sábado, 16 de junio de 2012

Boletín de junio 2012, Hospitaleros Voluntarios

In memoriam:

María Emiliana (Emi) Sepúlveda Larrastia
+ 5 de abril de 2012

Emi murió en su patria con sólo 70 años y un amor colosal por el Camino y Hospitaleros. Su hija, Maisa, nos avisó de la triste noticia sabedora de la pasión de su madre por la hospitalidad.
La recuerdo con su acento chileno, siempre contenta.
En 2009 Emi escribió lo que sigue por si quería usarlo para el Boletín. Ahora, y contrariada porque ella no lo pueda ver si no es en un ordenador celestial, lo reproduzco.
Su familia pide una oración por ella.
Descanse en paz.


El corazón tiene razones que la razón no conoce o Una hospitalera de Chile

    Llegar cada año desde Chile, el último confín de la tierra, a colaborar como hospitalera voluntaria en los albergues del Camino de Santiago  es inexplicable para quienes desconocen el impacto de experimentar en carne propia las bendiciones de esta peregrinación. Hay tal gratitud y felicidad que,  naturalmente, cristaliza la necesidad de colaborar para que muchos otros tengan la oportunidad de compartir estas alegrías.
    Ser hospitalera no estuvo en mis planes. Pero la hospitalidad y la ayuda de desconocidos salía siempre a mi paso.
    Repasé mentalmente la partida desde Santiago de Chile a Londres: el asombro de mi familia política por mi decisión de ir sola a España para peregrinar; los besos de mi nieto; la estación Victoria; el alegrón de escuchar mi idioma en las voces de los chóferes del autobús; Burgos, los hospitaleros, el Camino, los cruceros, los pueblos.
    Fui hospitalera por primera vez de modo accidental. Por un problema de comunicación en la estación de tren de Santiago de Compostela, comprobé con horror que mi billete alcanzaba sólo hasta Ponferrada. Ya era de noche y el tobillo me dolía mucho. Cojeaba.
    Una vieja citroneta se detuvo y una amable mujer se ofreció a llevarme al albergue… tiré mi bolso molestoso en el asiento de atrás; me senté y acomodé la mochila en mi falda. Sonriendo dije “gracias, de todo corazón”.
    Me dejó en el albergue y partió de inmediatamente.
    Una mujer alta y seria me dijo que era la hospitalera y me pidió la credencial. ¿Mi credencial? ¿Mi bolso?... un momento de pavor y los ojos de la hospitalera que transmitían empatía y compasión mientras que su voz daba instrucciones. Con amor y amabilidad, me convidaron a café, llamaron a la policía y, mientras charlábamos, me trasladaron su pasión por el Camino y la vocación de los hospitaleros voluntarios, algo desconocido para mi.
    A la mañana siguiente vi que Isabel ya no era tan joven y que Martín cojeaba más que yo. Y, entre ambos, tenían que preparar el albergue –que no es menor-. Les ayudé, y mi estado pasó del cansancio y la desprotección a la seguridad y el afecto. Todo ello resultado de una acogida fraternal y bien pensada.
    Una llamada al albergue; es el hijo de la señora de la noche anterior: “he encontrado en el carro de mamá una cartera que seguramente es de una peregrina a la que ella ayudó pues no se veía muy bien”
Mi bolso molestoso intacto en mis manos, alabado sea Dios. Y yo con un conocimiento que no podía ni imaginar 24 horas antes: ayudar a otros en su camino hacia Santiago.
    Ya tenía una razón para ser hospitalera: el ejemplo de Isabel, Martín, Miguel Ángel, Rafa. Hablando con ellos comprendí que los hospitaleros voluntarios son vitales tanto para los peregrinos como para mantener la mística del Camino.
    Y más: yo no podría restarme a este trabajo sin pecar de ingratitud severa. De esta forma comenzó un nuevo desafío. Cada año, desde 2003, vuelvo a España, al Camino –ya sin la extrañeza de mi familia- y consigo para mí valiosas experiencias, nuevos lazos de amistad y cariño.
    Si mi inicial contacto con los hospitaleros voluntarios se debió a una cartera, una anécdota con cartera incluida, cierra estas reflexiones:
    Una hermosa noche, con las estrellas al alcance de la mano, en  Foncebadón. A minutos de la hora de cierre llega un hombre, español, añoso, barbón, de aspecto pobre, con el polvo de muchos caminos y acompañado de un perro con fuerte olor a perro. Su credencial, en orden; el albergue, casi lleno. 
    Varios peregrinos ya duchados y limpios decían a mi oído: …que estamos llenos, que éste no parece  peregrino,  que andan robando…El peregrino tuvo el espacio que le correspondía; aseado, salió con su escudilla con alimentos a cenar bajo las estrellas, junto al resto de nosotros que charlábamos  amenamente.  Se notaba, desconfiada, la mirada de algunos.
    Pasa la hora, es difícil que los peregrinos se recojan, y que la hospitalera pueda descansar. El último en entrar fue el peregrino, ése de pobre aspecto;  recoge algo del piso y me entrega una cartera con bastante dinero.
    Ya es tarde, casi todos duermen. Algo había en los ojos del hombre que me conmovió.
    Fue el primero en partir por la mañana. Se acercó, a la hora del desayuno, una peregrina y me dijo con mucha rabia  haber perdido su cartera, asegurando que el último peregrino,  recibido  pese a sus advertencias, era el autor del robo.
    Esa mirada acusadora la recuerdo bien.
    Le pregunté su nombre; era el que figuraba en los documentos de la  cartera. Al entregársela y decirle quién la había encontrado, su expresión de arrepentimiento me hizo exclamar con suavidad: “ves, ahora sí eres peregrina”. Ella partió hacia Compostela con una lección aprendida… una de tantas que se adquieren peregrinando… igual que siendo hospitalero.


UNA CELEBRACIÓN

El día 9 de junio un buen número de hospitaleros, de hospitaleros que construyeron el albergue de Arrés y amigos del Camino de Huesca y Zaragoza junto a la Presidente de la Federación, nos citamos a las puertas de ese albergue para proceder a una simbólica reinauguración del refugio de peregrinos.
Tras la firma en Bailo del contrato de cesión del albergue por parte de Ángeles Fernández y el alcalde, Pablo Castán, se iniciaron los actos festivos por tal motivo. También por las obras de mejora y acondicionamiento que se han llevado a término.
Una misa presidida por José Ignacio Díaz, en la que recordaba los momentos de arranque del albergue: la búsqueda de un lugar donde atender a los peregrinos, las obras en una casa en ruinas sin medios económicos que no fueran las aportaciones monetarias de los hospitaleros en sus cursillos y reuniones anuales, el trabajo de tantos voluntarios que, además, no eran profesionales… ponían una sonrisa en todos los que le escuchábamos. Y el recuerdo a los peregrinos que hicieron de Arrés su casa por un día, pero sobre todo de los hospitaleros que los atendieron y más de los que ya no están entre nosotros. El agradecimiento del párroco de Arrés, Don Mateo, que constató el milagro diario de una eucaristía llena de lenguas diversas, como en un constante Pentecostés, cerró esa parte de la celebración.
De la preciosa iglesia ¿cómo será el gentilicio de Arrés? marchamos al albergue donde se procedió a la reinauguración con el revelado de una placa que recuerda que el albergue es fruto del acuerdo de la Federación y el Ayuntamiento de Bailo y el trabajo de los Hospitaleros Voluntarios del Camino de Santiago.
Y como toda celebración que se precie, seguimos el encuentro en torno a una mesa para degustar un vino español rematado con cerezas oscenses, regalo de un hospitalero.
Estarán de acuerdo conmigo los que allí estuvieron en que fue un rato bonito para todos: para los hospitaleros que trabajaron allí durante más de un año en condiciones bastante difíciles; para los que han sido hospitaleros en Arrés; para los que no hemos sido hospitaleros en Arrés; para José Ignacio del que sé el gran cariño que guarda a este albergue; para Lita y Amparo que han logrado para la Federación y para Hospitaleros poder seguir disfrutando en este lugar y para los amigos del Camino de Huesca y Zaragoza que, eso me pareció, se contagiaron del buen ánimo que los hospitaleros mostramos cada vez que nos reunimos por cualquier motivo que tenga que ver con el Camino y la hospitalidad tradicional del Camino de Santiago. Para los vecinos de Arrés con Joaquín –su alcalde y nuestro ángel de la Guarda- a la cabeza.
Y Alfredo y Pilar. O Pilar y Alfredo.
Sin ellos, sin sus desvelos desde hace muchos años Arrés no sería lo mismo para tantos y tantos hospitaleros y para el propio albergue. Es justo, mucho, mencionarlos aquí porque ellos son una parte importante del éxito de Arrés.








Último curso para hospitaleros voluntarios veteranos de 2012.
Cursillo sobre Historia del Arte en el Camino de Santiago.
Monasterio de la Estrella (San Asensio, La Rioja)
29 y 30 de junio y 1 de julio de 2012

TEMARIO DEL CURSILLO:
- ¿Qué recuerdas de las obras de arte conocidas en tu Camino de Santiago?
- ¿Qué entendemos por arte?
- El arte clásico, base de los movimientos artísticos en Occidente
- El arte como difusor de Fe
- Movimientos artísticos medievales (Románico y Gótico)
- Modos prácticos: visita a la ermita románica de Santa María de La Piscina y
  al pórtico gótico de Santa María de los Reyes en Laguardia trabajo in situ
- El Románico y el Gótico en los Caminos a Santiago (tertulia)
- Claves para descubrir lo que trasmite una obra de arte
- Del Renacimiento a nuestros días
- Modos prácticos: estudio in situ en la localidad de Briones de tres edificios
  característicos de las modas gótica, renacentista y barroca.

                      Visita opcional al museo-bodega “Dinastía Vivanco”

Profesores:   José Ignacio Díaz Pérez
                Ángel Urbina Merino