sábado, 18 de agosto de 2012

Recuerdos desde Abisinia, querida amiga. Carta Marrueca.




Asunto: Gracias por tu felicitación de cumpleaños.

En respuesta a tu estupendo mensaje de felicitación te escribo cuatro líneas antes de que se funda el disco duro o la placa base. Sí, ya sé que te alarmaste bastante al volver a Alaska, después de tus vacaciones en Europa,  y encontrarte el Casquete Polar derretido; pero eso no es nada. Para fundirse y derretirse a conciencia hay que pasear por mi Abisinia natal. Te cuento.
Ahora estamos mejor, esperando la siguiente ola de calor y sacando a La Virgen en rogativa para que caigan cuatro gotas un día de estos, pero mejor. En el trabajo bien; bien porque todavía tengo un puesto de trabajo que está esto como para quejarse. 
Llego la otra tarde al taller: que tienes que echarle agua a una máquina que ha llegado hace un momento y se ha quedado seca. Voy a comprobarlo, 38 grados a la sombra, no te lo pierdas, y el interior de la máquina estaría como a 200 grados; se evaporó el agua que llevaba. Hay que rellenar. Una hora mas tarde la máquina se habrá tragado 2000 litros de agua para lograr bajar la temperatura (deben traerla del manantial de Avéne por lo que nos cobran por ella) y yo habré sudado cinco litros por lo menos. 

¡Hay que hidratarse! (consigo llegar a pensar) Eso, eso, hidratarse, me responde el encéfalo. Caminito hasta donde Honorina y caña pal cuerpo. A la segunda consigue llegar algo de líquido al mesencéfalo y refrescar el bulbo raquídeo: ya comienzo a oír algo. 
En las mesas de al lado los jubilados están dándole al tute y la brisca y comentando. 
-Ya estamos en agosto, ¡se acabó el verano! 
-Veranos los de antes, cuando estábamos segando. 
-Eso si que era pasar calor y estar currando. (Vale, pillo la indirecta y me marcho pitando) 
De camino observo una espesa y densa nube de humo que surge del centro de la ciudad. Intento informarme utilizando el radioteléfono:
− ¿Sabéis de donde sale esa humera?
− ¡Son las barricadas en el centro de la cuidad; ha comenzado la revolución!
Vale, usaré el teléfono: ¿Sabes…?
− ¡Han prendido fuego al ayuntamiento! Lo próximo la diputación, el obispado,… 


Vale, vale, miraré en internet con el teléfono: Arde La Gomera, Tenerife, Alicante, Valencia (¿pero no la habían abrasado entera?) Orense, y no sé cuantos Parques Nacionales que todavía nos quedan por arrasar. Bueno, esto de aquí será solo una hoguera. A seguir trabajando. Esto es el día a día en mi llorada Abisinia.

Son las 12 de la noche y ya estoy en casa, esperando a mi esposa; y buscando noticias frescas por la red. Mi hermano:
−Que mi esposa, esta mañana, cuando iba a trabajar, estornudó y se le salió el volante del auto. Se fue directa contra un árbol 
−Eso no es nada, hombre. Chapa y pintura, chapa y pintura. A dormir y hasta mañana. (¡Uff! Verás; con la piñada que tiene la morena la factura va a ser astronómica)
 −Que descanses; me contesta.
Eso quisiera yo pero la temperatura en la sala no baja de 26 grados centígrados. Hidratarse, hay que hidratarse, me recuerda el cuerpo calloso en conexión constante con el hipocampo. Atacando a la botella de horchata; vaso largo, eso, eso, vaso largo. 
Llamo a otro hermano a ver cómo anda la cosa. No se pone y me responde la cuñada:
−Que está todo preocupado porque ha vuelto la niña de las colonias y tiene la piel negra; parece keniata.
−Dile que recuerde cuando iba él de campamentos a la montaña y volvía con costras en brazos y piernas de cómo se torraba. Venga, a dormir y ser buenos; el año próximo, si puedo, le pago yo a la niña un mes en los campamentos saharauis. Así, aparte de aprender a sobrevivir a estos calores en los próximos años, nos podrá enseñar a sus tíos a usar turbante. Que falta nos va a hacer de aquí en adelante.
¡Pero no refresca en este pueblo! A ver que cuentan en las redes sociales ¿? Nada, lo de siempre. Se quejan de que los políticos, (a los que han firmado un cheque en blanco por cuatro años) hacen de su capa un sayo; y siguen robando. ¡Cuando espabilará esta gente! Sigamos; ¡Umm! Fotos de gente buscando comida en los contenedores de basura; chistes sexuales, parasexuales, y simplesexuales. 
¡Ah! Virus virales que entraran en tu ordenador si aceptas una invitación a una fiesta de onanistas emocionales. Pues va ha ser que no. 
Esta si que es buena: Invitación a entrar en la Nueva Iglesia Transformada de la Sidrología ¿? 
Solo hay que jurar los mandamientos perpetuos, comprarte un isidro, y pagar cuarenta cajas de sidra Cimeria mensuales hasta el día que te mueras. Salvación asegurada.


¡Erggg! Pues va a ser que no. Me veo dentro de cuatro días atropando manzanas y durmiendo en un lagar para pagarme eso. Sigamos… Consejos de Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta, Krisnamurti. Gente de la India, estos sabían lo que es pasar calor; habrá que leerlos. 
A ver ésta idea de unos frikis avanzados: “Ideas para rediseñar a los seres humanos y hacerlos mas sanos” ¿Qué dice? ¡Ah, ya! Hacer yoga en pelotas rezando a los santos. Estoy yo como para cruzar las piernas.
Ya llega mi esposa. Atento el lóbulo central y Tálamo en guardia; 
− ¿Qué tal, cariño? ¿Qué calor hace, verdad? ¿Por qué no enciendes la tele?
−Con las noticias que dan prefiero no calentarme.
− ¿Qué cenaste con esas amigas americanas con las que saliste por el Barrio Húmedo?
−No me hables, no me hables, y no te acerques mucho. Comida tipical spanish querían las buenas mozas. Primero un vinito blanco acompañado de una tacita de salmorejo, después raciones de gambas al ajillo; pasamos al vino tinto y piden ¡conejo al ajillo! De remate y postre tarta de morcilla leonesa. 
Venía de vuelta a casa sintiéndome como Vincent Price en aquella peli italiana “L´ultimo uomo della terra”. El olor a ajo debe de atravesar las paredes, ¡me parece que siento a los vecinos picando en la puerta!
−Era el día de tu cumpleaños; tenías que celebrarlo.
−Bueno pues si las cosas van mal buscaré trabajo de caza vampiros.
−No empieces a hablar de los bancos y acuéstate que mañana tienes que trabajar.
Un abrazo Martha, y disculpa a este pesado.



Ladmis Pan