martes, 23 de agosto de 2011

Camino de las luciérnagas. Una sombra en el campo de la estrella.

               ¿Qué haces sentado al sol, peregrino?
Observo las esculturas que hay en esa finca, ¿qué trata de expresar el escultor? Un rostro con mujer encadenada, seres humanos, caballos; lo que pasa por la mente humana. Llevo un buen rato llamando al timbre de la finca pero no responde aunque parece estar en la casa
Mejor será que continuemos hasta Villafranca. Hace mucho calor y necesito tomar líquido cuanto antes; debo estar deshidratado
¿No paraste en el mercado de Cacabelos?
Sí, y me tomé una gran ración de pulpo; ahora necesito beber cuanto antes
¿Dónde está el extraño que te acompañaba? Os oí anoche charlando en el albergue de Molinaseca
¿Y qué decíamos?
No entendí gran cosa y no creo que haya quien os entienda
Hablábamos de estrellas y de cosas incognoscibles; caminos imposibles entre universos ignorados
Entonces mejor será apurar para llegar al albergue del Jato y pedir una gran jarra de sangría; esperaremos allí a tu compañero
No es mi compañero; es un americano con una historia muy especial a sus espaldas
¿No será espacial? No para de hablar de estrellas y constelaciones
También hablo yo de ellas y soy vasco
Yo de Badajoz y prefiero hablar del jamón y las jamonas
También a mí me gustan pero con este calor no consigo ni pensar en ello
Tranquilo que a la primera jarra invito yo
Me preocupa ese hombre; tiene cosas horribles en la cabeza y viene de peregrinación, no de turismo.
Yo me quedé en el paro hace un mes y mejor ni te cuento lo que tengo yo. Al yanqui le llevamos esta tarde a cenar en un sitio que conozco y con cuatro chupitos verás como suelta lo que le amarga la existencia. A mí lo que me preocupa es cómo subir mañana el Cebreiro.
Si no tuvieses esa barriga y ese sobrepeso no estarías tan preocupado. Deberías hacer algo de deporte.
¿Más deporte que poner ladrillos? ¿cómo estás tú tan delgado? ¿no comes caliente? Porque los vascos sois de buen yantar.
Soy marino y el mar es mi madre y mi alimento
O sea, merluza y bonito de pincho
Algo de eso, también sardinas. ¡Gracias a Dios! Ya se ve Villafranca. Una fuente ahí abajo, tengo que beber como sea.
Pero, ¡pijo! No hace falta que te arrodilles, ¡ni que te diera de beber un ángel!
¡Tú que sabes! Me sentía como si la muerte me abriese la barriga en canal y por ahí se me fuese el alma y todo lo que contenga
Bueno, pues entonces bebe lo que necesites; no eres un gigante en lucha con un guerrero navarro. Te llevaré la mochila hasta el albergue siguiente y te esperaré con una gran jarra en la mano. ¡Y reza! Por Dios no te vayas a quedar aquí tirado que estás a dos pasos del refugio; esta noche cenaremos con el yanqui y hablaremos de luces y estrellas y chicas de hermosas piernas. Tienes un bajón que se pasa y en paz. Te espero. No dejes que las mujeres encadenadas o lo que te pase ahora por la mente te afecte verdaderamente.

Inicio del cuento Una sombra en el campo de la estrella, de la colección Camino de las luciérnagas.
Están los corazones rotos
Y los pies destrozados,
El alma casi perdida
Pero firme el corazón
A las puertas del Perdón.
Y la vida siempre nueva
A la vista de una nueva luz
Cambia y se renueva
Siempre el Amor
Combinando miserias y glorias
Deja atrás plantas y animales
Y eleva una nueva esperanza
una comprensión mejor
De lo que simplemente es Dios