jueves, 20 de septiembre de 2012

De las esferas luminosas. Cuento completo.


   
   De las esferas luminosas.

Como lucecitas de colores plenas de felicidad llegan al viejo río de la vida, y apenas se tienen en pie les dedican a la guerra y el sacrificio en crueles disputas. Van las vidas tan simples como los peces por los arroyos; y aunque siempre hay alguno que boquea fuera, los más se esconden entre las piedras. 
Este es un cuento dedicado a cuantos han caminado hacia Compostela y a los que lo harán de aquí en adelante.


Son tres peregrinos que llegan alegres a las calles de piedra de Castrillo de los Polvazares. Sentado en un portal hay un tipo con la mochila a sus pies y con una vieja guitarra canta una bonita copla andaluza. Uno de ellos le suelta unas monedas y continúan caminando hasta la puerta de un bar. La chica prefiere sentarse en una piedra de la casa de enfrente a tomar el sol mientras sus compañeros entran a pedir latas de refrescos.

−Clarisa, ¿tú pediste un refresco de limón, verdad?
−Gracias, Jan; ¿qué tomáis vosotros?
−Cerveza con limón. Es bueno para refrescarse y de baja graduación ¿podemos sentarnos contigo al sol?
−Claro que sí; pero si os fijáis, esta piedra tiene algo curioso; como unas hendiduras.
−Ya veo, son redondas y profundas. Sería donde apoyaban el trillo u otro apero durante siglos y así ha quedado. En el plano del pueblo se indica un merendero detrás de la iglesia ¿queréis que vayamos a almorzar a ese lugar?
−Con uno que lo diga basta, Marc; estaremos más cómodos.


Minutos más tarde se sientan en un sencillo merendero y ponen sobre la mesa de piedra sus vituallas para almorzar.

−Apenas comenzamos a caminar y ya paramos a comer
−Ya lo sé, Clarisa; pero no hemos desayunado más que un café. Y alguno no ha debido dormir nada esta noche ¿o me equivoco, Marc?
−Una noche más de las muchas que llevamos. Esta mesa tiene algo raro; esto no son marcas de trillos ni nada similar. Son agujeros hechos con alguna intención, parecen seguir un patrón; y tienen aspecto de ser muy antiguos. Comamos algo. Quizá lo usen para jugar al alquerque los del pueblo o algún juego similar.
−Lo tuyo son las estrellas; deja los juegos a Jan que es el experto. ¡Mirar ese que llega! ¡Vaya ropas lleva!
− ¡Buenos días a todos! ¿Puedo sentarme con vosotros?
− ¡Claro!, cómo no. Te conozco, eres el suizo-español. Esa indumentaria es inconfundible
−Me va bien; es cómoda. ¿De qué charlabais?
−De esta mesa de piedra y sus extrañas marcas
−Hay más piedras con esas marcas en el pueblo y en toda la comarca. Son recuerdos de los hombres de la edad de piedra, de sus creencias, de sus juegos. Algo he estudiado el tema los días pasados; de aquí en adelante hasta la Costa de la Muerte hay muchas zonas con piedras llenas de agujeros que datan de hace más de cinco mil años.
Viajaban hasta el fin del mundo haciendo marcas en las piedras. Algo similar a lo que hacemos ahora los mochileros con las flechas amarillas y los montoncitos de piedras que se ponen por todas partes. Las marcas de los antiguos perdurarán; las nuestras no.
−Pero no irían a la Galicia prehistórica por motivos religiosos ni turísticos.
−No tal y como ahora lo entendemos. Serían los tiempos de Noé o algo similar y representaban lo que sabían o en lo que creían. Miles de años antes que ellos vivieron los hombres de las cavernas y también hacían sus representaciones.
−Vale; esto lo hacían al aire libre ¿Pero por qué ir al occidente?
−Buscaban el final de la tierra y el paso al más allá donde el sol se sumerge en el mar. Al menos alguno lo haría; siempre habrá gente inquieta.
−Eso es lo que tú supones ¿cómo te llamas, suizo?
−Hans, ¿y tú? ¿Eres francés, no?
−Sí lo soy; me llamo Marc. Este es Jan, de Chequia; y Clarisa, española.
−Encantado ¿un poco de vino?
−Como no; ¿un poco de queso?
−Veo que no has perdido la sonrisa especial que traías desde La Rioja
−No he perdido la sonrisa pero sí he ganado en motivos de preocupación
− ¿Y eso por qué?
−Aunque hacer el Camino es una manera de evadirse de la rutina diaria; seguimos en el mismo mundo de siempre y la cantidad de disparates en vez de disminuir se supera de día en día.
− ¿Crees que has visto algo? Si te quejas de Europa tendrías que ir a África Central
−Me vale con lo que veo por aquí y lo que me muestra la gente
− ¿Cómo qué?
−Si pones tu mano sobre la mía, Marc, y me miras a los ojos sabrás de lo que hablo
− ¿Es un truco de ilusionismo? Porque el experto en eso es Jan.
−No hay truco alguno. Pon tu mano sobre la mía. ¿Qué sientes?
−Nada en especial
−Mírame a los ojos ¿Qué ves?
−Tus ojos
− ¿qué escuchas?
− ¿el viento agitando las hojas de los árboles?
−Ahora posa tu mano en mi mano y cierra los ojos y verás que lo que te rodea es verdad y es mentira sin solución de continuidad; verás lo que quieres ver y lo que no; oirás lo que quieres oír y lo que no; percibirás que tú eres tan parte del universo como ese cuerpo que tienes, esas piedras, esos árboles, esas nubes, y los millones de galaxias que nos rodean; y también que no lo eres. 
Ni esto ni eso ni nada que llegues a atisbar; no lo intentes entender; o lo aceptas o si no se termina el juego divino en el que estás inmerso. Eso es lo que vieron aquellos ancestros nuestros, hace miles de años; los que hicieron estos agujeros en las piedras. ¿Podemos seguir comiendo?
−Tanto no verían que acabaron todos muertos
−Los ciegos se topan con las paredes de la ignorancia; el que ve no choca y se va por otro lado. Esos ancestros de las piedras, los buscadores de verdades, seguramente no queda ninguno; de los ciegos que golpean con palabras, insultos, y maldiciones, los encuentras por millones en cualquier rincón del mundo. ¿Ves algo ahora, Marc?
−Mejor me quedo cayado; que se me va a cortar la digestión
−Perdón por la filípica; cuando lleguemos a El Ganso os invito a una gran jarra de cerveza con limón para aliviar el calor y las malas impresiones
−Antes pasaremos por Santa Catalina y ahí os invito yo
−Cuando Jan está generoso, está generoso.


Una señora de avanzada edad se acerca hasta ellos tejiendo un calcetín de lana y les ofrece comprar unos pares.

−Gracias, señora, no los necesitamos. Estamos en verano y esos dan calor y pican
−Por eso mismo os los ofrezco, hijos; ahora que estáis a tiempo de conseguirlos. Cuando menos lo penséis tendréis en vuestro interior un frio de muerte y mucho bien os harán
−Para el frio se fabrican ahora mejores cosas, señora.
−De la frialdad que os hablo nos os librará ni la mejor fibra del mundo. Estos calcetines están ofrecidos a La Señora. Son semejantes a los que Ella misma hacía para venderlos y dar de comer a su hijo; y hasta los propios ángeles se hacían pasar por hombres y comprárselos y poderse aliviar de los horrores del gélido universo. Vosotros, gente ignorante, camino del cementerio, ¿no os queréis abrigar por tan solo unas monedas?
−Yo le compraré un par señora pero nos vamos ya.
−Anda con el suizo ¿no sois tan ahorrativos?
−Algo sé de pasar frio por dentro.
−Deme otro par a mí; señora.


Un buen rato más tarde y tomando una caña en un bar de Santa Catalina de Somoza, Jan se enfada con Marc por mostrarse como un ignorante y supersticioso al haber comprado unos calcetines que nunca va a usar.

−Un hombre con una cultura y formación científica como la tuya, y creyendo en cuentos de viejas. No paras de quejarte del peso que llevas y aún cargas con más.
−Allá tú con lo que creas pero el suizo no compró uno; compró dos pares
− ¡Ángeles!, ¿ves alguno entre las galaxias que estudias?
−No; pero algo similar me gustaría encontrar, y que hablar del frio inmenso que hay fuera de esta mota de polvo estelar llena de vida que habitamos.
−Aparte de eso; el rollo del suizo es raro ¿no?
−Hasta Clarisa nota algo raro. Está sentada con él fuera del bar charlando de esas cosas
−Da igual; sigamos caminando con él; a ver que nos cuenta. Podemos pasar una etapa divertida caminando por estas tierras y con este sol inclemente.
−Bueno, pues sigamos caminando. Pero que conste, Jan, que yo también pienso que somos algo más que simple materia animada por un montón de casualidades benéficas para nuestro punto de vista. Hay algo que se nos escapa. Y el suizo no es ningún tipo peligroso, aunque tenga esa pinta de chalado y sonría continuamente
−Sigamos hasta El Ganso a por esa jarra de cerveza que nos tiene prometida; tú ya has pagado esta ronda.


Una hora más tarde, en la terraza ajardinada de un bar, sentados en una mesa; Jan, extrañado, interpela a Clarisa sobre la extraña conversación que está manteniendo con Hans.

− ¿Pero qué es eso de lo que habláis? ¡No paráis de hacer números en las servilletas! Nos vamos a quedar sin papel en el bar
−Es el Ki de las nueve estrellas
−Si va de estrellas os ponéis con Marc que yo prefiero mirar las flores del local
−Es astrología japonesa y Hans me va contando, según ese punto de vista, cómo soy yo y hasta donde podría llegar en la vida
− ¡Uf! Para poder entender esas cosas tendría que estar con nosotros Park que es coreano
−Esto es japonés. Como si fuera una regla de cálculo. Introduces los datos y te da una interpretación. Por ejemplo el número de vida que se obtiene de la fecha de nacimiento o el número de alma que se saca del nombre y apellidos que tienes
− ¿Y qué obtienes sumando cifras y letras?
−Algo para meditar
−Pues prueba con la tabla de logaritmos
−Probare yo; que he mirado de sobra todas las plantas del lugar
−Te llamas Jan. Siempre tomando la iniciativa, en acción continua, la aventura te llama; y te lanzas sin pensar. Siempre de frente, ¡pero pobre del que te la juegue! Tú nunca pierdes o te das por rendido. Eres similar a Marc y a Clarisa, por eso vas con ellos y a mí no me has rechazado todavía. Ves algo en mí que te intriga. 
Si estamos en el Camino de Santiago es porque no nos conformamos, sobretodo interiormente, con lo que sabemos. Nos está pasando de todo en esta aventura y más cosas que veremos. Pero será mejor que prosigamos la marcha.
−Cuando lleguemos a Rabanal te presentaré a Park
−Ya le he visto con vosotros y me parece que sé de qué va. Los que no os enteráis sois vosotros. Ese chico es un fuera de serie
− ¿A qué te refieres?
−Seguís el Camino o la vida como los peces siguen la corriente del río. Podéis volver atrás pero no salir de su cauce; pues no sois conscientes ni de vosotros mismos ni de lo que os empuja. La mejor decisión es la de Clarisa: sentarse, cerrar los ojos; y mirar. Ya va viendo algo; y más que verá.
−Solo hay un camino; el que se hace al caminar. Nos vamos.
−Si quieres discutir en ese tono busca a uno que disfrute con ello, pero si quieres saber mejor estás callado que la fuerza se nos va por la boca o algo similar ¿seguimos juntos hasta Rabanal?
−Vale
−Bien, pero que no sea a paso militar
−De acuerdo, yo iré delante con Marc. No os rezaguéis o no encontrareis litera en ningún albergue. Y, por favor, deja ya de sobarnos; parece que nos dieras pases mágicos o algo por el estilo
−Disculparme. No hay mala intención en lo que hago; mis abuelos eran españoles y aquí la gente es así de expresiva.

Caminan durante otra hora y media al borde de la carretera, entre pinares, viendo saltar las liebres y cazar a los azores. La tarde es cálida y luminosa, los sonidos del monte son livianos y agradables, corre una ligera brisa del norte y caminan silenciosos disfrutando del paisaje. 


Al llegar al pueblo buscan acogida en un albergue y apenas conseguido hacen cola para ducharse. Marc prefiere aprovechar para lavar todas sus ropas y se queda el último de la cola. No le importa el agua fría una tarde como esta. Incluso la agradece. Algo bulle en su cabeza; algo que trae de Francia. Algo que vio pasando por su frente, de izquierda a derecha, cuando Hans le cogió la mano; reyes, condes, marqueses, matándose o fornicando por los rincones asquerosos de los castillos lujosos a orillas del Loira. Tramas inconfesables, asesinatos, crueldad infinita. 


Sentado en el jardincillo, en bañador y chancletas, espera que el último termine de ducharse para poder hacerlo él con tranquilidad; cuando ve venir a Hans con sus coloristas pantalones y una camiseta incalificable para sentarse a su lado.

−Muy curiosa la esponja que utilizas, Marc; le hace a uno pensar en muchas cosas
− ¿Por ejemplo?
−Tiene una forma similar a las fotos que nos muestran el universo
− ¿Qué sabrás tú del universo? Aún estás como los que hacían agujeros en las piedras
−Yo también busco la guarida del dragón que se come al sol o la luna cada cierto tiempo
− ¿No sabes cómo se producen los eclipses?
−Yo sí y mis ancestros de los pedruscos también. Ponle un poco de imaginación a la vida. ¿Vendrás al rezo de vísperas?
−No estoy para escuchar ni curas ni monsergas. Ese templo no es más que cuatro paredes mal puestas que cualquier día se vienen abajo
− ¿Cómo tendría que ser el edificio para que quisieras ir un día cualquiera a cualquier hora?
−Sin pared norte o que fuera de vidrio, en campo abierto; que pudiera ver surgir las estrellas del cielo al caer la tarde, y poder quedarme a contemplar la Polar toda la noche si quisiera
−Verías así llegar el dragón con su cola arrastrando las estrellas del cielo
−Cuentos mesopotámicos. Una serpiente o dragón se enrosca en el árbol celeste del cual cuelgan las estrellas del cielo
−Eso mismo es lo que representaban los hombrecillos que nos precedieron pasando por estas tierras dibujando laberintos en las rocas. Eso es lo que veían y buscaban por las noches contemplando el cielo. No sabrían lo que es una galaxia pero de ver sabían un rato
− ¿Con qué ojos miraban?
−Con los mismos que tú ves el pasado de tu alma. Estaban inventando o descubriendo los números y cómo funciona el cerebro humano.
−Pues casi estamos igual. Hay un universo de cifras rodeándonos y casi nadie es consciente de ello.
− ¿No hay una línea o árbol central que nos sirva de guía en ese universo numérico?
−La de los números primos. Es la que hemos seguido estos últimos siglos para construir nuestro mundo científico y tecnológico
− ¿Cómo si fuera la espina dorsal del conocimiento y a partir de ella fuera desarrollándose un cerebro de datos?
− ¿Nuestro cerebro es nuestro universo? Tú no sabes lo que dices.
−La gente antigua funcionaba a base de imágenes, visiones; nosotros cada vez más con cifras, números, bits. Así nos va.
−No; si va a ser mejor tirar los teléfonos y ordenadores y volver a las cavernas a hacer pinturas.
−Date una buena ducha que falta te hace; a ver si descargas esos malos humores y olores. Nos vemos más tarde.
−Confío que no; empiezas a caerme mal.
−No importa; recordaré tu olor personal durante años. Y deja en la ducha esas sensaciones negativas que tienes
−Quizá tengas razón; dentro de un rato ya lo habré olvidado
−Nada permanece mucho tiempo; ni aunque lo desees. Lo que dejes en la ducha se irá pero algo tuyo permanecerá; seguirás estando con nosotros, y al mismo tiempo no será algo tuyo personal si no ajeno lo que camina por el mundo. Reflexiona mientras te duchas.
−Lo que yo digo: otro como Park; siempre poniendo acertijos incomprensibles.
−Vale, pero no te preocupes tanto por tu aspecto exterior. Si nos vemos más tarde, en la cena, podemos charlar de misterios y de noches al raso contemplando las estrellas.
− ¿Por qué pasas tanto de la gente?, de lo que pensamos o cómo actuamos
−Por casualidad observé cómo actúa la gente, -de modo casi inconsciente-, y también cómo algunos, más listos o mejor informados, manipulan a la mayoría con sus tejemanejes. Por decisión propia decidí evitar tanto a unos como a otros y no dejarme arrastrar ni por unos ni por otros. Tomé mi saco y me puse a caminar.
Los niños me tiran piedras, los viejos me insultan a la cara, los perros me muerden en las pantorrillas, pero sigo caminando; fuera del río, hacia el verdadero ser, la trascendencia, y el ocaso del hombre. Todo esto que hacemos no son más que tonterías. Esta noche tomaremos vino y veremos brillar las estrellas en los ojos de Clarisa.
−Eso sí que merece la pena; anda vete a misa o a donde quieras, cuentista.
− ¿Acaso tú no ves nada cuando cierras los ojos? ¿Y ese templo del que hablas? ¿Y esa gente que pasa por tu mente?
− ¿Qué ves tú?
−Algunas veces una mezquita inmensa
−Entonces te presentaré a Esteve que siempre anda viendo catedrales
−De acuerdo; a ver si hay suerte y esta noche ves al menos una estrella en ese estupendo cerebro que tienes
−Y tú te pones algo más presentable por lo menos para cenar.
-Hasta luego.

 Bueno; dado que tanto esta gustando esta versión para ipad y tabletas electrónicas os dejo otro cuento mas del Camino de las Luciérnagas.
Espero que disfrutéis pues mi trabajo me está llevando.
Para saber más sobre el tema de los petroglifos en La Maragatería nada mejor que visitar el estupendo blog de Juan Carlos Campos, un gran experto en el tema y al que tengo la suerte de conocer:http://tierradeamacos.blogspot.com.es/
Escribí este cuento años antes de que Juan Carlos sacará su libro http://tierradeamacos.blogspot.com.es/2011/11/seguidores-este-blog-lo-largo-de-estos.html
Pero me vino muy bien su lectura y en cuanto pueda liaré a algún amigo para ir por la Maragatería de exploración fotográfica.
Al que le interese conocer la astrología japonesa le recomiendo visitar esta web donde lo explican bastante bien: http://www.amalur-zen.com/blog/el-Ki-de-las-nueve-estrellas

  Yo tuve la gran suerte de compartir Camino con una de las mayores expertas en el Ki de las 9 estrellas de toda Europa.
¡Cuánto nos reíamos!