miércoles, 27 de abril de 2011

Camino de las luciérnagas 13. Una lección de educación.

La vida se asemeja, por momentos, a una lección de educación. Y casi todo en la vida es aprender.

– ¡Buenas noches! ¿Queda un sitio libre en el albergue?
– Aún queda alguno
– ¿Puedo guardar los perros en el patio?
– Por mí no hay problema; confío en que nadie se queje por
ello. Tienen sitio de sobra junto a la leña. Confío en que no ladren.
Está todo el mundo acostado.
– ¿De dónde eres y cuanto tiempo llevas aquí? ¿Me sellas la
credencial?
– Yo también soy peregrino. El hospitalero marchó hace rato
así que acomódate lo mejor que sepas. ¡Ah! Soy alemán y me llamo
Carl.
– Yo Antón y soy asturiano, minero ¿Qué estás leyendo?
– Un libro que alguien dejó aquí olvidado.
– ¿De qué va?
– Rip van Winkle. Un tipo que va al monte, encuentra a una
gente extraña, se emborracha y queda dormido, pero cuando despierta
han pasado vente años.
– No es bueno beber tanto. Lo sé por experiencia. Voy a ducharme
y colocar mis cosas. Esto parece una escuela como las de
mi niñez. Como han construido una nueva ésta la han convertido en
albergue.
– ¿Has cenado? Si quieres después me cuentas algo de aquella
época de tu infancia. Los demás están todos acostados.
– ¿Alemanes como tú?
– Casi todos. También hay una rusa, una belga, y algún otro
más.
Bueno, confío que pasemos buena noche todos.

Extracto del cuento Una lección de educación, incluido en Camino de las luciérnagas.


El viejo olivo acoge bajo su sombra
El descanso del peregrino.
Tanto caminar y solo tiene por recompensa
Unas maduras olivas.
A su regazo vienen los niños
Sus ilusiones a contar.
Junto a sus pies llagados
Palomas y gatos saltan para jugar.
En el árbol pájaros de luz
Hacen nidos de amor
Con tallos de rosas y musgo azul
Chispas de luz inmemorial
Se vienen en ellos a posar y observar.