domingo, 17 de junio de 2012

De la Fe y las estrellas. Un cuento del Camino de las luciérnagas.


Hace años tuve una discusión con unos compañeros de trabajo sobre música. Da igual si era clásica, jazz, rock, pop, étnica, lo que fuera. El máximo acuerdo a que podíamos llegar sobre una pieza o canción era: me gusta o no me gusta. Por que sus conocimientos musicales, solfeo, composición, etc, eran prácticamente nulos (los míos no eran mucho mayores) así que no había manera humana de hacerles comprender si una sinfonía, o composición musical cualquiera era mejor o superior que otras; pues carecían de los medios y conocimientos mínimos para poder entenderlo y llegar a una conclusión interesante.
Estábamos hablando de música. Una de las mejores cosas que es capaz de producir el género humano.
Este cuento va de la Fe. No de creencias. Todas las personas con las que he topado en mi vida a lo mas que sus medios, conocimiento, entendimiento, etc, les alcanzaba era a discutir sobre si crees en algo o alguien; y para de contar. (Aviso: creer y desear es prácticamente lo mismo) Así que las discusiones sobre los muy numerosos cultos y confesiones que hay en este mundo tienden al infinito y se suelen volver muy agrias. En Europa recordamos la Inquisición y las cazas de brujas. En otros rincones del planeta otras cosas muy similares.
No me gusta discutir y muchísimo menos por las creencias o deseos de las personas. Cada cual es muy libre de creer o desear lo que se le ocurra. Siempre que no fastidie a su prójimo.
En el cuento que va a continuación dos peregrinas discuten mientras suben y bajan cuestas por las tierras de Castilla sobre qué podría ser eso que denominaban Fe los primeros cristianos, los discípulos de Jesús el Nazareno, y nos ha quedado en los escritos que han llegado hasta nuestros días.
Una luz, una claridad, un entendimiento, que al no ser propio de nuestra naturaleza, le decimos sobrenatural. El esclarecimiento que produce la Fe no es comparable al conocimiento que puede contener la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América, ni al entendimiento extraordinario de genios como Tesla, Einstein, o Stephen Hawkins. Pero la comprensión de la vida, las personas, y el mundo que puede producir en una persona puede llevar a un desprecio total y radical de todo lo anterior. Por eso es tan difícil de comprender cuando leemos algo sobre gente con una pizca de Fe en su persona. Carecemos de esa claridad interior necesaria.
Espero que el cuento os guste.

    

  De la Fe y las estrellas.

      Apenas al alba, subiendo un monte, a la salida de Castrojeriz se encuentran dos peregrinas, sentadas sobre dos piedras, contemplando un espléndido amanecer.
    ¿Qué tal estás?
    Fatal; dormí muy mal anoche
    ¿Qué te parece lo que estamos viendo?
    Algo prodigioso; estamos paradas en esta larga cuesta para ver salir ese sol inmenso, justo por detrás de la montaña, con los rayos alumbrando entre las nubes; y esa quietud, ese silencio casi sobrenatural que lo llena todo,  me estoy quedando extasiada.
    Es increíble. Por un momento creo que casi todos esperábamos una epifanía
    Quizás la hayamos tenido y no somos conscientes de ello
    No será para tanto. ¡Qué expresión! Bueno; cambiemos de tema, tú estabas con una inglesa, Flora, me parece que se llama
    Salió presta antes que nadie. Dice que está buscando a un peregrino.
    Seguramente la alcanzaremos un poco más adelante
    Me sorprende esta luz solar y este silencio. Todos estamos tan callados
    Solo hablamos las mujeres; todo el mundo se ha parado y sentado a ver el amanecer
    Sigamos; queda poco para el final de la cuesta, ¿de dónde eres?
    De Colombia, me llamo Nicasia
    Yo soy Clarisa, de Madrid. Llevo ya muchos días de camino y estas etapas ya me parecen fáciles y cómodas. ¿Hasta dónde piensas llegar hoy?
    Hasta Frómista. Es lo que marca la guía que tengo
    La mía la tiré hace unos días. Ando hasta dónde puedo, o decido, o me guían, o… ¡bueno! No sé.
    Podíamos descansar aquí, en este mirador. No para nadie y se ve toda la cuesta que hemos subido, el valle y el castillo.
    Parece que por instantes está desapareciendo la magia del amanecer
    Será de tanto hablar. Ocurre que no podemos con la mochila. Vamos muy cargadas y no sé por qué. Nos pesa hasta el culo. Y ya no sé de qué deshacerme
    Pero nos falta algo que a todos nos vendría muy bien
    ¿Y qué es? Si se puede saber
    La Fe
    Mira, yo soy licencia en arte medieval y eso es cosa de la gente de hace mil años
    Yo soy licenciada en química y biología
    ¿En Caracas?
    No por Oxford; ¿y tú?
    Por la Autónoma de Madrid; pero, oye, ¿por qué crees tú que venían los peregrinos hace mil años? ¿por la fe?  Me parece que eso no lo hace nadie hoy día.

    El problema es interior, y resalto lo de interior, porque lo que había entonces era mucho hambre y ahora tenemos obesidad y asqueo de todo. Pero todos buscaban algo que tan solo se puede alcanzar con la Fe. Pues todos caminamos por la vida a oscuras y sin saber qué tenebrosos hilos nos mueven a cometer los actos y acciones que realizamos, ¡y no somos tontos! Ni los de entonces ni los de ahora. Todos buscamos una explicación comprensible de nuestro comportamiento. Lo de menos es si la tierra es plana o hay infinitos universos como el nuestro.
    ¿Seguimos caminando? Parece que ahora viene una zona llana y después cuesta abajo. Ya estoy más animada. Me gustaría ser como Flora, tan liviana; debe hacer footing todos los días por lo rápido que anda y que pronto se recupera
    Pues yo prefiero ser como soy y casarme con un hombre como Paolo
    ¿El del perro?
    Sí, ese que duerme casi todas las noches a la puerta del albergue con el perrito. Nunca he conocido alguien así. Hablas un rato con él y ya te sientes otra persona. Debe ir caminando delante de nosotras.
    Pues a mí no me importaría intimar con un checo que camina como si fuera a comerse el mundo
    Le conozco, ¡si supieras la que preparó en un albergue hace unos días!
    Ya, pero, bueno, ¿cuál es el problema del que hablas? No consigo comprender a qué te refieres
    Algo muy profundo y personal del ser humano
    Como no me expliques más, Nicasia, no me entero de nada
    Es algo relacionado con lo antiguamente se llamaba fe. Estos días íbamos hablando unos cuantos peregrinos sobre la riqueza, la riqueza interior, espiritual, la que se podría conseguir y persistir más allá del tiempo o cualquier otra circunstancia que se pueda considerar
    ¿Y eso como se puede ver? ¿cómo se podría saber o valorar?
    Ahora mismo no tengo idea pero siento mariposas en el estómago solo de pensarlo
    En la guía indica que después de estos montes llegaremos a Itero de la Vega. En cuanto encontremos algún sitio donde sentarnos paramos
    Hay quien recomienda parar cinco minutos cada hora de marcha.


 
         La mañana es clara y luminosa; caminan a veces cuesta abajo, otras en llano, entre trigales, pasando junto a jornaleros y obreros llegados del Este de Europa que trabajan para mejorar el firme del Camino, también lugareños que salen de paseo en la mañana veraniega, la Guardia Civil de patrulla con sus coches todo terreno, molinos de viento en los altos produciendo energía, eléctrica y los cuervos y tordos saltando entre las mieses y alpacas, bañados todos por la luz de España que extrema los sentidos.

    Aquí hay un merendero
    ¡Y una fuente! Podemos parar a descansar un poco
    En esta mesa hay un poco de sombra
    Mira, viene alguien
    Tú ves que pantalones más discretos lleva
    ¡Hola! ¿de dónde eres?
    De Suiza. Soy de ascendencia española
    Vas muy moderno y singular con esa ropa
    Me pilló una tormenta llegando a Logroño y llegué al albergue embarrado y empapado. En un mercadillo compré esta ropa a unos africanos
    Me gustan tus pantalones con motivos de África
    Ya; un hombre vestido de peregrino medieval que encontré en el parque de la Grajera me dijo que eran canturrinos
    ¿El que te invita a comer fruta?
    Ese; hablamos de cosas extraordinarias y tomamos vino y fruta
    ¿Cuántos días llevas caminando?
    Casi cuarenta. Salí de mi casa, cerca de Ginebra, y confío en llegar a Santiago.
    ¿Y de qué hablabas con el peregrino medieval?
    De algo que me pasó durmiendo en Logroño. Ocurrió que me dejé olvidado el móvil en un albergue de Los Arcos e intentaba que algún bicigrino me lo llevara hasta el de Logroño; pero no pudo ser. Y estaba muy preocupado por no poder hablar con los de casa. Además de la mojadura algo debí beber o comer que me sentó muy mal, el caso es que estaba hecho polvo
    ¿No sabes que pudo ser?
    No; salí a conocer la Senda de Los Elefantes y cenar en un buen restaurante pero apenas me acosté tuve que salir disparado al retrete. Pasé la noche con una fuerte descomposición y devolviendo. En Nájera estaba igual y no conseguía comer sin devolver o dormir más de una hora seguida
    Bueno, ¿y qué hiciste?
    Fui al médico de urgencias, y me sugirió que me quedase dos o tres días de reposo hasta que me recuperara
    ¿Y lo hiciste?
    No, tomé la mochila y seguí caminando otra etapa.
    Y pudiste soportarlo
    Comía de todo y nada me alimentaba. Hay gente que hace montoncitos de piedras a la vera del Camino; yo iba haciendo montoncitos de deposiciones cada poco. Mis propios jitos del Camino
    ¡Ya te recuerdo! Eres el que llegaste al albergue de las monjas de Santo Domingo de la Calzada tan pálido como un muerto y te bebiste una jarra de agua de un trago
    Mejor hubiera sido de cerveza. Te recuerdo, tú eras la que decía no sé qué de los edificios antiguos, que si las piedras absorbían energía humana; y el mal karma de ciertos lugares.
    Nicasia, ¿tú vas con ese rollo absurdo con todo lo que has estudiado? ¡Caray con la chica de Oxford!
    ¡Tú no sabes lo que es aquello! Frío y húmedo y fantasmas por todas partes ¡pero fantasmas auténticos!
    Conocerías a Newton
    No, a Stephen Hawkins
    El que busca la luz de los agujeros negros
    Busca el origen de todo lo que existe. Tiene una cabeza prodigiosa en un cuerpo endeble y dice que esa luz existe
    Pues habrá visto esa luz en lo más oscuro del universo pero yo he visto otra cosa sin tener tantos estudios
    ¿A qué te refieres? Lo mío es la química pero también he entrevisto cosas raras en la rica Suiza
    Fue en Nájera, en el albergue, aquella noche tenía fiebre y algo que me dio el médico me hizo dormir un poco pero el caso es que en plena noche me desperté viendo cosas raras
    ¿A qué te refieres?
    Me preparé para venir al Camino estudiando las tierras y los monumentos, las catedrales con sus vidrieras…
    Nicasia es experta en Arte Medieval y seguro que te puede ayudar
    Vale, el caso es me desperté con la imagen de un rosetón gótico en mi mente y mi mirada se dirigía a la forma de la virgen con el niño en su regazo. Bordeándola había doce ángeles con instrumentos medievales
    Puede ser una vidriera de Chartres o de otro sitio
    Ya, pero el caso es que, de repente, las imágenes comenzaron a tomar vida. La Virgen hablaba con el niño, los ángeles se movían en torno suyo interpretando una música prodigiosa y tras ellos el mundo se disolvía en una fantasía desbordante
    ¿Y qué pasaba?
    Después fueron apareciendo diversos cuadros muy famosos delante de mí. Vi uno del Bosco, impresionante, donde casi se podía palpar los personajes y sentir sus emociones de dolor o satisfacción. La rendición de Breda vino a continuación y oía los relinchos de los caballos, el entrechocar de las armas, sentía el olor del terreno devastado por la guerra, la enfermedad, y el hambre.
    ¿Lo podías ver?
    Lo sentía tal como siento esto ahora mismo
    ¿Y qué pasó?
    Después vi imágenes de los cuadros que Goya pintó cuando la invasión francesa de España y las sensaciones y sentimientos iban de mal en peor. En un momento dado salté de la litera al baño para vomitar lo poco que me quedaba dentro.
    ¿Y nadie se enteró? Nosotras dormíamos esa noche en ese albergue; te hubiéramos podido ayudar.
    Pues nadie se enteró. Pasado un rato pude volver a acostarme y quedé medio dormido envuelto por una oscuridad total
    Y ya pudiste descansar
    Pues aún no. Me puse a meditar sobre el horror de ser humano y en lo que somos o nos hemos convertido; y de alguna manera pedí una respuesta de tipo superior.
    ¿Ocurrió algo?
    Mi cabeza, mi cuerpo, mi ser al completo, se llenó de luz; una luz dorada, como si estuviese sumergido en un océano de luz y comenzaron a aparecer, por todas partes, las figurillas y estrellas que pintaba Joan Miró. ¡Lo llenaban todo de preciosos colores! Me sentía como un pececillo o figurilla de Miró flotando entre formas indefinidas y estrellitas de colores, dragones amables que soltaban chispitas, ciempiés que producían música con sus movimientos, flores de los más intensos olores y formas geométricas de lo más dispar que habrían puertas a otros universos prodigiosos rebosantes de matemáticas asombrosas.
    ¿No tomarías algún producto químico que te indujo a pasar una noche soberana? Ya sabes a qué me refiero
    Puede ser, pero la sensación de bienestar y felicidad completa que me embargó completamente aún no me ha abandonado
    Así se te ve tan firme al caminar
    Ahora duermo bien. Salí el último del albergue y ya no me importa tanto cuánto caminaré, donde encontraré alojamiento, o cuando comeré o beberé. Es como si no fuese a abandonarme jamás esa sensación de plenitud absoluta
    Pues nosotras estábamos discutiendo sobre una luz interior a la que algunos llaman Fe.
    De eso no sé nada, soy poco creyente, pero seguro que os encontrareis alguien que os pueda ayudar. Os tengo que dejar, detrás de mí viene bastante gente con la que podéis charlar. Adiós y ¡buen camino!


      Minutos más tarde y ya las dos a solas ven a lo lejos un antiguo edificio antes de llegar al puente medieval de Itero.

    Nicasia, ahí delante hay un albergue de italianos.
    Sería bueno parar; estoy cansada y no sé por qué.
    Dice la guía que cuando llegas los que te acogen te lavan los pies
    Pues estamos llegando. Es un edificio pequeño y de piedra. ¿Entramos a ver qué ocurre? Necesito parar. No sé qué me ocurre

      Es un caserón de aspecto medieval sin adorno alguno y en su interior cuatro mujeres se afanan en lavar los pies y dar de almorzar a un peregrino de una edad cercana a los setenta años.

    ¡Hola! ¿Podemos pasar?
    Ser bienvenidas. La paz del Señor sea con vosotras. ¿De dónde venís?
    Yo de Somport
    Yo de Roncesvalles, ¿Y usted señor?
    Yo he venido de Italia en tren hasta Sevilla para conocer el Rocío. Desde aquella ermita sagrada caminé hasta Compostela; ahora camino hasta Roma y después continuaré hasta Jerusalén
    ¿Y de qué se alimenta para andar tantos días a su edad?
    Carpacho y caridad.
    ¿Y eso que es?
    Voy a una carnicería y compro un filete; después, en el albergue, lo dejo en un plato bañado en zumo de un limón durante una hora. Más tarde lo acompaño de un poco de vino y de lo que otros peregrinos me quieran regalar. Así llevo ya meses caminando.
    ¿Pero que le ha llevado a intentar esta aventura a su edad? Nosotras discutimos sobre la Fe y la espiritualidad
    ¿La Fe? ¿Veis este bordón?
    Sí, claro.
    ¿Qué tiene grabado en lo alto?
    Una estrella de siete puntas
    ¿Y qué significa?
    ¿Una estrella bonita?
    Algo os tendré que enseñar mientras almorzamos. Cada estrella tiene un antiguo significado. La estrella de cinco puntas es la llamada Estrella de Belén y de la Sabiduría ¡la que guió a los Reyes Magos!
    No lo sabía
    Es la que se pone en los nacimientos y árboles de navidad
    ¿Y la de seis puntas?
    Es la estrella de la Justicia y de Israel. Es la que llevan los oficiales de la Ley y los que tienen que hacer justicia
    ¿Y la de siete puntas que lleva usted?
    Es la estrella de la Fe. La propia de los que ven más allá de las apariencias y su luz esclarece el entendimiento o ayuda a tomar las decisiones más adecuadas en no importa qué circunstancias
    Entonces qué significaría la estrella de ocho puntas
    La Esperanza. Por eso era la estrella preferida de los musulmanes y en la mayoría de los edificios tanto civiles como religiosos la representaban


    ¿Cuánto caminas cada día?
    Unos cuarenta kilómetros cada día, más o menos
    Y tan solo comiendo carne con limón
    Y lo que la buena gente del Camino me ofrece
    Entonces, ¿qué es para ti la Fe? ¿una estrella?
    Conseguir llegar a Jerusalén antes de que este mundo se acabe.
    ¡Guarda! ¡guarda! Nicolo, no tengas tanta prisa. Tiempo tendrás de llegar y descansar. ¿Y estas dos chicas tan bellas?
    Yo soy española y mi compañera colombiana
    Escuché vuestra conversación y algo os podré ayudar si os cuento lo que esta mañana un peregrino nos relató
    ¿qué quieres decir?
    Anoche, a última hora, llegó un peregrino muy peculiar; de nombre Simón y acento catalán. Apenas vestido y casi muerto de hambre; medio delirando. Cenó algo y le acostamos pero muy temprano, aún de noche, se levantó y ya se quería marchar
    ¿por qué tenía tanta prisa?
    Busca una peregrina muy especial
    Y le dejasteis marchar
    No, le preparé el desayuno y le hice contarnos su historia
    Algo de amor
    No sé hasta qué punto; es algo singular. Nos contó que anoche había tenido una especie de visión
    Hospitalero, ¿nos puedes contar su historia? ¡prego!
    Digamos que vivió como ensimismado la historia de dos peregrinos medievales que volvían a casa recorriendo el norte de España.  Custodiados por los caballeros templarios conseguían llegar hasta Cluny para hacerle entrega al abad de un tesoro enviado por el rey de León. Gracias a este oro se comenzaba a levantar el mayor templo de la cristiandad de aquellos tiempos; en el cual ellos se implicaban uno como constructor y el otro como instructor de los monjes. Trabajando duro y esforzándose cada día conseguían hacer del lugar un grandioso faro del conocimiento para toda Europa. Llegando a viejos y estando a punto de fallecer el mayor llamó a su compañero y le dijo: Orando al Cielo, viendo ya próximo mi fin, pregunté si algún día nos volveríamos a ver y el Cielo me contestó mostrándome como surgiendo de la oscuridad un hermoso códice de tapas doradas y papel blanco. El libro se abrió y me mostró la imagen de un hombre en una página y de una mujer en la otra. Las hojas tomaron vida y comenzaron a pasar solas rápidamente, mostrando retratos de gentes de todo tipo y color de piel; al rato el libro se detuvo mostrando los rostros de los dos peregrinos; pero después continuó pasando páginas hasta parar enseñando mi cara a un lado y la de una chica rubia en el otro; ambos luciendo una pequeña viera al cuello.
             Y ya no quiso contar más.
    Habrá tenido un sueño provocado por el cansancio y la falta de proteínas; no hay que hacer mucho caso
    Algo así le dije yo pero él me contestó que había venido al Camino en estas fechas precisas movido por sueños similares
    Alguna cosa de ese tipo vamos conociendo en los días que llevamos caminando pero nos tenemos que ir o no llegaremos a tiempo para tener cama en ningún albergue
    Gracias por todo y que usted consiga llegar a Roma y Jerusalén
    Gracias a vosotras, bellísimas. Antes de marcharos quiero haceros un regalo por vuestra agradable compañía
    Gracias, señor, pero ya vamos muy cargadas y ya solo pensamos en tirar cosas
    Esto no os pesará
    ¿Y qué es?
    Una estrella. La más preciosa de todas. En cualquier momento del día o de la noche hacer sobre vosotras la señal de la cruz. Algún día llevareis con vosotras su preciosa luz. Y cuando penséis en la Fe meditar también en ese algo interior que hace ver tanto lo queréis como lo que no. Y de dónde surge. En cómo, en momentos especiales, la luz, poca o mucha, que tengamos se comunica y hace una con la exterior, y, entonces ¡se ve! Pero depende de la claridad y tono de esa luz que sea de mayor o menor calidad. Cuanto más parecida a la solar más cercana a la Sabiduría. Cuanto mas blanca mayor Compasión. Tenéis ojos en la cara y cerebro para interpretar lo que veis, procurar no equivocaros demasiado y seguir en el Camino hasta el final. Tener cuidado con la falsa fe y las creencias extraviadas que tan solo ofrecen vanas esperanzas. No cejéis en el empeño, que hay cosas que se ganan y otras que se otorgan. Id con Dios y que Él guíe vuestros pasos. Ciao, belle ragaze.
    Pues adiós y gracias por todo.


Este es el borrador de un cuento que salió publicado en mi libro Camino de las luciérnagas.
Camino de las luciérnagas