miércoles, 12 de diciembre de 2012

De Sarria a Portomarin, una bonita etapa del Camino de Santiago.

   Mucho antes de que amaneciera ya me había quedado solo en el albergue recogiendo mis cosas, así que salí a caminar en la esperanza de encontrar algún sitio abierto. Vana esperanza, es diciembre, y antes de las 9 de la mañana no debe abrir nadie.

Pasé al lado del Convento de la Madalena en silencio y a oscuras para bajar hacia el Ponte de Aspera. Me despisté un poco pero unas señales de un albergue me indicaron la salida de Sarria hacia las huertas y las vías del tren Madrid-La Coruña.

Las primeras luces del día me pillaron subiendo por esta fraga al Castro de Paredes. Lloviznaba y me vino muy bien llevar paraguas; especialmente para hacer alguna foto.
Poca gente lleva paraguas consigo haciendo el Camino de Santiago siendo, para mí, una de las cosas mas necesarias si caminas fuera del tiempo estival.

Alcancé al grupo de peregrinos navarros al llegar al albergue de Barbadelo. Como era tan numeroso y caminaba fragmentado fui coincidiendo con unos y otros durante todo el día.

De Barbadelo queda una buena tirada hasta llegar a la Fonte do Pelegrín, la del mejillón azulao. Antes paré a desayunar en una taberna abierta en Mercado da Serra. No me gusta caminar en ayunas; y por si acaso, cargué con par de botellitas de agua. No fuera que no encontrara nada abierto de ahí en adelante.

Después viene un tramo muy bonito, pasando Peruscallo, A Brea, y Lavandeira. La lluvia era muy fina y paraba de vez en cuando así que se caminaba con facilidad.
Pasé por Morgade esperando encontrar el bar abierto pero no hubo suerte.

El famoso mojón de los 100 kilómetros para Santiago, convertido en un basurero. Era un anuncio de lo que me iba a encontrar de aquí en adelante.

Al llegar a Ferreiros encontré abierto Casa Cruceiro. Debe de ser de los pocos lugares que no cierra en todo el año, pues siempre que he pasado lo he encontrado abierto.
En un bar que hay mas abajo, junto a la iglesia, nos encontramos con un peregrino con mulo que cargaba con sus pertenencias. Casi hasta Santiago fuí coincidiendo con él pero no era de muchas palabras; el paisano.

De camino encuentras algunos jitos peregrinos, con cruces y cosas así, convertidos en auténticos muladares. No quiero ni pensar cómo será esto en verano.

Pasamos por Mercadoiro y A Parrocha. Camino de Vilachá la senda estaba llena de vacas pero, aunque tienen preferencia, son muy educadas y dejan pasar al peregrino.

Y a buena hora ya estaba en Portomarín. Encontré abierto el albergue O Mirador y allí me quedé a pasar el resto del día.
http://legend-omirador-primary.hgsitebuilder.com/

Pasé el resto de la tarde en Portomarín. No había mucho que ver y los peregrinos nos repartíamos entre tres albergues abiertos, aunque para comer y cenar casi todos coincidimos en O Mirador pues se come bien. La tarde aguantó casi sin llover a penas pero oscurece tan pronto a las 21.00 apenas eramos cuatro gatos en el bar del albergue.


Prontito para la cama.