martes, 25 de diciembre de 2012

Sweet terroir. Poem.


Sweet terroir

Sweet terroir
that is so tough random
your nights are cold
and the days without end.

Your belly injured
leaves a dark wine
that maketh glad the walk.

By the plain infinite
walks a strange animal
four legs and two humps
much hunger without quench.

By its thirst would drink
a wineskin without breathing
by his dream would sleep
a whole year without stopping.

To take shelter
 in any corner
ends under a great shrub
Lying in the grass
the birds will nest
and he snuggled up to the flying.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Luz del Camino. Un cuento del Camino de las luciernagas.

 Hay quien aprovecha días como éstos para leer cuentos y novelas, en cualquier formato conocido. Para todos vosotros subo al blog uno de los últimos cuentos del Camino de las luciérnagas.
Son peregrinos que vuelven a casa. En el tren de regreso tres de ellos se juntan en el bar y comienzan a charlar de la experiencia pasada.
Sus ilusiones, esfuerzos, alegrías y sueños.
La luz, la luz del Camino. Algunos solo miran para hacer fotos.
Espero que os guste.


           Luz del Camino

      Estaba profundamente dormido cuando una llamada a su teléfono móvil le hizo volver en sí; contestó: era un compañero del Camino para darle su dirección postal y recordarle que volverían a verse el año próximo, de nuevo caminando hacia Compostela. Una vez despierto decidió ir al bar del tren para tomar algo y comer un bocadillo; aún le quedaban horas de viaje.
      En un rincón reconoció a otros dos peregrinos con los que había coincidido en algún albergue días atrás y pidió permiso para unirse a ellos y almorzar. Uno de ellos, italiano, era muy joven y estaba comentando sus vivencias pasadas con ardor y entusiasmo; el otro, un holandés muy alto, con cara de pocos amigos, escuchaba con respeto pero dejaba entrever una mueca de ironía respecto de lo que estaba escuchando; de lo mucho que el italiano había caminado cada día, que siempre había encontrado sitio en los albergues, el poco dinero que se había gastado; en fin, pensaba el holandés, el típico turista que se apunta al Camino bueno, bonito, y barato.
Así que, entre bocado y bocado, decidió intervenir e intentar comunicar su personal manera de ser y de ver las cosas.

−Desde hace diez años vuelvo al Camino en cuanto me dan las vacaciones; cada año hago un tramo o una ruta diferente, y he llegado a la conclusión que cada persona es diferente tanto en su visión de las cosas como la manera de asimilarlas. Con cada persona que hablo encuentro una idea distinta, su propia manera de entender las cosas. Y es difícil saber cuál puede ser la mejor.
− ¿Por qué vuelves una y otra vez al Camino si ya lo has recorrido? Preguntó el holandés.
−Supongo que lo he convertido en mi manera de ser; una manera propia de entender las cosas, mi forma de entender la vida; ligero de equipaje, agradeciendo cuanto de bueno encuentro en cualquier parte. Cuando vengo al Camino me fijo hasta en los mínimos detalles: un topillo en una pradera, el retablo de una parroquia perdida, un amanecer, el vaso de vino en buena compañía, y, sobretodo, la charla franca entre compañeros de vida. No miro si gasto o si ahorro, sino si duermo bien y con la conciencia tranquila.
−Pero, le dice el italiano, yo he venido a España con los días y los euros contados. No me puedo salir del programa fijado. En mi casa estudié cada etapa y cada gasto con mucha dedicación y me voy con la satisfacción de haber conseguido mi objetivo.
−Bueno, por cierto, mi nombre es Dirk, yo comencé saliendo desde mi casa, sin plan ni objetivo diferente que marchar de casa y de los problemas que agobiaban. Me ha resultado muy duro ir desde Holanda hasta Compostela, pero ha merecido la pena. No sé cuánto habré gastado, ya haré cuentas en casa; comencé el Camino en bicicleta hasta que tras un accidente la tuve que dejar por su mal estado. En vez de volver a casa decidí continuar, aunque fuera cojeando, hasta donde llegara, y, con ayuda de otras personas, conseguí llegar hasta donde me había propuesto. Aunque, eso sí, lo he pasado verdaderamente mal y me he encontrado a muchos que estaban igual o peor que yo. Prácticamente solo he encontrado gente sufriendo o desvariando.
−Quizá porque ahora no te encuentras en tu mejor momento. Cuando pasen unos días recordarás esta experiencia con otro ánimo y encontrarás respuestas a muchas de las preguntas que te has hecho estos días. Me llamo Peio y os acompañaré hasta San Sebastián.
−No entiendo eso de las experiencias interiores y toda esa cháchara del Camino solo sirve para escribir libros. Mi nombre es Flavio. Yo me lo planteé como un trekking por España y así lo he hecho. Llevo la cámara llena de fotos y vídeos para enseñar a los amigos, y esto me parece que es lo único que podré recordar cuando pasen unos años. Lo demás son sueños de románticos o de locos. De monumentos está repleta Italia y de montañas ¿por qué iba a tener España algo diferente? Esto es casi todo una ruta construida por las legiones romanas en busca del oro de Hispania; los peregrinos iban a Roma y Jerusalén mucho antes de que apareciera el Sepulcro de Santiago y no he encontrado magia alguna en ninguna parte. La mayor parte de los días una luz estupenda para fotografiar, y poco más.
−Pues mira, Flavio, algo tendrá cuando más de cien mil como nosotros vienen cada año para hacer esta peregrinación.
−Comprendo que algo se debe encontrar caminando tantos días por tantas tierras diversas y entrando en contacto con tantas personas diferentes llegadas de cualquier lugar del mundo. Recuerdo un día que iba caminando solo, cojeando, ayudado con un par de palos, y no veía un alma en kilómetros y kilómetros a la redonda; entretenía mi ánimo mirando las nubes y las extrañas formas que ofrecían. Durante un buen rato, que se me hizo eterno, una forma femenina parecía estar sobre mi cabeza, como indicándome la dirección contraria, como empujándome a dejar de caminar y volver a casa. Y esa imagen nubosa no se me quita de la cabeza. Si no volví entonces a Holanda es porque no deseaba volver por nada del mundo.


−Curioso, lo de los fenómenos ópticos. Un día, al entrar en un pueblo, llegaba totalmente agotado, había caminado cerca de 40 kilómetros, y me pareció ver, flotando sobre las casas, un objeto volador con forma de sombrero, (efectivamente era un sombrero, tengo la foto por si queréis verla) y me dio por pensar en cosas misteriosas. Incluso lo comenté con los compañeros de albergue mientras cenábamos y todos nos reímos mucho por mi manera, tan italiana de expresarme; cada uno contó la historia más espantosa que se le ocurrió pero aquella noche todos tuvimos pesadillas horrorosas y, a la mañana siguiente, ni nos mirábamos a la cara desayunando. Pasamos horas, caminando y caminando, hasta que comenzamos de nuevo a hablarnos los unos a los otros. Y preferíamos hablar de la etapa, del tiempo, o de cualquier otra cosa. Antes de recordar lo soñado. Fue una noche muy agitada
−A mí, también me sucedió alguna cosa curiosa este año; fue en un albergue, que prefiero no recordar, cuando al acostarme, casi no había cenado nada y con un par de chupitos de aguardiente en el estómago, apenas me metí en el saco me quedé dormido; el caso es que tuve un sueño extraño:
Caminaban presurosos, como asustados, hacia la luz del sol poniente un grupo de peregrinos llegados de los más lejanos rincones del orbe humano. Era el día del equinoccio cuando la luz del día y la noche se equilibran y, a lo lejos, surgió de pronto una intensa nube oscura que comenzó a cubrir todo el Occidente. Una masa espesa y lúgubre avanzaba sin remisión aplastándolo todo. Los peregrinos, asustados, comenzaron a correr hacia una antigua iglesia donde intentaban ocultarse. Uno de ellos gritaba: ¡son langostas!, y otro: ¡son enormes!, ¡vienen por nosotros! Aterrorizados corrían y chocaban, saltaban sobre los caídos. La nube ya ocultaba la mitad del cielo cuando ellos alcanzaron las puertas del templo. 
Mas, al entrar y refugiarse observaron cómo se producía a sus espaldas una intensa explosión de luz y color; los insectos se convertían, como por ensalmo, en inmensas mariposas batiendo sus alas brillantes pasando por encima del templo a gran velocidad.
Aún pudieron contemplar los últimos rayos del sol alumbrando el capitel de la Anunciación mientras entonaban himnos y canciones propias de cada una de sus tierras y confesiones religiosas. 
Al salir del templo, ya de noche, uno de ellos, casi una niña, les indicó un lugar del cielo donde se podía ver lejana una de aquellas fabulosas mariposas celestes como indicando: ¡No tengáis miedo!
      Desperté de sopetón y ya no pude pegar ojo en toda la noche.




−Bueno, pues yo también me pasé un par de días, cuando iba por la Rioja, buscando huellas de dinosaurio a la vera del Camino. Había leído algo sobre el tema en un albergue y me empeñaba en encontrar alguna y lo único que encontraba era montoncitos de piedras a los que no encontraba sentido. Días más tarde cuando encontré a otro italiano me explicó su significado. Y también he hecho los míos.
−Yo prefiero recordar los personajes que te encuentras un día sí y otro también; y mira que Holanda está llena de gentes de todo el mundo. Un día me encontré a un tipo, Simón, dijo que se llamaba, caminando en sandalias que el mismo se había fabricado, pantalones cortos, chaleco y sombrero de piel, y un zurrón donde guardaba sus escasas pertenencias. Vendía abalorios que él mismo fabricaba y con cuatro cosas vivía y comía. El tipo más frugal que he visto en mi vida.
Recuerdo que nos contó que un día seguía caminando incluso después de anochecer cuando le pareció ver un grupo de pequeños hombres de piel verde, vestidos de harapos, con picos y palas en las manos, cruzando el Camino hacia un pueblo cercano; decidió seguirlos hasta un gran caserón aislado. Mucha gente entraba y salía por el gran portón pero se guardaba un respetuoso silencio; estaban de velatorio, las mujeres con velo y de negro riguroso y los hombres con bandas oscuras en su brazo derecho.
Entró en la casa y se encontró los suelos cubiertos de monedas de oro, las paredes de hermosos tapices y cuadros antiguos, objetos religiosos por doquier, y sonando música de difuntos propia de otros tiempos. Su atención le indicó hacia una habitación silenciosa de la que surgía una luz portentosa; al entrar vio una gran cama donde yacía el finado cubierto con una gran colcha blanca; en la pared, sobre el cabecero, vio una imagen que parecía flotar y de la que brotaba aquella tremenda luminosidad: estaba formada por tres corazones en triangulo y una espada entre ellos.
Paró a meditar sobre su significado pero una mano se posó sobre su hombro derecho, y al girarse observó a una mujer muy alta, vestida de negro, con un velo negro cubriéndole las facciones; le dijo: ¡ven!, sal de aquí, debes continuar en el Camino; busca a una muchacha adornada con un sombrero florido que va delante de ti, y cuida de ella como de tu propia alma. Camina en paz y no vuelvas la vista atrás.
Al salir de la casa vio como un reloj de carillón daba las cuatro y, ya en la calle, en el cielo, una estrella fugaz le indicaba la dirección correcta.
 Aún seguía caminando como una gacela, apenas sin dormir ni comer, cuando le encontramos en un pueblo leonés buscando comprender su misterioso destino y nos contó su historia.




−A mí fue un catalán el que más me impactó. Preferí dejar a un lado a los italianos para practicar mi español y me fui a juntar con un catalán que se negaba a hablarlo, y no paraba de renegar de España. ¡La de cosas que nos pasaban! ¡Nos echaban de todas partes! Pero el tipo era inmutable, Gastón se llamaba; renegando y bebiendo a todas horas, caminando un día tras otro y durmiendo tirado en cualquier parte cuando al tipo aquel le salían los euros por las orejas.  Siempre cenando en los mejores restaurantes que pudiera encontrar. Y quedando mal en todas partes. Tuve que dejarle si quería llegar vivo al final del Camino. No sé qué habrá sido de él si sigue en ese plan.
−En mi caso, quizá el tipo curioso sea yo. Pues llevo tantos años en esto que son los demás los que se extrañan al hablar conmigo. Y tan solo les hablo de ver una lluvia de estrellas pasando una noche al aire libre, de un sueño que me ha parecido relevante, una persona interesante en algún rincón del Camino, o incluso de descubrir un plato o un vino distinto a todo lo había probado años atrás. También vengo por encontrar personajes para mí muy entrañables y charlar con ellos de nuestras cosas, y de cómo todo esto va cambiando de año en año; y no siempre para mejor.
−Para mí, como holandés, son las comidas; sencillos menús para descubrir sabores intensos. El día de mi accidente, estaba destrozado y entré en un mesón a cenar. Pensaba que mi Camino se había terminado así que decidí darme un homenaje por llegar hasta donde había llegado. Me pusieron un, ¿cómo se llama?, bacalao al ajo arriero que aún me dura el recuerdo. Tengo que encontrar la manera de poder hacerlo en mi casa. Cómo me levantó el ánimo que decidí al día siguiente continuar, aunque fuera andando hasta Compostela.
−Mi sorpresa fue descubrir un vino blanco: el Albariño. Eso no se conoce en Italia. Recuerdo un anochecer en la puerta del albergue, tumbados en la hierba, con una maravillosa puesta de sol en el horizonte, bebiéndonos un par de botellas, y parecía que la luz rezumaba oro inundándolo todo. Cuando al fin salieron las estrellas quedamos todos observando una conjunción de la Luna y Júpiter y nadie se quería ir a dormir. Cerrabas los ojos y aún tenías aquella luz dorada metida en las retinas como bañándote por completo. Me pasé un poquito bebiendo y recostado sobre la litera me vino un sueño como así:
Por la noche infinita pasa el tren multicolor cargado de ilusiones y desgracias; entre coches y vagones se reparten viejas y nuevas almas y sus escasas pertenencias. Va en primera clase el dignatario célebre, alguna gente rica y los poderosos de la tierra, deleitándose con manjares ilusorios y placeres vanos y fugaces. En segunda se mueve gente común, sin importancia, sencilla, mirándose y hablándose los unos a los otros o contemplando las estrellas por las ventanillas. Van detrás vagones cargados con las más variadas y absurdas mercancías; lo que arrastra la gente tras de sí camino de la otra vida, sean pájaros o artefactos, maletas llenas de trastos, miseria y porquería, avaricia y envidia, que tendrán que ir dejando o tirando por el camino. Hasta perderlo todo.
Es un tren antiguo, tan viejo como el mundo, creado por la propia vida y el misterio oculto. Nadie sabe quién va en la máquina y lo guía, y en cola un joven guardafrenos pelando frío es el único que contempla donde va, de donde viene, donde termina el brillante convoy que en tan inmensa oscuridad camina.



−Pues mirar, aún tenemos oportunidad de volver a probar ese vino; podemos aprovechar la parada del tren para estirar las piernas y tomar algo en la cantina de la estación. La parada suele ser larga.

      Los tres bajan del tren y caminan hasta la barra del bar para seguir charlando de sus experiencias. Una manera estupenda de despedirse de Galicia. Apenas han pedido la consumición entra una chica y resbala al acercarse a la barra pero Peio la consigue sujetar a tiempo antes de que caiga al suelo.

− ¡Vaya ocurrencia! Andar en chancletas por la estación. Casi te das un trastazo.
−Pues es el calzado que he utilizado durante más de un mes y me ha ido muy bien. Es la primera vez que me sucede.
− ¿Vienes de hacer el Camino? Le pregunta Flavio.
−Sí, el Aragonés. 36 días caminando.
−Pues arrímate a nosotros y tómate algo que somos compañeros. Estábamos comentando cosas que nos ocurrieron en estos días y Peio nos iba a contar un sueño muy curioso que tuvo.
−Bueno, pues sí. Fue una noche en Sarria, y soñé que el Camino me conducía hacia una montaña y entraba en un gran túnel circular; estaba muy oscuro pero al fondo se veía una luz cenital. Llegaba hasta ella y observaba que la luz venía de algún tipo de instalación en la parte superior. Di una voz y rápidamente descendió una escalerilla apareciendo un sujeto diciéndome que por favor subiera. Una vez arriba me pidió que me despojara de mochila y bastones y me sentara con él. La sala era circular, amplia y de techos altos, las paredes decoradas con pantallas tridimensionales que mostraban paisajes que reconocí de inmediato. En el centro había una gran mesa redonda con doce sillas con un enorme frutero rebosante de frutas de todo tipo. El tipo era de mi estatura y aspecto pero iba vestido con ropa y calzado de tipo deportivo, todo ello realizado con tejidos de micro fibra especiales para evitar la contaminación. Unos guantes blancos de trabajo le conferían un aspecto de gran pulcritud.
¿Podrías responderme a unas preguntas? Bueno, pero primero me dices qué es esto y quien eres tú. Para que lo comprendas, estás en el futuro lejano de este país y me interesaría saber cosas de tu tiempo. Apenas tenemos registros de vuestra época aparte de ciertos edificios y ruinas diversas. Tengo interés por tu tiempo y al fin conseguí encontrar alguien con quien charlar. Me interesaría saber que os empujó a recorrer el Camino pues fue un fenómeno digno de estudio en siglos posteriores. ¿Qué os llevó a venir desde los cuatro puntos cardinales y recorrer las antiguas rutas medievales?
Supongo que muy diversas causas y cada persona tendría la suya; y, por encima de todas: la curiosidad. Conocer por ti mismo lo que en otros tiempos se tenía como una experiencia mística o espiritual. En nuestra época, tan materialista, resultaba difícil tener algún tipo de experiencia trascendente o algo similar. Existían drogas de todo tipo y las más increíbles formas de divertirse o entretenerse incluso a diario. Pero siempre hay gente que busca algo diferente y que le marque de una manera más real y permanente. Al menos en mi caso es así. No puedo hablar por los demás.
¿Y la convivencia con gentes de otros lugares en una época tan conflictiva cómo aquella? Bastante buena según mi experiencia de muchos años; según se va llegando te vas acoplando a lo que llamamos el Espíritu del Camino y los roces se reducen al mínimo. Lo importante para unos es llegar al final y para otros simplemente tener la experiencia de haberlo intentado.
¿Y cuál son los problemas de tu tiempo? Pues la simetría y el equilibrio, pero sería muy largo de contar y de comprender para ti; debes irte ya. Pero,  ¿tú quién eres y qué tipo de instalación es esta? Fue un centro de estudios dedicado a tu tiempo pero ahora ya nadie tiene interés en esas cosas. Yo tan solo soy el encargado de la limpieza.
Recogiendo mis cosas y bajando por la escalerilla volvía al túnel y despertaba del sueño.

−Bueno, y vosotros que pensáis de esto. ¿Llegará un día en que incluso el Camino desaparecerá?
−Seguramente sí, con el tiempo todo cambia. Eso era en lo que estabas pensado cuando te echaste a dormir.
−Si os sirve mi experiencia, me llamo Clarisa, los sueños no son más que sueños y hay que dejarlos pasar. Continúa la vida y no hay que dejar que una experiencia nos atormente la existencia; somos algo así como tierra que se mueve, la vida que camina y sueña, más algo intangible que trata de expresarse e ignoramos constantemente. Si queréis podemos seguir charlando en el tren pues ya están anunciando la salida.
−Será mejor dejarlo así y cambiar de tema pues esto del Camino no se termina si uno mismo no lo da por finalizado personalmente.
− ¡Camarero!, la cuenta. Que nos vamos.




 Nosotros también nos vamos y por el Camino nos encontraremos.
Feliz Navidad.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Dia de la Inmaculada en Santiago de Compostela.

   El día de la Inmaculada me apetecía pasarlo en Compostela, y acerté con la decisión. Después de varios días de lluvia amaneció soleado y luminoso; aunque bastante fresco.
Un buen grupo de peregrinos llegó aquella mañana y tras recoger su Compostela se dirigieron a la catedral.

Minutos después de las 11 de la mañana ya estábamos entrando en la catedral para coger sitio. Suponía que se llenaría por completo así que también entré mucho antes de que comenzara la Misa del Peregrino.


En esta ocasión pusieron a funcionar el botafumeiro antes de la misa; apenas recogido los turistas que abarrotaban la catedral se marcharon y nos dejaron a los peregrinos toda la catedral para nosotros solos.

Tras la misa y la visita al sepulcro de Santiago aún pude hacer alguna foto en el interior de la catedral. La luz cantaba alabanzas para los peregrinos.


Después, todos al Obradoiro para hacernos fotos y mas fotos.

El día de la Patrona, y aunque estaba solo, decidí darme un buen homenaje gastronómico y redescubrir las delicias gastronómicas de la cocina gallega.
Para la hora de la comida decidí repetir en el restaurante O curlo da parra, en la calle del mismo nombre. Muy cerca de la Plaza de Cervantes, bajando una cuesta.
Lo descubrí con Aurora cuando estuvimos en el Puente de San José y diría que incluso han mejorado en todos los sentidos. Gracias a ellos descubrí un nuevo vino Crego e Monaguillo, de la denominación de origen Monterrei. Me parece que nunca había probado un caldo de esa comarca y me sorprendió. Un godello muy interesante.
Por si queréis conocerlos esta es su web: http://santiagodecompostela.portaldetuciudad.com/restaurantes-donde-comer/o-curro-da-parra/002_43936.html

Por la tarde aproveché para comprar regalos para la familia y despedirme de Santiago hasta otro año.
La mariposa (es para mi mujer) la compré en Lejano Sur. Una chiquilla encantadora que tuvo la paciencia de buscar alguna cosa original y poco vista con que sorprender a mi esposa. https://www.facebook.com/lejano.sur?fref=ts
Y hasta otra ocasión.

martes, 18 de diciembre de 2012

Santiago de Compostela.

   La cuarta etapa, de Arzúa a Santiago de Compostela, resultó ser un fiasco. No paró de caer agua a mares en todo el día; así que no me quedó mas remedio que guardar la cámara de fotos en la mochila y resguardarme lo mejor posible del temporal.
Esta es la única foto de peregrino que pude hacer aquel día. El paraguas a escurrir y el calzado relleno de papel de periódico para sacarle la humedad. Es un viejo truco que aprendí de chaval y funciona muy bien.
Nunca acercar el calzado a fuentes de calor.
Al ser día de fiesta casi todos los sitios del Camino estaban cerrados; en Arca tan solo el albergue de la Xunta de Galicia estaba abierto y un par de bares.
Continué hasta Santiago. Una llamada de teléfono y me dieron habitación en A tafona do peregrino, en la rúa Virgen de la Cerca.
http://www.atafonadoperegrino.com/

No me iba a acostar con el estómago vacío y me apetecía ver gente después de pasar el día solo. Así que me animé a subir hasta la zona de la Casa de la Troya para tomar una buena ración del famoso polbo galego en Los sobrinos del padre. Una taberna de las de toda la vida.


Encontré a los peregrinos navarros y paré a tomar un chato con ellos. No tenía cuerpo para más. A la cama que estaba frito.


Algunos peregrinos con los que coincidí estos días se quedaron a dormir en O Pedrouzo, así que al día siguiente, a partir de las 11 de la mañana, comenzaron a llegar a Compostela.
Me dirigí a la catedral para acompañarles para dar el abrazo al Patrón.



No me quedé a la misa del peregrino, había poca gente, pues al día siguiente era la Inmaculada. Apenas media docena de peregrinos. Casi todas chicas.

Aproveché que estaban en misa para dar una vuelta para hacerme una foto antigua, con el fotógrafo de la Plaza Fonseca y dar una vuelta por el Casco Viejo de Compostela.

A ratos caían unos buenos chaparrones y había que buscar refugio.

Aproveché para comprar una estupenda novela, El país de las últimas cosas, de Paul Auster, en mi librería favorita: Encontros, en la Rúa Nova. Siempre paro a visitarles y charlar un rato.
http://www.libreriaencontros.com/index.php?id=2&tx_ttproducts_pi1[backPID]=103&cHash=b3c1907bb3
Es una de las librerías donde podéis comprar mi libro Camino de las luciérnagas.


Después de las fotos de rigor en la Plaza del Obradoiro la gente se desperdigó buscando donde acomodarse. Ninguno quiso acompañarme hasta el Mercado de Compostela a tomar un chato por la zona.


Por la tarde ya nos encontraríamos y despediríamos en los bares de la zona del Franco.



Una cerveza en el pub de Casa Fonseca y escuchar un poco de buena música mientras comenzaba a leer la novela de P. Auster me animó un poco. El tritón y la sirena estaban muy callados esta noche.
Pero la lluvia y el ambiente desangelado hizo que me recogiera pronto a la Tafona do Peregrino; donde se cena estupendamente.

Una tacita de capuchino de caldo gallego para entonar el cuerpo y después una cena ligera. Una buena despedida del Camino de Santiago y de mis luciérnagas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Gastón degollado. Un cuento de las luciérnagas.

¿Qué ocurre cuando llegas a Compostela después de estar días y días caminando? ¿Qué pasa por la cabeza del peregrino? ¿Qué le ocurre a su persona?
¿Hora de volver a casa o seguimos caminando?
Este es un cuento de gente que sigue hacia el más allá.
Por lo que sea. Algo encontrarán.
¿Sabrán lo que están buscando?


   Gastón degollado

 ¿Qué hago aquí?


      Un corazón de piedra en una ciudad de granito. Apenas puedo respirar. Llueve. Es un agua cálida y fina que me cala hasta el tuétano. Tengo ganas de llorar. Gente variopinta sube y baja las escaleras hablando lenguas extrañas y alguna otra familiar.
      ¿Y la fuente? ¿Dónde está la fuente? Se la habrán llevado. Necesito lavarme. He vomitado la cena y huelo a demonios. La fuente de los muertos. Justo lo que yo necesito. No oigo nada. He debido quedarme sordo. Muertos. Todos bajo mis pies.
      Madre.
      La madre. Mi madre. La gran señora sobre cuyos hombros reposa la empresa y tradición familiar. Los apellidos. Su enorme peso artificial. La abuela. Siempre a la caza del menor gesto de humanidad, de familiaridad. Para cortarlo en seco. Siempre con el blasón en el corazón y los balances bancarios en la cabeza.
      El castillo.
      La gran fortaleza familiar. Donde antaño pastaron vacas y cerdos, y se recogían almendras y algarrofas dando gracias a Dios, hoy plenas de riquezas. Campesinos que trabajaron como bestias, más brutos que sus acémilas, esclavos de la tierra y del sol, hoy podan viñedos como si fuesen bonsáis y se pasean en coche deportivo.
      Mis hermanos. Los hermanos del hereu. Ni mentarlos.
      La hipocresía.
      El blindaje.
      He construido un castillo en mi interior. Inaccesible mi corazón. Impenetrables mis pensamientos; incognoscibles mis sentimientos. ¡Incluso para mí! Castellano de mis soledades desde mi alto baluarte disparo contra todos cuantos me rodean; y me aíslo más y más en mi laberinto interior. Detestando Castilla como solo puede hacer alguien como yo; he recorrido sus tierras admirables rodeado de gentuza (como diría mi abuela) insobornable. He compartido lecho y mesa con patanes a los que mis empleados no admitirían ni para lavar las cubas; he confraternizado con una panda de pirados, borrachines y drogatas. Me he regodeado en mi abyección. Y me asombrado ante la cantidad de gente de buena fe que me encontrado por todas partes. Sacar de donde no hay.
      Caminando por León he sido cazurro al por mayor, más encerrado aún en mis enigmas; pero a la vez que recorría sus extensos páramos me iba haciendo consciente de la dificultad de escapar de mí mismo y de mi propia complejidad mental. Demasiada literatura y escapismo, y pocas realidades personales. Todo heredado y nada propio. Todo por hacer. Mucho que ganar y mucho que perder. Las viejas. Los enredos continuos.
      Galicia, verde y luminosa, donde el verdor de la vida se te cuela hasta las entrañas. Las plantas; parece como si pensaran. He estado en un templo, asistiendo a un rito, comulgando con un culto, en el que ni creo, ni acepto, ni soporto, en modo alguno. La luz, la luz que escuchaba cantar.
      Y aquí estoy; caminando de noche, borracho perdido, por calles de piedra, mojado, aterido, intentando vomitar toda mi rabia interior. Compostela. ¡El Camino! Mis dioses.
      ¡Vaya mierda! Un engaño fenomenal. Siempre lo fue. Siempre lo será. La religión: una fina red atrapa bobos, enredado en la cual se llega a perder la última ilusión. Compostela; la ciudad del Patrón de Las Españas. Tomada al asalto por los mercaderes. Robada de su luz. La Estrella de todas las Españas.
      No lo será de la mía. Que ni es esta España ni su Patrón. Una patria: la de mi madre, la de mi abuela. La de los mitos herrumbrosos; de históricos pasajes, la mayor parte fraudulentos o inventados por pesebreros bien comidos y mejor bebidos.
      Cuyo autentico Patrón no es el que mató al dragón sino el que se rindió a San Dinero Constante i Sonante. El próximo que me venga con el cuento de la gran patria oprimida le doy unas fabas que le pongo la cara... ¡Aggg…!
      Un perro.
      El único ser vivo en mil kilómetros a la redonda. Ven, bonito ven; ¿quieres probar un bogavante fresquísimo? ¿Unas nécoras tal vez? Espera un segundo que ahora salen.
      ¡Dios!; cuanta mierda. Y ahora volver a Barcelona. Tomar el primer asiento de primera clase del primer avión que salga y sobrevolar la tierra que anduve casi como un mendicante. ¡Ni la vi siquiera! ¡Ni me enteré! Me ha parecido una chorrada desde el primer día; y ahora más. Ni siquiera he ligado. Esto parecía “el barco del amor”. A los cuatro días todo el mundo estaba emparejado. Menos yo. ¿Se me notaría tanto el desprecio que siento por todas estas cosas y las gentes? Creía que disimulaba mejor.
      Ven, perrito, ven; ¿quieres otro poquito? Ahora sale. ¡Dios!.
      Esto no se acaba nunca; ¡no reventaré! Veo lápidas bajo mis pies, esqueletos, ceniza y mugre. Me voy al suelo.
      ¡Ah!. Fantástica; la combinación de albariño, penedés, y coñac francés. A este paso voy a echar por la boca hasta la espina dorsal.
     ¿Y este perro? ¿De dónde ha salido? Mira: yo también sé andar a cuatro patas. Pero para mear he de aferrarme a las paredes y ponerme en pie.
      ¡Joder!. Perrito; me miras con ojos de cordero degollado. Ni que estuvieses viendo un condenado.


−Más bien, me parece a mí, que está viendo a un hombre que está siendo degollado.
−¡Oye!. ¡Oye!. ¿Tú quién eres? ¿Por qué te metes conmigo?
−Perdona, amigo. Tan solo soy un peregrino al que le pareció ver una persona en apuros. No quiero molestarte más. Ahora mismo continúo mi Camino.
− ¿Tu camino? ¿Qué camino? ¿Dónde vas con todo el equipo a estas horas? ¡Bah!. Alemanes; siempre dándose unos madrugones de espanto.
−Voy al fin del mundo. ¿Quieres venir?
− ¿El fin del mundo? ¿Existe ese lugar? Eres un romántico. No sabes que ya hemos llegado a la luna, y a la Antártida, y al Everest, y... ¡Buff!; yo estaré borracho pero a saber que habrás tomado tú.
−A estas horas nada.
−Espera. Quizá tengas razón. El degüelle. Me siento como si me estuviesen degollando. Esto mismo hacemos con el cava. Le quitamos el tapón para que salga todo lo malo que ha fermentado. Le sacamos de la madre y lo transvasamos a la botella en que habrá de servirse. Algo así siento que están haciendo conmigo. ¿Sabes que voy a hacer ahora? Acompañarte. En vez de volver corriendo a casa de mi madre para colocarme bajo su regazo protector voy a irme contigo a donde sea. Es hora ya de cambiar de vida y de manera de vivir. ¿Puedes acompañarme?
−Claro que sí; no tengo prisa. ¿Dónde te alojas?
−Es aquí cerca; en el Hostal Reyes Católicos. ¿Cuidarás del perro mientras me cambio?
−Por supuesto. ¿Cómo se llama este perro tan bonito? Es un setter irlandés de pura raza.
−No tengo ni idea. Él me encontró a mí; y me acompañó hasta que apareciste tú. Estaba junto a la Puerta Santa. Como montando guardia. Y no tiene collar. Espérame mientras me cambio de ropas y saldo cuentas.

      Una hora más tarde; con las primeras luces del alba dos peregrinos y un perro salen de la Plaza del Obradoiro bajando las escaleras hacia los jardines de la Universidad, y se disponen a caminar hasta el fin del mundo.
      Llevan un paso raudo, como si tuviesen prisa por abandonar la ciudad, y las calles cuesta abajo parecen ayudar. Pierden y vuelven a encontrar las flechas amarillas una y otra vez; y más bien prefieren caminar por el arcén de la carretera que buscar los senderos. El caso es ir dejando atrás las interminables urbanizaciones que rodean Compostela. Al fin salen a una carretera comarcal sin apenas tráfico y por la cual ya se permiten caminar con soltura.
−Escucha, alemán, aún no sé cómo te llamas.
−Carl Friedrich, y soy bávaro. Aprendí español veraneando desde niño en la Costa Brava.
− ¿En qué sitio concretamente?
−En Cadaqués.
−Bonito pueblo; lo conozco bien. Me llamo Gastón y soy catalán. Pero de Barcelona.
− ¿En qué zona de Barcelona vives?
−En el Penedés.
−No conozco ese barrio de Barcelona.
−Es una comarca. Famosa en el mundo entero por sus vinos.
− ¡Ah!, sí. El champan catalán.
− ¡Cava!, ¡eh! Non fotis, nen; se llama cava.
−Perdona; no quería ofender. Me gusta el cava y aprecio su sabor. Aunque, personalmente, prefiero el vino blanco alemán.
−Nosotros también estamos comenzando a producirlo. Hemos plantado varias hectáreas de uva del Rhin. Es que soy de familia bodeguera.
−Entonces; no será de vino de lo que discutiré contigo.
−¿Y de qué podemos discutir tú y yo?
−De dónde venimos; a donde vamos; cómo pasa el tiempo a cada paso que damos. Y quienes somos realmente.
− ¡Bueno! Para empezar no tengo ni idea de por dónde andamos ni dónde estará el albergue más cercano. Deberíamos preguntar en el primer pueblo por el que pasemos.
−Yo tengo una guía que indica que la etapa llega hasta Negreira y nos faltan muchos kilómetros.

      Tras una hora más de caminata y muchas vueltas y revueltas encuentran una fuente en un recodo bajo un cruce de carreteras. Paran y aprovechan para aplacar la sed y remojarse los pies; pues a esas horas el sol calienta en demasía y la humedad ambiente les hace sudar copiosamente.
      Es un cruce de caminos y por la carretera inferior aparece caminando un campesino arreando un par de terneros hacia el pueblo cercano.
−Disculpe, señor; ¿sabría decirnos por donde continúa el camino a Finisterre? No vemos por ningún lado flechas amarillas.
− ¿van pra Mujía os pelegrins?
−No, vamos al fin del mundo.
−Pues sigan el camiño das vagalumes. Pobriños. Pelegrins del cielo buscan en la tierra el camino de las estrellas. Después de visitar la tumba del Apóstol siguen sin entender nada.
− ¿Cómo qué?
−Pues que quizás Dios no creó al hombre, como si fuera un árbol, una montaña, una estrella. Pero sí que ha estado trabajando por hacernos humanos. Con leyes muy duras, castigos terribles; pero siempre buscando alejarnos de nuestro lado malvado, para así hacernos más dulces, pacientes, luminosos, y puros a sus ojos. Sigan caminando y tal vez descubran el porqué de los nombres de estas tierras del fin del mundo. Miren con los ojos y sientan con el alma. Y tengan cuidado. A partir del pueblo que ven a lo lejos el camino va por pinares y pueden perderse por los cortafuegos. Vayan con Dios; y atiendan a las señales.
−Gracias, amigo. ¿Qué son las vagalumes?
−Las luciérnagas. Así iban los peregrinos de antaño; dándose luz y esperanza los unos a los otros.
− ¿Y cómo vamos los de ahora?
−Como los saltamontes; a tirones y empujones, y sin ver por donde pasan.
−Caray con los campesinos de estas tierras. A mí me parece que los antiguos iban más a oscuras que nosotros. No tenían teléfono móvil con GPS, ni internet, ni apenas medio alguno de comunicarse los unos con los otros. ¡Y vaya creencias tenían! Eran unos bárbaros.
−Seguramente se refiere a como se recogían y ayudaban unos a otros, de una forma moral y espiritual, más que material; porque de lo que estoy seguro es que pasaban mucho hambre. Sobre todo los pobres.
−Pero, ¿se iluminaban o se oscurecían el alma con aquellos mitos y leyendas de eras antiguas? Porque los seres humanos no somos clarividentes. Eran cuentos que surgían de la ignorancia. ¿Qué sabes tú, alemán?
− ¿Y si veían la vida y las cosas con más claridad que nosotros? Sino todos al menos unos cuantos. Piensa en los constructores de las catedrales. Tenían menos medios materiales pero no menos ganas de saber, descubrir, inventar.
−Tal vez fuera así por un tiempo pero aquello se terminó. Nosotros usamos relojes atómicos para saber la hora exacta y ellos miraban los de sol. Ya no estamos ni somos el centro del universo. Creían que todo giraba en torno suyo. Vamos comprendiendo que esto no es nada especial. Cada uno ha de hacer algo especial y único de su propia vida.
−Pero ¿y su visión interior? La mía no me parece que sea mejor que la suya. Llegando a Compostela, paré en un pueblo para dormir en un pequeño albergue, y tuve un extraño sueño en el que veía como un enorme y viejo león, sus angustias y temores, miedos profundos, sus garras, ocultaba la luz del sol.  Enfrente de él se alzaba un gran dragón verde, y se enfrentaban, y, sobre ellos, brillaba un enorme cáliz de oro rodeado por doce peregrinos con su bordón en la mano diestra y la cabeza agachada; ocultando su rostro bajo un viejo sombrero de fieltro con una pequeña viera dorada como señal. Este sueño me decidió a continuar hasta Fisterra y encontrar su sentido oculto.
−Seguramente eso fue debido a algo que cenaste o a bien que arrastras desde tiempo atrás. Ya encontrarás su significado.
−Bueno, lo dejaremos así. Será mejor que apretemos el paso o no llegaremos antes del anochecer.

      Caminan de modo variopinto; casi como ciclistas que se fueran relevando, pero al tuntún. Se despistan varias veces de la senda marcada pero es el perro, con sus ladridos, el que les va llevando hasta la siguiente marca. Es un mar de pinos. ¡Y los olores! Respiran vida.
−Oye Carl: ¿no te parece como si este perro conociera el Camino? ¿Te has fijado como encuentra los monolitos?
−Probablemente ha hecho el Camino hasta Compostela con un grupo de peregrinos y ha aprendido a buscarlos por el olor. ¿No has visto como mea en casi todos? Otros perros habrán hecho lo mismo. Seguro que podría llevarnos con niebla cerrada de vuelta a la Plaza del Obradoiro.

      Se las prometían muy felices siguiendo los pasos del perrito pero de pronto llegan a una zona poblada y han de ser ellos los que protejan al pobre chucho de los ataques de los perros guardianes de las fincas que saltan hacia ellos. Perros grandes y fieros que se lanzan con furor. Horror, codicia, hambre, odio sin fin. Al pasar por un restaurante consiguen una cuerda y no tienen más remedio que atar al perro y llevarle conducido y protegido hasta Negreira. Ya en el albergue, en una cuesta, lejos del pueblo, rodeado de praderas, deciden soltar al chucho para que corra libremente.
−Carl, escucha, estoy verdaderamente agotado. Me duelen la cabeza y la barriga espantosamente. Intentaré dormir algo; vigila tú al perro, ¿puedes pedir algo de comida por teléfono?


      Siesta y noche se unen en la mente de un Gastón enfermo que ha de levantarse por dos veces a vomitar. Tiene pesadillas, monstruosas pesadillas; lobos y demonios atacan su fortaleza, le persiguen por los pasadizos, derriban puertas, rompen ventanas, le arañan, le muerden, quieren devorarle.  Los caballeros se rinden. Se despierta sudoroso, gritando, pidiendo socorro. No puede más. Agotado por el cansancio, sin comer, sin cenar, su cabeza es un delirio constante. Por fin, Carl, y otros compañeros de albergue, le piden que salga a dormir en la pradera que hay fuera. Le prestan una colchoneta y una manta incluso una chica le da un calmante con un vaso de agua.
      La noche le supone una larga agonía mirando las estrellas hasta que, rendido, consigue dormir algo; pero se despierta recordando que caminaba por un largo sendero que atraviesa un hermoso valle en ascenso, y sobre las montañas del fondo, un perro estelar acurruca una inmensa estrella azul entre sus patas.
      Abre bien los ojos pues ya ha amanecido y ve al perrito sentado a su lado, sonriendo, y de algún modo profundo comprende que ya está bien de lamentaciones y reproches. Continuará el Camino hasta Finisterre con Carl y los nuevos compañeros y volverá a casa con un ánimo muy diferente para afrontar la vida venidera. No existen instantes en la Naturaleza.  Es algo subjetivo de los hombres. Ahora vemos las cosas en cuadritos; los cuántos que les llaman. Solo son imágenes. El universo es un continuo y más nos vale caminar ligeros de equipaje. Saben más las hierbas bajo mi culo que todos mis estudios inútiles.
      Tomando al perrito entre sus brazos entra en albergue saludando a los que desayunan y grita hacia el piso de arriba: ¡Oye, Carl!, ¿sabes que te digo? Que cuando subamos al Faro de Finisterre invito a cava a todos los que lleguemos. ¡Venga!, ¡vamos! ¡Collons!
− ¡Qué bien te encuentro esta mañana! ¿Cómo has dormido?
−Muy mal; pero soñé con un enorme perro celestial y entre sus patas se encontraba una inmensa estrella azul. No sé qué significa pero me ha animado a continuar caminando hasta Finisterre.
−Disculpa que intervenga, pero en la Constelación del Can Mayor, que estaba esta noche sobre nuestras cabezas, se encuentra la estrella más grande del universo conocido, una gigante azul. Tal vez lo vieras en algún documental televisivo y esta noche te ha venido a la mente.
− ¿Y tú quién eres que tanto sabes de astronomía?
−Me llamo Marc Antoine; la astronomía tan solo es una de mis aficiones. Por lo que me han contado esta mañana ayer llegaste bastante mal al albergue; debiste pedir ayuda en vez de guardar tu dolor para ti. El sentido del sueño tal vez sea que debes encontrar algo más grande que tu ego y acostumbrarte a vivir con personas más sencillas o sensibles que tú. Tu ego caprichoso tan solo es una muy pequeña parte de ti.
− ¡Caramba con el físico! Ahora resulta que tengo que volver a casa y ponerme al frente de la empresa familiar. Carl, ¿por qué no le cuentas tu sueño, con leones y dragones, a ver si le encuentra sentido?
−No entiendo mucho de cosas religiosas; tal vez si preguntamos al hospitalero, que es de estas tierras nos pueda aclarar algo.


      El hospitalero es un hombre de apariencia sencilla pero de gran cultura que dedica su tiempo libre a auxiliar en las cosas del Camino y aconsejar a los peregrinos que continúan su senda hasta el fin del mundo. Una vez oído el relato del alemán y meditando un poco le dice:
−Hace muchos siglos hubo grandes polémicas sobre el signo que debía presidir estas tierras y reino. Muchos proclamaban que debía ser el signo formado por el dragón verde y el león rojo, que era la señal de los reyes suevos, (un pueblo guerrero que llegó a estas tierras tras la caída del Imperio Romano de Occidente) protegiendo el Santo Cáliz de la Comunión Cristiana como símbolo de su conversión al cristianismo. Pero al haber desaparecido su reino siglos atrás y ellos ser arrianos, -una de la muchas herejías cristianas-, y descubrirse el Arca Marmórea con los restos del Apóstol, decidieron hacer desaparecer esas figuras guerreras y dejar tan solo el cáliz de la Eucaristía. Los peregrinos venían a buscar perdón por sus pecados no a meterse en guerras y cortar cabezas.
− ¿Y cómo ha quedado por fin el símbolo de esta tierra?
−Pues no hay mucho acuerdo. Pero el símbolo más aceptado actualmente es el cáliz coronado, con la Sagrada Hostia en lo alto, y bordeado por siete cruces. El cáliz como símbolo de la propia Galicia, porque, dicen, calice sonaba similar a Galice; otros lo llevan hasta la leyenda del Santo Grial en estas tierras escondido por los templarios. Y ahí ya nos perdemos en mitos y leyendas antiguas y modernas. El número de cruces ha sido variable con las épocas y podría significar muchas cosas que ignoro.
−Bueno, Carl, desde luego, si hay alguien aquí que pueda encontrar ese Grial eres tú. No me cabe duda. En cuanto puedas vienes a verme y te enseñaré Montserrat.
−En ese caso no vayas directamente a Fisterra, ve primero a Muxía. Seguramente allí darás con la clave y encontrarás el nuevo sentido de vida que el Camino te ha estado forjando. Ánimo, aún eres joven; seguro que lo conseguirás. Anima al catalán para que te acompañe; seguro que encontrareis cosas interesantes.
−Una vez hayamos desayunado nos ponemos en camino y confiemos en que cada cual alcance su objetivo; tanto si es terminar el recorrido como si es ver realizado un sueño. Y, por cierto, me apunto a lo del cava en el Faro. Aunque sea francés también me gustan los vinos españoles.
−Bueno, Marc, si no te importa la compañía de un perro por mí encantado. ¿Y a ti, Carl, que te parece la idea? Podremos hablar de las estrellas y las constelaciones por cambiar de tema, que con tanto mito y misterio se me vuelve a nublar la mente.
−¡Encantado!, Marc y yo nos conocemos de sobra y me parece que la única copa dorada que voy a encontrar por aquí será la que tú me invites en Finisterre.

Algunos peregrinos deciden continuar caminando mas allá de Santiago de Compostela, hacia la Costa de la Muerte. La siguiente etapa suele ser hasta Negreira, donde hay albergue de la Xunta de Galicia. En el verano de 2001 anduve esta etapa en compañía de unos chavales la mar de majos y encontramos el albergue recién inagurado unos pocos días antes. Lo pasamos fenomenal en aquel lugar alejado del mundo. Después de parar en albergues a rebosar durante días y días encontrar un albergue vacío, todo para nosotros, y recién inagurado, fue una gran sorpresa.
Este cuento me hizo recordar aquella jornada.


El origen del escudo de Galicia, según me han asegurado, viene de los tiempos de los Suevos; un pueblo germánico que invadió España en el año 409 aprovechando los estertores del Imperio Romano. 
Se establecieron en el noroeste de la península y resistieron hasta el 456 como reino independiente; tras la derrota en la batalla del río Orbigo perdieron fuelle pero se recuperaron y establecieron un reino católico que se opuso con éxito hasta la llegada de Leovigildo y el año 585, en que perdieron la guerra y terminaron siendo asimilados por los visigodos. No obstante, los condes, los gobernadores militares de aquel tiempo, siguieron utilizando la simbología sueva hasta la invasión mahometana.
Durante 175 años campearon a sus anchas por todo el noroeste de la península ibérica.
El dragón verde y el león rojo era su distintivo principal.
Si tenéis interés en saber algo más sobre los suevos podéis mirar en este enlace: http://paseandohistoria.blogspot.com/2011/02/los-suevos-en-hispania.html