miércoles, 30 de mayo de 2012

Peregrinación de la Virgen Peregrina de Sahagún

Marcha conmemorativa por el Camino de Madrid
31 mayo - 3 junio y 1 julio 2012
Con motivo del 325 aniversario de la imagen de la Virgen Peregrina de Sahagún,
del 25 aniversario de la Asociación de Amigos de los Caminos de Santiago de Madrid
y del 15 aniversario de la marcha inaugural del recuperado Camino de Madrid a
Santiago, que sigue el mismo itinerario entre los conventos franciscanos de Medina de
Rioseco y de Sahagún que entonces recorriera la imagen de La Peregrina,
las asociaciones e instituciones jacobeas del Camino de Madrid a Santiago van a
desarrollar los siguientes actos:
 31 mayo - 3 junio 2012. Peregrinación conmemorativa de tales efemérides
desde el convento de San Francisco de Medina de Rioseco al convento de San
Francisco de “La Virgen Peregrina” de Sahagún evocando el traslado de 1687.
o Jueves 31 mayo. Medina de Rioseco. Misa Peregrina (9 h); Mesa
Redonda (20 h).
o Viernes 1 junio. Inicio peregrinación (9 h) desde Medina de Rioseco –
Moral de la Reina – Cuenca de Campos (21 km); Misa en Cuenca de
Campos (19 h) y Encuentro peregrino.
o Sábado 2 junio. Salida (9 h) de Cuenca de Campos – Villalón de Campos
– Fontihoyuelo – Santervás de Campos (22 km); Misa en Santervás de
Campos (19 h) y Encuentro peregrino.
o Domingo 3 junio. Salida (9 h) de Santervás de Campos – Arenillas de
Valderaduey – Grajal de Campos – Sahagún de Campos (19 km). Misa
(14 h) en el Monasterio de Santa Cruz de las Madres Benedictinas de
Sahagún, donde recibe culto la imagen de la Virgen Peregrina.


 1 julio 2012. Sahagún de Campos. Conmemoración especial del día de La
Peregrina. Misa Solemne (12 h) oficiada por Carlos Amigo Vallejo (Franciscano),
cardenal-arzobispo emérito de Sevilla.
Organiza:
 Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Madrid
 Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Segovia
 Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Valladolid (AJOVA)
 Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Medina de Rioseco
(Valladolid)
 Asociación de Amigos del Camino de Santiago “Pulchra Leonina” de León
Colabora:
 Hermandad de la Virgen Peregrina
 Parroquias del Camino de la Peregrinación
 Diputaciones Provinciales de Valladolid, Segovia y León
 Ayuntamientos del Camino de la Peregrinación: Medina de Rioseco, Cuenca, Santervás y Sahagún.
 Comisariado de los Caminos a Santiago por Castilla y León
 Grupos de Acción Local
 Asociación Atletas de Medina de Rioseco
 Comunidad de Hermanas Clarisas de Medina de Rioseco .Monasterio de Santa Clara Comunidad de Madres Benedictinas de Sahagún. Monasterio de Santa Cruz.
Coordina:
 Comisariado de los Caminos a Santiago por Castilla y León

Un grupo de miembros de la Asociación Leonesa iremos el domingo a acompañar esta peregrinación y su llegada al Santuario de La Peregrina en Sahagún.
Estáis invitados cuantos queráis venir. Cada uno iremos por nuestra cuenta pero la Asociación puede coordinar el tema si vamos muchos.
Se puede ir en tren (sale un regional express de León a las 8.55 y llega a Grajal de Campos a las 9.45) y hacer la peregrinación desde Grajal.
Por la tarde no hay problema pues pasa un tren casi cada hora para volver a la capital.

viernes, 25 de mayo de 2012

El lírio blanco. Cuento completo.

Como el fin de semana pasado gustó la iniciativa de poner un cuento en el blog, para la mucha gente que disfruta de la lectura, aunque sea en medios electrónicos, voy a poner otro cuento del Camino de las luciérnagas.
Confío que también os guste.

              El lirio blanco

      El perro intuía que con solo volver al camino y menear dócilmente la cola su amo disculparía otra escapada por campos y callejuelas a la búsqueda de cualquier avecilla o animalillo con el que juguetear.
      Había encontrado al hombre una madrugada de fría niebla y hambre negra. Llevaba días y noches vagando por los montes. Sucio, helado, hambriento. Buscando su familia. Recordaba bien el viaje, como tantos otros siendo aún cachorro, en el automóvil de los amos; jugando con sus hijos, sus amigos; asomando la cabeza por la ventanilla. Disfrutando del aire en su rostro. Ladrando a todo lo que se movía. Las risas.
      La parada en un lugar descampado. Saltar del coche y corretear entre las piernas de los amos. Jugar con sus amigos. Los niños. Alejarse un poco de ellos para olfatear unas extrañas flores al borde de un camino de tierra. Irreconocible perfume; extrañas formas. La nariz entre las flores; el canto de los pajarillos; el rumor de las hojas de los árboles mecidas por una brisa calurosa. La silueta de un águila recortada contra el azul celeste le hace volverse corriendo hacia el automóvil.
      No hay nadie. No oye nada. Los amos no están. Los niños no están. No encuentra el automóvil confundido su rastro por el paso de otros autos por la carretera. Está solo; y, arriba, la silueta del águila cada vez más cercana.
Corre; corre con todas sus fuerzas hacia el bosquecillo cercano, corre hasta perder la conciencia destrozándose contra ramas y arbustos; golpeándose con las piedras; el corazón en la boca, buscando algún refugio seguro.
    Ven, perro, ven.

Una voz amable; de un hombre joven, cálido, y sensible; un habla extraña, con un timbre saturado de sensualidad y dolor. Un dolor inexpresable; una herida muy profunda. Caricias amorosas de unas manos muy sensibles: ¿tienes hambre, perrito? El rastro de una amargura terrible que ha ido reposando y aquietándose en el fondo de su alma tapando un hecho feroz que marcó la vida de este hombre. Un hombre herido de soledad.
      Hay complicidad.
      El perro percibe en su voz algo que no comprende pero que le hace sentirse amigo del hombre rápidamente. Le seguirá a todas partes. Cuidará de él y procurará aligerar su soledad con la alegría de su corazón. Un corazón que ha dejado de vagar y ha encontrado alguien que le acepte sin más. ¿Cómo será su hogar? ¿Tendrá hogar? ¿Esposa? ¿Hijos? Cuidaré del hombre y el hombre cuidará de mí.
    Vamos, perro, nos quedan dos horas de camino.

      Comenzamos a andar pero al poco nos detenemos tras cruzar una carretera a la carrera. Hay una fuente y chicos que hablan y gritan; excitados y cansados. Hay quien está sentado a la sombra de los árboles. Vuelve a hacer calor.
      El hombre toma una lata que encuentra tirada al borde de la carretera; la llena de agua, y me da de beber. De su mochila saca unas galletas y me da de comer. Otras personas se acercan y se animan a hablar con el hombre: ¿Es tuyo este perrito? ¡Qué bonito es! Y también me dan cosas de comer.
      Voy saciando hambre y sed; en esta compañía humana me siento bien. Son gente amable y me tratan con afecto. Echamos a andar por un estrecho sendero que desciende entre arbustos y árboles.

      Pasan ciclistas dando voces para que los caminantes se aparten pero apenas hay sitio suficiente para el paso de un hombre. O animal. Más de una vez están a punto de atropellarme; pero me siento alegre y a los timbres de las bicis contesto con ladridos de alegría. Pasamos por pueblos y granjas donde otros perros me reciben con muy mal humor. Soy un desconocido. Pequeño y desvalido. Me refugio entre las piernas de mi nuevo amo. Mi amigo. Mi compañero.
      Pasa gente a caballo; animal extraño. ¡Se siente tan superior! Transmite a la gente que lo monta una imperiosa sensación. De dominio. De control. La naturaleza salvaje en todo su esplendor al servicio del hombre. Su señor.
      Yo no soy, desde luego, un animal superior. Soy pequeño; y mi olfato no es bueno. Quizá porque me criaron en el interior de una ciudad, de un piso, de un cajón. Así, pues, cada salida al campo era para mí un verdadero festín. Volvía a casa cargado de mil sutiles sensaciones, olores, colores, sonidos. Y cuando conseguía cazar algo: ¡el sabor! A la excitación de la caza seguía el descubrimiento de un sabor siempre nuevo, distinto. Vivo.
      Pero, mi amo, los hombres, ¿están vivos? ¿Cómo descubren el sabor de lo vivo? ¿Saben lo que es estar vivo? ¿Les pica el culo por lo menos ante una situación fuera de lo común? No sé nada de los humanos excepto que son niños incontinentes. Han crecido tanto y tan deprisa en algunas cosas de la vida y tan poco en otras que son un completo desbarajuste. De cachorros todavía se les aguanta y entiende pero cuando se van haciendo grandes nada les satisface. Son como las hojas de los árboles mecidas o agitadas por el viento. Pero el aire que a ellos les mueve es algo que no pueden o no quieren sentir; y esto les lleva, en ocasiones, a enloquecer.
    How are you? My name is John; I come from Eire.
    ¿Qué tal está? Yo soy Jon, y vengo de Euskadi.
    John, en napolitano se dice Yuan; pero Jon no sé a qué equivale. Vengo de Italia; pero podría ser de cualquier parte. Este perro abandonado seguramente tiene mayor conocimiento de esta tierra que yo. ¿Pensáis llegar a Pamplona? ¿Sabéis si queda mucho?
    Es bastante distancia. Nos quedaremos antes; en Arre. Mejor es que te quedes con nosotros si vas a seguir con el perro. En las ciudades siempre hay problemas para quien peregrina con animales. Bueno; aún no nos has dicho cómo te llamas.
    Paolo. Y soy napolitano.
     O sea, camorrista.
    ¿Eres tú de la ETA?
    Podría ser.
    Y estarás preparando una nueva fechoría.
    Y tú un secuestro.
    ¡Vale ya! dejar de discutir y mirar que perro más bonito. Es un setter, irlandés. Como yo. Tendremos que buscarle acomodo porque dentro del albergue no le van a dejar estar.
     No habrá problemas; el albergue tiene patio. Voy a menudo a Pamplona y conozco la Iglesia de La Santísima Trinidad. Parando lejos de las ciudades no tendrás dificultades porque te acompañe un perro. Pero procura darle bien de comer y limpiarle o si no te echaran de todas partes.

      Cruzamos un puente de piedra sobre un río y nos permiten entrar en un pequeño edificio de piedra. Me dejan en el patio junto a la ropa colgada a secar; cuando ya parece que se han olvidado de mí y estoy royendo la cuerda que me mantiene atado a una columna, el hombre aparece con una manguera en una mano y un gran cepillo en la otra. Protesto; salto, ladro, intento esconderme, pero termino empapado y cepillado de modo inclemente. Pronto viene la noche y toda la gente joven del albergue se disputa el darme algo de comer. Charlan y se divierten haciéndome rabiar. Algunos beben vino sin parar. La noche es calurosa y estrellada; la calma se va imponiendo y pronto me veo solo en un pequeño cobertizo. Me quedo dormido.
      Sueño con el hombre. Su voz quebrada como corteza podrida de roble viejo. Y un olor peculiar de una flor desconocida que noto en su piel que me intriga y atrae. El hombre sufre interiormente y se siente solo y abandonado. Como yo.
      Pero el hombre en su saco no puede saber lo que el perro intuye. También lo ignoran los que dormitan en el repleto albergue. Ha esperado a ducharse el último; cuando ya no quedaba nadie en los baños. Las luces apagadas. Porque no le vieran las manchas terribles que se distribuyen por casi todo su cuerpo. No son contagiosas, pero conoce bien el horror que produce su visión en la gente. Algún día desaparecerán. Tal vez incluso se encuentre pronto remedio para el virus gigante que lo provocó; y del cual es portador. Lleva consigo las pastillas para su medicación y cumple escrupulosamente las prescripciones médicas.
      Quizá, si tiene cuidado, nadie llegue a ser consciente. Lleva dos días caminando y se siente bien. Cansado, pero bien. Se duerme. Sueña.
      Sueño que hay alguien bajo mi cama y le doy de comer. Tan solo un poco de pan; pero no tengo otra cosa y el otro debe comer. El otro; cuyo rostro no puedo ver. El otro; ¿quién puede ser? ¿Qué relación tengo con él? Debo darle de comer.
      Aún es de noche y la gente ya se levanta y comienza a prepararse para la siguiente etapa del Camino. Hablan quedo y procuran andar como de puntillas pero entre bastones, botas, y bolsas de plástico, hacen un ruido insufrible.
    ¿Qué? camorrilla, ¿no piensas levantarte? No será porque tengas resaca; tan solo te vi tomar un vasito de vino anoche.
 Es el vasco que está en cuclillas junto a su litera. Ya está vestido y en su mano porta una taza de café humeante.
    Iré más tarde; gracias. Camino rápido; os alcanzaré en Pamplona.
    Vale. Así te vendrás a chiquetear conmigo y el irlandés loco y después nos vamos a dormir a Cizur o más adelante. Agur.
    De acuerdo.

      Espera a que se marchen todos para ir al servicio y ducharse. Tres veces al día se ducha y se raspa bien todo el cuerpo, y se da un ungüento especial; pero la piel tarda años en renovarse y algunas manchas quizás no desaparezcan nunca. Después las pastillas. El rito diario. Pastillas por la mañana, pastillas por la tarde.
      Ahora ir a soltar el perro y buscar un sitio donde desayunar.
      Caminan por las calles de una ciudad interminable. Casas y más casas; cada vez más intenso ruido de tráfico urbano, personas, animales. Perros; hay perros por todas partes. Calles estrechas, algarabía de niños que van a la escuela; estrépitos de coches, motos, bicis, y todo tipo de cachivaches. ¡La ciudad!
      Al fin paran en un parque de amplias praderas y se permiten ambos, perro y hombre, jugar un poco y descansar. Dormitar unos instantes.
      Vamos, perro. No se ven peregrinos y no voy a esperar más por ese par de chiflados. Continuemos el camino.


      Siguen las calles interminables hasta salir a la carretera y la solana del medio día; caminan sudorosos y juguetones por el borde de la carretera. Al primer pueblo que lleguemos y tenga albergue paramos. No puedo con mi alma. La medicación y el esfuerzo pueden estar produciéndome algún tipo de reacción.
      Llegan a un pueblo subiendo una empinada cuesta y cruzando un alto puente sobre un río. ¡Ahí está el albergue! ¡Y tiene una bandera que me resulta conocida! Aquí nos quedaremos hasta mañana. Hay sitio suficiente para que el perro juguetee y yo me reponga tras una buena siesta. ¡A jugar perrito! Y no marches lejos. Voy a coger litera.
      El perro estaba buscando alguien con quien jugar después de chapotear libremente en la orilla del río cuando advirtió que su amo se había sentado a la sombra de un árbol. Descansando.
      Mojado, ladrando, saltando, fue llamando su atención hasta echarse junto a sus piernas. Mirando a sus ojos. Escuchando el latido de su corazón y su fuerte respiración. Memorizando una vez más su olor corporal. Atento a una señal.
      Echado en la hierba se encontraba bien. Cómodo. Seguro. El sol se va ocultando y del río sube un agradable frescor. Se fue adormilando. Volver a soñar con su antiguo hogar. Los amos. Los niños. Los juegos. Cada rincón de la casa donde había pasado toda su vida. Las calles de la ciudad. El parque donde su ama le llevaba cada tarde al pasear.
      Algo le hace despertar y desperezarse rápidamente. Olor humano mezclado con alcohol; ruido de piedrecillas aplastadas, voces destempladas. El amo se levanta, asustado. Traen sus cosas envueltas en plásticos y se las tiran al río. Le gritan: ¡sidoso!, ¡asqueroso!, ¡leproso!..¡Acaso nos querías infectar a todos! ¡Mira que manchas tienes!... ¡Sidoso!
      Son los dos compañeros del día anterior y otros que se les han unido y vociferan tanto o más. Pero a esos dos especialmente se les nota el aliento alcohólico. Un joven francés, muy rubio y pecoso, con una manzana en la mano a medio comer, no para de gritar: ¡Ahora tendremos que desinfectar todo el albergue! ¡Puto marica de mierda! ¡Llévate contigo tu lepra!
      Les ladro; enseño los dientes, y quisiera morderles a todos. Pero el hombre me retiene. Está agachado junto a mí y me sujeta fuerte a la vez que me habla en un tono suave. Al fin se van todos. Y el hombre se dedica a sacar sus cosas de la orilla y ponerlas a secar al sol. Después se desnuda y se baña en el río pausada y lánguidamente. Queda al fin tirado en la hierba, sobre la colchoneta, y se duerme. Está agotado. Yo vigilo. Vigilaré sus días y sus noches hasta mi muerte. Pero quiero vengarme. Vengarme de esos hombres sucios y malos. Yo vigilo los sueños del hombre.
      Este hombre es blanco por dentro. Resplandece. Es cálido y comparte conmigo su alimento. Los otros por dentro están sucios; grandes manchas oscuras por todo su cuerpo. Sus rasgos deformes; sus caras monstruosas. Su avaricia sin freno. ¡Cuán diferentes del hombre!
      Es de noche y tengo frío. Me quedé dormido; desplomado por la tensión nerviosa y el baño fresco y la tarde cálida. Casi toda mi ropa aún está húmeda. Y el saco. Tengo hambre. ¿Dónde estará el perro? ¡Vaya pero si aquí aparece! ¿Qué trae en la boca? ¡Una barra de pan! ¿De dónde la habrás tomado?; pillastre. Menos mal que compré en Pamplona algo de salami y chocolate.
      Bueno; la mitad que has mordido para ti y la otra mitad para mí. Seguro que te gusta el salami. ¿Qué haría yo sin ti? Manchitas.
      Voy a continuar. No he venido desde tan lejos para rendirme de nuevo. Son muchas las renuncias que he debido hacer y demasiadas las veces en que lo he dado todo por perdido. Llegaremos a Compostela. Comeremos y dormiremos donde podamos. Donde nos acojan. Dejaré de ir tapado como una monja y solo me cubriré lo suficiente para que el sol no me abrase.
      Va a ser un infierno. Un auténtico infierno como encontremos más exaltados como esos. Te llamaré Cerbero. Serás mi guardián. ¿Qué te parece? Un ladrido alegre recibe como contestación. A veces pienso si los perros no entenderéis mejor a los hombres de lo que parece. Solo espero que no tengas que volver a robar más pan para alimentarme.
      La noche es estrellada y muy hermosa pero a pesar del frescor que viene del río consigue volver a dormirse. Le despiertan los primeros rayos del sol y el ruido de los primeros coches que pasan el puente. A su lado hay un setter de largas orejas y hermoso pelo blanco a manchas marrones y en su boca tiene una flor. Una hermosa flor blanca que deja en sus manos y se va tranquilamente a la orilla del río a chapotear y asustar a las ranas que a sus ojos caninos son los más hermosos juguetes que se pueda encontrar.
    ¿Cómo se encuentra usted? Hace un momento me he enterado de lo que sucedió anoche. Cuanto lo siento. Por favor, permítame que le ayude. Venga. Venga al albergue y desayune conmigo. ¡Qué horror! ¿Cómo puede haber gente así por el mundo? Voy a llamar a la Guardia Civil para que presente usted una denuncia. No tienen ningún derecho a comportarse de este modo. Aprovecharon que había salido a cenar y nadie me dijo nada hasta esta mañana. Canallas.
    Por favor; no se moleste. Le agradezco que me invite a desayunar pero no llame a la Guardia. No quiero más problemas. Ya pasó todo. Una noche bajo las estrellas me ha servido para reflexionar.
    Pero tiene usted la ropa húmeda. Venga; aquí tenemos ropa de sobra que otros peregrinos han dejado. Elija lo que necesite; hay un buen montón. Algo habrá de su talla. Hay toallas, calcetines; un poco de todo. Y venga a desayunar. Ya verá como le cambia el semblante. El Camino no ha hecho más que comenzar para usted. No se apresure a tomar conclusiones. Si continua a Compostela por la ruta encontrará otro tipo de personas que le harán ver las cosas de otra manera. ¡Pero si está usted constipado! Algo tengo en el botiquín o, mejor aún, le acompañaré al dispensario.
    Por favor, no se moleste; soy médico, y sé bien lo que necesito. Ahora mismo comer algo. Si me permite.
    ¡Cómo no! Entre en mi cuarto y siéntese a la mesa.
    En verdad es usted de una orden hospitalaria. ¡Un desayuno extraordinario!
    Tan solo soy un hospitalero voluntario que colabora con la orden; pero confío en que me admitan como miembro.
    Seguro que sí; y si necesita una carta de recomendación cuente con mi firma. Y gracias por dar de comer también al perro. De verdad se lo agradezco.
    Ande, buen hombre, comience a caminar antes de que el sol se ponga a calentar; y no se preocupe más. Algo hay que protege a los peregrinos. Ya se dará cuenta; y, ¡alegre esa cara! Esto es España. Fuera tristeza.



      Caminamos por amplios trigales y campos de girasoles. Una mañana muy clara. Encontramos una laguna donde el hombre para a refrescarse los pies y yo a chapotear y asustar a las ranas. Subimos una cuesta inacabable hacia unas figuras de metal y en lo alto un señor con una camioneta nos ofrece fruta y pan. ¡Y un trozo de salami! que me empieza a parecer un manjar. Hay gente por todas partes, dándose abrazos y haciéndose fotos; y del alto bajamos corriendo, saltando, gritando, ladrando. El hombre me tira piedras a lo lejos para que las vaya a buscar. Más correría si fuesen trozos de salami que tanto me empieza a gustar. Tiene un sabor extraño al principio, como este hombre, pero una vez que lo has probado no lo quieres dejar. Este hombre, luminoso interiormente; tan brillante y perfumado como la flor que le encontré en el río, y que ahora lleva prendida en el ojal.

Presentación del libro Meteoritos, de Jose Vicente Casado.

Ayer pude asistir, en compañía de numeroso público y algunos amigos del club deportivo SLAC-Collado Jermoso, a la presentación en el centro comercial León Plaza del libro Meteoritos, de mi amigo José Vicente Casado.

A las 20.15 se congregó numeroso público para la firma de libros por el autor en el salón del centro comercial. A los 20 primeros que se presentaron José Vicente les regaló personalmente un auténtico meteorito.

La presentación fue organizada y dirigida por las librerías Artemis.

Yo también llevé un ejemplar para que me lo dedicara José Vicente pero llegué tarde para el regalo del meteorito. No importa que por eso no vamos a perder la amistad.

Tras la presentación del director de Artemis José Vicente Casado pasó a charlar directamente con sus lectores, de no solo la realización y edición de su libro si no que nos dio una clase magistral sobre el origen de los meteoritos, su búsqueda por todo el planeta, la manera de distinguir auténticos de falsos, y el verdadero valor de las piedras espaciales despojadas de misticismos y chorradas que tanto venden. Hablando con la gente de lo que es la ciencia del siglo XXI y la ignorancia; la hay hoy día y la de siglos anteriores.

Al término de la charla, todavía le quedaba un montón de gente con su ejemplar en la mano para que se lo dedicara especialmente. Y también causó verdadero impacto tener en las manos auténticos meteoritos de gran tamaño procedentes de su colección personal; la mejor colección privada de meteoritos de España. Muchos de ellos se pueden contemplar en el Museo de La Siderurgia y La Minería de Sabero, León.
También nos comentó de su último descubrimiento: un canal romano de lavado de oro, hasta ahora desconocido, en el río Duerna. http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/el-leones-jose-vicente-casado-halla-un-canal-romano-de-lavado-de-oro_692867.html

jueves, 24 de mayo de 2012

Peregrinación Jubilar a la Virgen del Camino

PEREGRINACION JUBILAR A LA VIRGEN DEL CAMINO

El 16 de agosto de 2011, en la Eucaristía que se celebró en la explanada de la Basílica de la Virgen del Camino con cerca de 2.000 jóvenes que estaban participando en los “Días en las Diócesis” con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, nuestro Obispo D. Julián López dio a conocer al pueblo leonés que su Santidad Benedicto XVI había concedido un Año Jubilar en la Basílica con motivo del 50 aniversario de su inauguración, el 5 de septiembre de 1961.

Ante este acontecimiento que se celebra en un lugar tan relacionado y emblemático en el Camino, la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León “Pulchra Leonina” organiza una peregrinación a la Basílica de Nuestra Señora del Camino.

A esta gran iniciativa se han unido diversas Asociaciones e Instituciones, entre las que destacan la Diócesis de León,  Comunidad de Dominicos, Excma. Diputación Provincial de León, Ayuntamiento de León,  Ayuntamientos del Voto -Valdefresno y Villaturiel-, Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo, Ayuntamiento de Valverde de la Virgen y la Asociación de Pendones del Reino de León.

La Peregrinación Jubilar a la Virgen del Camino, se celebrará el domingo 17 de junio y saldrá de la plaza de San Marcos a las 10:00 h.

Se realizará con una replica de la imagen de la Virgen del Mercado, Antigua del Camino, acompañada por los pendones, grupos folclóricos y diferentes cruces parroquiales.

Recorrerá el Camino de Santiago hasta llegar a la Virgen del Camino, haciendo una parada en la Ermita de Santiago en Trobajo del Camino.

Una vez en La Virgen del Camino, se entrará en la explanada de la Basílica por la “Puerta del Peregrino”. En el altar de dicha explanada, a las 13 horas se celebrará la Eucaristía, que presidirá D. Jesús Fernández, Vicario General de la Diócesis de León.

Al finalizar la Eucaristía, los Grupos de música y danza, ofrecerán bailes en honor a la Virgen Camino.

Hacemos una invitación a todas las personas que lo deseen, para que se unan a esta peregrinación que queremos sea un gran homenaje a nuestra patrona la Virgen del Camino.

martes, 22 de mayo de 2012

Camino del Norte: Canero-Luarca-Puerto de Vega

El domingo pasado y organizado por la Asociación Leonesa de Amigos del Camino de Santiago pude realizar otro tramo del Camino del Norte. El que va pegado a la costa; aunque hay tramos que te meten por el monte y no ves el mar ni en pintura.
Salimos del hotel Canero siguiendo los mojones pero pronto los abandonamos para disfrutar de las vistas estupendas que el día nos ofrecía. Para empezar: Cueva y su estupenda playa.

Aunque eramos mas de 100 caminantes pronto se van haciendo grupos diversos debido al paso de marcha que lleva cada uno.

Primer pueblo de paso es Caroya.

Después vas siguiendo los mojones que te llevan por la carretera o pistas asfaltadas hacia Barcia.

Incluso hay tramos que vas caminando por senderos de hierba. Está bien indicado el Camino.

Como a mitad de camino de Luarca pasas por Barcia y su iglesia de San Sebastián. La mañana era esplendida; fresca y soleada.

Después se cruza por diversos lugares hasta llegar a la urbanización Villar de Luarca.

Nos queda un precioso descenso por escaleras de piedra hasta el Puerto de Luarca. Quien mas quien menos anduvo de visita turística una hora o dos disfrutando de la villa de Luarca.

Pero aún nos quedaba la segunda parte de la marcha; mas larga con sorpresas. Así que abandonamos Luarca con gran pesar y volvemos a subir cuestas.

Las cuestas nos llevan al mirador de la ermita de San Roque, en el barrio El Chanu. Había que dar gracias al señor por que es grande en nuestros corazones y nosotros piltrafas andarinas.

Los pies y el ánimo ansioso nos llevan hasta la antigua iglesia de Santiagu. Edificada en el siglo X, por donación del rey Fruela II, cumplió su función de templo y cementerio hasta 1.922.
¡Herru Santiagu, Got Santiagu!

De Santiagu nos vamos hacia Villuir para cruzar la carretera nacional y por una comarcal pasar por Aquelcabu y las cercanías de Otur.

Pero llegando a la ermita de Nuestra Señora de los Remedios tenemos que abandonar la ruta que hasta ahora se seguía debido a las obras de la Autovía del Cantábrico.

Nos tenemos que desviar hasta el Hotel Restaurante Rio Mayor; y ya de paso aprovechamos para comer que la hora y el lugar eran propicios.

Después nos esperaba un tramo interesante al pasar La Hervedosa subiendo y bajando por las obras de la autovía y después correr como alma en pena por el borde de la carretera nacional, casi un kilómetro, sin arcén, un domingo, los émulos de Fernando Alonso pasandonos a centímetros de nuestro body piligrin.

Pero al subir al Bao nos encontramos con una preciosa casa decorada con motivos jacobeos. Gracias por la fuente, pocas veces un trago de agua me ha sentado tan bien. Muy agradecidos todos.

Al llegar a Villapedre abandonamos las marcas del Camino y continuamos otro par de kilómetros mas hasta Puerto de Vega.

Nuestros pasos andariegos finalizaron en el Puerto de Vega, chiquitín y guapín como el solo. Una preciosidad de tarde con un aire gallego que refrescaba los calores y sudores peregrinos. Nos sobraba tiempo así que de visita turística.

El museo etnográfico de Puerto de Vega esta dedicado a la vida tradicional de las gentes de la villa. Especialmente interesante me pareció lo dedicado a explicar la caza de la ballena y sus útiles de todo tipo empleados en aquel empeño.

Aún nos quedó tiempo para tomar un chato por los mesones del puerto, y alguno incluso nos llevamos algún recado de la cetaria cercana. ¡Vaya marisco! ¡Qué centolla!
Podeis ver mas fotos mías en el blog de la Asociación: http://caminosantiagoleon.blogspot.com.es/2012/05/canero-luarca-puerto-de-vega-segundo.html
http://caminosantiagoleon.blogspot.com.es/2012/05/canero-luarca-puerto-de-vega-primer.html

sábado, 19 de mayo de 2012

La peregrina aciaga. Cuento completo.

 Añado al blog esta entrada, para el que le apetezca leer algo este fin de semana, con el cuento de la peregrina aciaga; revisado y libre de errores tipográficos. Es el primero de los veinticuatro cuentos del Camino de las luciérnagas; la protagonista no llegará al final, como le ocurre a la mayoría de la gente, pero tiene mucho que contar. Confío que os guste.

       La peregrina aciaga

      Por un escarpado sendero, entre robles y matojos, subía una chica cargada con una pequeña mochila y un gran pesar en su corazón. Parecía que la cuesta nunca se acabara, y la angustia le absorbía. Estaba a punto de caer desfallecida pero tras una curva del monte y el matorral cerrado alcanzó a ver un pueblecito medieval. Encontró casas de piedra, algunas muy remozadas, otras a punto de caer, y ella, mojada por la tormenta, y con el frío calándole hasta los huesos, sintió que el pueblo invitaba a entrar y quedarse. Buscó acogida y se encontró con un albergue que estaba como nuevo pero sin nadie que hubiera que lo hubiera cuidado desde hacía semanas.
      Comenzó por dejar vacía su mochila; después, en la cocina, encendió el gas para tener agua caliente y poder lavar su ropa sudada y sucia. Además, limpió su calzado, también la cocina y todos los platos y cubiertos que encontró; ordenó las mantas y almohadillas; y tras ducharse dejó el baño tan limpio como si fuera el de un hotel.
      Con ropa limpia y cara alegre salió a dar un paseo por las calles del lugar sin pensar en nada en especial. Una de las calles terminaba en un mirador, con un banco bajo un frondoso árbol a cuya sombra se acogió para observar el paisaje de un valle amplio y soleado con hermosas montañas al fondo apenas cubiertas por un plumón de nubes grises que esparcían una agradable sensación de humedad y frescor.
      Sin darse cuenta casi se le había pasado la sensación de hambre y cansancio con que había llegado al lugar pero, siendo precavida, se dirigió a un mesón cercano para comer algo. Al entrar encontró sentadas dos personas de aspecto extraño. No encajaban con el entorno.  Algo en su persona llamaba la atención. Quizá era su modo de observar las cosas o la serenidad que transmitían. Sentada en la mesa contigua intentaba leer el periódico o mirar la televisión, pero, una y otra vez su atención volvía a la pareja de ancianos que tenía a su lado. Su hablar suave, melodioso, con un fluir natural y armonioso, le atrapaba. Hablaban del tiempo y parecía que el sol y las nubes, la lluvia y el viento, acudieran a escuchar su voz. Al oírles decir que iba refrescar los días próximos no pudo evitar que un escalofrío la hiciera levantarse de improviso y acercarse a la chimenea donde un par de troncos de pino ardían.
    ¿Tienes frío, hija? Le dijo el hombre. Ella iba vestida con conjunto de larga y ligera falda y un sombrero de paja sobre su pelo recogido en larga trenza. Ven y siéntate con nosotros y toma un vaso de vino. Pareces muy cansada.
    ¿Has caminado mucho? Le preguntó la señora.
    Apenas unos 20 km. Esta mañana llovía y me siento con las piernas muy cansadas.
    Entonces necesitas comer y dormir la siesta. Verás cómo te repones.
    Tan solo pensaba comer un bocadillo; no tengo hambre. (Mentía por sentirse acobardada).
    De eso nada; comerás el menú de la casa con nosotros y después te irás a descansar.

Una vez terminaron de comer, Clarisa intentó seguir la charla con aquella interesante pareja de ancianos pero la señora insistía en acompañarla al albergue y que durmiera la siesta pues le notaba unas ojeras muy pronunciadas, pero ella, terca, les desvió hacia el mirador del valle con su mesa y bancos bajo el árbol, hasta que rendida, les confesó que llevaba varias noches sin dormir.
    ¿Y a qué crees que es debido? ¿A los ronquidos propios o a los ajenos? Le preguntó el señor.
    Hace un par de días tuve una extraña y vivida pesadilla que se me quedó grabada de tal forma que en cuanto cierro los ojos las imágenes vuelven a mí y me impiden dormir.
    ¿Tan fuerte fue la impresión? Quizá sea mejor que nos la cuentes; tal vez te ayude a superarla. Necesitas serenarte. Y alegrar esa cara tan bonita que tienes.
    Bueno, no sé; el caso es que hace unos días terminé los exámenes de final de carrera, y no sabía muy bien qué hacer en un futuro próximo así que hice la mochila y vine a hacer el Camino. Pero no conseguía despegarme de los problemas personales y evadirme. Fui hasta Oloron, en Francia, para subir por Somport, y la primera etapa me resultó larguísima y agotadora. Estaba muy cansada, y tal vez aquella noche me pasé bebiendo; el caso es que comencé a soñar que estaba con unas amigas de despedida de soltera, vestidas de piratas, con pañuelo negro y espadas de plástico; la novia, aparte de los zapatos de tacón, tan solo llevaba un provocativo conjunto de lencería blanco muy atrevido bajo una larga y ligera capa blanca con capucha. Recorríamos calles atestadas de gente que entraba y salía de los bares; había un ambiente de jolgorio general y nosotras estábamos cada vez más animadas y desinhibidas, rozando la desfachatez más procaz; pero, en un momento dado, me separaba de las amigas y me internaba en un callejón oscuro. Unas figuras encapuchadas y vestidas de negro aparecían de pronto y me llevaban en andas por una puerta y bajábamos por unas escaleras sin fin. Una habitación enorme y oscura, un camastro frío como el metal, unas manos que me envolvían en finas telas y exclamaban: ¡Tus ideas son tu mortaja!, ¡Silencio o morirás!, y quedé como inconsciente. Al rato desaparecían y me quedaba sola en la oscuridad, las cintas se aflojaban, y me podía incorporar. En un lateral la luz exterior indicaba la forma de una puerta, la abría, y me encontraba mirando las oscuras escaleras y la puerta de un ascensor. Opté por el ascensor para salir a la calle, pero una vez dentro y mientras ascendía oía una voz que salía del telefonillo; era femenina y reclamaba ayuda urgente. En vez de extrañarme le pedía su dirección y que me explicara qué era lo que le ocurría.
    Estoy viendo cosas extrañas, decía la voz, gente desfilando con las ropas más pintorescas.
    Quizá sean mis amigas que están de despedida de soltera y gente por el estilo. No te preocupes.
    Me temo que esto es muy distinto, ven a buscarme y lo verás. Lo que ocurre se sale de lo común.

      Una vez fuera del edificio salí casi corriendo hacia el centro de la ciudad. Según me iba acercando veía gente vestida con ropas conjuntadas, formando grupos compactos, marchando ordenadamente, y actuando de manera maquinal. Como sonámbulos. Todos confluían en una gran plaza circular y se turnaban haciendo una representación teatral en el mismo centro; parecía que hubieran ensayado muchos días los movimientos coordinados, las canciones, los esparavanes, para representar sus pesares personales y profesionales. Otras muchas personas, asomadas a las ventanas insultaban o vitoreaban, y el ambiente era alucinante; en una esquina, junto a un buzón de correos le esperaba la chica de la llamada.
    ¡Hola!, soy con quien hablaste por teléfono. Pensé que estabas aterrada y ahora veo porqué.
    El terror va desapareciendo gracias a éste, y me indicó con la mirada; sobre un buzón de correos un gato de enormes ojos reposaba tranquilo observando absorto aquel desfile de la comedia humana. Transmitía una serenidad extraña y una actitud de quien ha visto de todo. Al poco nos cansábamos de mirar aquel carnaval y bajábamos al metro; las escaleras eran un continuo desfile de los personajes más estrafalarios que se pueda imaginar. Una vez en la estación los trabajadores ordenaban a las gentes en fila india para que desfilaran por el andén. Un tren estacionado servía para que descargaran sus frustraciones gritando proclamas e insultos hacia todo tipo de máquinas y maquinismos que, decían, les tenían esclavizados.
    ¿Y tú que hacías? Le dijo la señora.
    Pues yo apenas tuve tiempo de soltar algunos gritos sobre asignaturas, profesores, currículos, etc., cuando, de repente, las puertas del tren se abrieron y una figura disfrazada de esqueleto y con una hoz de plástico bajó del tren y comenzó a realizar una danza macabra por el andén. La gente saltaba o se agachaba para esquivar los golpes pero todos parecían encantados y aplaudían rítmicamente; pronto me salía del gran corro, dejaba a mi compañera y, con el gato en brazos, me unía a un grupo de chicos vestidos con elegantes fracs, color verde pistacho y sombrero alto con cinta violeta pálido. Subíamos joviales y cantarines por las escaleras; y les acompañaba hacia un improvisado bar en medio de una placita empedrada donde servían cerveza en grandes vasos de plástico. Uno de ellos me preguntó: ¿Tú con quien vienes? Le mostré el gato y le dije: ¡con este!, todo el grupo se giró y otro chico preguntó: ¿Y qué sabe hacer? No sé; mirarle fijamente a los ojos. Todos se acercaron y se quedaron un segundo mirando fijamente al gato y, de improviso, saltaron hacia atrás mirándose los unos a los otros con ojos espantados. ¡Nos ha dicho que estamos soñando y que debemos despertar! Y salieron corriendo en todas direcciones supongo que hacia su hogar. Entonces yo también miré fijamente a sus ojos y le pregunté: ¿Y qué hago yo ahora? El gato guió mis ojos hacia el estrellado cielo y le sentí decir: Sigue el camino de las estrellas hacia la puerta celestial.



      Me quedé mirando hacia el oscuro occidente sobre los altos edificios y, de repente, me desperté en mi litera, sudorosa, y mirando por la ventana la luz del amanecer. Sentí en mi interior que debía continuar hasta llegar a Compostela como fuera, pero la impresión de aquella noche me persigue y no consigo quitármela de la cabeza.
    No te preocupes, chiquilla; son cosas y casos que ocurren haciendo esta senda que has elegido; esta misma noche lo habrás olvidado y dormirás estupendamente. Y para que te convenzas te contaré una historia personal. Me dijo el señor.
         Una noche, hace años recorriendo esta misma ruta con mi mujer, soñé que caminaba por un estrecho camino a la sombra de pequeños árboles. Iba muy cansado y cargado de peso, y a lo lejos divisaba un grupo de caminantes. Buscando compañía aceleré el paso hasta alcanzarlos: eran peregrinos. Marchaban en fila, con paso cansino y la mirada extraviada, la atención absorta en sí mismo; les fui adelantando y ninguno respondía a mi saludo. En el cielo, a nuestra derecha, las estrellas formaban la figura de una inmensa gaviota celeste, sus ojos dos gigantes rojas, y con el pico indicaba el camino hacia el occidente; por el otro lado la luna, nos bañaba con una suave luz rojiza. Al llegar a un cruce de caminos, sentado junto a un crucero de piedra, una figura encapuchada con un hábito negro me hizo parar con una seña de su oscura mano y me hizo una pregunta: ¿Qué se puede encontrar donde terminan los Caminos sobre los restos de una antigua tumba? Le respondí sin pensar: La luz de una estrella nueva que guía nuestro caminar. Camina en paz, peregrino. Me respondió. El camino continuaba con una larga cuesta y, al llegar a lo alto, y volverme a mirar, cuál fue mi sorpresa al ver que me seguía una fila de cansinos bueyes bufando al caminar y con su mirada bovina buscaban en el suelo y los árboles alguna señal. Unos pasos más allá debajo de un gran árbol me senté y recé. Al borde del fin del mundo me encontraba ya, me eché en el suelo y lloré; había encontrado el Camino que cumplía mi destino y a su vera contemplé el lento fluir de las cosas, la caricia de una lluvia suave, el sol alumbrando entre las nubes, y la sonrisa de una muchacha en cada flor. De cada piedra, de cada arbusto, surgía una susurrante voz: ¡Te quiero!, ¡Te amo! ¡No estés triste y sigue caminando!
    No hagas caso a mi marido; bonita, que es muy socarrón. ¡A sus años las chicas le van a sonreír! Te voy a contar la razón de que nos encontremos aquí. No es la primera vez.       
        Nosotros hicimos esta misma ruta hace muchos años, de recién casados, y yendo completamente a la aventura. Eran tiempos de pan llevar y dormir en un pajar. Al pasar por una ermita que hay un poco más adelante yo entré a orar. Tras unos minutos de silencio me pareció ver delante de mí una mujer muy alta y enlutada a quien no conseguía verle el rostro sentada en una silla de madera con alto respaldo. A sus rodillas se hallaba una niña vestida de primera comunión y con una brillante diadema sobre sus rizados cabellos. Un par de finas y luminosas alas vibraban en su espalda mientras ella escuchaba embelesada una sencilla melodía que parecía surgir de la alta figura; algo llamó mi atención desde el exterior, al volver la cabeza hacia la puerta de entrada vi a mi marido y a mí misma sentados frente a frente en una sencilla mesa, con cincuenta años más, charlando y tomando una copa de vino bañados por una hermosa luz azul. Hubo un fuerte destello proveniente del exterior y me desvanecí.
      Desde aquel día nosotros hemos seguido viniendo todos los años a esta tierra y Camino seducidos por aquel ensueño pero sin dejar que se convirtiera en obsesión. Así que tú duerme tranquila y sigue el Camino que has elegido despreocupadamente, que otros sueños u otra ilusión puede aparecer cualquier día y se unirá a los anteriores en una bonita colección que dará color y brillo a tu vida.
      Sigue caminando que la vida te reserva muy bonitas sorpresas y los sueños:
      ¡Déjalos pasar!