domingo, 5 de diciembre de 2010

El Camino de Santiago que hice en el 2001

   En julio del 2001 y aprovechando que tenía unos cuantos días de vacaciones pensé en volver al Camino. No estaba muy convencido pues los dos años anteriores también había estado caminando y repetir un tercer año me resultaba extraño.
Así que hice la prueba: andar entre Sahagún y León y chequear el ambiente y mis ganas de camino; como si continuara lo dejado el año pasado en Pamplona.
Tras dos días de dudas decidí continuar hasta donde llegara y al final terminé en Fisterra.
Estas fotos y comentarios son una crónica de aquel verano del 2001.

 Saliendo de Sahagún al amanecer: El río bajaba crecido por lo mucho que había llovido aquel verano.

El primer día amaneció nublado; había llovido bastante los días anteriores, pero la temperatura era ideal para caminar. Tras sellar la credencial en el albergue de Sahagún comencé a caminar.
Poca gente pero interesante y de nuevo todo el Camino por delante. La primera foto está tomada unos kilómetros después de salir de Sahagún; donde se puede elegir por qué camino tirar. Yo marché por el de la izquierda, hacia Bercianos del Real Camino.

Caminé solamente hasta el Burgo Ranero, pues no estaba muy seguro ni de mí ni del tiempo.
El albergue de adobe tenía un ambiente estupendo lleno de gente joven, casi todos españoles; que se lo pasaban en grande.

A la mañana siguiente, con las primeras luces, caminé hasta León.
Paré en Reliegos, Mansilla de las Mulas, y el Puente Villarente. El tiempo iba mejorando y siendo cada día mas caluroso así que decidí continuar por lo menos hasta Santiago de Compostela.




La siguiente etapa fue para caminar hasta Villar de Mazarife. Me uní a un grupo de chavales madrileños y andaluces y nos fuimos a refugiar al albergue Casa de Jesús, el de las patatas. ¡Toda una experiencia! Por entonces era el único albergue de Villar.
La mayoría dormíamos en el patio echados en colchonetas y lo pasamos genial. Después de comer estupendamente, sobre las cuatro de la tarde cayó una tormenta de las gordas pero apenas pasada ya me fui, en compañía de un pintor de Corea del Sur, a visitar el Museo de Monseñor y charlar un rato con él. Como los dos pintores decidieron cenar juntos me fui con los chavales a cenar y disfrutar de una estupenda noche leonesa. http://monenior.zobyhost.com/museo.html
¡Vaya noche! Con el cachondeo que había, el que más dormiría un par de horas.



Al día siguiente paramos en Hospital de Órbigo y Santibañez de Valdeiglesias; para terminar durmiendo en Astorga.


Por la tarde hicimos la visita turística, y buscamos un sitio estupendo y muy barato para cenar.


  Con una mañana estupenda para caminar, primero paramos en un mesón de Murias de Rechivaldo a desayunar.
Y, después, convencí a a este grupo de peregrinos para desviarnos y entrar a conocer Castrillo de los Polvazares; que nos gustó mucho.

 Y después también paramos en el bar La Barraca, de El Ganso, para reponer líquidos. Pero lo mejor aún estaba por llegar.



La llegada a Rabanal del Camino; todos agotados y desechos. Encontramos alojamiento para la mayoría en el albergue del Pilar.
http://www.bicigrino.com/es/leon/rabanal-del-camino.html
Tras lavar la ropa y a nosotros mismos; pasamos la tarde durmiendo la siesta y yendo a oír a los monjes benedictinos que cantaban en la iglesia del pueblo.
Después tuvimos un ambiente estupendo en el albergue; donde cenamos y estuvimos de fiesta hasta no sé qué hora.

Pasando por Foncebadón con las primeras luces del día en compañía de un matrimonio de alemanes. Los chavales habían madrugado mucho y tenían prisa por subir el puerto de Fuen Cebadon.


Tras tirar una piedra en la Cruz de Ferro, paramos en Manjarín; a charlar con Tomás de las apariciones de la Virgen, los templarios; cosas de esas. Volví a reunirme con el grupo y continuamos caminando con toda tranquilidad.


Seguimos tras pasar el puerto hasta parar a comer un bocadillo en un bar de El Acebo; y hacernos fotos en los enormes castaños a la salida de Riego de Ambrós.


Nos quedamos en el albergue público de Molinaseca; y aprovechamos para bañarnos en el río y estar de juerga hasta que las fuerzas nos abandonasen. Eramos un grupo que no paraba de crecer y de pasarlo bien.

Bajamos por Campo una estupenda mañana camino de Ponferrada.

Foto al pasar junto al Castillo de los Templarios en Ponferrada. La jornada sería calurosa y paramos en Camponaraya a refrescarnos; y en Cacabelos a comer. 
Les resultó muy largo y esforzado al grupo de amigos hacer una etapa tan larga. Algunas chicas se quedaron en el albergue de Cacabelos.


Al fin en Villafranca del Bierzo. Para compensar a los muchachos de las caminatas que les daba  les llevé al mesón El Padrino. Una comida épica.
Una noche calurosa vino tras el estupendo día, y antes de amanecer ya estábamos camino del Cebrero. Yo volví a quedarme en el albergue público; que también se llenó de gente.


Subimos como quien da un paseo hasta O Cebreiro. A ratos íbamos como compitiendo con un grupo de alemanes la mar de simpáticos, a ver quien andaba más deprisa; y tras llegar nos quedamos pasando la tarde de cachondeo.  Nos juntamos en un par de mesas a tomar cervezas y refrescos.
Ya estábamos en Galicia.
El tiempo cambió y aquella noche estuvo lloviendo y pasamos frío.

Pasamos el Alto de San Roque con frío, lluvia, y niebla; así que al llegar al Alto de Poyo paramos en un bar a tomar algo caliente y recomponer la figura. Después bajamos a Triacastela y logré convencer a la mayoría de ir a dormir a Samos.


En el albergue estaba por entonces bastante desvencijado. 
Aprovechamos la tarde para visitar el Monasterio y una antigua iglesia con un ciprés pegado a su entrada. El albergue estaba lleno de alemanes; pero aún recuerdo con admiración las jarras inmensas de cerveza que se tomaba un peregrino suizo que caminaba con nosotros. Un hombre muy simpático.


Continuamos al día siguiente por una ruta que han trazado paralela a la carretera. En 1999 había caminado por la ruta antigua; que va por el camino del monte, cerca de Foxos, pero este año amaneció con niebla cerrada y decidimos caminar paralelos a la carretera hasta Sarria.  Después de comer en un mesón aún teníamos ganas de seguir caminando.
Terminamos jornada en Ferreiros.

Tras una jornada de niebla y frescor pasamos una estupenda tarde soleada y calurosa en el pequeño y encantador albergue de Ferreiros. En el Mesón Casa Cruceiro comimos y cenamos, y hasta echamos la partida para pasar el rato. 
Algunos decidieron pasar la noche durmiendo en la hierba; al día siguiente estaban con el tembleque del frío húmedo que te cala los huesos y toda la ropa húmeda por el rocío de la mañana. 
Pero caminamos hacia Portomarín con la alegría de la juventud y el espíritu del Camino.


 Subiendo a Portomarín


Tras visitar la villa y la iglesia de San Nicolás continuamos marcha hasta Palas de Rei para alojarnos en el estupendo albergue de la Xunta.

 Después de la jornada en Palas de Rei hicimos una etapa deliciosa parando en Furelos, en Melide a comer, y en Boente; para terminar descansando en el precioso albergue de Ribadiso de Baixo.


Aún recuerdo qué estupenda tarde pasamos bañandonos en río y cenando en un bar cercano.
Y compitiendo con el suizo a ver quien se bebía la jarra de cerveza mas grande que podíamos conseguir en menos tiempo se nos pasó la tarde.

Al día siguiente caminamos hasta el albergue de Arca-O Pino; aunque algunos del grupo se quedaron en un albergue de Santa Irene pues se les hacía  tarde y muy larga la jornada. 
Estaba fresquita la tarde después de tanto calor matutino pero lo combatíamos a base de chupito del peregrino.

Camino de Compostela, el último día, con mogollones de gente por todas partes. 
Parábamos en cualquier sitio a comer un bocata o tomar un refresco. Tras la subida al Monte del Gozo quedaba la bajada a Compostela.

Al llegar a Compostela lo primero que suelen hacer los peregrinos es ir por la compostela. Ya tengo una y me sobra. 
Así que me busqué un buen lugar para alojarme y adecentarme un poco antes de ir a la misa del peregrino.

Y, al fin, Santiago de Compostela, casi dos años después de mi primer Jacobeo a pie. Pasé de albergue por una noche y me alojé en hotel Airas Nunes, el mejor que pude encontrar; que para eso me lo podía pagar. 
Pero por la tarde nos reunimos un gran grupo para cenar e ir de juerga. 
Entre baile y baile, cachondeo y joteo, unos cuantos decidimos continuar al día siguiente hasta Finisterre.

Otro día estupendo de sol y calor para continuar hacia Finisterre. Al llegar a Negreira nos encontramos con que el albergue estaba de paquete; hacía pocos días que lo habían inaugurado y casi no te atrevías a usar sus servicios de tan nuevos como estaban. 
Eran los primeros días de agosto del 2001. No había todavía mucha gente que continuara a Finisterre pero se agradecía que hubieran hecho esos estupendos albergues. Tras pedir unos bocatas y refrescos por teléfono y dar buena cuenta de ellos, pasamos la tarde durmiendo la siesta para bajar al anochecer a cenar y conocer la villa. 
Alguno de nosotros, no escarmentado de pasadas experiencias, decidió pasar la noche al ras con una colchoneta en la hierba. ¡Demasiados chupitos del peregrino!

Camino de Olveiroa con el Embalse de Fervenza al fondo. Por el Camino recogimos a una chavalina irlandesa que andaba muy sola y bastante hambrienta.

En Olveiroa nos encontramos con un albergue maravilloso; también recién inaugurado. Con un ambiente muy peregrino y espiritual; acompañado por una hospitalera catalana que solo sabía cocinar lentejas. 
Decidimos ayudarla y nos salió una cena estupenda. El ambiente entre nosotros inmejorable ¡hasta hicimos una meditación con velas! 
Por la noche tan solo se oía el sonido de las vacas pastando en un prado cercano.


Al día siguiente, y no sé porqué; me separé del grupo y marché acompañado por la irlandesa hasta Muxía
Un día estupendo de sol y calor. La villa marinera me pareció preciosa. Y he vuelto varias veces mas de visita.


Dormimos en el pabellón de deportes, echados en unas colchonetas; acompañados por una pareja de alemanes. Tras sufrir las multitudes llegando a Compostela, estar tan solo cuatro peregrinos en un pueblo era toda una sensación extraña. 
El lugar es precioso y volví algunos años después. Entonces no había albergues en Mujía.

 Por la tarde fuimos a conocer el Santuario de Nuestra Señora de la Barca; y después a disfrutar un poco de la Galicia más bonita que conozco. La chica irlandesa sentada en la Piedra de Abalar mirando al océano invitaba a seguir caminando días y días sin parar jamás.

Tomar un chato antes de cenar es una opción que procuro no perderme. Una sencilla cena en un mesón del puerto, y después subimos, de noche, al monte que da a la Punta de la Barca para contemplar la lluvia de estrellas que había aquella noche. Un chupito antes de acostarse y despedirme de esta chavalina tan encantadora. Al día siguiente se iba para La Coruña con la pareja de alemanes, regresaba a casa.

La mañana de la última etapa. Primera parada en una fuente que hay tras pasar un monte con pinares, por el Facho de Lourido; si no me equivoco. 
El recorrido hasta Finisterre me resultó muy largo, cansino, y solitario pues me perdí no sé cuantas veces; y anduve no sé cuantos kilómetros de más.

 Campos de grelos y vaquiñas por toda compañía pasando Suarriba; pero la mañana era clara y la más luminosa que había tenido desde que entré en Galicia. 
Apenas me dio tiempo a pensar en lo que veía pero años después las ideas para los cuentos del Camino de las luciérnagas vienen por doquier.


Pasando por la Playa del Rostro paré un rato a darme un chapuzón en sus limpias aguas. 
Algunos meses después un petrolero lo ensució todo.

 Y, al fin, Fisterra o Finisterre; 19 días después había llegado más lejos aún de lo que me había propuesto. 
Me alojé en O Centolo y dí buena cuenta de un estupendo menú. 
Tras dormir una buena siesta, pues estaba desecho; fui al albergue a sellar y a buscar gente para subir al faro.



Con un peregrino alemán, un catalán y algún otro con los que había coincidido caminando días atrás subí al Faro de Finisterre al caer la tarde. 



 En un rincón del monte aprovechamos para quemar cosas como hacían antiguamente; en mi caso pantalones canturrinos, calcetines, y alguna otra cosa más.

Nos quedamos a contemplar una preciosa puesta de sol cerca del Faro de Fisterra;  antes de bajar a cenar y despedirnos unos de los otros. 


Cuando el sol se va, y los peregrinos, tan solo queda un rostro de piedra mirando al más allá.
Al día siguiente me quedé toda la mañana para conocer Fisterra e ir a dormir a Santiago. Me había quedado solo y el viaje de vuelta a casa resultó un poco triste después de tantos días en tan agradable compañía.
Buenos recuerdos de aquella ocasión. Años más tarde, estando en Fisterra con Aurora; me encontré con uno de aquellos peregrinos y nos pasamos un buen rato recordando aquel año y Camino.