jueves, 23 de junio de 2011

Por San Juan


Por el fuego
por el aire
en la tierra
y en el agua
van los gansos
y los gatos,
pasan aves
y demonios
y nada queda,
solo ángeles.
 por San Juan
la noche espera
la luna vela
y el sol nos quema.

Desde Samos, con amor.

De Fonfría a Samos.

  Esta mañana nos levantamos con niebla y un aire fresquito. Apenas terminamos de desayunar nos pusimos casi todos en marcha pues muchos querían ir a pasar la noche en Sarria, que hoy celebran la noche de San Juan.
Entre que estás medio dormido y la niebla es espesa alguno se despistó de las flechas amarillas y yo estuve a punto en más de una ocasión.
Pero se agradecía ese fresquín después de tanto calor los días anteriores.


Bajamos las cuestas hacia Triacastela más bien abrigaditos y haciendo buenas paradas; pero después salió el sol y comenzamos a ponernos más cómodos. Mis compañeros alemanes se tomaban las cosas con calma y el matrimonio de estadounidenses, los de la capa de plástico, con más de 80 años cada uno me animaban a caminar con buen ritmo, y parar poco.


Después de la bajadita, una buena parada en Triacastela; ya se sabe, a tomar algo y entrar a sellar en la parroquia de Santiago.
Ya solo quedaba decidir: ¿continuar hacia Sarria o hacia Samos?

Decidí que, tal y como tenía el pie y lo lento que caminaba, lo mejor era ir a Samos. Un muchachote alemán decidió seguir mis pasos y nos fuimos haciendo compañía. En cada parada aprovechaba para escribir así que supongo que al llegar a Compostela ya habría terminado la novela.
La primera parada larga fue en Lusío, a la puerta del albergue. Charlamos con la hospitalera y nos impresionó la Casa-Fuerte de Lusío. Seguí caminando con el peregrino alemán, como casi todos los días, y nos entendíamos más bien por señas pero la etapa resultó preciosa.


¡Corredoiras hasta Samos! ¡Caminar a la sombra de los verdes árboles durante una hora o dos!. La decisión fue rápida. Además, no tiene uno cuerpo para andar horas y horas a pleno sol en estos días. Paramos un rato en San Martiño do Real a descansar y disfrutar de la mañana.


En compañía de un peregrino alemán bajé tranquilamente a Samos parando en cualquier sitio y haciendo fotos de cualquier cosa.
Sobre las 13.00 horas ya estábamos en Samos y hasta que abrieran el albergue estuve haciendo tiempo tomando una caña y comiendo en el restaurante Victoria, justo enfrente del albergue. Dándome un homenaje, como dicen en Navarra. Muy recomendable el bacalao de la casa.


 Después de tanto esperar a que abrieran el albergue ¡me encuentro a uno de los mejores hospitaleros voluntarios del mundo mundial! Félix, de León, de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León, la Pulcra Leonina, por mas señas. Un gran amigo.


Por la tarde, a última hora, visita turística al Monasterio de Samos, que está en restauración. Muy bonito y estupenda la charla informativa.

Aún llegué a tiempo para la visita turística a la capilla mozárabe de Samos, que me resultó muy interesante.



Después, solo quedaba dar un paseo y buscar sitio en el café Abadía para cenar. Fué muy bonito ver los cisnes paseando por el río mientras esperábamos la cena.


Después, esperar a que se acostasen los peregrinos y, en compañía de Félix, irnos a pasar el rato al Abadía. 
Por cierto, a la mañana siguiente desayuné también en este café tan recomendable para todos.