martes, 27 de septiembre de 2011

Camino de las luciérnagas

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Camino de las luciernagas. Donde siempre es ahora.

       
   Donde siempre es ahora


          La niebla. La niebla me retrotrae a mi infancia. Los largos inviernos del este de Alemania. Los soldados. Los nazis. Sus desfiles triunfales. Los altos estandartes cruzando el puente que comunica los dos barrios del pueblo.
          Un puente. He de encontrar un puente. En la guía viene que he de pasar un puente y tras él encontraré una fuente.
          El puente. El puente por el que vinieron los rusos. La ferocidad con que destrozaron el puente y la fuente central. A cañonazos derribaron el templo parroquial. La niebla y la escarcha de aquella jornada. Comenzaba un invierno que duró más de cincuenta años.
          El camino. Estos montes y senderos se parecen a los que conocí de niña. Allá en mi tierra. Gélidas mañanas de verano yendo al monte por leña. Y, ahora, estos montes donde no se ve un alma. ¿Por qué no iría por la carretera como todos los demás? Necesitaba estar sola. Pensar en mí misma. Tantos años pensando en la familia, la comunidad, el estado; no he tenido tiempo apenas para mí misma.
          El primer viaje de mi vida; lejos de mi familia, de mi país. Una tierra extraña y fascinante. Una gente locuaz y simpática. No entiendo casi nada de lo que dicen pero ¡cuánto me hacen reír con lo que gesticulan! Tienen un talento natural para el mimo y la improvisación. Niños que a todo juegan con todos; como si no tuviesen maldad alguna o no les importase lo más mínimo si la tienen.
          Eres simple; Catherine. Una mujer simple en un mundo de niños que juegan y bailan. Y te has perdido. Niebla y escarcha.
          Debería encontrar un puente. En alguna parte ha de haber un pequeño puente, y, o bien lo encuentro o estoy perdida en estas intrincadas montañas en un país lejano.
          Ahí delante parece haber algo en el muro de piedra: una imagen de piedra. ¡Es un ángel!
          No encuentro un sencillo puentecillo y aparece el Ángel Protector del Camino. Ahora estoy segura alguien vendrá y me conducirá a Sarriá. Ahora lo tengo claro: llegaré hasta mi Señor Santiago. Pisaré Compostela.
    Siempre hay un “ángel” que cuida de las personas de buen corazón.

Inicio del cuento Donde siempre es ahora, de Camino de las luciérnagas.