viernes, 27 de julio de 2012

Un aussie en Castilla. El cuento completo.

Un aussie en Castilla es un cuento para las luciérnagas que terminé hace poco tiempo. A veces ocurre ésto: empiezas un cuento y parece que nunca lo vas a terminar; otros nuevos aparecen y éste se queda en un rincón, olvidado, hasta que algo te hace recordar el tema y decides continuar.
El tema del relato es simple; el choque de culturas que de continuo se produce en nuestro mundo. Un norteafricano, un australiano (el aussie), y dos europeos debaten durante un rato sobre intereses comunes, historias paralelas, el sentido de la vida, y si hay un mas allá.
Simple y lineal. Su fácil lectura espero que os llegue a agradar.
Por cierto, el pueblo es Ledigos, provincia de Palencia. Por si alguno iba a preguntar.


              Un  Aussie en Castilla

           Es una tarde calurosa en una tierra hermosa y casi tan seca como aquella de la que provengo. Hay aperos de labranza abandonados en la colina como en una especie de exposición al aire libre ¿Y qué más hay para ver en este pueblo? ¿La puesta de sol?


Se entretiene el peregrino dibujando con una varilla en la tierra  junto  a unos viejos arados. Son formas extrañas y poco claras. Ensimismado con sus trazos en el duro suelo no ve lo que se le viene encima hasta que siente un golpe en las piernas. Al mirar detrás suyo encuentra a su lado un par de enormes mastines que parece que quisieran jugar con él. ¿De dónde han salido? Se pregunta mirando hacia el pueblo.
−Disculpe, señor, a mis perros; no le harán ningún daño.
Es un pastor trashumante que se acerca caminando con tranquilidad. Le sigue un rebaño de ovejas y le acompaña un pequeño y lanudo perrillo que no deja de correr tras las ovejas. Lleva una gorra de beisbol en la cabeza, una mochila grande y vieja, tipo militar, y una manta de lana enroscada al torso.
Tiene una piel muy oscura y rasgos norteafricanos; con una larga vara va dirigiendo a perros y ganado sin apenas levantar la voz. Aparece el carnero con su gran esquila y el pastor lo pone en cabeza del rebaño con los mastines flanqueándolo para que las ovejas paren de caminar y aprovechen a comer un poco de las trincheras del camino sin bajar a la carretera comarcal.
− ¿Qué estás dibujando, amigo rubio? ¿Hablas español?
−No tan bien como tú, amigo. Un par de cursos en DVD de español para extranjeros y muchos vídeos en esta lengua preparándome para esta aventura.
− ¿De qué aventura me hablas?
−Estoy recorriendo el Camino de Santiago con los peregrinos. ¿De dónde eres? ¿De qué país?
−De Argelia; de una región del suroeste. ¿Qué dibujas en el suelo?
−Es la serpiente del arco iris. La madre del mundo.
− ¿Eso es cristiano? Nunca oí hablar de ello.
−No, son imágenes de los aborígenes australianos; el país del que provengo. Pintaban estos símbolos hace miles de años por cualquier rincón del desierto. Mucho antes de que llegaran los europeos y su Cristo.
− ¡Ah! Ya entiendo. También en mi país hay dibujos muy antiguos pintados en las grandes piedras del desierto; son anteriores a la llegada de los árabes y su Mohamed. También hay cosas similares en otros lugares del mundo.
−Pareces un chico muy culto para ser un pastor.
−Estudiaba ingeniería industrial en Argel pero no pude pagar la matrícula del curso pasado; tampoco podía con los demás gastos. Ni mi familia. Así que vine a España para ganar el dinero suficiente.
− ¿Pagan bien?
−Pagan, pero poco.
−Entonces tendrías que ir a Australia. Deberías saber  hablar inglés, conducir autos y motos,…
−Aprendo rápido, amigo. Pero debo dejarte con tus dibujos; el rebaño no espera.
− ¿Vas a atravesar el pueblo?
−El pueblo y la carretera nacional para pasar la noche en los trigales del otro lado. Es donde me han dado permiso para pasar la noche.
− ¡Vaya! Pues vas a estar muy cerca del albergue. Te acompaño. No tengo pinturas coloreadas para continuar con los dibujos.
− ¿Por qué pintas monstruos? Eso ofende a Dios.
−Son los dibujos de la gente primitiva. Es así como explican la creación del mundo y del hombre. El tiempo de los sueños.
−Ya, ya; también en Tassili, en mi tierra, hay cosas de esas tan antiguas. Las he visto en fotos y un tío mío los ha visitado alguna vez.


− ¿Qué es tu tío?
−Comerciante. Atraviesa el desierto con sus camellos; muchos camellos. Somos beduinos.
− ¿Y qué opina de esos dibujos?
−Dice que son escenas de caza que hicieron los ancestrales. Cazando animales y adorando a monstruos desconocidos
− ¿Por qué los llama monstruos?
−Mi tío dice que son grabados de los principios de los tiempos; de cuando El Señor ¡Sea siempre loado! infundió su hálito de sabiduría en los seres humanos. Pero no eran nada inteligentes y siguieron adorando a la naturaleza y soñando monstruos. Perdona, tengo que atravesar las calles del pueblo. He de ir con cuidado o sufriré un atropello en el rebaño.
− ¿No pensarás igual que tu tío, verdad? No son más que supersticiones.
−Mi tío y yo somos tan solo un par de beduinos en lo alto de la cárcava mirando a las águilas; a nuestros pies se extiende, enorme y lejano, el río de la vida marchando al futuro.
−No te entiendo. Si estás por ahí cerca tal vez te vea después de la cena
−Sería un regalo del Señor que un peregrino cenase conmigo
−Gracias, amigo. Solo soy un turista y ya tengo la cena encargada. La comparto con un grupo de compañeros; pagamos a escote. ¡Podrías cenar con nosotros! Donde cenan siete cenan ocho.
−Gracias mil, hombre rubio; pero no puedo perder de vista al rebaño. Tal vez nos veamos cuando salgan las estrellas
−Seguro; iré a verte cuando termine de cenar. Iré cuando se vaya el sol.
−Vendrás con las estrellas; el sol brilla en tu corazón.
− ¿Esto? Es un teléfono celular de última generación. Míralo.
−Si miras las máquinas no conocerás las gentes; ni entenderás a los de antes ni los de ahora.
−Gracias a este aparato tengo cientos de amigos y seguidores
− ¿Y a cuantos les has dado la mano e invitado a cenar bajo las estrellas?
−Vale; a tres o cuatro. Joder con el ingeniero; llevas mucho tiempo con el ganado por el monte para saber cómo nos relacionamos ahora. Con este aparato hago amigos por todo el mundo.
− ¿Sientes sus emociones como noto yo las de las ovejas?
−La mayoría de ellos tienen buenos estudios y muy desarrollada su inteligencia emocional.
− ¿Inteligencia?... ¿emocional? No será mayor que la de mis perros que se emocionan constantemente. Y muerden.
−Bueno, vale, no lo entiendes; te lo explicaré mas tarde. Nos vemos.


El pastor ha cruzado la carretera nacional y sale del pueblo por una pista forestal silbando a los perros. El peregrino marcha meditando para el albergue donde le esperan para cenar mientras el sol se acuesta por el poniente mesetario.
Una hora mas tarde el sol se ha puesto sobre las montañas de León y tres peregrinos chispeantes abandonan el albergue y atraviesan charlando la carretera para salir a campo y reunirse con el pastor. Es una noche sin luna, estrellada  y oscura como pocas se han visto, calurosa, amigable. Ni un coche cruza la carretera, ni un alma se oye por el pueblo. El australiano va jugando con su móvil o leyendo mensajes de sus amigos en la red. Cada poco para y les comenta alguna noticia o chascarrillo de algún lugar del planeta.
−En este pueblo están muy atrasados. No hay más que verlos.
−Mira, aussie, se te ha subido el vino a la cabeza y no sé si no harás un disparate. Contrólate. Esta gente es igual que la de tu país y comarca.
−De acuerdo; no me muestro muy racional con tanto vino. No estoy acostumbrado. ¡Podríamos haber traído una botella para el pastor!
−Pero no nos has dicho que es argelino; te podría dar con ella en la cabeza. Por ahí se escuchan las ovejas ¿Y dices que estudiaba ingeniería?
−Sí, pero el tío se cisca en tanta tecnología como utilizamos. Dice que no tenemos inteligencia para tanta maquinaria.
−Estoy de acuerdo con el moro. Tú y Carl no sois más que críos jugando y divirtiéndose con cuarenta trastos a la vez y cualquier día iniciáis la tercera guerra mundial como si fuera un juego virtual. No habéis visto la muerte cara a cara y no sabes lo que es matar; ni lo que implica.
−En eso, Marcial, tú eres el experto. Yo solo os acompaño para oír hablar de las estrellas y los pueblos antiquísimos. De la edad de piedra.
−Pues a buen sitio has ido a parar. España. Si hubieras entrado, al pasar, en el museo de Atapuerca verías las cosas mas claras. Somos una raza de cazadores y nos escasean las presas. Nos volvemos los unos contra los otros. Para ver eso no hace falta tener ni televisión ni redes informáticas en el teléfono. Lo llevábamos en la sangre. Ahí delante está el rebaño. ¿Qué son, churras o merinas? aussie.
−Son churras, español. Las merinas están todas en Australia. Un gran regalo de Castilla que nos hizo ricos a los australianos.
−Pues ahora llevaros unos cuantos toros bravos y seréis tan millonarios como los toreros. Lo tenéis fácil. Con lo que os gusta hacer surf entre tiburones saldríais grandes matadores.
−Tal vez sea buena idea. Buscaré inversores.
− ¡Pero para ya con la tecla! A ver si te anima el moro y sueltas el cacharro.
− ¿Por qué le llamas moro? ¿No es despectivo?
−Pues imagínate si le llamo mahometano; me saca las criadillas y se las da de comer a los perros. Tú no sabes nada. Nuestros respectivos pueblos estuvieron en guerra constante y continua durante siglos y siglos, y siglos y siglos; bueno, desde Anibal o antes, y casi hasta nuestros días. Aún recuerdo bien lo que me contaba mi padre de la guerra de África.
−Guerra imperialista, colonial, de los españoles.
−Y si no nos imperaban y colonizaban ellos a nosotros; como en siglos anteriores. A ti te falta un hervor. Tendría que haber traído una escopeta.
−Bueno, callaros los dos; que no paráis de chincharos. Ahí delante está la tienda de campaña del pastor. Ya nos ha visto.
−Siempre pensáis en guerras los europeos. Y después que vengan otros a sacaros las castañas del fuego.
−Mira, muchacho; unos kilómetros mas adelante, mañana pasaremos por allí, después de una gran batalla con los moros en la que mis antepasados salieron victoriosos, los soldados recibieron la orden de plantar las lanzas a la orilla del río antes de volver a su casa. Al poco tiempo habían crecido chopos; ya verás cuantos. La sed de guerra con una gota de sangre se aplaca y después vienen las lágrimas y el clamar el perdón del cielo. Mejor que crezcan los abedules que no llagas en el alma. Aún no has visto nada. Bueno, ahí está el moro; a ver qué cuenta.
−Anda aussie, preséntanos a tu amigo pastor ¿no tiene miedo durmiendo él solo por campos y montañas?
−No, señor; tengo dos buenos ángeles protectores.
− ¿Y por dónde andan que no se les ve? ¡Estarán de ronda por el pueblo!
− Están aquí señor; sobre cada uno de mis hombros.
− ¡Ah, bueno! Son de los pequeños. ¡Cuánto sabe este moro! ¿Y te han salido buenos o rebeldes?
−Mis ángeles son del Señor, ¡Así sea por siempre! ¿Tomarán té los peregrinos? Soy muy honrado con su presencia. Usted es español.
−Y este otro alemán. Pon algo de té.
− ¿Les gusta esta música o apago el radiocasete?
−Deja la música que suene y gracias por el té. Son dos compañeros del Camino con los que he cenado: Carl y Marcial. Les dije que hablaríamos de estrellas e inteligencia.
−Observemos las estrellas tomando este té que yo mismo recogí en las peñas de dónde vengo. La inteligencia no la encontraremos miremos donde miremos. Ahí de frente, en lo más alto, tenemos la Polar y tres dedos mas abajo Kochab, la estrella roja.
− ¿Kochab?
−Es la estrella roja de la osa menor. Durante milenios guío las caravanas por los desiertos del mundo. Pero ahora es la que llamáis Polar la que está en el centro del firmamento. A vuestra derecha, hacia el naciente, veréis Arcturus, y al poniente podéis admirar Aldebaran. Sobre vuestras cabezas está el gran cinturón de estrellas que guía vuestro peregrinaje.
−El Camino de Santiago con sus millones de estrellas.
−Es la Vía Láctea, Marcial. Los españoles siempre renombrando todas las cosas del mundo
−Es el antiguo Camino de Hércules que devino, con la cristiandad, Camino de Santiago; nuestro Heracles nacional. No tenéis cultura. No me extraña que el moro no encuentre inteligencia por ninguna parte.


−Mi amigo pastor es un profundo ignorante. Hay una profunda inteligencia en todas las cosas que nos rodean y nosotros podemos acceder a ella a través de las emociones.
−Si, claro, claro que sí, mi amigo rubio; no tengo mas que entrar en un gran campo de futbol, de tu país o del mío, y esperar a que la gente se emocione y comience a insultar y a pelearse con los rivales. Esa es tu inteligencia emocional en plena ebullición. Sensaciones que se vuelven deseos que generan temores y terminan en odios que nos comen las entrañas como cangrejos y pican nuestras vísceras como escorpiones. ¡Qué inteligencia!
−Bueno, fallaremos en grandes grupos; pero cada persona puede desarrollar una gran inteligencia explorando sus emociones y aprendiendo a utilizarlas.
− ¡Ya, ya!  Con esa astucia animal que tanto aprendéis me robaran a mí el queso y a cualquier otro incauto todos sus caudales. ¡Yo también he leído unos cuantos libros, rubio!
− ¿Y eso no es muestra de inteligencia? Si te dejas embaucar es tu problema.
− ¡Hacer daño a sabiendas a tu prójimo! ¡Aprovecharse del débil, del ignorante! ¿Eso es inteligencia? Tú no eres cristiano.
−Pues no. No sé ni lo que soy; por eso vine a España.
−Ya estás en el buen camino, aussie. Esta es la mejor tierra del mundo.
−Esto no es más que un cruce de caminos y civilizaciones. No tiene nada de especial. Mira a tu alrededor. Unos trigales. Ni industria ni nada.
− ¡Ya salió el alemán! Os contaré, ignorantes, que en este pueblo se cruzan el Camino de Santiago y una cañada real de la Mesta, la Cañada Leonesa. Durante siglos aquí mismo han coincidido pastores y peregrinos pasando las noches mirando a las estrellas y contándose cosas, novedades, conocimientos. Esa estrella que brilla tanto a nuestras espaldas es Sirio. Para que te enteres. ¡No ves que soy cazador! ¡Cuántas noches habré pasado al rececho subido a un árbol!
−Según tú todos lo somos pero andamos perdidos buscando presas.
−Con un lebrel como éste te saltarían las perdices como locas (haciéndole cosquillas al perrito del pastor)
−No he venido a España a cazar perdices
−El señor español te habla de auténtica caza mayor; te juegas la vida, quizás el alma, para conseguir la ansiada presa. A menudo no sabes si eres tú el que cazas o el cazado.
− ¡Sé por dónde vas, morenito, y tú sabes por dónde piso! Estos dos discutiendo de inteligencia. ¡Si no saben dónde tienen la mano derecha! Están mas perdidos…
− ¿Perdido yo? No tengo más que consultar el GPS del teléfono y sé exactamente dónde estoy.  ¡Tú si que andas perdido! ¡Buscando las flechas amarillas! Ja, ja, ja.
−De mucho no te sirve ese trasto cuando se ponen las cosas feas y te dan esos aberruntos tremendos. Que te llevo observando ya diez días. Das cada espantada que mas pareces un bisonte que…
−Los australianos tenemos un carácter muy diferente al vuestro y yo estoy aquí de walkabout. No tengo que rendiros cuentas.
−Sí, tienes el carácter de los canguros. ¿Cómo es esa leyenda que os cuentan los negritos de tu tierra? ¿Que aprendieron a dar saltos para huir de los cazadores? Tú haces igual en cuanto sientes los tiros.
−Vale ya, Marcial; deja de meterte con el aussie. También a mí me estas molestando con que no tenemos inteligencia ni sabemos orientarnos.
−Perdonar que interrumpa en vuestra discusión, peregrinos ¿otro poco de té? El español quiere daros a entender que no tenéis sabiduría alguna y os perdéis constantemente en las trampas de la vida diaria.
− ¿Y tú sí? Entonces ¿dónde estamos, argelino?
−Vosotros solo veis, ahí delante, un cruce de caminos y un pueblo en el campo castellano; yo observo un inmenso laberinto, amigo alemán, donde ya nadie sabe ni por dónde viene ni a dónde va. ¿Os gusta esta música? Subiré el volumen
−No está mal el cantante. ¿Quién es? ¿El Porrina de Marrakech?
− ¡O no!, es Nusrat Fateh Ali Khan. Un gran cantante paquistaní que falleció hace unos años
−Pues sube el volumen y miremos hacia Kochab brindando con tu té de la peña. Este mundo ni es un laberinto ni es nada. Todo lo que nos contaron nuestros padres y abuelos no vale una higa. Unos ignorantes; y peor eran los de antes, nuestros lejanos antepasados. Los pobres buscaban algo de orden en el caos; señales en las tierras y en las estrellas. Nunca hubo nada. Se lo imaginaban. Tan solo un tiempo de vida y después la muerte. Les pasa lo mismo a las estrellas.
−Pero los humanos tenemos algo especial, esencial; algo de Dios.
−También las amapolas tendrán algo. Si lo tuyo es especial cuídalo como jamás cuidó el mejor de los amantes de su amada y pídele al Señor que no se extinga cuando tu corazón falle.
−Deja ya al abuelo cazador; chochea. Se está muy bien aquí, mirando al cielo. Creo que me voy a quedar a pasar la noche aquí echado en la hierba con los perros.
−Puedes usar mi tienda si quieres pero cuando se te pase la embriaguez volverás con tus compañeros y seguirás sus pasos al infinito. Aún te aguarda una gran sorpresa: ¡encontrarás una sirena al final de este camino! Entonces harás caso a lo que te digo ahora: ¡dejarás el vino y cualquier otra bebida alcohólica! Tú todavía estás para la leche; como los niños. Buenas noches, buena fe, y buen Camino tengan los peregrinos. Voy a vigilar las ovejas, algo he sentido.

 Al día siguiente nuestros intrepidos peregrinos pasaran por Sahagún de Campos y  veran crecer centenares de chopos donde un día clavaron sus lanzas los cristianos.
Son historias antíguas, que a casi nadie hoy día interesan, pero que nos hablan del auténtico espíritu humano.
Eso tan dificil de percibir para algunos.