miércoles, 31 de octubre de 2012

Donde siempre es ahora. Cuento completo.

   Como esta es la noche de Haloween, la noche de los duendes de la antiquísima cultura irlandesa, un duendecillo que tengo por casa me sugirió que subiera al blog un cuento con tintes terroríficos.
No es lo mío pero recuerdo haber escrito un cuento para las luciérnagas donde el auténtico protagonista es el miedo.
Espero que os deleite su lectura.


           Donde siempre es ahora

          La niebla. Siempre esta niebla. La niebla me retrotrae a mi infancia. Los largos inviernos del este de Alemania. Los nazis. Sus desfiles triunfales. Los altos estandartes cruzando el puente que comunica los dos barrios del pueblo. Los niños admirando su paso marcial y los negros estandartes. El puente. Sus pasos resuenan en lo profundo de mi alma.
          Un puente. El puente. He de encontrar un puente. En esta guía indica que he de pasar un puente y tras él encontraré una fuente y el pueblo.
          El puente. El puente por el que vinieron los rusos. La ferocidad con que destrozaron el ayuntamiento y la fuente central. A cañonazos derribaron el templo parroquial. La niebla y la escarcha de aquella jornada. Comenzaba un invierno que duró más de cuarenta años. El hielo. El horror. Las almas invernadas. Siempre bajo cero. Helado espíritu y alma callada.
          El camino. Estos montes y senderos se parecen a los que conocí de niña. Allá en mi tierra. Gélidas mañanas de verano yendo al monte por leña. Los cadáveres de los fusilados tirados por todas partes; mis padres, mis abuelos, los vecinos; y ahora, estos montes donde no se ve un alma. ¿Por qué no iría por la carretera como todos los demás? Necesitaba estar sola. Pensar en mí misma. Tantos años pensando en la familia, la comunidad, el estado; no he tenido tiempo apenas para mí misma.
          El primer viaje de mi vida; y es aquí, lejos de mi familia, de mi país. Una tierra extraña y fascinante. Una gente locuaz y simpática. No entiendo casi nada de lo que dicen pero ¡cuánto me hacen reír con lo que gesticulan! Tienen un talento natural para el mimo y la improvisación. Niños que a todo juegan con todos; como si no tuviesen maldad alguna o no les importase lo más mínimo si la tienen. Tan solo es jugar y charlar a todas horas. Solo niños. Los niños del sol. Hablan y ríen. Con todo se divierten.
          Eres simple; Catherine. Una mujer simple en un mundo de niños que juegan y bailan. Y te has perdido. Catherine. Niebla y escarcha. Siempre el hielo. Hitler.
          Debería encontrar un puente. En alguna parte ha de haber un puente; estoy perdida en estas intrincadas montañas de un país lejano.
          Ahí delante parece haber algo en el muro de piedra: una imagen de piedra.
¡Es un ángel! No encuentro un sencillo puentecillo y aparece el Ángel Protector del Camino. Ahora estoy segura alguien vendrá y me conducirá a Sarria. Gracias, Señora. Ahora lo tengo claro: llegaré hasta mi Señor Santiago. Pisaré Compostela.
         Siempre hay un ángel que cuida de las personas de buen corazón.


− ¡Ultreya e Suseya!
− ¡Buenos días!, señora. ¿Qué tal va el Camino? ¿No le da miedo andar con esta niebla?

          De un recodo del camino ha surgido un tipo de aspecto sucio y mal encarado que lleva sujetos con correas a dos perros pastor alemán. Se dirige directamente hacia ella y comienza a caminar a su lado. Desprende un olor a perro, a sudor, y suciedad. Sus ropas son viejas y roídas, su cabello es de un blanco amarillento, su bigote está teñido por la nicotina y de su boca sale un aliento a tabaco negro. Carga con una vieja mochila de tipo militar y se ayuda al caminar con una larga vara de negrillo.
−Lo siento, no entiendo bien lo que me dice.
−Es usted extranjera.
−De Alemania, mi español no es muy bueno.
−No importa; caminemos.

          Caminan un rato en silencio, entre neblinas y fragas, cuando, al llegar a un arroyo, se encuentran con que el puente esta derrumbado y el agua les llega por encima de las rodillas.
−Si quiere se puede agarrar a mí y pasaremos juntos.
− ¿Y sus perros?
−Saben nadar.
−Temo que la corriente me arrastre; el miedo atenaza mis piernas
−Piense en algo que le ayude a superarlo
−Una tarde, después de acudir a un oficio religioso, en Pamplona, al dormir una corta siesta, soñé que éramos peces, que vivíamos en un inmenso río de la vida y entre nosotros discutíamos y luchábamos por alimento y territorio habiendo más que de sobras para todos. Peces de todos los tamaños y aspectos comiéndose los unos a los otros mientras el implacable río continuaba su avance inmutable. Ahora tengo miedo de pisar el agua.
−Este arroyo no la arrastrará, que ya me cuido yo de ello, y las pocas truchas que puede haber no la van a comer. No son tan grandes.
−Mas temo los que caminan sobre dos patas, toman las armas y esclavizan a los débiles matando a cuantos les estorben
− ¡Venga! Que ya está casi en la orilla, y olvide esas penas que vamos para tiempos mejores
−El tiempo es siempre el mismo desde el principio del Universo; mejoramos o empeoramos los seres humanos
− ¡Qué pena no haber encontrado un puente! Se está poniendo usted tétrica, ¡anímese! Ya queda poco para Sarria. Este camino a la sombra de los árboles y con este verdor anima a charlar. Si me permite le contaré un cuento a ver si se le pasa el miedo.
−Cuente su historia. ¿Dónde discurre?
−En el interior de una mina.



Yo soy minero y hace poco me jubilé; pero hace unos años hubo un derrumbe y quedé atrapado con unos compañeros en el fondo de un pozo. Pasaban las horas y nuestro futuro parecía más negro que la antracita que extraíamos; al fin el cansancio nos rindió y pudimos dormir algo. Unos a otros intentábamos animarnos contando chascarrillos del pasado y putadas que haríamos nada más salir. Más que nada por descargar la tensión tremenda que íbamos acumulando. Comenzó a escasear el agua y la comida y aumentar las emociones más fuertes; sobre todo el miedo y la ira. Llegados a un punto cada cual evitaba el trato con los demás y se escondía en rincón de la galería del que procuraba no salir apenas. En cierto momento, estando entrevelado, medio dormido, escuché la voz de un muchacho que se agachaba ante mí, con una linterna de bolígrafo en la mano enfocada a mi pecho, y me decía: ¡deja de maldecir! Saldrás de esta y de otras peores; no conoces tu destino. ¿Lo sabes tú? Yo he conseguido salir de un agujero mucho peor que este. ¿Y qué encontraste? Una antigua estrella cuya luz busco en todas las cosas. Cuando te canses o ya no puedas trabajar en la mina comenzarás una nueva vida en la que construirás puentes. No soy ingeniero. Me refiero a puentes entre las personas y los cielos. No te entiendo; solo sé picar y excavar. ¡Lárgate! No importa, un día harás un largo viaje y entenderás lo que ahora no comprendes.
Instantes después estaba despierto y contando mi sueño a mis compañeros.

− ¿Cómo reaccionaron?
−Se rieron; decían que deliraba. La verdad es que todos estábamos ya muy mal y procurábamos dormir todo lo posible para no malgastar fuerzas. El caso es que viéndome ya muy débil y a las puertas de la muerte comencé a rezar; lo que no hacía desde chavalín, y como que entré en una especie de trance donde pasé a ver como si fuera otro mundo, otro lugar muy diferente a todo lo yo conocía.
− ¿En qué difería?
−Era un país muy soleado ¿Dónde nunca se veía el sol? No sé. Ahora que lo pienso me extraña. Un pueblo de marineros que subía de la playa al monte, una costa con altos acantilados, unas casas de piedra, y las gentes vestidas a la antigua usanza y muy sencillas. Al preguntar dónde estaba me respondieron: ¡donde siempre! ¿Qué tierra es esta? Aquí no hay tierra solo imaginación. ¿Pero qué tiempo es éste y en qué mundo vivís?  Esto es donde siempre es ahora y no hay mundo ni pecado ni arriba ni abajo ni en parte alguna. Así es como queremos ser. Baja al mar e intenta coger un pescado.
Al llegar a la playa me quedé sentado mirando las diminutas olas en un mar como de mercurio y la inmensa luminosidad que lo llenaba todo; me acerqué a gatas hasta tocar el agua y, de repente, apenas mojar un dedo, me encontraba de nuevo en el interior de la mina justo cuando llegaba el equipo de rescate para salvarnos. Llevo esa visión conmigo desde entonces y este verano algo me impulsó a venir al Camino buscando no sé el qué. Pero camino.
−Pues ¡vaya!, caminante, me has encontrado a mí que también algo te podría contar. Pero, ¡mira! Ya se ve la carretera y la ciudad del fondo debe de ser Sarria. También hay unos chicos parados junto al sendero y deben ser peregrinos.


− ¡Hola, que tal! ¿Haciendo el Camino?
− ¡Claro que sí! Me llamo Peio y soy vasco
−Yo Antón, asturiano; esta señora que me acompaña es alemana y me estaba contando algo muy interesante pero parece que ya nos queda poco para llegar al albergue
− ¡No te creas! Entre llegar y no tardaremos casi una hora. Vamos cinco peregrinos, cada uno de una tierra diferente, y nos vamos contando cosas de lo más insólito. ¡Cuente usted lo que quiera, señora! Aquí todos somos compañeros


−Son sueños y recuerdos extraños; todos entremezclados. De cuando cayó el Muro de Berlín. Había noches que los sueños eran tan vívidos que por el día no sabías si vivías soñando o soñabas viviendo. Los míos eran relacionados a mis recuerdos de juventud: los nazis recorriendo las calles del pueblo, Hitler sentado en un trono dorado y el pueblo haciéndole una falsa adoración, vestidos todos de soldados cristianos, y luciendo en el pecho la cruz de los caballeros germánicos. Después vinieron los comunistas quemándolo todo y Stalin sentado en un trono de piedra rodeado de fuego y demonios enviando a la gente por millones al pozo inmenso donde arden las almas, una infinidad de seres humanos, inmolados por el pecado de nuestros ignorantes padres y la maldad que desde entonces arrastramos. Todo por ignorancia.
− ¿Era tan fuerte la cosa?


−Era mucho más y os lo resumo para que podáis caminar hacia la salvación. Era cada día. Era el hambre. El tiempo criminal de la dictadura comunista os lo ahorro para no espantaros más. Y, de repente, sentía como que soldados de mi infancia venían a buscarme y despertarme cada noche. Era tiempo de festejos por la reunificación pero aquello me resultaba insólito; me parecía que eran nazis que intentaban reclutarme para no sé qué batalla y luchaba y huía de ellos cuanto podía. Día tras día.
− ¡Qué fuerte! ¿Tomaba algo para dormir? ¿Escapismo mental?
− ¡Pero si no teníamos casi para comer y vestir! No sabes lo que era la vida en un pueblecito junto a la frontera polaca. Pasábamos al otro lado para comprar pan y legumbres. En una feria de pueblo una aldeana me regaló una estampita de la Virgen de Czestochowa y la guardé en mi regazo. Una vez en casa, aquella noche la colgué del cabecero de la cama y debí susurrar alguna oración olvidada desde la niñez; el caso es que aquella noche me sentí conversar con una presencia extremadamente luminosa a la que preguntaba por aquellos inmensos y terribles abismos donde las almas por miríadas ardían hasta lo más ínfimo de su ser: eran todas como increíbles llamas rojas que consumían todo su ser eterno entre los más espantosos dolores que imaginarse sea uno capaz.
Todo fuego y horror, todo agarrarse y maltratarse los unos a los otros queriéndose librar de semejante espanto al precio que fuese. Todo un universo sin final conocido donde seres de todo tipo y condición, tamaño y forma, ardían en un fuego incombustible hasta la consumación de los tiempos.
−Eso no puede ser verdad. Te mueres y en paz.
− ¡Calla ya, valenciano! Este los únicos fuegos que conoce son los que enciende para hacer paellas. Usted siga.
−Llegado un punto mi capacidad de horrorizarme alcanzó su culmen y exclamé: ¡Líbrame, Señora! Penitencia tendrás que hacer y bastante. Escuché. Cuando te llegue la luz tomarás esta estampa, cuatro pertenencias escasas, y caminarás hasta Compostela, en España, donde la dejarás guardada en una rendija entre las piedras de la Catedral. Cuando te vengan a buscar, tras tu muerte, los demonios que por tu vida han pasado diles que primero encuentren mi santa imagen por ti escondida entre tan venerables piedras. Y tú queda tranquila, que si por un causal la encontrasen conmigo se tendrían que enfrentar antes de llevarte. Para ti tengo reservado un destino muy diferente y mucha lucha. No te aburrirás; esta vida miserable que estás llevando solo es de preparación para lo que te espera más adelante. ¡Confía en Mí!
             Y en esto estoy; desde entonces aprendiendo español, y este verano que ya estoy tan mayor, -cerca de los setenta- comprendí que debía hacer el Camino.
− ¿nos podría enseñar la estampa?
− ¡Ya! Y después me tiráis al fuego eterno


−Tan malos no seremos todos, mujer, que somos compañeros de Camino. Usted guarde la imagen que estamos llegando a Sarria. Me permitiré contarle algo de lo mío que no es moco de pavo.
Yo también pasé una crisis existencial que coincidió con el suceso terrible de las Torres Gemelas en Nueva York. Cada noche tenía sueños y visiones de lo más insólito y por el día andaba como espantado y las noches ni recordarlas. Llegando la navidad, no sé el porqué, tomé la credencial de mi primer Camino y la Compostela, me eché en la cama y me puse a meditar en el género humano y en si ya comenzaba la Tercera Guerra Mundial. Quedé dormido interrogándome sobre mi destino personal y el de todas las personas que amaba.


Al rato me sentí como fuera de mí y viendo una extraña e inmensa cripta a la que continuamente llegaban y llegaban miríadas y miríadas de personas vestidas con hábito blanco que les cubría de la cabeza a los pies, como los monjes cistercienses o los cartujos, algo así, de tal modo que no había modo de saber quiénes pudieran ser o que aspecto pudieran tener. Daban y daban vueltas alrededor de un inmenso pozo en cuyo interior escupían y arrojaban cosas. Al querer mirar hacia el fondo una presencia luminosa me apartó, me gritó: ¡ahí no mires jamás! y me llevó presto a una disimulada estancia de aquel inmenso edificio.
En su interior había personas a las que reconocí como jefes de este mundo que rendían pleitesía a un individuo cuya faz resultaba irreconocible. ¿Quién es ese? Ese gobierna los mundos que por malvados e ignorantes creáis. Respondió la presencia. Mira su trono de falsedad. Ves cuanto oro y piedras brillantes lo adornan, ¡por eso os matáis! ¿Ves las riquezas de todo tipo que a sus pies depositan los gobernantes? ¡Es el fruto de vuestro trabajo y hambre de justicia! ¿Ves las armas de los guardas que le protegen?, las que vosotros fabricáis sin cesar, cuando el mundo tiene riqueza más que suficiente para cuantos estáis y cuantos vengan después. ¿Podría matar a ese tipejo? Así se acabarían los males del mundo. No puedes matar un arquetipo que en vuestro espíritu tenéis formado y os arrastra el alma a las peores miserias que no sois capaces de imaginar y menos comprender. Ese que ahí ves sentado, si supiera lo que hace y el destino inmortal que le espera saldría disparado a tirarse al pozo.
Sacándome de la estancia y edificio me mostró una puerta y un camino ¡ves esa marca en el suelo! ¿La reconoces? Asentí, y aquel ser, dándome un liviano empujón me despidió con un suave requerimiento casi al oído: ¡Nunca, pase lo que pase, dejes el Camino!                       
            Y hasta la fecha sigo año tras año, en cuanto tengo vacaciones, tomo la mochila y el bordón, por una ruta u otra, pero siempre hacia Compostela.


− ¡Bueno! ¡Vale! Dejemos eso tan tétrico, que ya estamos en Sarria en cuanto pasemos este puente. Os invito a una cerveza en una terraza. Ya subiremos al alberge. Me habéis dejado el cuerpo temblando con vuestras historias. A ver si hay suerte y tienen paella en el menú de alguna de ellas. Lo que habéis contado no es fácil de digerir; seguro que un arrocito ayudará.
− ¡Puentes, ya solo veo que puentes! ¡Estoy ya tan cansada y hambrienta que no hay otra cosa en mi mente! Pero, como nosotros decimos: “Aber mein Ziel war der Weg”
− ¿Qué significa?
−Pero mi meta era el Camino.

Como siempre hago este cuento se lo dedico a aquellos peregrinos con los que anduve el Camino de Santiago y me sirvieron de inspiración a la hora de escribir.
Este cuento en especial se lo dedico a la peregrina Katharina Scheliga, de Markklecberg, población vecina a Leipzig, Alemania, que casi con 70 años vino a España y con la que compartí Camino en el año 99. Las historias que nos contábamos noche y día sirvieron de base para el Camino de las luciérnagas.


A las historias que cuenta la peregrina alemana se unen las del peregrino vasco y todas giran sobre soldados y sobre lo mismo: la gran mentira que es la guerra.
Tras los relatos sobre la II Guerra Mundial y sus consecuencias nefastas aparece el suceso del 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York, y volvíamos a lo mismo: soldados que se decían cristianos, musulmanes, lo que sea, se tiraban de todo y con todo. El caso era aniquilar a su prójimo.
Cuando estás con Dios no tienes la menor necesidad de atacar nada ni nadie. Ya eres, ya estás, ya has llegado. Aunque te encuentres en el fondo de la mas oscura de las minas, mentales, espirituales,  como lo queráis decir, El siempre está contigo. Aunque no lo notes.
El que diga lo contrario es un mentiroso; y lo sabe.

Twelve angels. Poem.


         

Twelve angels


Twelve angels and a celestial dragon
The old eye that sees all.

You walk barefoot on the boil green,
old pilgrim,
There is still time and you will be able to escape.
Lights in the sky
that deplete instantly to look at.
Lives lost without remedy
There is no more to see.
The steps marked have been deleted
And your mind already flees
her old causal scenario.

Cubes and pyramids, letters and signs.
Human constructions and dreams of children.
A flat world under the celestial vault
The Madam whispers its old sing
Already you're looking forward
to sleeping and dreaming.

Two red lights and a more,
Sky blue,
For your eternal sleep hot.


martes, 30 de octubre de 2012

Capitulo octavo de Una mariposa con tres alas.

   Por más que pienso y me esfuerzo en desplegar fantasías siempre me sorprende el mundo que llamamos real, por decir algo, y las historias que leo o me cuentan.
Ya llegan los peregrinos a las doradas arenas de la playa del Rostro. A un lado el Cabo Touriñan, al otro el Cabo Finisterre, en medio la mar; poco queda para su reunión y resolución final.
Que disfrutéis con su lectura.



Capítulo octavo

Bajan charlando los cinco peregrinos por una estrecha carretera entre pinares hacia la playa del Rostro cuando un grupo de caballos cruza por delante de ellos y se pierde entre los árboles. Uno de ellos es blanco e increíblemente hermoso.


Jan corre tras él intentando echarle mano pero el caballo blanco desaparece tras sus compañeros y el checo se queda al borde del camino lamentándose. Los otros cuatro peregrinos llegan a su altura segundos después riéndose e increpándole:
−Pero Jan, ¿para qué quieres un caballo? ¿Sabes montar?
−Desde niño, Park. Me habría venido bien para ir en busca de esos perdidos caminantes; me parece que nunca llegaran al paso que traen.
−Capturar un caballo blanco era lo único que nos faltaba en esta locura. ¿Recordáis la historia que nos contó un borracho en el bar de Olveiroa?
−Yo la recuerdo. Iba de una aldea hacia otra y se le apareció un caballo blanco entre la niebla; intentó capturarlo pero se le escabulló entre los árboles. Como te ha pasado a ti.
− ¿El que nos decía que durante días se sintió como un auténtico dios a causa del caballo que se le apareció?
−Ya me acuerdo; el que nos decía que eso mismo les había ocurrido a Carlomagno y a Benito Mussolini y por eso habían llegado a emperadores europeos. Todavía se estaba lamentando de haberlo dejado escapar; se le había pasado el efecto eufórico y estaba con la melancolía etílica. Confiemos que eso mismo no le ocurra a nuestro amigo Jan.
−Camina tranquilo, Glenn; que no tengo ambiciones imperiales y he conocido caballos por centenares. Ya se ve la playa allá al fondo. Bajemos, tengo ganas de descalzarme y caminar por la arena. Esperemos que Laiba y los otros lleguen pronto.
En ese momento un fuerte viento, caluroso, pegajoso, espectral, se levanta a sus espaldas y les impulsa cuesta abajo; hacia la playa.



− ¡Uff! ¡Vaya ventarrón! ¿Será producto de esa tormenta solar que decías que estaba cayendo, Glenn?
−No creo, todo lo más esas tormentas producen auroras boreales en latitudes muy superiores. Será por la hora y los cambios de viento en la costa; de esto sabrá mucho más nuestro marino peregrino.
− ¿Sebastián? Viene detrás, caminando como ausente. Debe de estar pensando en las ballenas de Jonás.
−No estoy lejano de mente y os estoy oyendo. Si, las ballenas venían a estas costas hace siglos; en algún rincón como éste se tragarían al Jonás bíblico si estaba pescando.
−Disculpa a Park, pero llevas un rato muy callado. Sin soltar prenda.
−Estaba pensando que a este paso se nos puede hacer de noche en esa playa, y, ¿sabéis una cosa? No me importa en absoluto.
−Park, ¿no traerás tu linterna en la riñonera?
−Pues no, Jan; la dejé en la mochila, con todo lo demás. ¿Por qué lo preguntas?
−Por si nos vamos a quedar a oscuras; entre Sebastián y yo os tendríamos que guiar por las estrellas.
− ¿Qué teméis a estas alturas de la aventura? ¿Quedaros sin luz eléctrica? Aún recuerdo cómo murió pobre y solo, con el corazón roto por una paloma, su inventor.
− ¿De qué hablas Sebastián? ¿Qué eso de la paloma y la luz eléctrica?
−Recordaba la historia de Nicola Tesla que tras llevar la energía eléctrica a las ciudades e iluminar sus noches nunca salía de noche.



Por las mañanas bajaba a un parque y daba de comer a las palomas. Ya había comenzado la Segunda Guerra Mundial y aunque no quería saber nada del mundo al fin se enteró de que América estaba en guerra. 
Así que escribió una carta al presidente Roosevelt prometiéndole un “rayo de la muerte” que podría acabar con aquella locura humana en pocos días.
− ¿Y qué ocurrió? No le funciono el rayo
−Nunca lo sabremos. Lo que sucedió es que Tesla se enamoró de una paloma.
De una preciosa paloma blanca. Cada día pasaba horas y horas, hasta que anochecía, en el parque dando de comer y hablando a su amada paloma. Ni construyó el rayo de la muerte que podía destruir divisiones enteras de continente a continente ni cosa alguna más. Su mente se fue de este mundo. 
Cuando la paloma murió no pudo soportarlo, quedó encerrado en la habitación de su hotel, y falleció poco después mientras veía por su ventana Manhattan iluminado por el millón de luces que él había logrado encender.
−Lo que pasa es que se volvió mochales, turulato.
− ¿Mochales un tipo que les daba sopas con onda a Einstein, Fermi, y todos los demás? Miró y vio la maldad del hombre y se fue. Había iluminado las noches para espantar los miedos pero no pudo hacer lo mismo con nuestros corazones. Y se fue. Bajemos a la arena. Veremos la espuma de las olas aunque no la marejada que mueve nuestros corazones.
−Si, bajemos. Los otros están ya al caer. Me parece que estoy oyendo cantar a Simón.

 La historia del caballo de Perseo que se aparece entre la niebla a contadas personas al cabo de los siglos y les lleva hasta el imperio  me la contó un borracho en un bar. Cosas de escritores.
Pero la que Sebastián cuenta de Nicola Tesla es tal cual. Arriba está la última foto que le hicieron, aún vivo y perdidamente enamorado de una blanca paloma del parque que había al lado de su casa. 
Como ingeniero e inventor ni siquiera Leonardo Da Vinci se le puede acercar en la comparación. Yo no estaría escribiendo en un ordenador y seguiría con el papel y el bolígrafo.
Pero amó a una paloma y se olvidó de la guerra; y de todo cuanto por entonces los hombres inventaron.

Broken hearts. Poem dedicated to my friends of E.E.U.U.




Broken hearts

The broken hearts
The feet smashed
The soul almost loss
But firm the heart.
On his knees
At the gates of Forgiveness.

And life will be new
Fed by its Light
Will change and will be renewed
Always with Love.

Combining miseries and glories
Leaving behind plants and animals
Looking at the men,
Raise a new hope,
A better understanding,
Of what is
simply God.



Looking at the statistics of my small blog i discovered that in his short life brings more than 5,000 visits from readers of the E. E. U. U; my thanks to all of them.

sábado, 27 de octubre de 2012

Capítulo septimo de Una mariposa con tres alas.

   Ya están cerca los peregrinos de cumplir con su destino y alcanzar el final soñado, pero de frente tienen la Ría de Lires, la más pequeña de Galicia, quizás del mundo entero, y el Mellón de Lires, un montecito al borde del mar. ¿Qué harán?
Cruzar las aguas es un rito singular que aparece de improviso en las grandes epopeyas ¿Cómo afrontaran los peregrinos de las luciérnagas este episodio? ¿Serán arrastrados por las aguas o por las circunstancias?
Veámoslo.


   Capítulo séptimo

   Al fin estamos todos, ya han llegado las chicas. A ver, Simón, ¿ahora qué hacemos?

Delante de ellos se encuentra la desembocadura del río Lires en la bocana de la ría y al otro lado del agua se ven una carretera que lleva al pueblo y una pista forestal que sube al monte. El agua está fresquita pero la marea baja apenas aporta oleaje al caudal de la ría.

−No hace falta pensar mucho. Os quitáis la ropa y la guardáis en la mochila, las botas colgando del cuello, y pasamos al otro lado. Subiremos por ese camino de enfrente y en menos de una hora estaremos en la playa del Rostro. ¡Venga! ¡Vamos! Flora, tú cruzarás conmigo. Los demás ir formando parejas como si fuéramos a bailar y veréis que bien cruzamos.

Festivos y gloriosos van desnudándose los peregrinos disponiéndose a cruzar la ría; cantarines y bromistas, formando parejas, se disponen a cruzar las aguas que les llegan por la cintura. Esteve toma de la mano a la liviana Nastia y son los primeros en llegar al otro lado ganando por un cuerpo la carrera a Simón y Flora. Carl y Laiba cruzan despacio debido a la cojera del alemán que tiene ir apoyándose en el hombro de la noruega. Les siguen, muy, muy lentos, Marc Antoine y Nicasia.

− ¡Nadie entre aquí que no sepa matemáticas! Grita eufórico Esteve al llegar al otro lado.
−Mas bien deberías gritarles aquello de “nadie se bañará dos veces en el mismo río” si estás en plan helénico.
−Venid, UBE´s amadas del Señor, y seguir mis pasos entre las rocas
− ¿Qué es eso de UBE´s Esteve? Y mira para otro lado que me tengo que vestir
−Unidades Básicas de Existencia, bellísima Nastia. Preciosas esferitas dotadas de genes escasamente inteligentes pero dolorosamente placenteros
− ¿Te encuentras bien Esteve o vuelven tus achaques filosóficos?
−Estoy fantástico, Simón; ¡qué buena idea hacer este recorrido fuera de guías y caminos marcados. Después del disgusto de ayer por momentos me siento pletórico. Bueno, ya llegan Carl y Laiba. ¿Pero que les pasa a esa pareja que no avanza? ¡Nicasia! ¿Qué ocurre? ¿Venís u os quedáis a remojo?
− ¿Pero qué les ocurre que no hacen mas que reírse? ¡Nica, guapa, ya te vale!
− ¿Tenéis algún problema, Nica?
−Sí, uno; y muy gordo. Qué digo, ¡de campeonato! ¡¡Ja, Ja, Ja!!
− ¿Pero qué jaleo se traen esos dos que no paran de reírse y no terminan de salir del agua?
− ¡Esteve! Mira que eres tonto. ¡Nicasia! Marc está cruzando con Nicasia. ¿Entiendes?
− ¿Nicasia? ¡Ah! ¡Umm! ¡Ju, ju, ju,…! ¡De campeonato! ¡Venga ya!
−Vale; dejarles solos o pasamos aquí la tarde. Subamos hasta la carretera; ya vendrán.
−Si lo dice Laiba punto redondo; ya nos alcanzaran. Un poco de intimidad para esta nueva pareja peregrina. Subimos por esa pista y tan solo tenemos que seguir unos caminos al borde del mar para llegar la siguiente playa. Mas adelante hay una fuente y podemos esperarles allí.
−Te seguimos Simón, aunque quizá seas la peor persona a seguir del mundo entero.
− ¿Porqué dices eso Esteve?
−No te mosquees Flora, sabes que le estimo de corazón; es por sus creencias antiguas  y su errático comportamiento.
− ¡Vale! Como ya no habrá problema para llegar hasta la playa, de aquí en adelante será Esteve el guía supremo de la expedición. Veremos qué hace al cargo de todo el grupo.Yo cantaré eufórico:
Un ramín de romero
Puso a los pies del santo
Y con un beso en la frente
Le entregó su encanto
− ¿Con quien ibais a estar mejor? Simón cantarín, yo magnífico, y Carl risueño ¿Qué haré? Ilustraros, ya que nos hemos quedado, provisionalmente espero, sin astrónomo francés ¡si no es para tanto lo suyo! Yo se la he visto y os puedo asegurar que…
−No sigas con temas escatológicos e ilustranos con tu insondable cultura.


−Bueno, ¿sobre qué podría girar la discusión? ¡Ah! Si, ya lo tengo, irá de naciones; ya que este Camino parece la O.N.U. andante ¿Sabéis cuantas naciones hay hoy día apuntadas a ese selecto club?
−Pues entre  Afganistán y Zimbabue suman 192, más algunos casos especiales como El Vaticano o Taiwán y otras naciones haciendo lo que pueden para ser admitidas de pleno. Casi 200.
−Caramba con la rusita. Bueno, ¿y alguien sabe decirme porqué en vez de 200 no hay 400, 800, o 1000?
−Razones históricas. Las naciones no nacen de la noche a la mañana.
−Tienes parte de razón Laiba. Por inercia mental y viejas maneras de pensar seguimos pagando impuestos a esos mamotretos imposibles de mantener que llamamos estados modernos. ¿Por qué no puedes tener tu propia nación Laiba?
−Porque no tengo tierras. Un pequeño apartamento y una lancha para salir al mar son mis posesiones
−Nos acercamos a la raíz del problema: las tierras, terrenos y territorios. Las únicas figuras imprescindibles en un estado moderno son los notarios y los registradores de la propiedad. Si sois nativos americanos, gitanos, o pueblos de ese tipo podréis formar una nación pero al no tener tierras no podréis formar estados. Pero una nación sí. Ahora mismo podríamos formalizar la nación peregrina integrada por nosotros mismos. Después que se una el que lo desee.
−Yo no voy a dejar de ser noruega
−Pero podrías ser Laiba, y todo lo demás te traería al pairo.
−Eso no es posible Esteve, y lo sabes. Hay razones históricas, culturales, religiosas, etc., que influyen para que los seres humanos formemos naciones.
−Ya saltó el Simón que tanto estimo. Culturales, religiosas, y todo eso que viene de la edad de los metales. ¿Sigues haciendo pendientes y pulseras con cada alambre que te encuentras? ¡Ah! Perdona, que los vendes y de eso vives.
− ¿Tiene eso algo de malo? Con nadie me meto y a todos respeto. Me da para comer.
−Mi estimado orfebre no te faltan neuronas para crear obras de arte si no materiales novedosos para crearlas. Cuando volvamos a Cataluña te presentaré a unos cuantos amigos. Pero nos desviamos del tema: ¿podríamos crear aquí mismo, en los acantilados del fin del mundo, la novedosa nación peregrina?
−Me apunto a la iniciativa. Sin pasaportes, carnets, impuestos, ni policías, ¿de acuerdo?
−Completamente. Te llamaré Pedrusco de aquí en adelante; como hizo Jesús con tu homónimo judío hace dos milenios. ¡Lo que me ha costado convencerle y pensamos igual! ¡Tienes una cabeza como aquel pescador de dura!
− ¡Hombre! Aquello fue para crear una iglesia…, no compares.
−Pues creemos una ya de paso y al mismo tiempo. Total es casi lo mismo. Pero sin templos ¡eh! Si hay algo que nunca diseñaré será un templo; prefiero mirar las montañas o las olas del mar.


−Ya estás desbarrando Esteve. Mejor será que paremos en esta fuente. ¿Qué pone? ¡Buff! Será mejor que no probemos el agua o nos va a pasar a todos lo que a Marc Antoine con Nicasia.
−Nastia, léenos el cartel que estos dos están de cachondeo perpetuo.
−Que si las chicas bebemos de esta fuente nos saldrá novio antes de llegar a Finisterre. ¡Júa! Yo voy a beber la primera ¡con la sed que tengo como para pasar de largo.
−Vale, pararemos un rato a esperar a esa parejita amorosa y seguimos charlando.
−Eso, y de paso nos dices cómo hacer para crear una iglesia.
−Una o veinticinco mil; al otro lado del mar, en los USA, hay iglesias de lo mas variopintas por cualquier lugar que vayas.
−La iglesia de Laiba ¡qué locuras se te ocurren!
−Eso para ti; Simón querrá tener la suya, con sus santitos de halo doradito, y los demás lo mismo.
−Pero, Esteve, para un poco; te la tendrán que reconocer y admitir las autoridades estatales. Yo vengo de Rusia y hasta hace poco incluso la Iglesia Ortodoxa Rusa estaba prácticamente prohibida. Eso no es tan fácil.
− ¿Decretamos la libertad religiosa en nuestra nación perpetuamente itinerante? Aprobada la moción; ahora, si queréis os daré unas líneas generales para que creéis vuestra propia iglesia individual. O por parejas o como os venga en gana.
−Me parece que me voy a beber otro litro del agua de esta fuente, a ver si me salen siete pretendientes zalameros. Este catalán es un rollista…
−Prau, prau, atender un momento; primera lección: conceptos básicos para hacer una auténtica iglesia. ¡Qué rica está esta agua! En fin, escuchar. 



Será muy necesario tener un domino completo de algún instrumento musical, y aprender canto; es algo imprescindible para llevar a cabo algún culto decente. Segundo, matemáticas; empezaréis por la aritmética, acertijos y lógica elemental. Danza y electrónica serán fundamentales para los tiempos en que vivimos y los que vendrán; también valdrá la acrobacia, especialmente en las chicas. 
Teatro, esto es imprescindible, sin un buen dominio dramático nunca conseguiréis que os tomen en serio los integrantes de otras iglesias ¡ah! Y difamación, ajena y propia, sencilla y compleja; con eso os darán el plácet en cualquier cónclave interreligioso.
Saber algo de agricultura y ganadería, ahora que lo pienso, sería muy conveniente. Es algo que el Nazareno remarcaba una y otra vez a sus discípulos en sus parábolas. Con la facilidad oratoria que todos tenéis y elegir bien los vinos en las reuniones pastorales ya tenéis el cielo ganado.
 Podríamos crear una religión especular y programática, siempre cambiante; y Simón podría rezarnos el Rosario mientras yo os explico cómo son las matrices y las ecuaciones diferenciales. Tienen una utilidad similar. 
Cuando llegue Marc seguramente incluirá algo de astronomía, robótica, y humor carismático. Porque sigo sin explicarme como pudo hacer para que Nicasia se tronchase de risa.


−No será por las veces que tú lo habrás intentado. Eso que dices es una chifladura, Esteve. Con esas facilidades igualmente podríamos crear un club deportivo.
−Claro, sería lo mismo. ¿Cuál es vuestro deporte favorito? ¿Vuestro club de futbol o básquet? Si es todo lo mismo; naciones, iglesias, clubes, da igual. De niño te haces o te hacen de uno y la gran mayoría de la gente ya queda recluida para toda la vida, sin pasar nunca de forofo. Lo que no soporto son los fanáticos, de lo que sea.
−Así que también puedo tener mi propio club deportivo, el club de Laiba.
−Cuenta con tu socio número uno si admites a este catalán extravagante. Eso sí, me tendrás que enseñar a navegar. Por cierto creo que Sebastián nos espera ya en la playa cercana.
−Admitidos todos en mi club marítimo. Lo que no se es dónde sacaré el dinero para la creación e inscripción.
− ¡Ah! El dinero, el gran corruptor tenía que salir a colación en esta noble empresa. Por ahí se irá todo a perder.
− ¡Qué sería de nosotros sin la frugal presencia de Pedrusco! naufragaría nuestra nave del amor.
−Mirar, por ahí llega la pareja feliz y sonriente. A ver si quieren compartir con nosotros el motivo de esa sonrisa de oreja a oreja que traen los dos.
− ¡Eso, eso, que nos cuenten algo! Y seguimos caminando o no llegaremos nunca.

−Bien, tenemos por delante dos Caminos abiertos y podemos elegir: tenemos el Camino de la violencia y la conquista, el apego a las posesiones propias y ajenas; y el Camino de la exploración constante, el desapego de lo material y compartir lo inaprensible ¿Cuál de los dos tomará nuestra recién creada nación peregrina?
− ¿No puedes parar de vacilarnos? Esteve. Tan solo nos quedan unos cientos de metros para llegar a la playa.
−Pero Simón, si tú sabes bien que aquí, en este mundo, no hay más que cantares de ciego, cuentos de viejas, y discusiones peregrinas; no ahí más que eso. ¿Qué importa? ¿Porqué no? Cavilemos los itinerantes. Quizá nuestra mayéutica trayectoria de a luz una nueva persona sensiblemente humana.
−Ya te digo yo que tienes el día muy helénico; confiemos que no enfades a Poseidón, tan al borde como estamos de sus dominios náuticos.
−Que se enfade, ¿no somos acaso los últimos representantes de la civilización greco cristiana? ¿Qué hay más allá de la mar océana? ¿Queda por aquí algo interesante aparte de nosotros? Pececillos bajo las olas.

Seguirán caminando; aún les quedan unos cientos de metros para alcanzar la playa del final de los tiempos.
Y una inesperada sorpresa.
Pronto, confío, llegaremos a pisar las doradas arenas del Rostro.
Feliz fin de semana.
Os dejo para vuestro disfrute una preciosa canción que me parece muy apropiada para este momento y lugar. De hecho era una de las canciones que yo escuchaba cuando pasé por La Costa de la Muerte. Se titula Nadavolandando.