sábado, 31 de marzo de 2012

La caja de los deseos ya está en Mansilla de las Mulas.

 Ayer por la mañana temprano salí de León con la caja de los deseos para llevarla a Mansilla de las Mulas.
Me acompañaba mi hermano Óscar para hacerme la típica foto al cruzar el río Torío hacia Puente Castro. La pasarela estaba en obras y preferimos hacer la foto con el puente medieval a mis espaldas.


A la puerta de la antigua iglesia de San Pedro del Puente Castro me esperaba Baudi para acompañarnos una vez más. El antiguo templo es ahora un punto de información al peregrino y un centro municipal de interpretación del Camino de Santiago.

Al llegar a Mansilla de las Mulas allí estaba Óscar, cámara en ristre, para fotografiarnos justo al cruzar el puente sobre el río Esla.

Una foto con las murallas de Mansilla a nuestras espaldas. El paño del lado contrario está mejor conservado pero nos daba el sol de pleno así que nos pusimos para ese lado y que se viera bien la caja.

Como llegamos un poco antes de la hora convenida atravesamos Mansilla hasta el bonito monumento que hay por la otra entrada. Es lo que te encuentras cuando vienes por el Camino Francés.
Un homenaje de la villa de Mansilla de las Mulas a los peregrinos y el Camino de Santiago.

Baudi estaba muy contento con la caja de los deseos a cuestas y había que hacerle una foto chula.

Después ya nos acercamos hasta el albergue municipal de Mansilla de las Mulas.

Nos hicimos alguna foto en el precioso patio que tiene este albergue.

Y fue al fin Jose Carlos, padre de Laura, la hospitalera el que nos recogió la caja de los deseos en su albergue por una jornada. Pues hoy será Marimar la que llevará la caja de los deseos hasta Sahagún.
 A partir de ahí seran los de la Asociacion Vallisoletana los que se hagan cargo de llevarla de albergue en albergue.

El día que se calló la gente. Final.


      Unas horas mas tarde sale Esteve del albergue, acompañado de Flora y Laiba y se van a un bar cercano. Se sientan en una mesa y piden una ronda de café y chupitos.
−No me gusta este alcohol tan fuerte, no sé por qué lo has pedido.
−Hazme caso, inglesita encantadora, esto es lo que necesita tu estómago para digerir tan copiosa cena.
−Pues yo estoy comenzando a cogerle el gusto. Ya veremos en Galicia. Por cierto, sigues cojeando bastante; y eso que estuviste más de una hora de masaje.
−Sí, es que después del masaje propiamente dicho me aplicó una sesión de reiki. Tal vez mañana me encuentre mejor. Ahora apenas puedo apoyar el pie.
− ¿Qué eso del reiki?
−Es un tío que te hace pases de manos por el cuerpo, Flora; si Esteve te echara el humo del cigarrillo encima, (¿no lo hacen los chamanes del amazonas?) te haría el mismo efecto. Ninguno.
−No es así, no es así, Laiba. El sanador utiliza la energía cósmica para requilibrar la tuya personal para ayudar en tu recuperación.
− ¿Energía cósmica? ¿Neutrinos y rayos gamma? ¿Tu energía personal? ¿Sale eso en un TAC o en cualquier otro escáner? Enciende tu próximo cigarrillo con ella y tira el mechero.
−Son energías de tipo espiritual. No pueden ser registradas por maquinas que solo buscan lo sólido, lo material.
− ¡No digas bobadas! ¡Espiritual! Eso de lo que hablas no es mas que electricidad, ¡la electricidad del cuerpo! ¿No te enseñaron eso en la escuela? La estática de la piel y si pasas la mano….
−No es eso, no sabría decirte ahora.
−Bueno, bueno;  ¿y creerás en la magia y la brujería?
−No te pongas así conmigo. No creo casi en nada. Solo busco cosas que funcionen.
−Perdonar que me entrometa, estaba mirando la tele y no escuchaba lo que decíais pero me parece que ambos deberías ceder un poco y no seguir subiendo el tono de voz ¡estáis dando voces!
− ¿Que ceda? ¿En qué? ¿En lo de los pases mágicos?
−Laiba ¡que hay cosas que no registran las máquinas de los hospitales ni las cámaras de fotos!
−Bueno, si os sirve de algo, a mi me han ocurrido cosas muy extrañas, inexplicables, en estos últimos días
− ¿Cómo qué? Yo te veo muy normal. Solo hemos coincidido en algunas etapas pero no te he visto nunca ni un gesto raro
−Bueno, no sé explicarlo. Serán ilusiones debidas al cansancio. En ocasiones ya no se dónde estoy o como he llegado a ese lugar.
−Te despistas.
−No es eso; he visto cosas… ¡Y unos sueños!
−Puede que hayan sido experiencias transcendentes que no has sabido asimilar. Tranquila. Ya llegará el momento en que lo veas todo claro. Yo venía muy mal, de la cabeza, al empezar el Camino, pero a partir de León he ido caminando estupendamente. Hacía años que no me sentía tan bien. Y hoy me aparece este dolor en el pie que me está amargando la jornada.
− ¿No habrás hecho una etapa muy larga o rápida?
−Anoche dormí en Cacabelos y me estaba tomando las cosas con calma; pero al pasar por Villafranca me entró un dolor en la planta del pie derecho que he llegado hasta aquí casi a la pata coja.
−Esteve, tú eres arquitecto, ¿Cómo no fuiste a un centro médico al aparecer el dolor?
−Me limité a comprar unos analgésicos en una farmacia. Pensé que sería suficiente.
− ¿Tú eres arquitecto? ¿Y cómo sería la ciudad de Esteve? ¿Llena de magos con barita mágica y brujas y exorcistas y cosas de esas? Seguro que habría templos para unas digamos cuatrocientas mil divinidades ¿no?
−He visto ciudades similares a lo que dices. Ciudades con calles repletas de templos y capillas de todo tipo imaginable de las más conocidas o curiosas sectas del mundo. Conviviendo grácilmente o tirándose a matar con toda la maldad de que es capaz el ser humano; que es muy grande.
− ¿Qué harías en tu ciudad ideal? ¿Las prohibirías?
−Tan solo prohibiría la estulticia. Al ser ideal yo no pondría templo alguno. Tal vez un mirador. Quizá inspirado en Stonehenge. ¿Lo conoces?
−Por la tele. Nunca he estado allí. Pero la gente religiosa como tú necesita un templo. Ya sabes, cuatro paredes al menos.
−Ni eso. Muros, ¡uf! Tabiques ¡qué horror! No sé, haría algo megalítico, con un toque orgánico, de materiales ultraligeros y reciclables. Si tuviera un papel y bolígrafo
− ¿Quieres que busque uno? Se lo pediré a la dueña del bar.
−Déjalo. No importa. Si hiciera algún día algo en algún sitio, seguro que en cuanto lo terminase la gente que acudiera miraría la construcción o las estrellas y seguiría sin comprender que aquello que busca (llámalo Dios, Buda, Dharma, lo que sea) esta ya y es el mismo que mira. Y volverían a construir sus capillas, con sus muros para estar bien aislados de los demás cuando dicen estar con Dios, y de vuelta a las sectas. No merece la pena. Primero tiene que terminarse con tanta ignorancia humana.
−Bueno, pero ¿Qué habría que hacer en ese lugar tuyo? ¿Cómo serían las ceremonias? ¿Habría ritos de algún tipo al salir el sol o algo así?
−Nada, no habría nada. Lo mejor sería pasear o sentarse y guardar silencio y disfrutar de uno mismo.
− ¡Oh no! Se nos terminó el poco silencio y tranquilidad que teníamos. Ya están aquí los chicos coreanos ¡que voces dan!
−Tú deberías llamar a un taxi y que te llevara al hospital de Ponferrada. ¡Pero urgente! Si quieres yo te acompaño.
−Gracias, Laiba, pero seguro que mañana estaré bien ¡Buff! Vámonos fuera porque no soporto esta algarabía. Salgamos de aquí.

Al volver de regreso al albergue y subir las escaleras de acceso Esteve siente al llegar arriba un fuerte pinchazo en el pie que le hace soltar una exclamación de lo mas escatológica mirando al cielo. Ve en ese momento pasar una estrella fugaz, bajo las estrellas, y se queda unos instantes quieto. ¡Hay un silencio! Sus dos compañeras se encuentran en el interior; no pasa ningún coche, no hay ruido. Está todo como quieto.
Se aferra al silencio. Rodea una mesa y se sienta en una silla de hierro. Se queda quieto. El dolor en el pie va remitiendo. Se va en el silencio. Enciende un último cigarrillo y al mirar a la colilla le viene como un presentimiento que le produce un escalofrío tremendo. Apaga el cigarro mientras gruesas lágrimas brotan de sus ojos y ruedan por su rostro y su cuello.
Se queda quieto. Llorando por la gente. En silencio.

           Y así termina el cuento El día que calló la gente, que salio bastante mas corto y triste de lo que había pensado al iniciarlo. Espero que disfutéis con su lectura.
Son cuentos para las luciérnagas.
Son ya 25 y no termino de escribir el último y definitivo y decirles adiós ya de una vez.

jueves, 29 de marzo de 2012

El día que se calló la gente. Un cuento de luciérnagas.


  El día que se calló la gente
Después de casi quinientos kilómetros caminando sin tener ni una mísera ampolla y hoy no sé dónde habré pisado que me ha entrado una tendinitis que no puedo casi caminar. Tendré que parar en el primer sitio que encuentre abierto y parar un buen rato. Me parece que tendré que dejar la subida al Cebreiro para mañana.
Ya no puedo más. A cada paso que doy el dolor aumenta. A esta hora debe de haber algún albergue abierto; en el primero que encuentre paro y me quedo. Preguntaré en este bar a la entrada del pueblo y de paso descanso y me rehidrato un poco.
A la puerta de un albergue que está unos doscientos metros mas adelante se encuentran sentadas y esperando un par de peregrinas charlando en un inglés fluido y vertiginoso; intercalando palabras en español. No tienen prisa por entrar, apenas faltan unos minutos para que llegue la hora de la apertura, y ya han decidido que hoy no caminarán más.
−Gracias, Laiba, por quedarte conmigo; pero, de verdad que no hacía falta. Es que hoy no puedo más.
−Estás débil y haces etapas muy largas o extrañas. Apareces y desapareces continuamente. Estás agotada.
−Si descanso lo suficiente mañana os alcanzo sin problemas. No hace falta que te quedes aquí para acompañarme. Los albergues se llenan todos los días y seguro que aparecerá algún conocido. Deberías seguir con tus amigos.
−También es por mí misma. Necesito descanso. Llevo varias noches casi sin pegar ojo. Entre ronquidos y juerguistas, sueños y pesadillas, estoy rendida. Confío en que pueda dormir diez o doce horas. ¡Aquí hay una tranquilidad!

Se abre la puerta del albergue y aparece la figura del hospitalero; un hombre bajito a su lado y de complexión robusta, sonriente como un buda y de aspecto bonachón. Les invita a entrar por la estrecha puerta con un sencillo:
− ¡Pasar y presentaros! Descalzaros y dejar vuestras botas en este lugar y las mochilas en este otro. Sed bienvenidas. Cuando podías me mostráis la credencial.
En esos momentos llega un numeroso grupo de chicos y chicas de Corea del Sur que también quieren quedarse en el albergue. No paran de hablar en su lengua nativa y le enseñan, todos a la vez, una docena de credenciales.
− ¡No!, ¡no! Vosotros esperar fuera, a la sombra. Ya os llamaré yo para que vayáis entrando de dos en dos. ¿De acuerdo? De dos en dos. Esperar a la sombra. Descansar. Tomar un poco de agua fresca.
Y cierra la puerta dejando a los chicos fuera para atender a las dos peregrinas recién llegadas. Se sienta en su mesa y toma una credencial para tomarles nota.
−Disculpar pero no se puede andar con prisas. Malo para el Camino. ¿Así que te llamas Flora…?

Casi una hora después es nuestro cojito peregrino el que entra por la puerta y saluda con un sonoro ¡Condú delek!
¡Tashi delek! Le contesta el hospitalero.
− ¿Te queda un sitio libre?
−Uno solamente me queda. ¿Quieres quedarte con nosotros?
−No me queda mas remedio. Estoy que no camino. Me dijeron en el bar que das masajes. ¿Qué técnica usas?
−Si masaje necesitas algo se podrá hacer. Déjame tu credencial. ¿Eres budista?
−No; pero he viajado por Tíbet y la India. Sé algo del tema. Solo necesito descanso y tranquilidad. Una buena siesta y masaje profundo. Como no funcione tendré que volver a casa. No soporto estos pinchazos en el pie.
−Después de la ducha y la siesta bajas al río que está a la entrada del pueblo y metes los pies en el agua. Los dejas todo el tiempo que puedas y una hora antes de la cena te daré un masaje que mañana subirás al Cebreiro como un campeón.  Así que eres catalán, Esteve.
−Sí, de la mismísima Barcelona. ¿Y tú? ¿De dónde eres?
−De donde me indique el darma. Disculpa un momento; a ver si consigo que estos chavales dejen de dar gritos. Solo hablan coreano y no me hacen ni puñetero caso. Como no se calmen les pongo a todos de patitas en la calle.
−Tuc shi chee, hospitalero. Tengo una sensación de agobio tremenda. Cualquier ruido o voces me producen un efecto perverso.
−No te preocupes, Esteve; que enseguida pongo orden y estoy contigo.



Así comienza El día que se calló la gente; un nuevo cuento que estoy escribiendo para Camino de las luciérnagas. Disfrutar de su lectura.

La caja de los deseos en la Bendición al peregrino. León.

Ayer por la noche llevamos la caja de los deseos a la Oración y Bendición a los peregrinos en la iglesia de Santa María de Carvajal; el tan conocido albergue de peregrinos que se encuentra en la plaza del Grano de la ciudad de León.

Antes de entrar en la Domus Dei cada noche sor Ana María explica a los peregrinos en qué consiste esta última oración del día y el orden que se sigue.
Lectura de los salmos, cánticos, etc, para que los que no hablan español comprendan mejor el cómo y el porqué de este rito diario.

Una vez todos los asistentes estamos dentro comienza la Oración.

En esta ocasión sería la propia sor Ana María la que dirigiría la Oración nocturna.

Al término de la Oración se procede a la Bendición a los peregrinos.
Sor Ana María se vio auxiliada por una novicia para traducirlo al inglés y que la entendiera la mayor parte de los asistentes.

Al finalizar el acto nos hicimos la foto de despedida de la caja de los deseos.
Mañana partirá para el albergue municipal de Mansilla de las Mulas, y el sábado irá al albergue de la Trinidad de Sahagún donde quedará depositada hasta que otros peregrinos puedan hacer que continúe su camino hacia Uclés. En cuyo monasterio será expuesta, con su contenido, durante el encuentro de peregrinos que se celebrará el primer fin de semana de mayo.

domingo, 25 de marzo de 2012

Portando la caja de los deseos hasta León.

Sí, la caja de los deseos ya está en León capital, en el albergue de las bendictinas carvajalas de la Plaza del Grano.
Y ahora unas cuantas fotos para contar un poco como se desarrolló la jornada.

Por la mañana tempranito salimos de León para Villar de Mazarife a recoger la caja que habíamos dejado en el popular albergue Casa de Jesús.
Después de tomar un café y charlar un rato con Jesús y saludar a su mujer y su hija tomamos la caja y nos dispusimos para llevarla a León.

No habíamos salido del albergue y no paraban de llamar para saber a qué hora llegaríamos a León.

A la entrada de Villar de Mazarife hay un precioso mural dedicado al Camino de Santiago y aprovechamos para fotografiarnos.
En esta ocasión, a Baudilio, Oscar, y el que escribe, se nos unió mi amigo y montañero José Carlos. Que no andaba muy bien el hombre, pero le echó valor a la cosa.

Bueno, entre unas cosas y otras llegamos al Santuario de la Virgen del Camino para presentar la caja de los deseos a la Patrona de León.

Y aquí estamos; ante Nuestra Señora de la Virgen del Camino. El Camino de Santiago.
Se está celebrando el año jubilar 2011-2012 en conmemoración de los 50 años de la inauguración de la nueva y extraordinaria Basílica.
Otro aporte más para la caja donde se recogen los deseos de los peregrinos.

El padre prior de los dominicos de la Virgen del Camino oró y bendijo la caja de los deseos y por todos cuantos han depositado en ella alguno propio en la puerta de la Basílica al pie del fabuloso conjunto escultórico.

Después se fue con sus numerosos quehaceres y nos dejó con un grupo de peregrinos que en ese momento llegaban a la Basílica.

Nada mas comentárselo comenzaron a escribir en cualquier cosa que llevaran encima y depositarlo en la caja.

Una hora mas tarde ya estábamos cruzando el puente medieval de San Marcos sobre el río Torío.

Nos esperaban tres compañeras de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago "Pulchra Leonina" que querían conocer la caja de los deseos de primera mano.
 Como seguíamos encontrando peregrinos les invitábamos a dejar su deseo en la caja.

Tras las fotos ante la fachada del Parador de San Marcos y el viejo crucero nos fuimos a la iglesia.

Entramos para presentar la caja de los deseos en el lugar que fue la sede la Orden de los Caballeros de Santiago durante siglos.

Ya solo nos quedaba la típica foto de recuerdo ante San Marcos de León.
José Carlos nos había tenido que dejar, pues se encontraba mal, ¿algún virus? y se tuvo que marchar para casa. Confiamos que hoy ya se encuentre bien pues quería subir el Muxibén con unos amigos y pisar algo de nieve.

 Siguiente parada: La Real Basílica de San Isidoro de León. Aquí ante la puerta de la Hospedería de San Isidro.
Poca gente recuerda hoy día que durante siglos en León y su antiguo reino a San Isidoro se le dijo siempre San Isidro; que de estas tierras proviene ese nombre tan español.

Mas fotos en la Puerta del Cordero de la Real Basílica.

Coincidimos con el popular y televisivo montañero leonés Jesús Calleja al que le comentamos la iniciativa y le deseó la mayor de las fortunas. A ver si llenamos un carro con ellas.

No podía faltar la foto ante la Catedral de León con la caja de los deseos; y aún nos quedaba atravesar el Barrio Húmedo. Se unió Aurora para acompañarnos por el barrio.


 Otro par de fotos al paso por la parroquia y plaza de San Martín; mas conocido como Barrio Húmedo por foráneos y turistas.



Y al fin, sobre las 13.00 horas llegábamos al albergue de las Carbajalas donde fuimos recibidos por Sor Ana María y el hospitalero voluntario que se hicieron cargo de la custodia de la caja de los deseos hasta que podamos llevarla al siguiente albergue de la ruta.
El miércoles próximo llevaremos la caja a la Oración y Bendición al peregrino a la que estáis todos invitados a asistir. Es a las 21.45 horas en la iglesia del monasterio de Santa María de Carvajal.

Ya solo quedaba hacer el trasvase de papeletas entre cajas y dejarla a a la vista de los peregrinos para que, si quieren, dejen en ella una papeleta con su deseo, en su idioma, con sus sentimientos.


La caja y todos los papeles serán expuestas durante el primer fin de semana de mayo en el encuentro de peregrinos del Monasterio de Uclés; organizado por Manuel Rossi.