer día a bordo deberán dirigirse a la cocina y comedor en cuanto terminemos la presentación; más tarde los señores codirectores Tadeo y Luis comenzaran a distribuir las tareas y horarios. Tómense el día libre y hagan una fiesta para conocerse mejor. Comenzará su jornada a las 06.00; disfruten de las instalaciones.
−Pero, oye, ¿Qué pasa? Desapareció. Tadeo, ¿tú sabes algo que los demás ignoramos? ¿Qué busca esta gente? ¿Esto de qué va?
−Lo siento Marta, estoy como tú de ignorante y suspicaz. Pero al menos los ordenadores personales se han puesto en marcha, así que supongo que funcionará la cocina; Montse e Iñaki podrán mostrarnos sus dotes culinarias.
− ¿Pero cómo va a volar un edificio? Esto no es más que un decorado bien montado. No hay cabina ni pilotos, ni ventanillas al exterior ni nada de nada.
Comienzan a percibir una sensación de bajada de presión o algo similar que resulta muy agradable.
− ¡Uhhhh! Tadeo ¿esto no será algún tipo de experimento similar a un viaje a Marte o algo así? Parece que hubieran reducido la gravedad un cuarto, tal vez con la maquinaria que habrá bajo nuestros pies. ¿Pueden variar la presión atmosférica? (¿Qué es esto? ¿Un submarino?)
−Ya lo sé, Saúl, podría ser eso. Simular las condiciones de un viaje más allá de la luna y ver cómo responden los astronautas a un encierro prolongado. ¿Os distéis cuenta que se referían a nosotros siempre como los viajeros?
−Exacto, viajeros por aquí, viajeros por allá; y ahora nos tendrán vete tú a saber cuánto tiempo encerrados. Firmamos un contrato a ciegas y no sabemos dónde nos hemos metido. Eso sí, esta ropa sienta como un guante; parecemos el equipo nacional en las próximas olimpiadas.
−Sobre todo a las chicas; verdad, Montse. ¡Tenéis unos tipazos! Y ahora parece que flotéis. ¡Guau! Puedo levantarte con una mano.
−Quieta esa mano, Iñaki, y que nos duren mucho estos físicos estupendos. Bueno, de eso me encargaré yo; pero podemos hablar del menú.
− ¡Hoy fiesta! ¿No ha dicho eso el asistente fantasmal? Pues menú especial Fiesta de Invierno.
−Acuerdo total, Iñaki. Nosotros iremos poniendo la mesa ¡Todos abajo!
A la fiesta invernal le siguen tres días después la Nochebuena y el día de Navidad. Más que tareas propiamente dichas en sus ordenadores personales aparece cada día, con una sonora chicharra como despertador, unas instrucciones para su mejor conocimiento de las instalaciones y el utillaje que hay en sus cuartos de trabajo. Al final de la jornada laboral tienen que rellenar o completar unas fichas con los datos de su labor diaria. Y después, tiempo libre para conversar o divertirse con sus aficiones particulares.
Apenas llevan cuatro días encerrados y el ambiente es fenomenal. Todos hablan de sus tareas y aficiones y, de una manera sutil, se van emparejando. Aunque no reciben comunicaciones de la empresa, o lo que sea que les ha contratado, no bajan la guardia y tratan de comportarse como si les estuvieran observando. La gran torre informática de Control es un completo enigma.
Hay muchos equipos y programas que les resultan por completo desconocidos, experimentales; y el gran ordenador central apenas muestra más que lucecitas de señales y series numéricas. Códigos indescifrables en visores numéricos por los pasillos y paneles cerrados a cal y canto que nadie sabe lo que ocultan. Poco a poco se van amoldando a su nuevo hogar y lo van personalizando.
Los dormitorios se han ido de alguna manera decorando o habilitando según el gusto de cada uno. En la cocina nunca falta café, refrescos, o cerveza negra artesanal que Iñaki fabrica en el laboratorio; ver películas en la pantalla del salón comedor es su mejor distracción.

Fin del primer capítulo.


Recordar siempre lo que os dice este viejo cuenta cuentos: ¡si se puede soñar se puede hacer! Los personajes se van de viaje y Dios quiera que tengan felices sueños, ¡por que les va a pasar de todo!

jueves, 19 de septiembre de 2013

Cómo llegar hasta usted en cinco sencillos pasos.

En este blog me llegan multitud de comentarios sobre personas que se sienten perdidas, desorientadas, sin saber muy bien qué hacer o en que dirección. Si no les parece mal les propondré un sencillo sistema de orientación, que nunca le fallará, en no importa que lugar o circunstancia se encuentre. Observen.

Se encuentra usted en el límite observable del universo conocido. El universo tiene una forma de esfera imperfecta y con un radio estimado mayor de 13.500 mil millones de años luz. El contenido de la esfera es ignorado por el momento, pero los científicos suponen que una misteriosa Energía Oscura obliga a que el universo continúe su expansión, por el momento. No saben si la burbuja pinchará en algún momento.


En un rincón de la burbuja universal se encuentra nuestra galaxia Vía Láctea. Es una más entre las 100.000.000 galaxias observadas hasta el momento. Se calcula que esta galaxia contiene más de 300 mil millones de estrellas en su interior.


Una de las estrellas, del tipo más común y corriente, de la Vía Láctea es nuestro sol. Alrededor suyo orbitan 8 planetas de diferente tamaños. Además hay multitud de satélites, meteoritos, cometas, etc.

Uno de esos planetas es el que denominamos Tierra, aunque su característica más reconocible es que la mayor parte de su superficie está formada por masas oceánicas. Hay agua en enormes cantidades en este planeta. Y también tiene una característica especial: es el único planeta conocido que alberga vida. Millones de formas de vida de todos los tipos y tamaños. E incluso vida racional, la suya.

Bien, ya hemos llegado hasta usted.
El universo se expande como un globo hinchable, la galaxia gira constantemente, el sol y su sistema solar también giran en todo momento, el planeta continúa imperturbable en su giro, y usted, usted puede dejar de girar, de ser impulsado a no sabe dónde ni por quien, sentarse en el suelo y tomar una taza de té; y reírse de todo eso que le incordiaba.
Bueno, ya sabe dónde está y, a nada que piense o medite un poco, también sabrá lo que es. Que nunca más se sienta perdido o desorientado, interiormente me refiero, pues para lo demás existen los sistemas GPS o similares.
En otro de mis blogs pueden conocer mis aficiones, entre las que destacan el senderismo y el montañismo, pues me enseñaron a orientarme desde muy niño. En muchas excursiones he hecho de guía, y pocos se han perdido conmigo siguiendo mis consejos. http://ladmis.blogspot.com.es/

domingo, 15 de septiembre de 2013

La crux de los ángeles. Mi próxima novela.

En los próximos días saldrá a la venta mi nueva novela, titulada La crux de los ángeles. Ambientada en los primeros años del siglo IX y con temática aventurera.

Es una ficción histórica, con buenas cargas de fantasía, y ambientada en aquellos primeros años del siglo IX.

La acción transcurre a caballo entre España y Norteamérica y como de aquellos siglos de la Alta Edad Media Europea no hay mucha información que se haya podido conservar, y menos aún de los pueblos de América, he tenido que tirar de fantasía para cubrir los huecos que la historia borró de aquellos tiempos y personas que realmente vivieron.
Seguro que os gustará.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Playa de Salinas y despedida del Camino de la Costa.

Tras una noche en la que apenas pegué ojo, luchando contra los tábanos y escuchando ronquidos atronadores, me levanté con poco ánimo caminero. Despedida del albergue y buscar un sitio donde desayunar.

Las flechas amarillas atraviesan Avilés en dirección a la estación de autobuses y de ahí se sale por largas calles y urbanizaciones hasta Salinas.

Al llegar a Salinas la decisión estaba tomada: final de Camino, por este año. Tenía la intención de ir a San Juan de la Arena, que tiene albergue de peregrinos, pero mi pie derecho no daba más de sí. Los dolores ya eran intensos y lo mejor que pude hacer fue caminar por la arena de la playa buscando alivio y pedir hora a mi osteópata para que me diera unos buenos meneos al volver a León y al trabajo.

Gracias a que llevaba las estupendas sandalias que veis en la foto pude completar las etapas, pues se adaptan estupendamente a la forma de mis pies.

Un consejo que me atrevo a dar para los lectores que tengan la intención de caminar durante muchos días por el Camino de Santiago, por la ruta que prefieran, es que antes de partir compren unas buenas plantillas anatómicas para su calzado. Esto, unido a dos pares de calcetines de senderismo o montañismo, conseguirán que usted pueda caminar durante días y días si tener la menor rozadura o ampolla en sus pies.
Mi problema es de huesos y mi cojera solo se trata con masajes pero una vez más anduve durante diez días y volví a casa con los pies en un estado estupendo.
Despedir el Camino de la Costa paseando por la playa de Salinas me pareció un buen broche de oro a este maravilloso tramo que discurre entre Santander y Avilés. Tal vez el año próximo pueda volver a Salinas y retomar el Camino donde lo dejé.
Muchas gracias por vuestras visitas al blog y comentarios.

De vuelta a Avilés paré a tomar una sidra junto a la Iglesia Vieja de Sabugo mientras esperaba la hora de salida de un tren hacia Oviedo.

Este templo, el más antiguo de Avilés, conserva trazas de la época en que los Caballeros Templarios vigilaban los torreones de entrada a la ría de los ataques de los vikingos.
Desde este punto partía el Camino Real hacia el Puerto de La Mesa y atravesando Babia y Luna se continuaba hacia León o Astorga. Esta fue la ruta más importante de comunicación entre Asturias y la meseta durante siglos, hasta que Campomanes decidió construir la carretera entre León y Gijón pasando por el Puerto de Arbas, siguiendo de manera aproximada el viejo Camino de San Salvador; y es lo que hoy día conocemos como la carretera del Puerto Pajares.
Pero hasta bien entrado el siglo XIX la comunicación partía y llegaba a Avilés y su importante ría.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Boletín de Hospitaleros Voluntarios.Septiembre 2013


IN MEMORIAM


Hans Georg (Jorge) Lux
+5 de abril de 2013
Jorge Lux era un veterano hospitalero alemán, de esos que se pueden encontrar en la libreta amarilla de José Ignacio. Tenía una fuerte vinculación con España y con la peregrinación. Su hija Verena nos ha informado de su muerte a los 73 años “porque creo que una parte importante de su vida fue el Camino de Santiago y las experiencias y personas a él asociadas” Fue Jorge hospitalero, entre otros lugares, en Nájera, en Grañón, en Sahagún o en Ponferrada. Otro peregrino, otro hospitalero que nos precede para prepararnos el albergue último. Desde aquí enviamos un sincero abrazo a la familia.
Manuel Dalmeda
+7 de septiembre de 2013
De manera repentina se nos fue Manuel Dalmeda (de Vigo, que era la muletilla que siempre acompañaba su mención) Era hospitalero en Nájera en el momento de su muerte; había salido a correr con uno de sus compañeros hospitaleros y en Azofra se sintió mal y murió. Manuel estaba justo donde quería estar porque este año, recién enviudado, quería estar en los albergues, con los peregrinos, quería ayudar. Tenía yo un a menudo contacto con Manuel y creo que si algo lo define es bueno; Manuel Dalmeda (el de Vigo) era un hombre bueno.  Iba a cumplir 62 años, no nos regalará con más joyas de su Atlántico pero, sobre todo, no volveremos a compartir con él lecciones de saber estar, prudencia y discreción. Para su hija Patricia no será un año fácil a pesar de la alegria de un nuevo hijo.

Para ambos y sus familias os pedimos una oración.

“00.º.00”
El verano nos ha traído algunas novedades aunque, en general, fue un tiempo tranquilo. Lo más destacado, sin duda, ha sido que el día 1 de junio dejamos de asistir en el Albergue de la Cofradía del Santo en Santo Domingo de la Calzada. La decisión es el fruto de mucho tiempo de reflexión sobre qué debíamos hacer a la vez que seguíamos recibiendo escritos de hospitaleros sobre malas experiencias en el albergue. Y llegó el momento. Con mucha pena después de tanto años ayudando en ese albergue, cuando era aquella habitación en la parte alta de la casa y el polideportivo donde dormimos muchos de los peregrinos más viejos de este grupo o en el novísimo albergue que hemos ayudado a sacar adelante, nos fuimos.
Françoise Marcel y Marie Eckhardt fueron las últimas hospitaleras junto a Manuel Oliva, que las ayudó unos días de fin de mayo.
Marie, envió esta carta desde casa; ayudó en la Casa hasta el último momento y salió de Santo Domingo con lágrimas. Manuel, hizo una reflexión también tras la experiencia en el albergue, que me gusta especialmente porque termina con una esperanza.

Querida Ana:
Ya te he escrito muchas veces sobre nuestra estancia en Santo Domingo; esta relación, para concluir… Françoise pensaba escribir también pero se fue a Irlanda (…) y no habrá tenido tiempo.
Al llegar adivinábamos que la cosa no iba a ser sencilla: el tamaño del albergue y la afluencia de peregrinos en mayo (más el mal tiempo); el cambio de Prior; la organización que cambia cada semana al cofrade que te ayuda (o a quien ayudas); nuestra plaza –posición- en la acogida (no somos el primer contacto del peregrino sino el segundo o el tercero); la gente que está alrededor de los cofrades: Vicki y Josu (cuyo papel exacto no es fácil de percibir)
Además, por Angel, sabía que quizás éramos la última suerte para que continuara la asistencia de Hospitaleros voluntarios en Santo Domingo. Y por parte de los cofrades había también una espera de prueba ya que nos decían que las últimas experiencias habían sido negativas.
Nosotras no habíamos venido para pasarlo mal e hicimos lo posible para que saliera bien para nosotras y para ellos. A pesar del cansancio debido al tiempo de trabajo diario, lo hemos conseguido. Nos hemos llevado bien con los miembros de la Cofradía y los peregrinos, creo, estuvieron contentos.
Así que cuando me comunicó Manuel vuestra decisión sentí una impresión de fracaso. No era capaz, en el momento, de tomar la distancia necesaria para juzgar la situación desde otro punto de vista aunque entendía muy bien que no se puede exigir de los voluntarios que encajen en el marco definido por los cofrades. Manuel también pudo observar con más atención la lógica de la acogida según ellos. No creo que sea mala, estoy segura de que lo hacen con mucha sinceridad pero hay situaciones en que el primer contacto es más militar y autoritario que amistoso (porque no saben hablar, solamente dicen palabras que suenan como órdenes desagradables; a Françoise también algunos le hablaban así aunque ella entendía perfectamente el castellano)
Pensando en el lema de nuestro último encuentro de diciembre “Volver al origen”, estoy de acuerdo con la decisión vuestra. No somos indispensables en este albergue, ya que la Cofradía tiene muchos voluntarios que pueden ayudarles en la acogida tal como ellos la conciben. Somos más útiles donde no hay tantas posibilidades materiales y donde queda más sitio para el contacto con las personas no más.
Al final, ha sido una experiencia positiva para nosotras: hemos podido integrarnos y entender mejor la tradición de Santo Domingo.
Nos han invitado a volver…ya hemos dicho que sólo si terminábamos a las cuatro de la tarde.
Ya te lo dije: a mi me atrae el carácter multicultural de esta experiencia.
Marie.




A algunos llegamos… de otros salimos…
La pequeña historia de Hospitaleros Voluntarios, en la que cumplimos 23 años, nos ha llevado a atender diferentes albergues del Camino.
Repasando el Boletín de Hospitaleros nº 21 de Octubre de 2003, hace casi 10 años, leo que atendimos esa temporada, los albergues de Arrés, Eunate, Viana, Nájera, Santo Domingo, Grañón, Belorado, Tosantos, las ruinas de San Antón, Puente Fitero, Villasirga, Bercianos, El Burgo Ranero, León, Foncebadón, Ponferrada, Cebreiro, Samos y Ribadiso. Y que aquel año dejamos de trabajar en Roncesvalles y Navarrete.
Como se puede comprobar, algunos de estos ya no lo atendemos en 2013: Eunate, Belorado, Tosantos, San Antón, Puente Fitero, León, Foncebadón, Cebreiro y Ribadiso. A cambio atendemos otros: Zabaldica, Estella, Logroño, Calzadilla de la Cueza, Calzadilla de los Hermanillos, Castilblanco de los Arroyos, Alcuéscar, Salamanca y Zamora. En estos 10 años hemos llegado y hemos salido de albergues como el de  Villamayor de Monjardín, El Acebo, Orense, Fuenterroble o Carrión de los Condes.
En el Boletín de Hospitaleros de Mayo de 1995, se lee que ese año “atenderemos los albergues de Roncesvalles, Los Arcos, Logroño (el municipal), Nájera, Belorado, San Juan de Ortega, Burgos, Hornillos del Camino, Castrojeriz, Puente Fitero, Frómista, Calzadilla de la Cueza, Reliegos, León, Hospital de Órbigo, Rabanal del Camino, Molinaseca, Ponferrada y Samos”. Con lo que podemos seguir viendo, que a algunos llegamos y de otros nos marchamos.
Allí donde trabajamos, lo hacemos siempre con el mismo espíritu y respetando las conclusiones que año tras año refrescamos, en los Encuentros de fin de temporada. De donde nos marchamos, lo hacemos porque sus propietarios quieren cambiar la forma de acogida o porque sus responsables prefieren gestionar ellos mismos los albergues. Y esto ha sido así desde el principio de Hospitaleros hasta el día de hoy.
Y ¿por qué cuento todo esto? Pues para deciros que el mes de mayo de 2013 ha sido el último de Hospitaleros Voluntarios en el albergue de Santo Domingo de la Calzada.
Marie Eckhardt, a la que dedico estas palabras, estuvo trabajando hasta el último minuto, con el cariño que en sus muchos años como hospitalera, siempre ha demostrado. Gracias Marie.
Nos marchamos con pena:
- Porque la Casa del Santo ha sido referente de nuestra hospitalidad durante años.
- Porque allí nació Hospitaleros Voluntarios.
- Porque en ese lugar se escribió el primer Boletín de Hospitaleros, en febrero de 1995.
- Porque en esa Casa hemos realizado varios cursos de formación de nuevos hospitaleros y algunos Encuentros de fin de año.
- Porque allí se escribieron algunas de las Conclusiones que nos han traído hasta aquí.
- Porque Santo Domingo es reconocido como Patrón de los Hospitaleros; nuestro Patrón.
Y nos marchamos con la esperanza de volver algún día, el día en que nuestro trabajo sea de nuevo necesario en la Casa del Santo. Y este es el motivo de nuestra salida: el no poder hacer la hospitalidad en la que creemos. Solo éramos ayudantes de los cofrades, sin autonomía, sin iniciativa, sin poder acoger como nos gusta hacerlo.
Esperamos que el Santo nos vuelva a llamar, porque ese será un día de fiesta para Hospitaleros Voluntarios.
Manuel Oliva


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UN TESTIMONIO EMOCIONANTE:

Después de hacer el Camino, en mi interior rondaba la idea, y la necesidad, de ayudar; por eso decidí hacerme hospitalera.
Mi destino fue Zamora, lugar maravilloso donde el Duero, con su “eterna estrofa de agua” baña la ciudad, esperando a los caminantes, desempolvando sus ropajes del Camino.
Trabajé mucho y con entusiasmo en el albergue y como si el destino quisiera jugar conmigo, lo vi. Allí estaba el protagonista de esta historia.
Cristóbal, es un sevillano que venía haciendo el Camino en su bicicleta; entró  en el albergue pidiendo información sobre el Camino Portugués. Eran las 2 de la tarde y hacía mucho calor. El ambiente era pesado y él venía cansado pues aunque la jornada había sido larga su intención era seguir. Al final, entre charla y charla cambió de opinión y decidió quedarse en el albergue.
Me preguntó de donde era y le contesté que era gallega, de un pueblecito cerca de Santiago; le animé a que fuera a ver los fuegos artificiales de la noche del 24 de julio en Compostela, para celebrar el comienzo del día 25, festividad de Santiago Apóstol. Me contestó que si le daba tiempo a llegar iría, pero yo insistí en que estando tan cerca no debería perdérselo. 
Un par de horas mas tarde  apareció el otro protagonista de esta historia. Oscar también hacía el Camino en bicicleta y vino preguntando por  Cristóbal. Le confirmé que estaba hospedado en el albergue, pasaron la noche y continuaron Camino al día siguiente. Pero aunque su peregrinación proseguía, Cristóbal sobre su bicicleta, se iba acordando de la conversación que había mantenido conmigo sobre ver los fuegos pero veía que aunque sus piernas trataban de darle fuerte a los pedales, no iban a llegar a tiempo y él no quería perderse ese maravilloso baile que tienen los fuegos con la Catedral, majestuosa para la fiesta de nuestro patrón Santiago.
Fue entonces que decidieron subir al tren en Puebla de Sanabria con destino Santiago de Compostela, pero la fatalidad hizo que poco antes de llegar a Santiago el tren descarrilara. Murió mucha gente. Cristóbal y Oscar resultaron heridos, pero no se acordaban de sus heridas y sacaban gente del tren ayudando en todo lo que podían con sus escasas fuerzas. Eran caminantes, peregrinos, traían el polvo del Camino y una voz interior que les decía: ¡seguid así peregrinos, con fuerza, es vuestro destino, está en vuestro Camino ayudar con el talante y la humildad que caracteriza al peregrino!
Eso me relataron después, cuando todo había pasado.
Salvaron la vida de algunas personas a pesar estar heridos y de que su vida también corría peligro, pero el Camino les dio esa fuerza, ese espíritu luchador.
Su vida –y la mía- cambiaron a partir de esta historia, porque en cierto modo contribuí a ponerlos en ese camino que el destino tenía pensado para ellos. Mi sufrimiento fue terrible pensando que si la fatalidad les hubiera tocado, yo me sentiría culpable de haberlos puesto en ese tren. Ellos dos, hablando conmigo me convencieron que habían sido elegidos por el destino, por la Providencia, para ayudar a mitigar tanto sufrimiento.
Por esta razón  en el albergue de Zamora, me gustaría que hubiera un recuerdo para estos dos héroes que el Camino del Destino puso en aquél tren, en esa triste curva, para ayudar la los demás.
Flor (Hospitalera) de La Coruña




ENCUENTRO ANUAL DE HOSPITALEROS 2013: CONVOCATORIA


Los días 6, 7 y  8 de diciembre tendrá lugar el Encuentro anual de Hospitaleros Voluntarios del Camino de Santiago.
Este año, nos vamos a reunir en el Complejo Residencial Fray Luis de León, en Guadarrama, en la provincia de Madrid.
El Encuentro comenzará el día 6, viernes, a de las 12 de la mañana y terminará el día 8, domingo, después de la comida.
Contamos con 160 plazas.
Ya estamos dando los pasos necesarios para que todo esté organizado para entonces. Nos alojaremos en habitaciones dobles y triples. Desde la organización nos encargaremos de hacer la distribución por habitaciones.

Como en otros años, éste es el criterio para asistir:

1.     Hospitaleros novatos que hayan sido hospitaleros en 2013.
2.     Hospitaleros veteranos que lo hayan sido en 2013 y nunca hubieran asistido a una de estas reuniones.
3.     Hospitaleros veteranos que lo hayan sido en 2013 y no asistieron al Encuentro de Castelnou de Bagès en 2012.
4.     Hospitaleros veteranos que lo hayan sido en 2013 y sí asistieron a la reunión de Castelnou u otras.
5.     Hospitaleros veteranos que no hayan sido hospitaleros en 2013.

Los hospitaleros novatos y veteranos ya pueden ir solicitando plaza para asistir desde el momento en que lean este boletín.

Los hospitaleros novatos tendrán como fecha límite el día 21 de octubre (lunes) para tener plaza confirmada directamente (es decir, en su calidad de nuevos, ya tienen plaza confirmada si es antes de ese día); después del 21, los nuevos hospitaleros que vayan solicitando asistir entrarán en lista de espera si ya se hubiera alcanzado el número límite para entonces. Se confirmará su plaza a vuelta de mail o llamada de teléfono.
Los hospitaleros veteranos ya pueden ir solicitando plaza desde el momento en que lean este boletín aunque tendrán que esperar hasta el 22 de octubre (martes) para que se les confirme plaza y a partir de esa fecha, los veteranos que soliciten asistir entrarán en lista de espera si es que se ha llegado al número límite.
Se enviará un mail o llamada a cada veterano confirmando que se le espera en el Encuentro.
El precio por persona es de 100€ y en él se incluyen el alojamiento y la manutención que suponen dos pensiones completas.
El resto de la información del Encuentro se enviará en noviembre a los hospitaleros que vayan a participar.
Poneos en contacto a través del mail con anahosvol@caminosantiago.org para solicitar plaza o aclarar dudas. También en el teléfono 941 245 674 con Marta y Mayte o a hosvol@caminosantiago.org
Es importante que en el campo asunto de vuestros mails aparezca vuestro nombre, por ejemplo: Marta Luisa Álvarez de Castromocho Si llamáis a Logroño y dejáis un mensaje de voz identificadlo con vuestro nombre y número de teléfono. Estas simples acciones, nos facilitan mucho el trabajo. Gracias.
Nos vemos en Guadarrama.


Buena suerte a todos y Buen Camino.