jueves, 13 de septiembre de 2012

Capítulo cuarto para su lectura de Una mariposa con tres alas.

   Un día charlando con un lector de Camino de las luciérnagas me comentaba de la complejidad y espesor de algunos de mis cuentos. Demasiadas imágenes oníricas, referencias culturales, e ideas en todas direcciones; me insistía.
Remató el tema pidiéndome que escribiera un cuento final lleno de fantasmas, ovnis, civilizaciones perdidas, enigmas históricos. Cosas de ese tipo.
Me hizo gracia la sugerencia; y no la eché en saco roto.
En este capítulo es Park, el intrigante peregrino surcoreano, el que toma el testigo para asombrarnos con alguna de sus historias.

Espero que despierte vuestro interés.



Capítulo  4



Dejemos que sigan caminando estos intrépidos peregrinos hacia la escondida playa de Nemiña; y volvamos a Padris donde encontramos a nuestros cinco viajeros sentados en la terraza de una estupenda casa rural, engullendo chuletas y salchichas alemanas sin parar.
¿Qué ocurrió para llegar a este estado tan aceptable de cosas? Pues que al llegar los cinco peregrinos hasta la casa rural Sebastián entró en los jardines del edificio para solicitar unas botellas de agua y algo de comida para sus compañeros; y fue inmediatamente reconocido por un matrimonio madrileño que tiene este mes alquilada la casa rural para ellos y sus tres hijos.
Él es un conocido cirujano madrileño (¡ha hecho el Camino tres veces!) y ella azafata de líneas aéreas (anduvo el Camino una vez, de novios, con el que es ahora su marido; y todavía recuerda la experiencia)
Una vez se han sentado bajo techado, en una gran mesa y bancos de piedra son presentados y agasajados. Park y Jan llaman la atención, Ñito es muy afable y gracioso, pero Glenn, ¡Glenn es astronauta! Los chavales no paran de ir y venir trayéndoles agua, refrescos, cerveza, de todo.

−Muchas gracias, es usted un estupendo anfitrión. Tan solo buscábamos algo de agua y comida. Creíamos que por aquí había un bar.
−El bar mas cercano está en Lires; y andando tardaríais casi un par de horas en ir y otro tanto en volver. Quedaros con nosotros y nos contáis cosas del Camino.
−Además, Sebastián; como no te vamos a reconocer si mi marido es un enamorado de la vela. Tiene su chalupa, como él la llama, amarrada en el puerto de Fisterra y en cuanto puede se escapa. Siguió tu vuelta al mundo casi en directo; día a día.
−Bueno, pues muchas gracias. La verdad es que no sé qué decir; con tanto agasajo.
− ¡Cuéntanos algo del Camino! Le dicen los peques.
−Soy un hombre del mar y no se contar historias, pero mis compañeros son estupendos relatando cuentos y sueños extraños. Alguno se podría animar. ¿Glenn?
−A mi no me mires; que todavía estoy intentando asimilar lo del universo floral. ¡Se me ha ocurrido cada cosa caminando con vosotros! ¿Esa música que suena es Frank Sinatra?
−Sí, a mi marido le encanta. Bueno, no importa; cuando terminéis con las salchichas a la brasa y pasemos a los cafés tal vez alguno se anime a contar alguna de sus experiencias. Los niños se van a ir a dormir la siesta ahora mismo ¿verdad?

Y los peques, obedientes, dejan de retozar por el jardincillo y se van al interior de la casa. Minutos después están los cinco peregrinos y su pareja de anfitriones sentados a la sombra y tomando café de puchero; a la antigua usanza.


−Bueno, me parece a mí que va siendo hora de que Park, que ya está bastante alegre con los dos carajillos que se ha tomado, nos cuente una historia de las suyas (¡terroríficas!) ¿Estáis de acuerdo conmigo? Ahora no hay niños, tan solo peregrinos. ¿Te animas, Park?
−Estaba pensando contaros alguna historia de mi tierra, Corea del Sur, pero por mas que lo intento no consigo despejar de mi cabeza un sueño que tuve al día siguiente de marchar de Compostela. ¿Cómo se llamaba el pueblo?
−Negreira. El albergue a las afueras del pueblo, en lo alto de un monte. ¡Vaya noche! No sé si alguno dormiría algo.
−Ese sitio. Yo si conseguí dormir algo, a pesar del calor y la humedad. El caso es que con todo el jaleo que había en el albergue, dentro y fuera, conseguí quedarme entrevelado. 
Apenas me entra el sopor que precede al sueño me veo contemplando una pelea entre algo que llamaría un escarabajo y un mierdajo. Una cosa muy extraña; eran como dos diferentes naturalezas de una misma cosa peleándose entre sí. Pero al fin me quedé profundamente dormido. Y esto es lo que recordé al despertar.


Me encontraba caminando por el interior de una inmensa gruta; la mayor de las cavernas que os podéis imaginar. Una extraña claridad me permitía ver las cosas casi como os veo a vosotros y la casa ahora a mismo; y sin embargo la gente caminaba como a oscuras. Había de todo en el interior de aquella inmensa oquedad; enormes edificios y pantallas inmensas anunciando objetos de consumo rápido. Las gentes caminaban de un lado a otro como a trompicones, chocando unos con otros, y los ojos entrecerrados.
Yo regresaba del trabajo, agotado y sudoroso, y al entrar en lo que sentía como mi hogar me desnudaba y metía en la ducha directamente. Apenas apretaba el mando del agua y comenzaba a caerme el chorro una miríada de insectos, arañas, ¡yo que sé! Se abalanzaban sobre mí, saliendo de todas partes, y comenzaban a picotearme. Yo apenas podía defenderme frotándome fuertemente la piel entre tanto picotazo como recibía; y de vez en cuando miraba a la alcachofa y suspiraba: ¡Agua, dios bendito, mas agua! Al fin, agotado, salía de la ducha y me iba a mi pequeño cuarto totalmente desarmado y agotado.
En una gran fuente de cristal había un buen surtido de frutas; algo me llevó a tomar en mis manos una preciosa manzana. Cuando estaba a punto de hincarle el diente una voz interior me advirtió: ¡quieto! Mírala con atención. Y ahora mira todo lo que hay a tu alrededor. 


Las paredes del piso se habían vuelto transparentes. Podía ver las gentes como tú y como yo caminando de aquí para allá, entrando y saliendo de los edificios. Y en cada casa las frutas. También veía como sucedían otras cosas que prefiero no relatar. Yo miraba y miraba a todas partes de aquella inmensa caverna y observaba el caminar somnoliento de las gentes hacia los hogares; hincarle el diente a unas frutas u otras, y después cometer los más horribles crímenes que jamás debí ver o soñar.
Llegó un momento que mis tripas se revelaron y caí al suelo dando espasmos y patadas en círculo. No sé cuanto tiempo duraría esto; pero en cuanto me recuperé salí corriendo de mi pequeño piso en una dirección por donde intuía que entraba la claridad.
Sorteaba o saltaba por encima de las gentes, de todas las etnias, edades y tamaños. Corría, corría despavorido, apartando a unos y otros; y seguía subiendo, subiendo una interminable rampa. Por todas partes pantallas inmensas. 
Casi al final de la misma me encuentro con un grupo de guerrilleros de aspecto terrible y fuertemente armado que me detienen. Me observan de arriba abajo, me cachean, y me dejan continuar mientras ellos se lanzan aullando y disparando a todo lo que se mueva pendiente abajo.


Al fin salí de la gruta. Allí no había nadie. No había nada. Tan solo una oscuridad agradable y acogedora. Me acosté en el suelo descansando, durmiendo, llorando.

−Caray, ¡vaya cuerpo nos has dejado con tu relato! Estoy por marchar ya directamente a la playa y darme una buena zambullida.
−Espera un poco, Sebastián, que no hay prisa.
−Es que he sentido miedo escuchándole.
−Sí, es verdad; nos ha pasado a todos. A Park se le ha quedado la cabeza tan reluciente como una calavera de cristal ¡y con la misma sonrisa!
−Acertaste, Ñito, es ahora nuestra calavera de cristal y cuidaremos que no le pase nada. Pero, ¡cuéntanos algo con esa gracia tuya!
−Pero que no sea otro recital de chistes de gomeros; todavía me duele la mandíbula y la barriga del que nos distes anoche.
−Yo tampoco estoy para chistes. Estoy amodorrado con el calor y los chupitos. Si pudiera me echaba en ese césped a dormir la siesta.
−Por supuesto, puede usted echarse a la sombra de uno de los setos mientras los demás seguimos de charla.
−Pero antes nos cuentas una historia del Camino o no te dejaremos dormir.
−Una historia, una historia, una historia. 
Recuerdo que al llegar a Rabanal del Camino, una tarde calurosa como ésta, me eché a dormir la siesta, tras lavar mi ropa; y ya no sé si lo escuché entrevelado o lo soñé.
− ¿Y de que se trata?
−Un cuento de Navidad. Así escuché decir en mi ensueño: Esto es un cuento de Navidad.


Son como escenas que me vienen a la mente y os la voy a relatar una por una:
Cuento de navidad
 El Carnero encuentra a La Madre, fuente de vida espiritual, oculta en la naturaleza; y se esconde.  Permitirá que derramen su sangre pero tiempo después lucirá con una luz como jamás se vio en este mundo.
El mundo del hombre y sus bestias se halla aún aprisionado entre las dos visiones divergentes de ver las cosas. Material y espiritual. Nada se comparte y todo es avaricia y codicia.
Dos hermanos de fe comenzaran a escribir y dejar constancia de sus obras y su manera de ser. La Revelación os quedará por escrito.
Todavía la destrucción y la muerte gobiernan el destino de los hombres. El gran imperio rige el destino de los peces.
Pero el emperador es victima de sus vicios y su sinrazón. Su reino será pasto de las bestias y hogar de los bárbaros.
La gran matrona comienza a ser respetada. En su mano derecha porta un ramo de frutos y en la izquierda el ramo de la vida.
Pero esta civilización se derrumba reducida a montones de piedras y el pez deberá aguardar un tiempo mejor. ¡No llores por el mundo perdido! Llegará otro mejor. Aguarda. Un breve tiempo de oscuridad.
Pasado el Milenio vuelve el hombre a construir sobre las ruinas del mundo anterior. El pez y la esfera no han dejado de pugnar por realizar su obra.
Con calma el hombre sabio medita y suma; en su balanza pesa las cosas y observa el porvenir. ¿Qué nacerá que merezca la pena confiar?
Un poderoso anticristo aparece en Asia protegido por la serpiente. Todo está a su favor bajo su orla triunfal.
El nuevo rey que aparece elegirá el camino de la guerra. Como un león campeará por todas partes sin poder ser detenido.
Otro nuevo emperador surgirá en Europa, tras largo tiempo, que logrará gobernar las voluntades ajenas y expulsar a los seguidores del rey escorpión.
 Viene después un tiempo de razón y esplendor humano. El mas sabio, el mas fuerte, llegado a su límite natural vierte sobre los demás hombres todo su ser y su saber; en la esperanza de alcanzar un mundo mejor y más humano.
Ahora estáis en el tiempo en que el hombre, despojado de todo lo superfluo y accesorio, si se convierte a la Verdad Suprema, trabaja y escribe; sabrá que el mundo tumultuoso, lleno de ignorancia y vanidad no durará. 
Pasará por encima de las circunstancias diarias como un barquero navega sobre las aguas plácidas de un mar de coral.
Recordar esto: ¡Feliz Navidad!


−Estupendo cuento, Ñito; ya te puedes echar en la hierva. Te avisaremos cuando empecemos a caminar.
−No tengáis prisa; que el grupo de Esteve todavía está en la playa de Nemiña. Pararon a comer algo.
− ¿En la playa de Nemiña? Tardaran horas en llegar hasta aquí. Son casi 13 kilómetros de carretera.
−No sé qué harán, siguen a Simón; que nunca mira ni señales ni flechas amarillas ni nada. Aparece y desaparece constantemente.
−Sí; ese tipo tan curioso a veces me recuerda al chiflado que encontramos camino de Cee. ¿Os acordáis? ¿El que llevaba en brazos un tiesto con una planta? Una acedera; me parece que me dijo que era.
−Yo sí me acuerdo de aquel tipo. Transportaba la planta consigo a todas partes y de vez en cuando comía una hojita; cuando llegaba a un cruce de caminos preguntaba a la planta por donde seguir. ¿Desde dónde nos dijo que venía haciendo el Camino?
−Desde Vitoria. El mundo está lleno de chiflados; especialmente en las élites dirigentes.
− ¡Eh! ¡Eh! Nada de políticos que estamos la mar de bien. ¿Otro chupito?
−Otro mas y nos echamos los cinco con Ñito a soñar con las sirenas varadas en las playas del fin del mundo.

 En los últimos años he coincidido haciendo el Camino de Santiago con muchos jóvenes venidos de Corea del Sur. Gente extremedamente bien educada y cordial; con la que da gusto compartir albergue y charlas peregrinas. 
Supongo que algo de cada uno de ellos tiene algún reflejo en el personaje de Park. Sus miedos e ilusiones. Gente muy aplicada en sus estudios y muy trabajadora; de amplia cultura general. Pero que también andan por el mundo bastante perdidos y sin saber muy bien a dónde se dirigen o nos dirige esta sociedad consumista y consumidora de almas humanas.

La casa rural donde transcurre el capítulo existe realmente; en esta dirección podéis informaros: Casa Playa de Rostro

Y no puedo evitar terminar esta entrada con una Canción para el Camino. De Frank Sinatra, por supuesto, y que puede venir muy a cuento con la historia que relato.