jueves, 29 de noviembre de 2012

Una mariposa con tres alas. Final.

Al fin he terminado el cuento de Una mariposa con tres alas. Son cuentos fantásticos, las cosas son como son y también como nos parecen ser.
Espero que hayáis disfrutado con su lectura casi tanto como yo con su escritura.




Capítulo décimo. Final.

El Amor hizo nacer el universo
Crecen las flores y mis versos.
Más allá de las apariencias
Se esconde un antiguo misterio.

Baja el sol buscando su diario descanso mientras unos críos juegan en la playa haciendo volar sus cometas; unos barcos pesqueros cercanos recogen con sus pesadas redes los peces del océano mientras cinco peregrinos les observan echados en la arena y las olas dejan algunas caracolas vacías entre las algas.
Uno de ellos se levanta en silencio y se acerca hasta la desembocadura del arroyo cercano; entre las dunas ve llegar a los ocho compañeros que tanto ha esperado rencontrar. Echa a correr y comienza a repartir abrazos a diestro y siniestro, y, eso sí, dos o tres besos a cada una de las chicas. Después les acompaña, playa adelante, hasta el encuentro con los demás.
− ¡Mirar muchachos! ¡Ver que cuatro parejitas os traigo aquí! ¡Y cogidos de la mano!
− ¡Al fin, Ñito! Al fin; lo que hace el amor. Laiba de la mano de un hombre. ¡Qué ven mis ojos! Y Carl es el afortunado
−Se lo agradezco infinitamente. Tengo la pierna totalmente acalambrada; me tendréis que perdonar. No puedo apenas caminar. El dolor cada vez ha ido a más.
−No importa, Carl. Si hace falta pedimos unos taxis que vengan a buscarnos a la playa; ahora siéntate con nosotros y disfruta de la puesta de sol. Ya queda poco.
−Ya lo veo; pensábamos que nos sobraría tiempo y por ello decidimos ir a conocer el Faro de Turiñán; hemos llegado a la playa con el sol ya bajo.
−No os preocupéis, ninguno tenemos ganas de volver a casa. Cuando se llega al final se está en el fin y hasta entonces estás de camino.
−Gracias, Ñito, ¿pero de verdad crees que estás al final de algo? ¿Que no hay un mas allá?
−No importa lo que halla por delante, sentaros con nosotros y descansar un poco. Quitaros las mochilas y el calzado.
−Gracias Glen por esperarnos y no tener prisa alguna. Apetece sentarse y charlar un rato. Venid, hagamos una media luna.

En la playa dorada del final de los tiempos las arenas recogen de las calmas olas los despojos aceptables de los cansados caminantes. Y en las oscuras aguas las pirañas de bonitos colores orgullosas exhiben sus bruñidas escamas y sus afilados dientes mientras dan la espalda a su ignoto Creador.
Una lámina casi invisible de cosas vivas e inteligentes se despliega ante los ojos atónitos de los peregrinos mostrando caminos y obras, propios y ajenas. Un arte sin mente teje ante ellos el esquema de las vidas y el tiempo, médula del movimiento, es brillante pergamino.
Romeros y peregrinos de todos los tiempos llegaron hasta este lugar con sus cánticos e instrumentos musicales atravesando los bosques de la entonces verde España. Una babel de gentes pisó las mojadas arenas cantando a las nacientes estrellas y augurando venturas y amores sin fin.
Tan solo los trece peregrinos permanecen, sentados en semicírculo, mientras los últimos rayos del sol doran las agujas de los cercanos pinares. Una calma insólita y un silencio profundo gobierna el instante infinito en que cielo y tierra, agua y aire, parecen fundirse en una inmensa pantalla cinematográfica.
Lejos de sentir temor alguno una sensación de dicha inmensa invade cada poro, cada célula de los peregrinos, cuando la pantalla se acerca aceleradamente a ellos. La realidad se transforma de algo inerme y fijo en un movimiento del universo mismo; la pantalla llega hasta ellos y pasan al otro lado.



− ¡Pero no corras tanto! ¡No corras perruca! Tienes toda la playa para ti. Miento, hay un corro de gente sentado en la playa. Tenemos que darnos prisa se está haciendo de noche. Les saludamos y recorremos la playa a toda prisa, ¡eh! Corre a saludarles; parecen peregrinos con sus mochilas a un lado.
Corre el viejo peregrino, sujetando con una mano el sombrero de fieltro con la otra el bordón; corre detrás de la perrita hasta el grupo de gentes sentadas e inmóviles cerca del mar. Al llegar a pocos pasos una intuición le hace frenar casi en seco; la perrita comienza a aullar y correr alrededor del grupo. Lentamente se acerca hasta ellos y deja caer sus cosas en la arena; él mismo se siente derrumbarse y cae de rodillas junto a sus cuerpos inermes.

Lloró, lloró en el fin del mundo por su alma destrozada, desgarró la última esperanza de alcanzar una verdad suficiente y una vida plena. Haciendo un gran hoyo con sus manos desnudas simuló su propia tumba y tendiéndose en ella esperó para volver a la vida verdadera dejando su escasa inteligencia como regalo a las arenas y su alma al polvo de las estrellas del cual surgió.
Desgarrándose, en el suelo tumbado, con su fiel perrita compañera a un lado, quedó musitando el viejo peregrino para sí mismo.
−El león y la gacela dormirán juntos como dormiremos hoy tú y yo, perrita. Llegué tarde. Se fueron sin mí. No me conocían. Nunca me vieron.

Las horas celestes mueven las estrellas y sobre su pecho desfilan las constelaciones, el silencio se adormece por el rumor de las olas lejanas y tan solo una lechuza lejana se atreve con su antiguo ulular. De improviso la perrita se despierta y comienza a ladrar fuertemente y a dar brincos corriendo de aquí para allá. Despierta el viejo peregrino de su profundo ensoñar y se reincorpora quedando sentado en la arena.
− ¿Qué ocurre? ¿Por qué ladras? No hay nadie, nadie vivo, no te asustes, ven conmigo. Ven.
La perrita se acerca a su lado sin parar de ladrar hacia el camino que baja hacia la playa hasta que ambos ven venir hacia ellos una pequeña luz dorada.
− ¡Una candela! ¡Una candela! Como cuando te encontré, perruca mía. Quieta, quieta, que la espantamos.
Pero la perrita sale disparada corriendo en dirección contraria alejándose del hombre.
No le da tiempo a incorporarse y comprende enseguida la razón de la huida de su fiel compañera. Son miles, ¡son millones! De candelas luminosas, de todos los colores habidos y por haber, que bajan del bosque; antes de que pueda decir ni palabra le han envuelto por completo. Un turbión de luz se abate sobre ese rincón oscuro de la playa, y gira, y gira.


Los rayos del sol consiguen levantar la bruma marina justo al tiempo que un matrimonio de veraneantes baja con sus chavales a jugar y pasear por la playa una mañana de agosto. Algo llovió de madrugada y parece que hubieran lavado el mundo, al frescor de los pinos se une el yodo del mar para lograr una agradable fragancia, cuando uno de los niños llama a gritos a sus padres.
− ¡Venid! ¡Venid corriendo! Han debido de estar de fiesta esta noche en la playa y han dejado aquí la ropa. ¿Se estarán bañando? No veo a nadie.
Cuando los padres, extrañados, se acercan al rincón que les indican los niños encuentran un semicírculo de ropas, calzado, mochilas, relojes, efectos personales de trece personas y en el centro del grupo un largo hoyo con los efectos personales de otro más.
−Serán las cosas de un grupo de peregrinos que se quedaron a pasar la noche en la playa; dice la mujer. Y se va tras los niños que estan corriendo playa adelante.

Pero el hombre va inspeccionando uno por uno, con calma, los insólitos montones, su ordenación, sus efectos personales, cuando, tomando un pañuelo de cuello del suelo, grita a su mujer: 
− ¡Paola! ¡¡Paola!! Llama a los niños que vengan corriendo. Rápido, venir.
− ¿Qué ocurre? Estamos mirando a ver si los encontramos; no pueden haber ido lejos. ¿Qué ocurre, cariño? ¿Qué es eso que tienes en la mano?
−Es el pañuelo de mi club náutico que le regalé a Sebastián; aquí están sus cosas y las demás. Llama a la guardia civil. Yo recogeré a los niños.

Adiós luciérnagas benditas, buen Camino. Os acompañaré cuando Dios quiera.

Con este cuento terminan las historias del Camino de las luciérnagas pues no tengo pensado escribir más; confío que pronto podáis tener en vuestras manos la edición escrita. Si alguno de vosotros quiere dejar algún comentario o escribirme le contestaré encantado.
En este blog iré poniendo mas cosas dedicadas al Camino de Santiago y a las gentes que lo hacen posible. Gracias por vuestras visitas al blog y buena suerte.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Una mariposa con tres alas. Capitulo noveno.

    El penúltimo capítulo de Una mariposa con tres alas para vuestra lectura y consideración.
Caminan los peregrinos sobre un pequeño acantilado sin mas distracción que el vuelo de las gaviotas y entre ellos van charlando.
A ver qué os parece lo que nos cuentan.


Capítulo noveno

El árbol roto
Los corazones duros, de piedra
Los dientes prietos
La mano en garra

− ¿Qué cantas Marc? Maúllas como un gato; se te nota feliz
−Calla, inculto catalán, es ópera. Depuis le jour, una de mis arias preferidas, de la ópera Louise.
− ¡Ah! Un músico francés. Disculpa, podrías hacer dúo con Esteve que tiene verdadera pasión musical.
−Ya lo hemos comentado alguna vez; la música no es lo mío, solamente esta canción, que he escuchado desde niño por razones familiares. Este paisaje, los acantilados al borde del mar, el rumor de las olas, esta tarde maravillosa, me impulsan a cantar a pleno pulmón.
−Ya, y Nicasia; que veníais los dos cogidos de la mano ¿de qué habláis? ¿Habrá boda peregrina?
−Este lugar sería maravilloso para una celebración de ese tipo. Pero sería necesario levantar algo en estas praderas; algo donde pudiéramos estar recogidos en caso de que el tiempo empeorara ese día. Tal vez Esteve, que viene muy callado, nos pudiera echar una mano.


−Os estoy escuchando, oyendo y escuchando, y voy a meter la mano en este asunto; y voy a meterla hasta el hombro. Este lugar es maravilloso; estamos cerca de un pueblo ¿cómo se llama, Simón?
−Canosa, estamos al lado de Canosa; y Lires detrás de esos montes.
− Y tenemos hasta una calita cercana donde nos podríamos bañar.  Podríamos levantar una gran cabaña, un Shabono yanomami, en cualquiera de estas praderas que pudiéramos alquilar, madera no nos ha de faltar, y hacer una fiesta como nunca se vio por estos lares.
−Hombre, yo me conformaría con unas mesas y bancos donde pudiéramos comer; cosas simples.
− ¿Y si llueve esos días? No, no, no; una cabaña tremenda. Invitaríamos a todos los amigos y a los compañeros que hemos tenido de Camino de Santiago.
−Pero eso sería algo muy costoso
−Materiales, mano de obra, terreno; haré un cálculo aproximado. Barato. Podríamos hacer mas cosas y que fuera un asentamiento permanente; un refugio alternativo para peregrinos singulares y específicos que se atrevan a ir mas allá de lo que les han marcado. Agua, eso es, necesitamos agua.


−Tenemos todo el océano a tu disposición
−Gracias, Simón. Y ponemos una desaladora; hoy estás por tocarme el… orgullo. No, levantaríamos una torre de agua.
−Dejaré de tocarte el… ¡Umm! Orgullo, si nos dices qué eso de la torre de agua
−Básicamente un aljibe; que construiríamos de granito, o más barato aún: ¡de ladrillos! Y sobre el aljibe levantaríamos una torre, con forma de tronco de cono; de unos cinco metros de altura y al menos siete de diámetro en la base. Si ahondamos un par de metros además de aljibe tendremos piscina circular para bañarnos en agua dulce.
− ¿Para que quieres levantar una torre si la piscina recogería el agua de lluvia? ¿Para bañarnos a la sombra?
−Calla, insensato; la torre recogería la humedad del aire y la decantaría en la piscina. Aunque no lloviera en meses, lo cual sucederá constantemente en los próximos años debido al Cambio Climático, una simple brisa ya nos traería algo de humedad del mar; por la forma y materiales con que se levantaría la torre del agua el aire entraría por la puerta, ampliada con un saliente cónico, y circularía hacia la salida superior, rozando con las paredes y dejando sus gotitas de agua impregnando las paredes. Noche y día el aire circularía por la torre como un liviano y agradable tornado produciendo una fuente inagotable de agua pura y límpida.
− ¡Podríamos embotellarla y hacer negocio con ella!
−Calla, inconsciente inconsecuente. La torre se podría llenar de tiestos y macetas con todo tipo de plantas y flores, mas los musgos y líquenes que enseguida crecerían, nos filtrarían el agua hasta alcanzar una pureza y unas propiedades excepcionales. El que quiera probarla ¡que peregrine hasta nuestro Shabano y conviva con nuestra tribu peregrina y emancipada de las estupideces terrenales.
− ¿Nos quedaríamos aquí a vivir? ¿Y qué comeríamos?
−Silencio, cetrino; si no tengo bastante con este franchute ligón que nos quiere vender agua de Evian o de algún otro manantial francés te pones tú a pensar en la comida. Plantaríamos mijo, eso es, mijo, en estas praderas; con unas colmenas en esos pinares ya tendríamos miel. ¡Haríamos tortitas de mijo y miel!
−Calla tú, esparaván. Como te escuche Laiba te tira por el acantilado abajo. Vivir en una cabaña amazónica y comer a base de tortitas de mijo; hoy has caído de tu ciudad espacial en los anillos de Saturno a la edad de piedra. Se te nota agotado; deberías cenar caliente al llegar a Finisterre.
−Cansado pero increíblemente animoso. Es algo espectacular lo que estas vacaciones caminantes están haciendo conmigo. Podríamos parar aquí mismo, unos minutos, hasta que las chicas nos alcancen. Carl está que apenas camina; no sé si será ciática o algo similar.
−Simón, tendrás que volver a masajearle y habrá que pedir un taxi para él en cuanto lleguemos a la playa. Cuando cruzamos la ría pareció mejorar por el agua fresca del mar, pero en cuanto subimos cuatro cuestas se tiene que parar cada vente metros.
−Pues esperemos aquí, descansando sobre la hierba. Me has hecho soñar con tus digresiones peregrinas. Soñar despierto.
−Lo haces casi de continuo, Simón, pero no eres consciente. Descansemos y tengamos un ensueño luminoso y consciente
− ¿Eso qué es? Yo solo quiero descansar y cerrar los ojos unos minutos
−Precisamente; daremos tiempo a nuestra glándula pineal para que produzca un poco de DMT y enfocaremos nuestro sueño hacia algo verdaderamente interesante. ¡Ya lo tengo! Como no me dejáis levantar un Shabano monumental en estos lares pensaré en una inmensa edificación totalmente aleatoria y prodigiosa.
−Pero para un poco, Esteve, ¿qué historia es esa de la pineal y no sé que DMT?
− ¿Conoceréis la historia de Aladino y la alfombra voladora?
− ¿Quién no? De las Mil y una noches; ¿de donde sacas tú una alfombra ahora si me hiciste tirar la esterilla que traía?
−Lo importante es la historia, el cuento, para bien soñar. Durante cientos de años en Persia y lugares cercanos han estado realizando alfombras estupendas pero lo que no sabréis es de donde viene el mito de que sean voladoras.
−Cuenta, cuenta, que me siento despegar. Y Simón se duerme.


−Bien; el tejido utilizado puede variar pero hay algo que debe hacerse antes de empezar a tejer: teñir los hilos en varios colores. Los tintoreros deben meter la lana en piscinas donde se impregnará del color deseado. El tinte se extrae de diferentes plantas; muchas de ellas silvestres. Hasta aquí todo fácil y sencillo, pero desde hace siglos se conoce un mal que padecen los tintoreros y que obliga que siempre haya una persona vigilándoles.
− ¿Qué pasa? ¿Se ahogan en esas piscinitas?
−Alguna vez habrá ocurrido; por ello siempre hay alguien vigilante. Hace pocos años se descubrió el origen de esa extraña enfermedad aparente que hace que un tintorero, en cualquier momento, sin previo aviso, caiga inconsciente o delirante; como si se hubiera drogado. Y que cuente cosas inconexas y sorprendentes. 
Alguno de los tintes se extrae de plantas similares a la ayahuasca, y aunque sea en cantidades ínfimas hay una serie de moléculas en las plantas que si entran en tu organismo pueden hacerte delirar espantosamente. Al estar el tintorero todo el día chapoteando en los tintes algo puede llegar a entrarle y entonces su conciencia se evade. La “alfombra voladora” puede llevarle a Bagdad o al quinto pino. Y como caen desplomados pueden ahogarse en sus pequeñas piscinas.
− ¡Por eso querías llenar tu torre del agua de plantas y lianas! Nunca aprenderás Esteve! ¡Deja las drogas!
−No pruebo algo mas fuerte que el cava desde hace vente años, Simón. Y no necesitamos nada químico para ser felices. Nos basta con cerrar los ojos, aquí tumbados, y dejar que nuestro cerebro fabrique la cantidad  adecuada de DMT para tener un sueñecito placentero y fértil. Solo tenemos que pensar en qué tendremos que soñar. 
Os propongo un ejercicio; cada uno soñará un edificio majestuoso que levantaría aquí o en cualquier otro lugar del mundo si tuviera todos los medios necesarios para levantarlo. Soñar olímpica y majestuosamente, sin freno alguno. Tenéis mi permiso y protección.


El sol va camino de su entierro diario y sombras espesas acompañan los pasos peregrinos; tres muchachas acompañan los pasos renqueantes de un joven alemán que se ayuda con un largo palo para poder avanzar cuando, en un recodo del sendero, se encuentran con sus tres amigos y compañeros tirados en la hierba y durmiendo como roques.

− ¿Pero esto que es? Les creíamos ya en la playa del Rostro y están los tres roncando como búfalos. ¿Tú entiendes algo, Laiba?
−Vamos muy lentas y han aprovechado para dormir la siesta. Son españoles. Lo llevan en los genes.
−Marc Antoine es francés, voy a despertarle. No entiendo a los hombres.
−Ni tú ni ninguna mujer. Despiértale con cariño, amorosamente; con un beso de princesa para un sapito roncador. A ver en qué se convierte.
−Laiba, ¡déjale! Es cosa mía. Marc, ¡Marc! Despierta.
− ¡Umm! ¡Umm! ¿Qué ocurre? Dejarme tranquilo. Iros.
−Marc, despierta, soy yo, Nicasia. Despierta, ¿dónde estás?
− ¡Eh! ¡Oh! ¡Uhh! Ya. Que pena, que pena.
−Pero qué estabas soñando, cariño.
− ¡Uff! Debe de ser el sol; me he quedado grogui. He tenido el sueño más maravilloso de toda mi vida. Que pena haberme despertado. Habría seguido por los siglos de los siglos así.
− ¿Así? ¿Cómo? ¿Dónde estabas? ¿Salía yo en tu sueño?
−Todos vosotros y no sé cuantos cientos más. ¡Uff! Era increíble; tenía mi propio castillo palacio al borde del Loira y a él no paraban de acudir amigos de todas partes trayendo consigo las cosas mas alucinantes. Era un continuo vivir y relatarnos aventuras maravillosas. Sería un sueño pero me pesa haber despertado.
−Aventuras amorosas, supongo.
−Estando tú por medio había amor para dar y regalar. Éramos como soles o algo así, pero en vez de luz y calor desprendíamos una cantidad prodigiosa de cosas, sensaciones, emociones, ideas, ¡un amor! Millones de ellos. Solo mirarnos ya nos comunicábamos, instantáneamente, un millón de cosas. Era un prodigio continuo; era el cuerno de la abundancia multiplicado por cada uno de nosotros y cada amigo que llegaba lo elevaba a la siguiente potencia. Era más que un universo; una unión y conjunción de universos transmitiéndose de todo, de todo, de todo. Dios bendito, nunca pude imaginar algo así. ¡Uff! 
Y estos dos siguen durmiendo. Madre mía. Despertar a Simón, pero con mucho cuidado. Hazlo tú, Flora; que eres la única capaz de seguirle. A saber dónde estará este Mercurio.

−Simón, Simón, despierta. Despierta Simón, soy Flora; no temas. Simón…
−Ya, ya te escucho, perdona, Flora. Te oigo, me quedé dormido; me quedé dormido. Tenemos que seguir andando.
−Menos mal que despiertas normal porque Marc estaba totalmente ido; soñando con un palacio encantado a las orillas del Loira.
− ¡Pues anda que yo! ¿Dónde estaba? ¿Solo Dios lo sabe? Y era maravilloso; lo mas maravilloso que jamás imaginé.
−Carl, ¿tú comprendes algo? También Simón estaba flipando.
−Tal vez si nos lo cuenta; Simón ¿qué estabas soñando?
−Pues yo también vivía en un palacio; quien me lo iba a decir. El palacio de Neptuno al borde del mar, ¿Mediterráneo? ¿Caribe? No sé; la luz era prodigiosa y el palacio, el palacio, Señor, Señor, era como si Gaudí viviera en nuestros días y me hubiera levantado el palacio mas increíble jamás realizado. La Sagrada Familia a su lado parecía tener mil años de antigüedad. ¡Qué estructuras! ¡Qué estancias! ¡Las ventanas eran…!
− ¿Y estabas tú solo en ese enorme edificio?
− ¿Solo? Para tener un rato a solas me marchaba a darme un chapuzón y bucear sobre los arrecifes de coral. ¡Pero si yo no sé nadar! Me ahogaría en un jacuzzi. ¿Ese era yo? Entonces, este de ahora, ¿Quién es? Me palpo y me siento real, siento el calor en la piel, el sudor en la frente, pero hace un minuto me sentía igual o mejor. Y el mundo era tan diferente…
− ¿En qué era diferente? ¿No entiendes que era un sueño?
− ¿Aquello era un sueño y esto no? Era un mundo arbóreo, inmensos bosques llenos de vida tras los verdes prados en mi isla dorada. Los matorrales y las flores, las caracolas, las espirales, las formas prodigiosas que tenía mi casa. ¿Mi casa? Yo nunca he tenido casa; me crie en el Rabal, mi hogar han sido siempre las calles; tan solo tengo un pequeño local en El Born y aquello, aquello, mi isla amorosa; no hay dinero en el mundo entero para levantar algo así.
− ¿Pero quien estaba contigo? En esa isla habría sitio para unos cuantos.
− ¿Unos cuantos dices? Eso es un termitero y tú la hormiga reina, corazón. No para de entrar y salir gente y nuestra dicha no cabe en este mundo. Quiero volver, quiero volver ya mismo. Y que vengáis todos vosotros. ¡Ahora mismo!


− ¿Y como lo hacemos Simón? ¿Cómo entramos en tu sueño?
− ¿Un sueño? ¡Un sueño dices! Ya, éste dormilón ha sido el causante. Mirar como ronca el Nen de Pedralbes; nos comió el coco con un rollo sobre una manera diferente de dormir y soñar. ¡Uff! Y mira que habré visto y soñado cosas imposibles, pero esto, esto, no sé si lo perdonaré. O a vosotros por traerme de vuelta. ¡Como duerme! Estará en la gloria, ¡ya te digo! Despertar a este truhan o le despierto yo mismo.
−Laiba, deja a Nastia; tú le puedes asustar con tus maneras de amazona.
−Sírvete Nastia; este lechón es tu banquete
− ¿Por qué lo dices noruega?
−Lo sabes mejor que yo; no lo niegues. Lleváis semanas hablando con la mirada. No veas que cabreo cogió cuando marchaste con Marcial y nos dejaste atrás camino de Muxía.
−El buen hombre estaba muy enfermo, yo no podía imaginar hasta qué punto. Me pidió que le acompañase el último día; al llegar a un pueblo llamó un taxi que nos dejó a la puerta del hostal, y por eso no nos visteis en toda la jornada. Estuvimos paseando por el puerto y comiendo en una marisquería; me dijo que quería dormir la siesta y recuperarse para cuando vosotros llegarais. No pensaba andar más. Era su fiesta de despedida, quería hacernos un regalo, invitarnos a cenar; no sé…, todavía estoy como embazada. El choque ha sido tremendo; ¡nos reíamos tanto con él!


−Todas le queríamos por su gran corazón y su alegría tan española, inigualable. Pero a quien amas, desde que le viste, es a este genio chiflado. Anda, despiértale.
−Esteve, ven. Ven conmigo.
−Pero si estoy contigo Nastia divina; siempre estoy y estaré contigo mi niña amada. ¿Dónde quieres que vayamos si ya estamos? Si ya somos
− ¿Estamos? ¿Dónde? ¿Qué somos?
−El producto del inmenso amor que lo hace todo; nosotros tan solo representamos, nos movemos; ¡Dios, qué prodigio hemos creado!
− ¿Hemos creado? ¿Dónde?
− ¡Deja de mirar y observa! ¿No te parece algo prodigioso?
−Pues ahora mismo debo estar nublada, y como no nos expliques algo (haciendo un giño a los compañeros) seguiremos sin enterarnos. ¿Qué deberíamos estar viendo?
−Vale, vale, ya vuelvo. Ya entiendo, fue el ejercicio que les propuse a Marc y Simón. Comprendo, no lo podéis ver. Ja sóc aquí.
− ¿Dónde habías ido Esteve? Porque tus compañeros de parranda nos han contado que veían prodigios
−El prodigio son ellos mismos; ahora serán más conscientes de lo que pueden lograr. Me parece que estaba en Samarcanda, ¿la ruta de la seda? Por ahí debí marchar; estoy muy cansado. 
Un proyecto que tengo sobre la mesa, en mi despacho, esperando a que vuelva al trabajo. Un gran edificio, un centro para espectáculos, congresos, deportes, todo eso. Y lo estaba visualizando. 
¡Arggg! Pondré a todo mi equipo a correr como liebres. ¡Os necesito! Os necesito a todos ¡Nastia! Júrame que nunca me abandonaras. Laiba, Carl, yo solo no podré; vendréis todos conmigo.
−Tú eres el arquitecto ¿para qué nos necesitas?
− ¡No es un edificio! Somos nosotros, el ser humano, el creador. Tendremos necesidad de crear nuevas matemáticas, materiales, ideas, conceptos, renovar la visión que tenemos del mundo y compartirla con los demás. Cosas nuevas; eso es lo mas auténticamente divino que podemos realizar.
− ¿Cómo es el edificio que has soñado?
− ¿Soñado? Bueno, vale, soñado; pero lo levantaremos. Las dimensiones ahora no importan; la base será una estrella de doce puntas que crecerá en una estructura semiesférica para culminar en una estrella de cinco puntas, por donde entrará la luz. Todo será nuevo, liviano y resistente como nada construido hasta la fecha, nuevas aleaciones metálicas; sí, ya, y los nuevos hormigones ultrarrápidos. 
Construiremos como las arañas, las superarañas inteligentes; os necesito a todos, lo levantaremos en un visto y no visto. La cúpula ¡me piden una cúpula brillante! Ja, Ja, Ja, se podrá ver desde Saturno, será un faro galáctico. 
Escuchar: la cúpula tendrá dos capas, una fija, para las noches, y otra móvil para el día. Pequeñísimos nano robots movidos por energía solar extenderán una capa externa cada mañana  para tan solo dejar pasar la cantidad precisa de luz solar según la luminosidad recibida. Al anochecer recogerán esa capa de material ultraligero para que la luz de la luna y las estrellas se refleje en los millones de estrellas de nieve con que realizaremos la cúpula; en el interior del centro de reuniones se percibirá la luz de las estrellas, aún en la noche mas oscura, multiplicada y asombrosa.
−Vamos, que la gente querrá pasar la noche paseando por el interior del edificio.
−Pues claro, Carl. Les maravillará; para la inauguración necesitaré una orquesta filarmónica, como la de Viena, duplicada y transfigurada; el coro será angélico, Mahler, por supuesto. Comenzaremos con La canción de la Tierra, y de plato fuerte la Novena de Gustav Mahler. ¡Guau! ¡Alucinaran con el sonido del centro de reuniones! Todo el mundo querrá ir y conocerlo. 
Utilizaremos todas las resonancias fractales no lineales que podamos descubrir y los efectos cinéticos del sonido orquestal hará que la decoración vibre y cambie constante y continuamente. Será estar en el interior de un universo sonoro y magnífico; no es que la música nos transportará a un universo lleno de belleza ¡es que nosotros somos ese universo! Y lo podremos visualizar 
¡Guau! Tenemos que irnos, tenemos que hacerlo, será como tomar un millón de galaxias en cada mano y derramarlas sobre la humanidad para su embellecimiento y provecho.


−Pues ya está dicho. Simón ¿Qué nos queda hasta la playa?
−Serán unos cientos de metros. También tendremos que cruzar un arroyo. Pero solamente hará falta descalzarse. En minutos estaremos allí.
−Pues crucemos ese último Rubicón y reunámonos con nuestros compañeros, que se está haciendo tarde.
−Te seguimos Carl; y alegra esa cara. Mira estos tres, una siesta y sonríen como el gato de Cheshire.
−Es porque estamos al final de nuestra andadura. Se termina el caminar.



 Y esto es el capítulo noveno de Una mariposa con tres alas.
Aún queda el final. No os disgustará.
Os comento alguna de las cosas de las que hablan los personajes.



Un shabono es una construcción típica de los indios yanomami, en la zona selvática del sur de Venezuela, cercana a Brasil.Comentaros la vida de esta nación y sus construcciones transitorias sería muy extenso. En este enlace tenéis a vuestra disposición un estupendo trabajo sobre los Shabonos y los últimos pueblos del Amazonas.
http://www.monografias.com/trabajos93/shabonos/shabonos.shtml


 Sobre los aljibes y cisternas que ya se construían en la edad de piedra por todo el mediterráneo no he podido encontrar apenas información en español. Pero aquí tenéis un buen ejemplo aproximado:
http://www.gergal.net/historia/aljibes_gergal.pdf



La necesidad de conseguir agua potable donde no haya fuentes acompaña al ser humano desde que aprendió a poner una piedra sobre otra. En los próximos años la necesidad será más y más acuciante en muchos lugares del mundo. Conseguir agua del aire parece un milagro y es pura física aplicada. Ya hace miles de años por toda la zona mediterránea se construían pozos de agua, una curiosa obra a base de piedras que consigue extraer el agua del aire y que se decante en la piscina interior. De la necesidad virtud, y hay muchas cosas que ya están inventadas pero han caído en el olvido. El pozo de agua de las fotografías se conserva en la isla de Córcega.


Sobre la DMT o molécula del espíritu (molécula del espíritu, partícula de dios, no me llegan mas que estúpidos lemas constantemente de personas supuestamente letradas e inteligentes; perdón) podéis leer la opinión que tengo en este enlace a mi blog Aldaba amiga:
 http://ladmis.blogspot.com.es/2010/08/sobre-la-dmt-o-molecula-del-espiritu.html
Es una triptamina, una molécula que produce nuestro cerebro de manera natural. Alterar su producción o ingerir cantidades masivas seguro que trae consigo graves consecuencias para la salud de la persona. Está prohibida su producción, venta, y consumo, en el mundo entero.


Y, bueno, construir un edificio, la cúpula, a partir de formas inspiradas en los copos de nieve, esas estrellas maravillosas no sé si se le habrá ocurrido a alguien, pero cuando caminas días y días con un genio terrible y prodigioso como Esteve pasan esas cosas.
Se puede conseguir. Solo hay que ponerse manos a la obra.

Ya me queda muy poquito para terminar los cuentos del Camino de las luciérnagas.
Comenzaron con la  historia de Clarisa, la peregrina aciaga, recorriendo el Camino Aragonés y después vinieron muchos más. Confío que para el Puente de la Inmaculada habré terminado esta obra.
Me queda por subir algunos cuentos, de la edición escrita, al blog para su lectura digital, pero confío haberlo realizado antes de Navidad. Gracias por vuestra atención y seguimiento.


sábado, 24 de noviembre de 2012

Seven stars friends. Poem.




Seven stars friends


The roads full of flowers
You walk in the eternal night
Seven stars you are friends
The curdling fear thy blessed soul
The universe at your feet
Your seeds sown
You look at the stones
You hear the voices
Your tack strips the ills and you brighten up their soles
The sea of stars
Your eyes endless
The nave of the only
The immense battles
The millions of dead
In your hand a flower
In His Head the thousand flowers
It is the wine of this cursed land
That a day thou drankest
And now comes out of it.

Secret song of the fireflies

viernes, 23 de noviembre de 2012

Canciones para el Camino XIV: Depuis le jour de Gustave Charpentier.



 Estoy escribiendo el final de Una mariposas con tres alas; uno de los personajes: Marc Antoine va cantando continuamente una preciosa canción, una canción del Camino de las luciérnagas.
Se me ocurrió hacer un vídeo con fotos del Camino que anduve en 2001, pues de aquellas andanzas salen estos cuentos, y subirlo al blog por si os apetece visionarlo. Y de fondo musical esta maravillosa aria.
El aria Depuis le jour, de la ópera Louise, es de las mas hermosas jamás compuestas. Su autor, Gustave Charpentier, apenas escribió mas ópera después del éxito mundial que obtuvo con su obra maestra Louise; una obra sobre la vida de la gente obrera en el París de finales del siglo XIX.
Creó el Conservatorio Popular Mimi Pinson para enseñar música gratuitamente a las chicas trabajadoras de la ciudad de París y a ello dedicó el resto de su vida. Falleció en 1959.

En este enlace podréis conocer mejor a Gustave Charpentier: http://es.wikipedia.org/wiki/Gustave_Charpentier

La versión que escucháis es una grabación antigua con la prodigiosa interpretación de María Callas.


domingo, 18 de noviembre de 2012

Tres miradas. Cuento fantástico.



               Tres miradas

Camina por las calles de la ciudad del caracol entre gritos y risas, el verdín esmeralda de las viejas piedras, el olor a marisco y tarta de almendra, con paso decidido y veloz cual pantera; hay miles de personas entrando y saliendo de tiendas y bares, las flores en las ventanas, la ropa, ¡cómo visten las lugareñas! El calzado, los diversos maquillajes, malabaristas, cantantes, cuentacuentos, y estatuas humanas, en cualquier parte; el color de las piedras, el agua de las fuentes, ¡los hombres! Son guapos los hombres de esta tierra.
El gran templo medieval, las plazas en torno suyo, el sonido de gaitas, guitarras, los cánticos, gente disfrazada distrae a los turistas, el sol por todas partes. Sentada en el suelo, recordando las brumas y luces de las tierras del norte, espera Laiba la llegada del guerrero soñado entre tanto hijo inútil de Baco florido como tiene a su alcance. El viejo toro sestea y la doncella dorada se escapa, vencida y amada.
Las bonitas escaleras, sin mochila ni bordón, se suben sin querer. Abajo la fuente arriba la puerta de Platerías ¿qué esconde su interior? ¿Hará frío con este sol? Sus altas columnas, la claridad, el brillo del oro, el olor inconfundible del incienso, las estatuas, tantas estatuas del Alto Señor Patrón de la Cristiandad, el matamoros, el peregrino, ¡qué diferentes de la que vi en mi visión! ¡Qué perdido anda el mundo! Y siempre lo estuvo.


Mis antepasados, la sangre que me anima, los unos viviendo felices en selvas y montañas y los otros llevando este símbolo conquistador por bandera. La luz y los rumores de las gentes antes de empezar la misa peregrina. ¿La fe? Tantos nuevos descubrimientos, los inmensos conocimientos, la conexión en red, la nube de datos que tiende al infinito, y nuestro cerebro incapaz de asimilar tantos cambios y tan rápidos, tanta información incesante;
¡Cómo se nota al estar un mes caminando por los campos y montañas! Ya ni miramos las flores, las estrellas, la sonrisa de un recién nacido. Solo una continua conexión sin motivo aparente. Como si estuviéramos en ebullición. ¿Y la luz? La luz interior. La nuestra propia. No procede de nuestro cuerpo; hasta las pulgas tienen más genes que nosotros. ¿De dónde procede?
Cantemos, cantemos himnos de alabanza al Creador y en silencio confiemos en que esa luz interna salga al exterior pues somos las luciérnagas del Señor. Descansa Nicasia y escucha su canción.


Te ves de nuevo Némesis, entre gentes y piedras, y nada parece cambiar. Dos tórtolas blancas sobre las torres de la catedral y gente atolondrada que vive sin pensar, ni saber qué y quienes les dominan y dominarán. Caminan y sueñan pensando en mundo mejor pero nada hacen por conseguirlo.  Miran las cosas, remiran sus rostros, hacen como que se hablan y escuchan; saben lo que saben y siguen como sin saber. Actúan de manera maquinal y con más y más maquinas entierran sus escasas ilusiones.
Vienen desde los cuatro puntos cardinales a visitar un sepulcro, cuatro huesos, y no miran la vida que tienen ellos mismos. Como si fueran piedras o adobes, con sus sudores otros edifican sus palacios y torreones; como si fueran cárceles sus ánimas se desesperan en un cuerpo falible y caduco, como si fueran fieras feroces saltan o les hacen saltar los unos sobre los otros; habiendo alimento y riquezas para saciar  más de diez mil millones de habitantes la inmensa mayoría vive en la mayor de las miserias o se muere de hambre. 
Si alguien les indica las estrellas para saber de qué están hechos sus cuerpos no miran más allá del dedo que lo indica, si alguien les indica la luz divina que cada uno tiene en su interior lo escanean y por chiflado lo toman o encarcelan. Si alguien les dice que esto se puede cambiar y vivir mejor, sin destrucciones, sin guerras, sin miserias, sin hambres, le preguntan ¿de dónde has sacado la idea de esto se puede cambiar?
La respuesta de Danika es: Un universo entre millones de universos y a vosotros os ha tocado el mejor; un planeta entre millones de planetas y a vosotros os ha tocado uno maravilloso. Tenéis la inmensa suerte de estar vivos ¡y no vais a hacer nada!  Nunca más volveré. Aquí no se me ha perdido nada.

Son simplemente tres miradas, tres miradas en Compostela. Tres peregrinas que han llegado hasta el final del Camino de Santiago y cada una, para sí mismas, va pensando en lo que ve y en lo que esperaba encontrar. ¿Mereció la pena el esfuerzo?

Desde la primera vez que peregriné a Santiago de Compostela siempre les he hecho la misma pregunta a mis compañeros: ¿mereció la pena el esfuerzo?

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Two rivers. Poem.




         Two rivers

Two rivers and three children
Four Winds fleeting
Thousands of birds of all colors
As gathered in bundles
They are the eyes of God
here on Earth.

Dance which colorful butterflies
The spirits of the nobles,
And in their dreams
Come laugh their inner soles.

The rivers join their flow
The children their hearts,
The life is renewed in millions of beings
And their mouths they praise the Creation.

Seven pilgrims get up early and go out and walk
Two angels measure their steps and their thinking
A fishing boat is next to the near Cape Touriñan
With its golden networks already have fish our bright areas.

In the night cries a child
The patient suffers in the hospital
A train light scintillates congrat for the stars
It leads to the that offends God.

 Algún día, si Dios quiere, nos reuniremos felices y contentos cerca del Cabo Turiñan. Cantaran los niños y reiran los soles.